«Escribir una canción» (Tercera parte)

«Escribir una canción» (Tercera parte)

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Escribir una canciónEstudiando una letra de Arjona.

Como si de versos bíblicos se tratara (cosa que no son) estoy compartiendo mis reflexiones sobre la letra de “Escribir una canción” de Ricardo Arjona publicada en su más reciente producción: “Poquita ropa”. Le confieso que no soy fan de su carrera ni de su trabajo, pero estoy consciente que él es uno de los compositores latinoamericanos más respetados en el mundo. Que aunque no comparto todo cuanto predica francamente me quito el sombrero ante ciertas piezas cuyas letras y melodías alguna vez he escuchado y me han conmovido. En esta ocasión he tomado la canción: “Escribir una canción” porque contiene elementos muy interesantes sobre el proceso de composición que he querido compartir con los lectores del blog. Si por alguna razón aun no la ha escuchado le invito a que haga click aquí para que se familiarice con ella.

Es ir al cielo y abrir la puerta…

Le voy a confesar otra cosa, sé que sonará extraño pero es que cuando escuché el track No. 6 del disco: “Poquita ropa” esa vez en Mixup, mientras oía con los audífonos la letra de la canción versos bíblicos saltaron en mi mente. ¡En serio! Es que aunque el compositor seguramente no se ha percatado su letra contiene verdades espirituales descritas en La Biblia y confirmadas por cientos de compositores cristianos en el mundo.

Por ejemplo, fíjese lo que dice el coro, que escribir una canción “es ir al cielo y abrir la puerta”. ¿No es esto lo que muchos compositores creemos sobre el don de componer? ¿No le decimos a otros: “Busquen la presencia de Dios, ingresen al salón del trono y escuchen los cantos de los cielos”?

Viene a mi mente el pasaje donde el exiliado apóstol Juan experimenta las visiones del Apocalipsis y en un momento afirma: “Después de esto miré, y he aquí una puerta abierta en el cielo; y la primera voz que oí, dijo: Sube acá…” (Apocalipsis 4:1). Fue entonces que recibió una de las revelaciones más grandiosas de la adoración celestial la cual incluyó el escuchar canciones nuevas que nunca antes se han oído en la Tierra (por favor lea Apocalipsis 5:9).

Un amigo me contó que escuchó a Marcos Witt decir lo siguiente con relación a la forma de componer de Marcos Vidal: “Lo que hace Vidal es entrar al trono de Dios, tomar algunas canciones y traerlas a la Tierra”. Fue su manera de elogiar la forma tan excelente de componer de este gran escritor.

La composición tiene de divino porque la música es divina. Proviene del cielo. Enfrascarse en el proceso de escribir es conectarnos a la Divinidad, querer decodificar su corazón y traducir lo que percibimos hasta plasmarlo en letras, melodías y acordes musicales. Componer es un proceso espiritual porque la música en sí es espiritual.

Yo estoy convencido que la música es una probadita que Dios le da a los seres humanos para despertarnos el hambre por el Cielo, por su presencia… Por lo eterno.  Claro, me refiero a música con valores, con principios que no deshonran al Reino.

Ponga atención a lo que le voy a decir: en La Nueva Tierra usted se acordará de mí. ¡Ya va a ver! Se acordará de mí.

“¿Por qué?” Preguntará usted. Por la siguiente aseveración: Cuando heredemos el reino de Dios y experimentemos la plenitud del Cielo en la Tierra, sí, ese día que la Biblia describe que no habrá más llanto, muerte ni dolor, ¿sabe cuál será una de las cosas que usted experimentará allí? Que usted ya había tenido una probadita de eso.

Lo que usted sentirá en los Cielos Nuevos y Tierra Nueva que el Señor nos dará (ver Apocalipsis 21) será tan grandioso que recordará que usted probó sorbitos de dichas sensaciones cuando escuchó música en la antigua Tierra. Usted sentirá tal felicidad y emoción que una de las cosas que exclamará será: “¡Hey! ¡Yo sentí un poquito de esto antes cuando escuché música!”

¿Por qué estoy seguro que dirá eso? Porque la música y las canciones son un anticipo del Cielo.

Arjona tiene razón: escribir una canción es “ir al cielo y abrir la puerta”.

Meterse al cuarto de un dios noctámbulo…

Seguramente la idea original del compositor al decir “dios” en su canción no era referirse al Dios de la Biblia. Obvio: lo escribe con “d” minúscula, no con “D” mayúscula. Lo hace simplemente para pintar en la mente de quien escuche la visión de que la composición tiene de divino.

En la antigua Grecia le llamaban: “Musas” a la deidades a quienes les atribuían la inspiración para las artes: el canto, la composición, la poesía, etc. Es decir, de alguno u otro modo las culturas antiguas han creído que las artes tenían el toque divino así como los cristianos de hoy lo creemos también, aunque de otro modo.

¿Recuerda que antes dije que cuando escuché esta canción versos bíblicos vinieron a mi mente? Pues cuando oí el verso: “Meterse al cuarto de un dios noctámbulo” recordé las palabras de Job cuando dijo: “¿Dónde está Dios mi Hacedor que da cánticos en la noche?” (Job 35:10).

El dios noctámbulo del que Arjona habla no es el mismo al que yo me refiero; sin embargo, coincidimos en que efectivamente es “noctámbulo”, je. ¿No afirmó Job que Dios da canciones en la noche pues? Claro, el Espíritu de Dios inspira canciones a cualquier hora del día, lo que pasa es que curiosamente muchos compositores padecen de un mal (si es que podría llamarse así): El mal de dormirse tarde.

Recuerdo la vez que hablé con Julio Melgar en una de sus visitas al país. Como el concierto había terminado súper noche y luego nos fuimos a buscar un lugar en donde cenar le pregunté: “¿Pero no tienes problemas para comer a esta hora?” A lo que él me respondió: “Yo padezco del mal de los músicos: Dormirme súper noche”.

Fernando Solares, uno de los compositores latinoamericanos que más admiro, dijo una vez que a veces parece vampiro porque compone mucho de noche.

En lo personal me ha pasado lo mismo que a ellos y que muchos otros, he experimentando la inspiración por las noches y de madrugada. Es decir, el patriarca Job (y Arjona eh) tienen razón al hablar de que el ente inspirador es noctámbulo.

Y esperar a que esté dormido…

El compositor nos dibuja una escena en donde uno espera a que la divinidad esté profundamente dormida para entrar sigilosamente y de puntillas a la habitación para tomar la inspiración y entonces huir con el botín. Interesante, ¿no?

Lo bueno de su metáfora es que es solo eso: una metáfora. Porque el Dios de La Biblia no es así, la verdad nunca duerme. ¿No escribió el salmista: “No dará tu pié al resbaladero ni se dormirá el que te guarda. He aquí, no se adormecerá ni dormirá el que guarda a Israel” (Salmo 121:3-4)?

O sea, usted y yo podemos entrar a su presencia, tomar cuantas canciones queramos del lugar de su habitación y traerlas a la Tierra porque Dios no es un Dios que esconde la inspiración debajo de su almohada como algo que no quiere que accesemos. ¡Todo lo contrario! La recámara del Rey de Universo está abierta 24 horas del día y 7 días a la semana para que todo aquel que necesite inspiración entre a su presencia y tome generosamente cuanto guste para sus canciones.

Eso sí, coincido con Arjona cuando usa la palabra “esperar”. Él dice que se debe esperar a que la divinidad cabecee y caiga rendida de sueño para entonces apropiarnos de alguna canción. Yo propongo algo distinto: hay que “esperar” en la presencia de Dios para poder absorber cuanta sustancia podamos de su Espíritu y de este modo retirarnos con los mejores ingredientes para componer. Esto no es cuestión de entrar al trono con prontitud y decirle al Creador: “¡Hola Señor! Mira qué pena contigo pero tengo que irme rápido, así que si me inspiras ya mejor porque tengo poco tiempo”.

No, el compositor cristiano es distinto. Su lema debería ser el lema del gran compositor de todos los tiempos: David, cuando dijo: “De mañana oirás mi voz; de mañana me presentaré delante de ti y esperaré” (Salmo 5:3). ¿Leyó bien? Dice: “Esperaré”.

No se apresure a entrar y salir de prisa, espere en su presencia que la paciencia engendra grandes canciones.

Continúa…

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