¿Fuego extraño? (Tercera parte)

¿Fuego extraño? (Tercera parte)

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El movimiento pentecostal y sus canciones.

Continuando con esta serie donde estoy analizando algunas afirmaciones que los panelistas de la Sesión de Preguntas y Respuestas de la Conferencia “Fuego extraño” hicieron, en esta oportunidad presento otros pensamientos interesantes que plantearon y que podrían servirnos para evaluarnos como directores de adoración y escritores de canciones.

LA PALABRA “UNGIDO”

Todd Friel introduce la segunda palabra al panel que es utilizada en los círculos pentecostales: “ungido”. De inmediato muestra una reunión de adoración donde un equipo de alabanza está cantando y tocando de forma muy efusiva y el pastor enardeciendo a la congregación con palabras como: “¡sanidad!”, “¡milagros!”, etc. Al terminar el fragmento en video, Friel dice: “Y esto sigue y sigue por mucho tiempo…” Y pregunta a los panelistas: “¿Podrían definir qué es estar ungido? ¿Bíblicamente se puede estar ungido?”

En resumen esto es lo que responden:

1) Los pentecostales usan la palabra “unción” en un contexto del Antiguo Testamento donde los profetas, sacerdotes o reyes eran ungidos en una ceremonia. Como algo que te hace ser parte de una élite y que te diferencia de otros que no están ungidos.

2) La Escritura enseña que si eres cristiano has sido ungido y has sido renovado por el Espíritu Santo. No es un sentimiento, es una realidad. 1 Juan 2:20 dice que “tenemos la unción del Santo”, no que unos cristianos la tienen y otros no.

3) La unción es esencialmente una promesa de iluminación por parte del Espíritu Santo para entender la Palabra y todos la tenemos. Poseemos la Palabra pero también al Autor de la Palabra, esa es la unción. Según 1 Juan 2:2 la unción es la obra iluminadora del Espíritu Santo la cual nos lleva al verdadero entendimiento de las Escrituras.

Me llama la atención el énfasis que los panelistas le dan al tema de la “unción” interpretado a la luz de 1 Juan 2:2. Sí, la unción es el Espíritu Santo mismo. Sí, Espíritu Santo está en nosotros para iluminarnos. Y sí, el Espíritu Santo está en todo creyente que ha nacido de nuevo; sin embargo, también es cierto que la llenura del Espíritu se manifestaba de forma singular sobre ciertas personas en comparación de otras.

Vea el caso del apóstol Pedro en Hechos 10. Mientras predicaba en la casa de Cornelio el Espíritu Santo interrumpió su sermón derramándose poderosamente sobre los congregados (Hechos 10:44-46). ¿Pasaba eso con cualquier creyente que predicaba durante los primeros años de la iglesia? ¿El Espíritu tocaba de forma singular a quienes oían enseñar a cualquier cristiano? Hasta donde veo en el texto bíblico, no. Aun así es innegable que todo creyente tenía al Espíritu (unción) dentro de sí.

En este sentido, el Espíritu Santo mora en el cristiano, pero algunos lo manifiestan de una forma muy singular según el llamado ministerial que posean. Este es el caso de ciertos ministros del evangelio, ojo: estoy hablando de verdaderos ministros del evangelio, que sin manipulaciones ni tretas psicológicas, predican la verdad de la Escritura donde quienes los escuchan experimentan algo que va más allá de lo usual. No me estoy refiriendo a que la gente comienza a revolcarse en el piso o a reírse descontroladamente, sino a una fuerte convicción por sus pecados y a un deseo inmenso por consagrarse a Dios, cosa que no necesariamente pasa cuando escuchan a algunos maestros de la Palabra.

Como el apóstol Pedro en Hechos 10, donde el Espíritu Santo se derramó poderosamente, de forma similar ha sucedido con otros predicadores a lo largo de la historia. John Wesley, George Whitefield y Jonathan Edwards podría servirnos de ejemplo, así como en gran parte del ministerio de Billy Graham y David Wilkerson.

Hablando de George Whitefield, se cuenta que una vez estaba predicando en un lugar a unas cien personas. Mientras él exponía un sermón basado en el libro de Isaías a la mitad de su ponencia la gente comenzó a llorar. El Espíritu Santo estaba tocando a quienes estaban allí de forma tan especial que Whitefield no podía avanzar más. Al punto que tuvo que detenerse y decirles a todos: “Miren hermanos, yo sé que el Espíritu nos está conmoviendo pero qué tal si se controlan y me dejan terminar el mensaje”. La gente contuvo su emotividad de la mejor manera que pudo y unos veinte minutos después terminó de predicar. En ese instante todos cayeron de rodillas empapados en lágrimas porque el Señor les había hablado mientras escuchaban a Whitefield.

¿Alguien me va a decir que este tipo de cosas suceden con cualquier cristiano que predica la Palabra y que tiene el Espíritu (unción)? Vamos, ¡ojala fuera así! Pero la realidad es que no pasa con todos quienes predican aunque es irrefutable que ellos tienen al Espíritu Santo morando en su ser.

Los pentecostales creemos firmemente lo que enseña 1 Juan 2:20, pero no podemos negar que hay ministros que manifiestan un respaldo divino mientras enseñan distinto al predicador promedio. ¿A qué se debe esto? Bueno, cuando es algo genuino y no manipulatorio, seguramente se debe a la vida de oración en la que estos cristianos se involucran. En todo libro que he consultado sobre avivamientos que han ocurrido en la historia, libro de los Hechos incluido, los cristianos que fueron poderosos en la predicación invertían más tiempo en la oración que la mayoría. En este sentido, la oración y la llenura del Espíritu (unción) es más palpable en aquellos que pasan más tiempo en la presencia de Dios que aquellos que no.

John MacArthur y su equipo de panelistas, antes de descalificar del Reino a quienes creen distinto a ellos, harían bien en emular la actitud de John Wesley cuando en una ocasión le preguntaron sobre George Whitefield. Resulta que por muchos años fueron amigos muy cercanos hasta que ciertas diferencias doctrinales y de criterio los separaron. Algunos ministros cercanos a Wesley y que no les agradaba Whitefield, de forma maliciosa le preguntaron: “John, dinos, ¿tú crees que al llegar al cielo vamos a ver a Whitefield?” A lo que Wesley respondió: “No, no creo. En el cielo habrá tal multitud de personas y él va a estar tan cerca del trono de Dios y nosotros tan lejos que no creo que lo veamos”.

Continúa…

2 Comentarios

  1. Mi hermano, Noel, disculpa la pregunta ¿si está bien la cita «1 era de Juan 2:2»?

  2. FELIPE: Efectivamente, la cita estaba mal puesta, es 1 de Juan 2:20. ¡Ya está corregida! Gracias!

    NN
    LADC.

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