Himnos de la historia: «Castillo fuerte»

Himnos de la historia: «Castillo fuerte»

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Por: Martín Lutero.

Con el fin de enriquecer nuestro conocimiento como compositores cristianos continúo con la publicación de las historias detrás de los himnos más famosos de la historia cristiana. Estas impresionantes canciones han sido tan trascendentales para la vida de la Iglesia que seríamos insensatos sino reconociéramos su valor dentro de la himnología eclesial. Aunque a partir de los años 90´s surgió un movimiento musical que impactó Latinoamérica nunca dicho movimiento pretendió subestimar las grandes canciones que como pueblo de Dios nos han acompañado desde hace varios siglos. Por tal motivo, le invito a que lea estos artículos con hambre de aprender. Estudiar estas maravillosas canciones impregnará sobre su espíritu las motivaciones de los compositores de antaño tuvieron a la hora de componer. En esta oportunidad le presento, aprovechando que hoy se conmemora la Reforma Protestante,  la historia detrás de “Castillo fuerte”.

“Castillo fuerte”
Martín Lutero.

El 31 de Octubre de 1517 golpes de martillo se escucharon en las puertas de la hermosa Catedral de Wittemberg, en Alemania, el día que Martín Lutero, un monje agustino y profesor de teología de la universidad, fijó una lista de 95 quejas contras muchas de las enseñanzas y prácticas establecidas de la iglesia de Roma. Y con esta proclamación de las Noventa y Cinco Tesis de Lutero nació formalmente el movimiento de la Reforma Protestante del siglo XVI.

Lo que sucedió con el monje fue que mientras estudiaba ardientemente las Escrituras, en especial los libros de Romanos y Gálatas, quedó impresionado por la verdad del sacerdocio de todos los creyentes. Le dolió profundamente que la iglesia haya privado por mucho tiempo al pueblo laico de acercarse directamente a Dios respondiendo sólo con fe personal a la obra consumada de Cristo. Durante siglos se le enseñó a la gente devota la vergonzosa mentira de que sólo se podían cercar al Todopoderoso a través de rituales prescritos, las prácticas y los sacramentos de la iglesia administrados por sacerdotes.

Otra práctica de la iglesia que inquietaba grandemente a Martín Lutero era la venta de indulgencias papales al pueblo laico. En aquella época se hacía con el propósito de recaudar fondos para reedificar la magnífica Iglesia de San Pedro del Vaticano en Roma. Al adquirir el pueblo estos trocitos de papel, sus líderes les aseguraban que sus pecados serían perdonados y que sus seres queridos pronto serían libertados del purgatorio.

Cuando Lutero escuchó decir al truhán sacerdote, John Tetzel, decir al pueblo: “Tan pronto como vuestra moneda tintinee en esta arca, las almas de vuestros seres queridos subirán del purgatorio hasta el cielo”. Él quedó horrorizado y no pudo guardar silencio por más tiempo. Preparó una lista de noventa y cinco quejas contra la iglesia y las clavó en las puertas de la Catedral en Wittenberg aquel memorable 31 de Octubre de 1517. En su más desenfrenada imaginación jamás pudo prever que la lista de quejas se convertiría en la chispa que encendería la llama espiritual por toda Europa.

Muchos de los líderes eclesiásticos también habían insistido durante algún tiempo en que solo ellos eran capaces de entender e interpretar la Santa Biblia adecuadamente; en latín, por supuesto. Lutero hizo todo lo posible por cambiar eso, devolviendo la Palabra de Dios de nuevo al pueblo laico y traduciéndola para ellos a sus propias lenguas. Él quería que la persona común y corriente de las plazas leyera y conociera las Escrituras.

Además, los líderes eclesiásticos también habían decretado desde mucho tiempo que solo ellos podían leer e interpretar la Biblia correctamente, sólo los clérigos y los coros adiestrados podían cantar en la iglesia. Durante más de 1,000 años, el pueblo laico había permanecido en silencio y se le había denegado el derecho a elevar sus voces en alabanza a Dios en los cultos de adoración.

Puesto que las congregaciones no habían tenido himnos para cantar en sus cultos durante tantos años, Martín Lutero empezó a escribir muchos de ellos. Estos cortos himnos tuvieron una poderosa influencia en la propagación del evangelio. Sus numerosos enemigos muchas veces se lamentaban: “Estos pobres alemanes se están introduciendo, con sus cánticos, en las terribles doctrinas de Lutero, y sus himnos están destruyendo más almas que todos sus sermones y escritos juntos”.

Lutero dijo una vez: “Me he convencido tan plenamente del valor del canto en el ministerio cristiano que ahora no permitiría que nadie predicara ni enseñara al pueblo de Dios si no reconoce y practica el poder de los cantos sagrados. Creo que el Diablo, el autor de ansiedades pesarosas y turbulentas desgracias, huye ante el sonido de la música sagrada casi tanto como ante la misma Palabra de Dios”.

Cuando más lo inquietaban las luchas espirituales, Martín Lutero acudía a una de sus porciones favoritas de las Escrituras: el Salmo 46. Estas palabras se convirtieron en su fuente de ayuda y aliento diario: “Dios es nuestro amparo y fortaleza, nuestro pronto auxilio en las tribulaciones. Por tanto no temeremos, aunque la tierra sea removida, y se traspasen los montes al corazón del mar, aunque bramen y se turben sus aguas, y tiemblen los montes a causa de su braveza. Jehová de los ejércitos está con nosotros; nuestro refugio es el Dios de Jacob” (Salmo 46:1-3, 11).

Lutero fue tan alentado por estas palabras que escribió un himno basado en ese texto. También adaptó para esas líneas una melodía conocida y estas verdades musicales se convirtieron en el gran lema del pueblo alemán. El majestuoso himno “Castillo fuerte” fue escrito y compuesto por Martín Lutero, aunque no se sabe la fecha exacta ni fijarse con certeza. Es la opinión general que se usó oficialmente durante la Asamblea de Spira en 1529, cuando el término “protestante” se introdujo por primera vez (1).

«Castillo fuerte»
Martín Lutero.

Castillo fuerte es nuestro Dios,
defensa y buen escudo.
Con su poder nos librará
en este trance agudo.
Con furia y con afán
acósanos Satán;
por armas deja ver
astucia y gran poder;
cual él no hay en la tierra.

Nuestro valor es nada aquí,
con él todo es perdido.
Más por nosotros pugnará
de Dios el Escogido.
¿Sabéis quién es Jesús?,
El que venció en la cruz,
Señor de Sabaoth,
Y, pues Él sólo es Dios,
Él triunfa en la batalla.

Aunque estén demonios mil
prontos a devorarnos,
no temeremos, porque Dios
sabrá aun prosperarnos.
Que muestre su vigor
Satán y su furor
Dañarnos no podrá
pues condenado es ya
por la Palabra santa.
 

Noel Navas.

Notas:

(1) Osbeck, Kenneth W. “Himnos dramatizados. Piezas teatrales que cuentas las historias de cómo nacieron algunos de los himnos predilectos”. Editorial Portavoz, Grand Rapids, Michigan, EE.UU. 1996. Pág. 11-14.

6 Comentarios

  1. Muy buen artículo. Gracias por ayudarnos a conocer más sobre la historia de Lutero.

  2. Buena enseñanza histórica 🙂

  3. como nos hacen faltan, esos himnos tan puros , y llenos del esplendor de la gloria del ESPÍRITU SANTO.

  4. Que maravillosos son estos himnos que llenan el espíritu de paz.
    Gracias por compartirlos ya casi no se cantan en las iglesias Cristianas.
    Dios los Bendiga y prospere sus caminos.

  5. Lutero sabía que Jesús era el Señor del Sábado…atentos hermanos…El sábado sigue en vigencia

  6. cruz de silva.

    Q Hermosa y verdadera historia d Hombres q tomaron a Dios en su Palabra.y le dieron vida. Porque Dios quier hombres y mujeres q CREAN para q esa PALABRA q esta escrita tome vida y se cumpla en nosotros..yJESUCRISTO es el mismo d ayer, hoy y siempre. Y hoy en este siglo XXI si le Alabamos en espiritu y en verdad tambien se VIVIFICARA en nosotros porq tenemos mas LUZ. Dios esta en nosotros. Dios les BENDIGA

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