Himnos de la historia: «Oh pueblecito de Belén»

Himnos de la historia: «Oh pueblecito de Belén»

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Himnos  dramatizadosPor: Philips Brooks y Lewis Redner.

Con el fin de enriquecer nuestro conocimiento como compositores cristianos periódicamente estaré publicando las historias detrás de los himnos más famosos de la historia cristiana. Estas impresionantes canciones han sido tan trascendentales para la vida de la Iglesia que seríamos insensatos sino reconociéramos su valor dentro de la himnología eclesial. Aunque a partir de los años 90´s surgió un movimiento musical que impactó Latinoamérica nunca dicho movimiento pretendió subestimar las grandes canciones que como pueblo de Dios nos han acompañado desde hace varios siglos. Por tal motivo, le invito a que lea estos artículos con hambre de aprender. Estudiar estas maravillosas canciones impregnará sobre su espíritu las motivaciones de los compositores de antaño tuvieron a la hora de componer. En esta oportunidad y aprovechando la época de Navidad le presento la historia detrás de “Oh pueblecito de Belén” también conocido como: “Oh aldehuela de Belén” o “Pequeña aldea de Belén”.

“Oh pueblecito de Belén” fue escrito por uno de los más destacados predicadores del siglo pasado: Phillips Brooks. Escribió la letra de la canción al regresar de un viaje a Tierra Santa. El vivo recuerdo de esa experiencia, los sentimientos que rememoró mientras se acercaba a la ciudad de Belén a caballo, la reverencia de adorar al Niño Jesús la víspera de la Navidad en la Iglesia de la Natividad, donde se dice que nació el Señor, todo eso produjo una impresión indeleble en su vida.

Brooks deseó comunicar su profundo amor por la Tierra Santa a la congregación de la Iglesia de la Santa Trinidad en Filadelfia. Tres años después de su visita buscaba un nuevo villancico para que los niños cantaran en su programa anual de escuela dominical, los recuerdos aun vivos de ese viaje a Tierra Santa inspiraron la pluma del pastor a escribir las descriptivas palabras.

Brooks completó en poco tiempo las cuatro estrofas y se reunión con Lewis Redner, el organista de la iglesia, para planificar el programa de la escuela dominical. Brooks le enseñó a Redner su poema recién escrito y le dijo: “Voy a hacerte responsable de componer una melodía cantable para estos versos de modo que nuestros niños puedan interpretar el programa de Navidad de este año”.

Durante varias semanas Lewis Redner intentó escribir una tonada apropiada para el nuevo poema de su pastor, pero nada le satisfacía. Entonces, la noche del sábado anterior a la fecha del programa de la escuela dominical, Redner se despertó sobresaltado de su sueño y compuso rápidamente la melodía. Él siempre afirmó que la música de dicha canción fue un regalo de Dios.

Durante la clase de escuela dominical del domingo siguiente Redner trabajó frenéticamente enseñando a los niños su nueva canción de Navidad para aquella tarde. El villancico fue inmediatamente uno de los predilectos de niños y niñas, como lo ha sido para jóvenes y adultos por todo el mundo hasta el tiempo presente.

“Oh pueblecito de Belén” se publicó por vez primer en 1874, seis años después de ser escrito. Aunque Brooks escribió otras canciones de Navidad y de Resurrección para niños; esta es la única que sobrevive.

Philips Brooks nació en Boston en 1835, y tras su graduación en la Universidad de Harvard y del Seminario Teológico Episcopal en Virginia a la edad de 24 años comenzó una larga y distinguida carrera en el ministerio episcopal. Sirvió como pastor en Filadelfia durante diez años, y por otros diez años en la prestigiosa Iglesia de la Trinidad de Boston.

Con frecuencia se ha hecho referencia a Phillips Brooks como el “Príncipe del púlpito”. Sus muchos tomos de sermones publicados han llegado a ser clásicos de la literatura americana. Se dice de él que ganaba el corazón de la gente con su predicación y sus escritos como pocos clérigos lo han hecho jamás. Su muerte súbita e inesperada a la edad de 58 años fue grandemente lamentada por todos.

Brooks era conocido como un hombre imponente y talentoso, un gigante de 1.98 metros de estatura, así como gigante de corazón y mente. Sus poderosas y elocuentes predicaciones hicieron mucho para combatir el movimiento unitario, desenfrenado en aquella época.

Aunque permaneció soltero toda su vida, Phillips Brooks les tenía mucho cariño a los niños. Se dice que siempre guardaba en su oficina un surtido de juguetes, muñecas y otros objetos de interés para estimular a los niños a pasar por allí a charlar con él. Era una escena familiar ver a este impresionante hombre de púlpito sentado en el sueño de su estudio compartiendo un tiempo de diversión con un grupo de niños y niñas.

Una niña de cinco años estaba extraordinariamente enfadada por no haber visto a su amigo predicado durante varios domingos. Cuando su madre le dijo que Dios se lo había llevado al cielo, la niña exclamó: “Oh, mamá, ¡qué felices deben estar los ángeles!” (1).

“Oh pueblecito de Belén”
Phillip Brooks y Lewis Redner.

¡Oh, pueblecillo de Belén,
durmiendo en dulce paz!
Los astros brillan sobre ti
con suave claridad;
mas en tus quietas calles
hoy surge eterna luz,
y la promesa de Emanuel
se cumple en Jesús.

Al niño que ha nacido hoy
el coro celestial
entona con sonora voz
un cántico triunfal,
¡el santo nacimiento,
estrellas, proclamad;
a Dios el Rey cantad loor;
honor y gloria dad!

El Santo Niño de Belén
es nuestro Salvador,
quien por su sangre perdonó
el mal con tanto amor;
unimos nuestras voces
al coro angelical
y proclamamos por doquier
su gloria celestial.

Noel Navas.

Notas:

(1) Osbeck, Kenneth W. “Himnos dramatizados. Piezas teatrales que cuentas las historias de cómo nacieron algunos de los himnos predilectos”. Editorial Portavoz, Grand Rapids, Michigan, EE.UU. 1996. Pág. 117-119.

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