Amando a quienes fallan

Amando a quienes fallan

Estoy a punto de publicar la serie “Julio Melgar, la enfermedad y las voces de sanidad”. Quise esperar unos días porque la muerte de Julio acababa de suceder y bajo consejo de amigos pastores, sí, me animaron a escribir, pero no inmediatamente. Igual, aunque lo voy a hacer de lleno este jueves 9 de mayo —20 días después de su muerte — hay creyentes que sin importar cuándo yo publique se van a sentir ofendidos; sin embargo, si llegara a pasar, eso ya está fuera de mi control.

El asunto es que al nomás fallecer Julio, las voces de denuncia aparecieron y, con toda razón, quienes profetizaron que Julio sanaría o lo declararon sano, cometieron una enorme equivocación. Facebook y Youtube han sido las principales vías de denuncia ante el desatino de varios cantantes cristianos por asegurar que la sanidad ocurriría. El asunto es que, si bien algunos señalaron estos errores en tono pastoral, otros no. Hay quienes se excedieron al punto de caer en la mofa, en la insensibilidad y otros menos, en la crueldad.

Un caso que me llenó de mucha tristeza fue el de un joven que a través de Youtube —no sé de qué país es — entre lágrimas profetizó que Julio sanaría. Este joven, impulsado más por su emotividad que por un sano juicio espiritual, profetizó algo que no se cumplió. No exagero si te digo que lo lincharon en un par de canales acusándolo de ser un falso profeta, cuando lo que pasó es que simplemente se dejó llevar por la emoción. ¡Qué pena!

Ahora, debido al mal discipulado que muchos creyentes han recibido —¡si es que han recibido alguno! — cuando algunos de nosotros denunciamos ciertos desatinos de predicadores o cantantes, hay quienes creen que hacerlo es anticristiano. Que hacerlo no es vivir en el amor de Cristo y es faltar a la unidad que procuramos como iglesia. La cuestión es que por desconocimiento de lo que enseña el Nuevo Testamento, estos creyentes tildan de malos a quienes exponemos algunos desaciertos y no a quienes enseñan equivocadamente la Escritura e incluso, quienes profetizan falsamente. Fíjate cómo se invierten las cosas: los que erran son los buenos y los que denunciamos somos los malos. ¿Notas la inversión en los valores? Muy bien dijo el profeta Isaías: «¡Ay de los que a lo malo dicen bueno, y a lo bueno malo» (Isaías 5:20). Y todo esto pasa por el mal discipulado que se le da a los creyentes en miles de iglesias.

Para que veas que denunciar este tipo de cosas no es malo en sí mismo, si repasas las enseñanzas del Nuevo Testamento, prácticamente cada uno de sus 27 libros tiene un llamado a identificar a los falsos profetas y sus enseñanzas. Es más, una lectura superficial de los cuatro evangelios demostraría que Jesús dedicó un buen porcentaje de su ministerio a las controversias con los líderes espirituales de su época llamándolos a enderezar sus caminos y a interpretar adecuadamente las Escrituras. Incluso, si revisas Apocalipsis capítulos 2 y 3, verás cuán punzante fue el Señor con los promotores de las doctrinas de los nicolaítas, de Balaam y de Jezabel. Jesús fue sumamente agudo con quienes abrazaron las herejías. Por lo tanto, denunciar las falsas doctrinas en el cristianismo contemporáneo no solo está bien, sino que es un deber de todo cristiano que quiera parecerse a Jesús.

Eso sí, el hecho de que algunos tengamos un celo por advertir sobre las malinterpretaciones bíblicas o los errores doctrinales, no debe llevarnos a aborrecer ni a odiar a quienes fallan. No, eso estaría mal. En este sentido, si bien acertamos al denunciar, eso no significa que no debamos amarlos y demostrarles afecto cristiano a pesar de sus desatinos.

Hace un par de meses terminé de leer el Tomo I del comentario de Apocalipsis del renombrado teólogo Juan Stam. Acabo de terminar el segundo y ya comencé el tercero. Francamente, es una obra fantástica si quieres estudiar a profundidad el libro de Apocalipsis tanto a nivel teológico como devocional. La cuestión es que cuando Stam inicia el análisis de las cartas a las siete iglesias, me llevé una enorme sorpresa en la carta a Éfeso ya que le da una interpretación muy llamativa a la expresión “has dejado tu primer amor”. Te comparto sus palabras porque tienen muchísimo que ver con el tema que estoy hablando. Mira:

«A pesar de la primera impresión de que habían perdido el amor al Señor, el contexto indica que más bien habían perdido el amor al prójimo. El problema no era tanto que habían descuidado su vida espiritual, sino que habían dejado a un lado sus relaciones de afecto y respeto a los demás. Del legítimo mérito de no poder aguantar a la maldad (Ap. 2.2) y de aborrecer las obras de los nicolaítas (Ap. 2:6), como Cristo mismo las aborrece, aparentemente habían pasado a aborrecer a los herejes mismos. De odiar al pecado a odiar a la persona del pecador hay solo un paso sutil y fácil. Y de hecho, al perder esa caridad fraterna, los efesios estaban faltando a su amor al Señor mismo (Mt. 22:37-38, 1 Juan 2:9-11, 3:10 y 14, 14:17 y 5:1). Dejar de amar al prójimo, aun cuando esté en errores graves, es ya en sí dejar de amar a Cristo» (pág. 98).

Te invito a que revises los textos que Juan Stam cita y al hacerlo notarás que por lo menos los de la primera carta de Juan son contundentes al afirmar que quien dice que ama a Dios y no ama a su prójimo, realmente no está amando a Dios. Por eso, cuando de denunciar a los falsos maestros se trate, debemos hacerlo sobre la base del amor y afecto fraternal. No desde el odio ni el desprecio. ¿Me explico?

Personalmente, yo siempre he tratado de hacer eso. Cuando he hecho una crítica a ciertas enseñanzas o a letras de canciones por medio del blog o a través de mis redes sociales, he procurado que el amor esté presente. El problema es que algunos cristianos que me leen, no lo ven. Ellos le ponen intenciones a mis post que nunca han tenido y ya me ha tocado bloquear a algunos que caen en la categoría de haters a causa de sus comentarios punzantes e irrespetuosos. Como dije antes, debido al mal discipulado de las iglesias cristianas, algunos creen que llevar «la fiesta en paz» es sinónimo de ser pacífico y que querer traer cierto orden es sinónimo de odio. Pero afirmar eso es una falacia. Muchos que hemos solido denunciar jamás hemos odiado ni aborrecido a nadie, al contrario, en muchos sentidos, confrontar los desatinos bíblicos y los errores doctrinales es sinónimo de verdadero amor cristiano. Claro, si lo hacemos con la actitud y el tono correctos. Como explica John Stott en su libro “Las controversias de Jesús”:

«Los apóstoles también eran controversistas, como se ve claramente en las epístolas, y apelaban a sus lectores a contender “ardientemente por la fe que ha sido una vez dada a los santos” (Jud. 3). Como su Señor y Maestro, estimaron necesario advertir a las iglesias sobre los falsos maestros y a instarlas a mantenerse firmes en la verdad. Tampoco consideraban que esto fuese incompatible con el amor. Por ejemplo, Juan, el apóstol del amor, a quien debemos la sublime afirmación de que “Dios es amor” y cuyas epístolas abundan en exhortaciones al amor mutuo, declara abiertamente que cualquiera que niega que Jesús es el Cristo es un mentiroso, un engañador y un anticristo (1 Jn. 2:22 y 2 Jn. 7). En forma similar, Pablo, que en 1 Corintios 13 nos da el más grande himno del amor y declara que el amor es el primer fruto del Espíritu (Gál. 5:22) pronuncia, sin embargo, un solemne anatema sobre cualquier ser (humano o angelical) que pretenda distorsionar el evangelio de la gracia de Dios (Gál. 1:6-9). Parece que en nuestra generación nos hemos distanciado mucho de este celo vehemente por la verdad que Cristo y sus apóstoles demostraron. Pero, si amáramos más la gloria de Dios y tuviéramos más solicitud por el eterno bien de los hombres, no nos negaríamos a tomar parte en controversias necesarias, cuando la verdad del evangelio está en juego. El mandato apostólico es claro: debemos “seguir la verdad en amor” (Ef. 4:15), no mintiendo en amor, ni hablando la verdad sin amor, sino manteniendo las dos cosas en equilibrio» (p. 20). Andamio. Edición de Kindle).

Dicho lo anterior, la serie: “Julio Melgar, la enfermedad y las voces de sanidad” ya está lista para ser publicada en siete partes. Por primera vez en los 11 años de La Aventura de Componer, publicaré una serie completa de una sola vez y no parte por parte. Y como verás, el proceso de Julio Melgar va más allá de las profecías de algunos cantantes cristianos, hay cosas más de fondo. Así que por favor, no olvides lo que he escrito en la entrada de hoy. Como leíste, el hecho de que se denuncie la mala teología de algunos de ellos, no significa que yo u otros más los aborrezcamos. ¡Dios nos libre de tal actitud! Al contrario, lo que leerás en esa serie ha sido escrito con amor fraternal y profunda preocupación por algunas doctrinas que están abrazando miles de iglesias en Latinoamérica.

¡Dios permita que mis escritos trasciendan y puedan ser leídos por muchos!

Noel Navas.

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