Adorar con la mente, la adoración olvidada (Novena parte)

Adorar con la mente, la adoración olvidada (Novena parte)

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Como ya he repetido, adoramos a Dios con la mente cuando empleamos nuestras facultades mentales para la gloria de Dios. Cuando usamos la imaginación, la concentración, la percepción, el razonamiento, la intuición, la memoria, etc. con el fin de honrarlo a él y servir a nuestros semejantes. En esta penúltima entrada de la serie, veremos una forma más de adorar a Dios con el intelecto.

9. Adoramos a Dios con la mente cuando practicamos el perdón.

Por más sorprendente que te parezca, perdonar en uno de los procesos mentales más difíciles de practicar. El perdón es una dinámica que quienes la implementan podríamos decir que son personas con un progreso intelectual avanzado y sumamente maduro. Permíteme hablar primero por qué el perdón en una dinámica mental y después, por qué practicar el perdón es un acto de adoración en sí mismo.

Creo que nadie mejor que el Dr. Augusto Cury para explicar por qué el perdón es un proceso mental. El Dr. Cury tiene una serie de 5 libros titulados: “Análisis de la inteligencia de Cristo”, además de muchos libros más y el reconocimiento de haber formulado varias teorías de pensamiento reconocidas, no solo en su natal Brasil, sino internacionalmente. En su libro “El Maestro del amor”, dice sobre el proceso mental del perdón:

«La memoria es como una gran ciudad. En ella hay muchísimos barrios que se intercomunican. Tiene un área central a la que yo llamo MUC (Memoria de Uso Continuo), y una gran parte periférica la que llamo: ME (Memoria Existencial).

El registro en la memoria es producido por el fenómeno RAM (Registro Automático de Memoria). El fenómeno RAM registra en forma automática todas nuestras experiencias, y en forma privilegiada las que poseen gran intensidad emocional, como una ofensa o un elogio.

Todas las experiencias negativas que contienen miedo y rechazo generan inmediatamente en la memoria una zona de estrés. De esa forma, quedarán disponibles y susceptibles de producir una infinidad de pensamientos obsesivos acerca de ellas.

Cuando alguien le ofenda, usted debe aniquilar rápidamente la zona de estrés emocional. Para eso, en menos de cinco segundos usted deberá evaluarla, confrontarla y reciclarla. ¿Cómo? Tomando conciencia de ella y usando ideas directas e inteligentes que la evalúen, confronten y reciclen. Haga eso silenciosamente en el interior de su mente. Si usted no reacciona pronto, esa tensión quedará registrada en forma privilegiada en la Memoria de Uso Continuo (MUC), produciendo un archivo o zona enfermiza en la memoria. Eso le hará volver a pensar miles de veces en la ofensa y en la persona que le ofendió. ¿No es eso lo que sucede cuando alguien nos hiere?

Cuando más pensamos en un problema mal solucionado, más se registra y expande el área de estrés en los archivos de la memoria. Nos ponemos ansiosos, perdemos la concentración y hasta el sueño. Cuando no controlamos las ideas fijas que producimos, nos volvemos especialistas en provocar dolor en nosotros mismos.

Cuando pasen los días o meses, tal vez no nos acordemos de los problemas que tuvimos, pero estos no se habrán ido. ¿Dónde están? Dejaron las áreas conscientes de la memoria de la Memoria de Uso Continuo (MUC) y se instalaron en las áreas inconscientes de la Memoria Existencia (ME). O sea, dejaron el centro de la memoria y se fueron a la periferia. Eso hará que cuando volvamos a vivir una situación estresante o dolorosa, entremos en el área periférica donde se encuentran y volvamos a ser afectados por ellos…

Muchas pérdidas, ofensas, fracasos, momentos de miedo e inseguridad de nuestro pasado están guardados en las “barriadas” de la ciudad de la memoria. Algunas de esas “barriadas” se encuentran en el centro de la memoria y nos perturban diariamente».

Como ves, el Dr. Augusto Cury habla del proceso de ofensa y perdón de una manera técnica, pero ocurriendo dentro de la mente. Lo que sucede es que nosotros no estamos acostumbrados a ver a la mente como la sala de control de nuestro ser. Pero si somos objetivos, todo ocurre en la mente y allí es donde sufrimos el impacto de una ofensa o una herida y también, donde decidimos que dicho daño permanezca o que sea evacuado a través del perdón. El perdón, definitivamente, es un acto mental. Y cuando decidimos perdonar descongestionamos las calles de nuestra memoria y permitimos que permanezcan limpias de amargura y resentimiento.

A esta altura de la entrada, me voy a permitir contarte una experiencia personal. Hace unos años alguien me traicionó. La traición fue tan grande que tuve que reconocer que me sentía profundamente herido. En ese entonces, yo creía que reconocer que estaba herido era un síntoma de debilidad, pero la traición fue tan grande que no tuve otra alternativa que reconocer que tenía una herida profunda en mi corazón (la mente). La herida estaba abierta y pensaba constantemente en el daño. Venían recuerdos, repasaba lo que había sucedido con detalle y sostenía conversaciones imaginarias con esa persona una y otra vez. ¿Cómo me libré del dolor? Tomando la decisión de perdonar. ¿Me libré del dolor inmediatamente? No. ¿Olvidé la ofensa y nunca más la he vuelto a recordar? Tampoco. Precisamente la estoy recordando en este momento para escribir estos párrafos. La diferencia es que como perdoné, ya no recuerdo con dolor, sino de manera saludable porque la herida sanó y cicatrizó.

Para poder librarme de los pensamientos que atormentaban mi mente, tuve que avocarme a un consejero. Yo sabía que no podía sanar solo. Mi consejero de planta, un amigo y pastor, me dijo: “La herida es grave y es normal que te sientas así. En mi experiencia puedo decirte que tardarás por lo menos un año para recuperarte totalmente, pero todo inicia con el perdón”.

“¿Qué te hicieron para que él te dijera que tardarías un año en sanar”, te preguntarás. Mmm… no puedo entrar en detalles, pero piensa en que fue una infidelidad, ¿ok? ¡Pero peor! Y los consejeros saben que sanar ese tipo de daños requiere de meses.

Bueno, así que el paso inicial para yo sanar era perdonar, pero los recuerdos volvían a mi mente una y otra vez a pesar de haber perdonado. Fíjate, ya había perdonado de todo corazón, pero el dolor emergía con frecuencia. Por lo que cada vez que venía a mi mente la ofensa o me sentía tentado a sostener conversaciones imaginarias, yo decía desde lo más profundo de mi corazón: “¡Te perdono! ¡Te perdono!” una y otra vez durante todo ese año.

Las primeras semanas yo hacía este ejercicio hasta cinco veces al día, tres meses después fui notando que los pensamientos de dolor aparecían menos veces y perdonaba una vez al día. A los seis meses ya solo lo hacía dos o tres veces por semana. Hasta que al año lo hacía quizás una vez por mes. Es decir, aunque perdoné de inmediato, tenía que practicar el perdón. La herida era honda, así que el perdón fue progresivo hasta que cesó el dolor completamente. Es cierto, hay ofensas que son más fáciles que perdonar que otras y puede que las logres purgar de tu mente al mes o a los dos meses, pero la que yo sufrí fue muy grave y la única forma de volver a tener una mente saludable era practicar el perdón a diario hasta lograr —como dice Augusto Cury—, limpiar el resentimiento de las calles de mi memoria.

¿Es entonces el perdón un proceso mental? ¡Absolutamente! ¿Es el perdón un acto de adoración? ¡También! Y los siguientes dos pasajes lo confirman:

El Padre nuestro.

Como tú sabes, la oración es adoración. Por eso, Jesús incluyó el tema del perdón dentro de la oración modelo que nos enseñó, él dijo:

“Danos hoy el pan nuestro de cada día. Y perdónanos nuestras deudas, como también nosotros hemos perdonado a nuestros deudores. Y no nos metas en tentación…”
Mateo 6:11-13.

¿Por qué el Señor incluyó este tema dentro de la oración? Porque el perdón es vital para que nuestras oraciones sean efectivas. Sin perdón, la oración se contamina y desagrada al Padre. Él nos mira y dice: “Mmm… ¡como que algo huele mal aquí!” Y claro, es toda la amargura que hay en nuestra alma y que deberíamos de sanear para que cuando oremos y adoremos él la reciba como olor fragante.

Jesús en la cruz.

Tú sabes qué sucedió en la cruz, entre otras muchas cosas, Jesús perdonó a sus enemigos:

“Y Jesús decía: Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen…”
Lucas 23:34.

Sobre el sacrificio en la cruz, el apóstol Pablo escribió:

“Así como también Cristo os amó y se dio a sí mismo por nosotros, ofrenda y sacrificio a Dios, como fragante aroma…”
Efesios 5:2.

Pablo está usando lenguaje antiguotestamentario para describir el sacrificio de Cristo, por eso dice que fue olor fragante, perfume de adoración y grato aroma delante del Padre. ¿Por qué lo fue? Entre otras cosas, porque fue el máximo ejemplo de perdón que pudo haberse efectuado. Por lo tanto, perdonar en un acto de adoración delante del Señor. Y, por ende, una forma de demostrarle a Dios que lo amamos con nuestra mente.

Continúa leyendo la Décima parte aquí.

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