Adorar con la mente, la adoración olvidada (Octava parte)

Adorar con la mente, la adoración olvidada (Octava parte)

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La adoración con la mente ocurre principalmente fuera del templo. Ojo, yo no digo que no ocurra en el templo, claro que ocurre también allí, pero no principalmente. ¿Por qué? Porque el cristiano promedio pasa más tiempo fuera del templo que adentro de este. O sea, la mayoría no son pastores o líderes contratados que tienen que estar mucho tiempo sirviendo en una iglesia, sino que pasan en su casa, en la oficina o en las calles. Por lo tanto, ocupar la mente para la gloria de Dios ocurre principalmente afuera del templo que adentro. Bueno, continuemos planteando otra forma de adorar a Dios con la mente…

8. Adoramos a Dios con la mente cuando practicamos la apologética.

Si no estás familiarizado con el término, la apologética es “la parte de la teología que pretende defender racional e históricamente los dogmas de la fe cristiana”. Es decir, la apologética es el arte de explicar por qué los cristianos creemos lo que creemos. Cuando estás en el colegio o la universidad, e incluso, en tu trabajo, y alguien te pregunta por qué crees que Jesús es la verdad, cuando brindes tu respuesta, eso es practicar la apologética.

El siguiente texto es emblemático de la apologética cristiana. Por favor, léelo detenidamente y verás que tiene que ver con la adoración:

“Sino santificad a Cristo como Señor en vuestros corazones, estando siempre preparados para presentar defensa ante todo el que os demande razón de la esperanza que hay en vosotros, pero hacedlo con mansedumbre y reverencia”.
1 Pedro 3:15.

Fíjate, el texto inicia diciendo: “santificad a Cristo como Señor en vuestros corazones…” ¿no te suenan conocidas estas palabras? ¿No se parecen un poco a “Padre nuestro… santificado sea tu nombre”? Sí, porque santificar es apartar algo en un lugar especial, poner en alto, ponerlo en preeminencia, etc. y obviamente que a Cristo debemos ponerlo en un lugar aparte, separado de todos. Él es lo más grande de lo grande y él es el Señor de todo. Y bueno, esta actitud de santificación o separación es adoración en sí y he ahí por qué Pedro escribió “santificad a Cristo… en vuestros corazones”. Es decir, el emblemático texto de la apologética cristiana inicia hablando sobre tener una actitud de adoración.

Pero 1 Pedro 3:15 no se detiene solo exhortarnos a que santifiquemos al Señor, sino que sigue diciendo: “estando siempre preparados para presentar defensa ante todo el que os demande razón de la esperanza que hay en vosotros”. Es decir, la manera en que santificas o adoras a Cristo es preparándote intelectualmente, presentando defensa de tu fe y haciendo apologética. ¿Por qué? Porque cuando presentes y expongas las evidencias de la fe cristiana estarás exaltando a Dios al ratificar su existencia, glorificando a Jesús al confirmar que resucitó y porque estarás exaltando las palabras de Dios al demostrar su fidedignidad.

Si tú valoras a Cristo, si tú lo tienes en alta estima, si tú consideras que él es el Señor de la creación, entonces estimarás conocerlo profundamente a él y su Palabra para entonces presentar defensa de tu fe cuando sea necesario. ¿Adoras a Cristo y lo estimas como Señor? Entonces investigarás y estudiarás las evidencias de la fe cristiana. ¿No estimas ni valoras a Jesús? Entonces no considerarás que él sea digno de que lo estudies y lo conozcas profundamente. ¿Me explico?

Según 1 Pedro 3:15 hay dos momentos de la apologética: el antes y el durante. Veamos cada uno:

Antes de la apologética.

1 Pedro 3:13 dice: “estando siempre preparados…” Es decir, que debido a que tú estimas a Cristo como Señor, te prepararás para exponer las razones por las que tú adoras a Cristo, el por qué lo has hecho tu Señor y el por qué consideras que él es digno de que lo sigas. Esto significa que tendrás que invertir tiempo leyendo, estudiando e investigando tu fe. Claro, esta preparación no es al azar, no ocurre de la nada y mucho menos, mágicamente. ¡Tienes que leer! Por lo tanto, caemos una vez más en la importancia de la lectura en la vida cristiana y, por ende, en el tema de adorar a Dios con la mente.

Mira, en Latinoamérica tenemos un problema y es el siguiente: la gente se convierte a Cristo por emoción. Van a la iglesia, escuchan las canciones y un sermón dinámico y, entonces, pasan al frente a recibir a Jesús. ¡Y pum! ¡Ya son cristianos! En Europa y otros países del mundo, puede ser distinto. La gente va a una iglesia, escucha la adoración, también el sermón y, al final de la invitación a recibir a Jesús, no pasan al frente. ¿Sabes qué es lo que hacen? Se van a sus casas y a las bibliotecas a estudiar durante semanas las evidencias de la fe cristiana y corroborar que esta fe tiene sustento. Entonces, después de investigar, toman una decisión consciente de lo que significa seguir a Jesús.

En Latinoamérica no, la persona que pasó al frente a recibir a Jesús, se va a su casa, y luego asiste a la iglesia semana a semana sin siquiera tocar un libro. ¿Qué pasa si un agnóstico lo confronta con su fe o un ateo le hace preguntas de la existencia de Dios? ¿Qué si un compañero de trabajo pone en duda la resurrección de Cristo o un amigo de la universidad cuestiona la credibilidad de la Biblia? Como no ha estudiado, lo hará tambalear de su fe, sino es que tropieza del todo y se desanima a seguir adelante.

¿Qué sucede con el europeo? Que, como antes de recibir a Jesús estudió las evidencias de la fe cristiana para persuadirse de que Jesús es la verdad, al toparse con un agnóstico o un ateo, tendrá respuestas que darles. ¿Por qué? Porque hizo sus tareas antes de tomar su decisión. Les dirá algo como: “Mira, antes de yo seguir a Jesús investigué este camino y sus evidencias históricas, y por esto y esto y esto yo me hice cristiano”. Respuesta muy distinta a la de alguien que solo se convirtió por emoción que ante los mismos cuestionamientos dirá: “Eh… eh… eh… ¡permíteme! ¡Debo ir al baño!”

Claro, quienes se convierten por emoción podrían subsanar sus falencias si estudiaran las evidencias cristianas luego de su conversión, ¿no es cierto? He allí la importancia del discipulado a los nuevos conversos. Mi punto es que la diferencia del latino con el europeo es que el latino hará sus tareas después de su conversión, y no antes como sí puede que haga un europeo. De igual manera, lo importante es que el cristiano estudie, investigue y se prepare para practicar la apologética.

Durante la apologética.

1 Pedro 3:15 dice: “… para presentar defensa”. Esto se refiere al tiempo presente. A que luego de que el adorador de Jesús se preparó intelectualmente, entonces presentará defensa de su fe. Pero el texto nos brinda dos cualidades que debemos reunir para presentar defensa. El texto dice: “para presentar defensa… pero hacedlo con mansedumbre y reverencia”. Sí, hay que estudiar las evidencias cristianas, sí, hay que presentar defensa de la fe, pero hay que hacerlo con: 1) mansedumbre y 2) reverencia.

Con “mansedumbre” porque por más cristiano intelectual que te creas y fiel adorador de Dios que te consideres, si al hacer apologética pierdes los estribos, echarás a perder tu defensa del evangelio. De nada sirve que sepas mucho, pero no puedes mantener la calma. Sí, debes crecer en conocimiento, pero también en carácter cristiano; sino echarás todo a perder por debatir como océano iracundo y tempestuoso, en lugar de comportarte como un manso lago.

Y con “reverencia” porque sin respeto hacia tus interlocutores que disienten de tu postura, también echarás al traste la defensa de la fe. Si tu tono es irrespetuoso, irreverente y maleducado, ¡de nada sirve que conozcas tanto porque nadie querrá hablar con alguien hostil, grosero y pedante! Es cierto, hay que defender la fe con pasión, pero tú puedes hacerlo como un león domesticado y sereno y obtener mejores resultados, que si te comportas como un león salvaje que devora vivos a quienes disienten de él.

¿Quieres adorar a Dios con tu mente? Adóralo mientras te preparas para la apologética, pero también modelando un carácter transformado a la imagen de Aquel a quien dices adorar y defender.

Continúa leyendo la Novena parte aquí.

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