Adorar con la mente, la adoración olvidada (Séptima parte)

Adorar con la mente, la adoración olvidada (Séptima parte)

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Espero que a esta altura hayas comprendido que adorar a Dios con la mente simplemente es hacer buen uso de ella y emplearla para lo que Dios nos la dio: para pensar bien. En esta entrada continuaremos viendo una forma más de cómo podemos glorificar al Señor con el intelecto.

7. Adoramos a Dios con la mente cuando solucionamos problemas.

Como he venido diciendo: hacer buen uso de las facultades mentales —por default — es adoración a Dios. ¿Qué se requiere para resolver conflictos sino utilizar al máximo la cabeza? Cuando usamos la mente para buscar soluciones, idear alternativas o encontrar salidas, estamos usando nuestra energía intelectual para desenredar madejas de la vida y, por lo tanto, glorificamos al Señor.

Mira, hay problemas de todo tipo, ¿no es cierto?, pero problemas al fin. Y cuando hay un problema se debe a que algo anda mal, a que algo no está funcionando bien, a que algo está incorrecto. En este sentido, cuando solucionamos problemas causamos bienestar a las personas, a la familia, a la comunidad y en algunos casos, puede que hasta a una nación o naciones. Dios nos puso aquí en la Tierra para poner al «hámster» a trabajar y beneficiar a los demás. Lo voy a decir más claro: estamos aquí para hacer avanzar el bien y al mismo tiempo para hacer retroceder el mal. ¿Me explico? Y quienes solucionan problemas hacen retroceder lo que está mal y hacen avanzar el bien a través de sus propuestas de solución.

La pregunta es: ¿estás solucionando problemas o estás propiciándolos? ¿Estás resolviendo conflictos o eres parte de ellos?

Jesús dijo: “Vosotros sois la luz del mundo. Una ciudad situada sobre un monte no se puede ocultar; ni se enciende una lámpara y se pone debajo de un almud, sino sobre el candelero, y alumbra a todos los que están en la casa. Así brille vuestra luz delante de los hombres, para que vean vuestras buenas acciones y glorifiquen a vuestro Padre que está en los cielos” (Mateo 5:14-16).

¿Alguna vez has visto en las películas o en la televisión cuando alguien encuentra la solución de algo dicen: “¡Se le prendió el foco!”? ¿Alguna vez has visto en las caricaturas que cuando alguien tiene una gran idea aparece un bombillo encendido sobre su cabeza? Ah, es que hallar la solución a algo o encontrar la respuesta a un problema se asocia con la luz, con ser brillante, con recibir iluminación. Y en este texto —me van a disculpar la aplicación— ser luz es ser un solucionador de problemas. Cuando solucionas problemas estás trayendo luz a tu vida, a tu familia, a tu iglesia, a una comunidad, a una ciudad y puede que a un país. Lo que Jesús nos está diciendo en este texto es: “no escondas tu luz, sal a brillar, sal a resolver problemas, sal a solucionar conflictos, ¡haz buenas obras!” Y cuando lo hayas hecho, cuando hayas brillado, cuando hayas iluminado a otros, ¿qué dijo que sucedería? Las personas verían tus buenas obras y “glorificarán al Padre” (v. 16). Es decir, por haber hecho buen uso de tu mente, provocarás que los demás adoren al Padre.

Así que, basado en lo anterior, a continuación te comparto 3 formas en que puedes adorar a Dios solucionando problemas.

Solucionamos problemas cuando aconsejamos.

Una amiga mía es psicóloga y cuando la gente llega a su consultorio con sus problemas sin resolver y sin saber qué hacer, ella le llama: “trabe”. “¡Tenés un trabe!”, les dice. Es decir, están “trabados” mentalmente, no hallan la salida, están paralizados. En este sentido, la labor de ella es “destrabarlos” mentalmente y ayudarles a continuar con sus vidas

Cuando escuchamos a otros con atención, cuando somos empáticos con sus problemas y les brindamos soluciones, estamos causando un bienestar a nuestros semejantes. En otras palabras, brindar consejería y asesoramiento es una forma práctica de amar al prójimo porque les estamos ayudando y brindando luz, es decir, estamos honrando al Señor sirviendo a nuestros semejantes.

Solucionamos problemas cuando servimos.

Cuando se necesita que alguien sirva en la iglesia, digamos en el área de niños o en el área de estacionamientos, es porque hay un problema. El problema es que no hay nadie o hay pocas personas colaborando en esas áreas. Por lo tanto, cuando alguien se ofrece para servir está solucionando problemas. Así que sé solicito y ofrécete para servir en tu iglesia local. Y lo mismo pasa cuando se necesita que alguien ayude en algo de tu comunidad o que alguien se involucre en obras sociales que benefician a una ciudad. Que ayudes a tus vecinos o a personas desconocidas te paguen o no, es ayudar, es servir, es ser útil. Y es curioso que la Biblia relacione el servicio con la adoración. Por ejemplo, al decir: “al Señor tu Dios adorarás y al él solo servirás” (Mateo 4:10). ¿Qué estaba diciendo el Señor? Que cuando servimos a Dios y a nuestro prójimo, eso que hagamos es contado como adoración.

Solucionamos problemas cuando inventamos.

Cuando empleamos nuestra mente para solucionar problemas, estamos haciendo uso de la inventiva. La inventiva es la capacidad que tiene nuestra mente para ingeniar soluciones a situaciones específicas que como seres humanos enfrentamos. Por lo tanto, cuando inventas, ingenias o confeccionas soluciones, estás haciendo un gran uso de la mente. Y, por ende, adorando a Dios.

No sé si alguna vez has oído la historia de George Washington Carver, el científico de raza negra que descubrió más de 200 usos del maní (manía o cacahuate) y de esta forma salvó al sur de los Estados Unidos del desastre financiero al final de siglo XIX. En una ocasión le preguntaron:

—Dr. Carver, ¿podría decirnos cómo descubrió más de 200 usos del maní?

Su respuesta no sólo reveló la humildad de Carver, sino la grandeza de la sabiduría de Dios en su creación. Él respondió:

—Una vez le pregunté al Señor: Dios, ¿por qué hiciste el universo?

El Señor me respondió:

—Esa es una pregunta demasiado grande para que la hagas, hombrecito. Pregunta algo más sencillo.

Luego le pregunté:

—Señor, ¿por qué me hiciste a mi?

De nuevo, él respondió:

—Sigue siendo una pregunta demasiado grande para ti, hombrecito. Pregunta algo más sencillo.

Entonces, le pregunté:

—Señor, ¿por qué hiciste el maní?

¡Esa respuesta él sí estuvo dispuesto a dármela!

Fue entonces que el Dr. Carver descubrió los 200 usos de la semilla de maní.

George Washington Carver es considerado un inventor del calibre de Isaac Newton, Samuel Morse, Johannes Kepler y los hermanos Wright, ¿por qué? Porque siendo un cristiano comprometido solucionó problemas haciendo uso de la inventiva. Él fue el vivo ejemplo de alguien que vivió adorando a Dios con su mente.

Continúa leyendo la Octava parte aquí.

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