Adorar con la mente, la adoración olvidada (Tercera parte)

Adorar con la mente, la adoración olvidada (Tercera parte)

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Continuando con esta serie sobre la adoración olvidada, es decir, adorar a Dios con la mente, ya vimos que podemos glorificar al Señor cuando empleamos nuestra energía intelectual en memorizar las Escrituras y al especializarnos en una profesión u oficio. Ahora hablaremos acerca de cómo escuchar la exposición de la Palabra de Dios durante los servicios de la iglesia, también es adoración.

3. Adoramos a Dios con la mente cuando escuchamos la enseñanza pública de las Escrituras.

La mayoría de los cristianos —por no decir casi todos— creen que la adoración congregacional que se lleva a cabo en un templo está confinada al tiempo de cantos. Según esta perspectiva, adoramos a Dios con canciones, alabanza, expresiones de júbilo, oraciones, etc.; pero cuando sube el pastor a exponer el sermón dominical, cesó la adoración. Se acabó, no hay más, ¡caput! Discúlpenme por lo que lo que voy a decir, pero quien diga y enseñe tal cosa deberían fusilarlo (claro, metafóricamente hablando).

El servicio de adoración de una iglesia, si bien cuenta con varios puntos de un programa como: cantos, oraciones, sermón, etc., se llama “servicio de adoración” porque todo cuanto ocurre durante ese tiempo es adoración en su totalidad. No es solo el tiempo en que cantamos, también lo es el tiempo en el que nos sentamos y escuchamos la Palabra de Dios predicada. Y hacer eso con la reverencia y la atención debida, es adorar a Dios con la mente.

Por eso, que uno, varios o todos los integrantes de un equipo de alabanza se salgan del templo durante el sermón, es una falta grave. Eso solo refleja que ellos consideran que la adoración es el tiempo de cantos, es decir, la parte donde ellos participan, no el resto del servicio. Ahora, yo no digo que ellos no puedan salirse durante el sermón. Si es para ir brevemente al baño o para ir a tomar rápidamente agua y luego volver, eso está bien. Ni tampoco está mal cuando un equipo de alabanza sirve en una iglesia que celebra tres servicios matutinos. En este caso, es saludable que se ausenten del sermón en uno de los servicios para ir a desayunar o simplemente para descansar. ¡Pero solo en uno eh! No en más. Es cierto, es cansado servir en dos servicios, pero nadie dijo que servir al Señor sería fácil y sin esfuerzo. Por lo tanto, los integrantes de un equipo de alabanza deberían tener prohibido salirse de los servicios durante el sermón si solo les toca servir en uno o dos servicios; pero si sirven en tres, allí sí estaría bien que, bajo permiso pastoral, se salieran para ir a comer o descansar un poco.

La pregunta de rigor es: ¿en qué me baso para afirmar que prestar atención al sermón dominical es adorar con la mente? ¿En qué fundamento que estar sentado escuchando al pastor predicar es adoración en sí mismo? Ah, en que ya que una de las facultades que posee la mente humana tiene que ver con la concentración y, hacer uso adecuado de dicha facultad es utilizar adecuadamente la mente con la que el Señor nos dotó. ¡Y qué uso más grandioso le podemos dar al nuestro intelecto sino el de escuchar la enseñanza pública de las Escrituras! ¿Ah? No hay labor mental más grande en la que nos podamos involucrar sino en escuchar la Palabra de Dios predicada.

Por cierto, hay un pasaje en el Antiguo Testamento que relaciona la enseñanza atenta a la Palabra de Dios con la adoración. Está en Nehemías capítulo ocho. ¿Alguna vez lo has leído? A continuación, te comparto algunos de sus versículos para que veas cómo el pueblo de Israel empleó el máximo de sus facultades mentales para escuchar el mensaje de las Escrituras y cómo nosotros deberíamos emular su ejemplo la próxima vez que nos toque escuchar el sermón dominical. Por favor, léelo detenidamente:

“Se reunió todo el pueblo como un solo hombre en la plaza que estaba delante de la puerta de las Aguas, y pidieron al escriba Esdras que trajera el libro de la ley de Moisés que el SEÑOR había dado a Israel. Entonces el sacerdote Esdras trajo la ley delante de la asamblea de hombres y mujeres y de todos los que podían entender lo que oían. Era el primer día del mes séptimo. Y leyó en el libro frente a la plaza que estaba delante de la puerta de las Aguas, desde el amanecer hasta el mediodía, en presencia de hombres y mujeres y de los que podían entender; y los oídos de todo el pueblo estaban atentos al libro de la ley. El escriba Esdras estaba sobre un estrado de madera que habían hecho para esta ocasión… Y abrió Esdras el libro a la vista de todo el pueblo, pues él estaba más alto que todo el pueblo; y cuando lo abrió, todo el pueblo se puso en pie. Entonces Esdras bendijo al SEÑOR, el gran Dios. Y todo el pueblo respondió: ¡Amén, Amén!, mientras alzaban las manos; después se postraron y adoraron al SEÑOR rostro en tierra… y los levitas, explicaban la ley al pueblo mientras el pueblo permanecía en su lugar. Y leyeron en el libro de la ley de Dios, traduciéndolo y dándole el sentido para que entendieran la lectura. Entonces Nehemías, que era el gobernador, y Esdras, el sacerdote y escriba, y los levitas que enseñaban al pueblo, dijeron a todo el pueblo: Este día es santo para el SEÑOR vuestro Dios; no os entristezcáis, ni lloréis; porque todo el pueblo lloraba al oír las palabras de la ley… Los levitas calmaron a todo el pueblo… Y todo el pueblo se fue a comer, a beber, a mandar porciones y a celebrar una gran fiesta, porque comprendieron las palabras que les habían enseñado”.
Nehemías 8:1-4, 5-12.

Después de leer esta amplia porción, voy a listar las expresiones que hablan de cómo el pueblo utilizó sus facultades mentales mientras escuchaban las Escrituras, mira:

“Trajo la ley delante de todos los que podían entender lo que oían…” (v. 2).

“Y leyó en el libro… en presencia de hombres y mujeres y de los que podían entender…” (v. 3).

“Y los oídos de todo el pueblo estaban atentos al libro de la ley…” (v. 3).

“Y leyeron en el libro de la ley… traduciéndolo y dándole el sentido para que entendieran la lectura…” (v. 8).

“Y todo el pueblo se fue a comer… porque comprendieron las palabras que les habían enseñado…” (v. 12).

La pregunta es: ¿qué hizo el pueblo mientras escuchaba atentamente la exposición de la Palabra de Dios? El v. 5-6 dice: “Y abrió Esdras el libro a la vista de todo el pueblo… y cuando lo abrió, todo el pueblo se puso en pie. Entonces Esdras bendijo al SEÑOR, el gran Dios. Y todo el pueblo respondió: ¡Amén, Amén!, mientras alzaban las manos; después se postraron y adoraron al SEÑOR rostro en tierra…” Esdras estaba tan agradecido con Dios porque iba a compartir las Escrituras que al abrir el libro “bendijo al SEÑOR”, el gran Dios…” y el pueblo, que también estaba ansioso y expectante por escuchar la Palabra que, mientras escuchaban a Esdras, adoraron de forma espontánea y conmovedora. ¡Muy al estilo de cómo algunas iglesias lo hacen cuando exclaman durante el sermón: “¡Amén!” “¡Aleluya!” y “¡gloria a Dios!” ¿Me explico? Esto se debe a que la exposición de las Escrituras está íntimamente relacionada con la adoración y la adoración íntimamente relacionada con las Escrituras.

Así que te invito a que dejes de ver el tiempo de cantos como el único espacio dentro de un servicio en donde se adora a Dios. ¡No! Todo lo que ocurre en un servicio de adoración es adoración al Señor y eso incluye la exposición de las Escrituras. Por lo tanto, si perteneces a un ministerio de alabanza, deja de salirte de los cultos para ir a platicar o distraerte cuando no se te ha autorizado hacer eso, deja de irte al puesto de comida de tu iglesia para ir perder el tiempo y mucho menos, deja de salirte con más integrantes para ir a perder el tiempo allá afuera. Por otro lado, si no sirves en la alabanza de tu iglesia, la amonestación también es para ti. No vayas a la iglesia y te salgas del sermón por cualquier motivo. Es más, cuando estés sentado escuchando la predicación no hables con quien está a la par tuya, deja de consultar tu teléfono celular, deja de distraerte en tu imaginación con cosas que no corresponden, etc. Mejor usa de disciplina personal y usa esa facultad de la mente que se llama “concentración” y esfuérzate por prestar atención a la Palabra de Dios. Porque cuando hagas eso y emplees tus facultades intelectuales para lo que Dios te la dio, estás adorando a Dios con tu mente.

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