La aventura detrás de La Aventura: Ricardo Rodríguez

La aventura detrás de La Aventura: Ricardo Rodríguez

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Cómo conseguí la entrevista.

Después de un intento fallido por entrevistar a Ricardo Rodríguez en Puntarenas, Costa Rica, no quise desaprovechar la oportunidad de entrevistarlo la vez que estuvo en una campaña evangelística en la ciudad de San Miguel, a dos horas de San Salvador.

Cuando supe qué iglesia lo traería, antes de comunicarme con el pastor, hablé con una amiga que lo conoce para que le diera referencias de mí y eso me sirviera para aumentar mis posibilidades de que me concediera conversar con Ricardo. Cuando al final lo contacté, el pastor me dio muchas probabilidades de entrevistarlo; sin embargo, cuando se acercaba la fecha para viajar el pastor ya no me contestaba el teléfono y la vez que sí lo hizo, fue su esposa quien respondió. Con tono enojado me dijo: “¡Mire hermano! Traer a Ricardo Rodríguez nos está costando mucho dinero, por eso, si quiere entrevistarlo hágalo en el tiempo libre que él tenga, ¡pero no dentro de nuestro evento!”

Al percibir su actitud preferí contactar directamente a Ricardo en EE.UU. Encontré su teléfono en la página web y le llamé. Me contestó su esposa, amablemente me dijo: “Hermano, con todo gusto le podemos dar la entrevista, pero tendría que ser durante el evento, allí podemos apartar un tiempo; pero no en nuestro tiempo libre”.

En El Salvador me dijeron que no lo tocara durante el evento pero sí en su tiempo libre, y desde EE.UU. que no lo tocara en su tiempo libre pero sí en el evento. ¡Me tenían amarrado!

¿Qué hice? Saqué mis dotes de paparazzi, llamé a los hoteles en San Miguel donde sabía que podían hospedar a Ricardo Rodríguez, viajé hasta la ciudad y me hospedé en el mismo hotel en el cual se alojó.

Fue un viernes, tomé un autobús a San Miguel, llegué a las 5:30 de la tarde y cuando subí a mi habitación al salir del ascensor, ¡oh, sorpresa!, Ricardo Rodríguez junto con su esposa estaban por subir al ascensor del cual yo estaba por bajar. Sin saludarla a ella (porque yo sabía lo que me había dicho por teléfono), le dije a Ricardo: “¡Hola Ricardo! Me llamo Noel Navas, y me gustaría saber si podría realizarte una entrevista de unos minutos para La Aventura de Componer, bla, bla, bla, etc”. Me dijo que sí, me preguntó si estaría en el hotel a eso de las nueve de la noche que regresaría y le dije que sí. Así que de ese modo quedamos, que lo esperaría a esa hora.

Me fui a la campaña y antes que terminara me dirigí al hotel para esperar a Ricardo. Cuando entró por el lobby junto con su esposa él llevaba unas bolsas de Wendy´s, se notaba que habían comprado eso para comer y que iban a la habitación a cenar. Al verlo lo saludé y le pregunté por la entrevista. Con su característico tono cubano me dijo: “Papá, ¿vas a estar aquí mañana? Vengo bien cansado y no he cenado”. Yo asentí y le pregunté a qué hora sería la entrevista. “¡Como a las cinco de la tarde!”, respondió. No pude decir más y acepté. Pero yo por dentro: “¡Oh, no! ¡Voy a quedarme un día entero sin hacer nada solo para esperarlo! ¡Ni modo!”

El sábado por la mañana me levanté para desayunar y ¿casualmente? estaban unos primos de San Miguel desayunando en el hotel. Me senté con ellos y me hicieron compañía un par de horas. Luego fui a visitar unos amigos del Instituto Canzion San Miguel y pasé la tarde en el hotel.

Como Ricardo me dijo que la entrevista sería a las cinco, estuve allí desde las cuatro; sin embargo, a eso de las 4:30 entró por el lobby. Al nomás verlo lo saludé y le pregunté por la entrevista. Con tono de disgusto me preguntó: “¿¿¿Para qué es la entrevista???” Le expliqué en treinta segundos sobre qué versaría y me dijo con su tono cubano: “Papá, ¿vas a estar aquí en la noche?” Y ni modo que le dijera que no, y añadió: “Es que ando bien cansado y debo irme a cambiar para la campaña. Cuando salga de allí te veo aquí para conversar en la noche”.

Nos despedimos, fui a la campaña y antes de las nueve de la noche me regresé al hotel para esperarlo. Cuando entró por el lobby venía con su esposa… y otra vez: con dos bolsas, ahora eran de McDonalds… para cenar. Al verlo me acerqué y le dije: “Ricardo, ¡aquí estoy!” Con su característico tono me dijo: “Papá, ¿vas a estar aquí mañana? Es que no he cenado y ando bien cansado”. A lo que le respondí: “No Ricardo, yo debo regresarme a mi casa mañana por la mañana”. Su rostro cambió, le entregó las bolsas que llevaba a su esposa y muy molesto me dijo: “¡¡¡Apúrate entonces!!! ¡¡¡Pero esto no estaba en la agenda de quienes me invitaron!!!”

Se me puso roja la cara por la vergüenza, la recepcionista, a quien unos minutos antes yo le había obsequiado la producción más reciente de Ricardo y que estaba exactamente frente a nosotros oyó lo que él me dijo… y ni modo… buscamos un asiento y nos sentamos en una mesa que del lobby para conversar. Cuando apreté “play” para comenzar a grabar… ¡ops!… mi grabadora se apagó. ¡Se les acabó la energía a las pilas! Cuando Ricardo vio eso hizo otro gesto de malestar; sin embargo, yo estaba listo con unas de repuesto. Hice un par de movimientos y en veinte segundos la grabadora estaba lista para grabar.

Al lanzarle mi primera pregunta algo pasó, algo que hizo que él cambiara. Le dije: “Ricardo, algunos no saben que tuviste todo un pasado con Nueva Vida, con quienes grabaste tres proyectos con todas canciones de tu autoría, ¿qué puedes decirme de esa etapa?” Cuando me escuchó abrió los ojos admirado y el gesto de su rostro cambió. Fue como si con su gesto me dijera: “¡Hey! ¡Tú me conoces y eso me gusta!”

Supongo que como la etapa con Nueva Vida fue muy especial sus gratos recuerdos comenzaron a aflorar. Así fue como inicié, con esa pregunta. ¿Qué pasó después? Él se concentró en responderme de manera muy pero muy amigable y hasta lo hacía ampliamente. Es decir, como alguien que realmente deseaba ser entrevistado. Al final grabé cuarenta minutos de conversación, le di las gracias y nos despedimos.

¡Y ese día descubrí qué se siente ser un paparazzi!

Noel Navas.

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