La pobre hermenéutica de la confesión positiva (Primera parte)

La pobre hermenéutica de la confesión positiva (Primera parte)

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Yo estoy convencido de que todo cristiano que ama la Biblia —sin importar que quiera dedicarse al ministerio o no — debería recibir un curso elemental de hermenéutica bíblica. Uno pensaría que un curso así solo se imparte en los seminarios y institutos teológicos, pero no. Con el surgimiento de Youtube hay buenos cursos de hermenéutica impartido por maestros respetados que si un cristiano invirtiera algunas horas, se sorprendería de cuánta ayuda le sería para su estudio bíblico devocional.

En palabras simples, la hermenéutica bíblica es el estudio de las reglas esenciales para la correcta interpretación de la Biblia. Las cuales, si se desconocen, se corre el gran riesgo de malinterpretar pasajes bíblicos que, inclusive, podrían desembocar en herejía. En este sentido, el surgimiento de la doctrina de la confesión positiva se debió esencialmente a no tomar en cuenta las reglas de la hermenéutica y, en su defecto, se le otorgó a varios pasajes bíblicos una interpretación que históricamente nunca tuvieron. Por ejemplo, Marcos 11:23 que dice:

“En verdad os digo que cualquiera que diga a este monte: “Quítate y arrójate al mar”, y no dude en su corazón, sino crea que lo que dice va a suceder, le será concedido”.

¿Qué dicen los de la confesión positiva sobre este pasaje? Que Jesús nos motivó confesar y declarar para que las cosas que digamos sean hechas al son de nuestras palabras y, por lo tanto, que la confesión positiva es una doctrina que el Señor mismo enseñó. Pero, ¿es verdad eso? ¿Marcos 11:23 respalda la confesión positiva? No, no la respalda.

Si los creyentes en esta doctrina estudiaran un poquito de hermenéutica descubrirían que Jesús simplemente empleó una figura retórica o literaria de aquel tiempo para ilustrar una verdad. No es que nos estuviera enseñando que nuestra boca tiene súper poderes para obtener todo lo que confiese, sino que nos estaba enseñando a orar.

Por ejemplo, acompáñame al análisis que voy a hacer a dicho pasaje sin consultar ningún comentario bíblico. Como verás, a ojo desnudo uno descubre que Marcos 11:23 no habla de confesar positivamente, sino que el contexto nos muestra a Jesús teniendo hambre y como no halló fruto en una higuera, la maldijo (v. 12-14). Un día después (v. 20), encontraron que la higuera se había secado y los discípulos se sorprendieron ante este hecho. Fue allí donde Pedro dijo: “Rabí, mira, la higuera que maldijiste se ha secado” (v. 21) y es aquí donde “Jesús respondió, diciéndoles: Tened fe en Dios. En verdad os digo que cualquiera que diga a este monte: “Quítate y arrójate al mar”, y no dude en su corazón, sino crea que lo que dice va a suceder, le será concedido” (v. 22-23).

La pregunta es: ¿dice este pasaje que si confesamos positivamente las cosas ocurrirán? No, por eso es importante seguir la regla hermenéutica de leer todo texto en su respectivo contexto para interpretarlo adecuadamente. Mira lo que Jesús dijo un versículo después: “Por eso os digo que todas las cosas por las que oréis y pidáis, creed que ya las habéis recibido, y os serán concedidas” (v. 24). Como ves, el Señor no les estaba dando una fórmula a los discípulos de hablarle a la nada o a las circunstancias para que fueran modificadas al son de sus dichos, sino que les dijo: “todas las cosas por las que oréis y pidáis”. Es decir, les estaba enseñando a orar. No a confesar positivamente.

La confesión positiva es: “¡yo declaro!”, “¡yo confieso!” y “¡yo decreto!”, no es pedir algo en oración conforme Jesús enseñó. La confesión positiva centra la fe en el poder de las palabras, no en el poder de Dios. La oración centra la fe en el poder de Dios, no en el de las palabras. Por lo tanto, a lo que se refiere Marcos 11:23 es a orar con fe, por eso Jesús dijo: “Tened fe en Dios” (v. 22) y luego: “todas las cosas por las que oréis y pidáis, creed que ya las habéis recibido, y os serán concedidas” (v. 24).

Como ves, este análisis del texto lo hice simplemente leyendo el pasaje en su contexto y sabiendo que —hermenéuticamente hablando — existen figuras superlativas del lenguaje del primer siglo que, si no conocemos, podríamos incurrir en malinterpretaciones y hasta en doctrinas que la Biblia no respalda. Por ejemplo, esto es lo mismo que ocurre en Mateo 18:8-9 que dice:

«Y si tu mano o tu pie te es ocasión de pecar, córtatelo y échalo de ti; te es mejor entrar en la vida manco o cojo, que teniendo dos manos y dos pies, ser echado en el fuego eterno. Y si tu ojo te es ocasión de pecar, arráncatelo y échalo de ti. Te es mejor entrar en la vida con un solo ojo, que teniendo dos ojos, ser echado en el infierno de fuego».

Cuando alguien no está familiarizado con el lenguaje superlativo que empleaban los rabinos del primer siglo, uno podía hasta espantarse ante las palabras de Jesús y preguntar: «¿Acaso Jesús estaba enseñando a amputarnos los miembros para heredar la vida eterna? ¿Será que él estaba hablando literalmente de que nos cercenáramos y dejáramos correr la hemorragia?» ¡Obvio que no! Jesús simplemente estaba describiendo la radicalidad con que debíamos luchar en contra del pecado interior y sacar de nuestro ojo y cortar de nuestras manos y pies el deseo de pecar. No amputarnos literalmente, sino cortar simbólicamente de nuestras vidas todo aquello que nos induzca al mal.

La idea de emplear este tipo de lenguaje de los rabinos era causar un impacto en la mente de los escuchas y hacer de sus enseñanzas lecciones inolvidables para que comprendieran las verdades espirituales. Jesús no estaba hablando literalmente en Mateo 18:8-9 ni tampoco literalmente en Marcos 11:23. Estaba empleando figuras retóricas de grado superlativo con el fin de pintar en la mente de sus seguidores cuadros difíciles de borrar de sus cabezas.

Es más, cuando vamos a un comentario bíblico del evangelio de Marcos para conocer cuál es el significado histórico que el cristianismo le ha dado a estas palabras de Jesús, descubrimos precisamente eso, que Jesús estaba hablando simbólicamente y en ningún modo confirmando la confesión positiva como doctrina cristiana. William Hendriksen en su comentario sobre Marcos 11:23 dice:

«“Este monte” se refiere al monte de los Olivos; “el mar” al mar Muerto. Para que este monte se levante literalmente y se arroje en el mar, significaría una caída de unos 1,200 metros. Ahora bien, resultaría algo totalmente ingenuo aun tratar, mediante una concentración de fe, lanzar el monte de los Olivos al mar. Por tanto, a la luz de un contexto que habla acerca de la fe y de la oración, esta sorprendente figura significa que ninguna labor en armonía con la voluntad de Dios será imposible para quienes creen y no dudan (Mt. 17:20; 21:21; Lc. 17:6). Otros argumentos que confirman esta explicación son los siguientes: a) El frecuente uso de lenguaje figurado que hace Cristo (ejemplos del cual ocurren también en el evangelio de Marcos: 1:17; 2:20-22; 3:33-35; 5:39; 7:27; 8:15; 9:12, 13; 9:43, 45; 10:38, 39). b) La bien conocida figura retórica que se halla en Zac. 4:7: “¿Quién eres tú, oh gran monte? Delante de Zorobabel serás reducido a llanura”, refiriéndose a una montaña de dificultades que desaparecerían. c) Las palabras que inmediatamente siguen (en Mr. 11:24).

En modo alguno deberíamos debilitar la fuerza de esta expresión y restarle valor a su significado… Es muy evidente que el versículo 24 tiene un estrecho paralelismo con el versículo 23. En consecuencia, dado que el versículo 23 es verdad; “por tanto” el versículo 24 también es verdad. En general, el significado de los dos versículos es el mismo. Y… en cierto sentido, el pensamiento expresado en el versículo 24 es aún más fuerte que el contenido en el versículo 23: la persona descrita en el versículo 23 cree que lo que dice va a suceder; las descritas en el versículo 24 están tan seguras de la respuesta a la oración, que en lo que a ellos concierne ya ha sucedido; ya lo han recibido» (Pág. 337-338).

Como ya dije, el problema de los creyentes en la confesión positiva es que no conocen de hermenéutica bíblica y por eso tuercen un montón de pasajes con los que aseguran que la Biblia respalda su doctrina equivocada. Pero como ya demostré, con simple hermenéutica y si quieres, con solo consultar un comentario bíblico serio, la claridad de ciertos pasajes emerge y de paso, evitamos malinterpretar las Escrituras a nuestro antojo.

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