La pobre hermenéutica de la confesión positiva (Segunda parte)

La pobre hermenéutica de la confesión positiva (Segunda parte)

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Hay dos cursos de hermenéutica bíblica que quiero recomendarte estudiar. Uno está en Soundcloud y otro en Youtube. Aunque una simple visita a una buena librería cristiana podría ayudarte a encontrar buenos libros de hermenéutica, estos dos cursos podrían contribuir a tu vida si en realidad quieres interpretar correctamente la Escritura. El primero es el del pastor Chuy Olivares (14 clases) al que puedes acceder dando clic aquí. Y el segundo es del pastor Will Graham (6 clases) al que puedes acceder dando clic aquí.

Siguiendo con el tema de la pobre hermenéutica de los creyentes en la confesión positiva, quiero hablar acerca de algunos episodios del Antiguo y Nuevo Testamento que los defensores de esta doctrina emplean para afirmar que la Escritura enseña a confesar, declarar y decretar. Me voy a concentrar en tres episodios e iré explicando su correcta interpretación. Y, como verás, si no conoces las reglas elementales de la hermenéutica, puedes incurrir en malinterpretaciones y hasta en cosas absurdas como las que luego ejemplificaré.

El profeta Elías predice una sequía

1 de Reyes describe el ascenso del rey Acab y su esposa Jezabel al reinado en Israel y cuyo reinado fue de los más detestables delante de los ojos del Señor (1 Reyes 16:30). En medio de ese contexto surgió el ministerio del profeta Elías donde en 1 Reyes 17 dice:

“Entonces Elías tisbita, que era de los moradores de Galaad[a], dijo a Acab: Vive el SEÑOR, Dios de Israel, delante de quien estoy, que ciertamente no habrá rocío ni lluvia en estos años, sino por la palabra de mi boca” (v. 1).

“¡Ya ves!…” dicen los de la confesión positiva, “¡tenemos poderes en nuestra boca para que ordenemos o restrinjamos las cosas que deben de suceder”. Y lo mismo dicen del siguiente episodio bíblico.

El profeta Ezequiel y el valle de huesos secos

En este otro conocidísimo relato bíblico, el Señor le muestra una visión al profeta en donde ve un valle lúgubre y lleno de esqueletos maltrechos. Ezequiel 37 dice:

“Él me dijo: Hijo de hombre, ¿vivirán estos huesos? Y yo respondí: Señor Dios, tú lo sabes. Entonces me dijo: Profetiza sobre estos huesos, y diles: “Huesos secos, oíd la palabra del Señor” (v. 3-4).

“¡Ya ves!…” vuelven a decir los de la confesión positiva, “¡Dios le ha dado poder a los seres humanos para que al son de sus palabras las cosas revivan y hasta de resucitar muertos!”

Como he titulado estas entradas, el problema es la mala hermenéutica de los creyentes en la confesión positiva. Por eso, como no conocen los principios elementales de interpretación bíblica, generan fórmulas de pasajes bíblicos como estos, al grado de asegurar que los hijos de Dios tienen poderes para confesar y que eso que confiesan inexorablemente acontezca. Como afirman también malinterpretando este otro pasaje.

Jesús calma la tempestad

Todos conocemos este episodio de los evangelios, es donde Jesús calma la tempestad. El texto dice:

“Cuando entró Jesús en la barca, sus discípulos le siguieron. Y de pronto se desató una gran tormenta en el mar, de modo que las olas cubrían la barca; pero Jesús estaba dormido. Y llegándose a Él, le despertaron, diciendo: ¡Señor, sálvanos, que perecemos! Y El les dijo: ¿Por qué estáis amedrentados, hombres de poca fe? Entonces se levantó, reprendió a los vientos y al mar, y sobrevino una gran calma” (Mateo 8:23-26).

Una vez más, los de la confesión positiva dicen: “¿Ves? ¡Jesús le habló a la tempestad! ¡Entonces nosotros también podemos hacerlo y confesar para que las cosas ocurran!”

A tal extremo ha sido la creencia de que este episodio debe ser emulado por los cristianos que, durante los últimos dos años de la temporada de huracanes en EE.UU., líderes cristianos como: Guillermo Maldonado, Pat Robertson, Ruddy Gracia y Ana Méndez, han publicado videos donde le ordenaban a los huracanes que no toquen las costas del país. Y, como tú sabes, todos hicieron el ridículo debido a que sus órdenes no surtieron efecto y EE.UU. sufrió las inclemencias del clima.

La pregunta entonces es: ¿son los profetas Elías y Ezequiel una confirmación de que los cristianos tienen poderes sobrenaturales en sus bocas? ¿Es el pasaje de Jesús calmando la tempestad un aval para que los hijos de Dios le den órdenes a la creación y esta les obedezca? La respuesta en un rotundo… ¡no! ¿Cómo lo sabemos? Porque cuando se conocen los rudimentos de la hermenéutica bíblica, comprendes cómo deben interpretarse esos acontecimientos sobrenaturales descritos en la Escritura.

Si revisas los links que te sugerí al inicio de esta entrada y escuchas específicamente la serie del pastor Will Graham, él menciona un principio hermenéutico elemental que dice: “No tomes un pasaje descriptivo y lo conviertas en prescriptivo”. ¿Leíste bien? Vuelve a leerlo por favor: “No tomes un pasaje descriptivo y lo conviertas en prescriptivo”.

Esto significa que cuando estudies la Biblia, el hecho de que tú leas un relato bíblico no significa que haya un mandamiento detrás de este. Claro, seguramente hay pasajes descriptivos —que relatan ciertos acontecimientos — de los cuales podemos extraer principios, lecciones y verdades que aporten a nuestra vida como cristianos. Pero una cosa es esa y otra creer que un relato es normativo para toda la cristiandad. ¿Me explico?

Esto significa que el hecho de que el profeta Elías haya dicho: “ciertamente no habrá rocío ni lluvia en estos años, sino por la palabra de mi boca” (1 Reyes 17:1) y Ezequiel diga: “Profetiza sobre estos huesos, y diles…” (Ezequiel 37:4), no significa que deba ser el modus operandi de todo cristiano para enfrentar cualquier circunstancia de la vida y la forma de modificar las eventualidades al son de nuestras confesiones. Si esto realmente fuera así, entonces el apóstol Pablo hubiera imitado a Jesús al enfrentarse al huracán Euroclidón (Hechos 27:9-26). Pero ¿qué hizo Pablo ante el temible ciclón? No le ordenó que se desintegrara. Simplemente les brindó palabras de ánimo a quienes iban con él. ¿Por qué Pablo no imitó a Cristo deteniendo la tempestad? ¿Por qué no se paró sobre la proa y grito: «¡Euroclidón! ¡Calla y enmudece!»? Ah, porque Pablo sabía que hay pasajes que solo son descriptivos, no prescriptivos.

Quienes convierten pasajes descriptivos en fórmulas para toda la cristiandad están violando una regla hermenéutica elemental que, por desconocer, los podría llevar a incurrir en absurdos como ordenarle a los huracanes que no toquen las costas y, peor aún, a declarar sano a un enfermo terminal —como pasó con el caso de Julio Melgar — creyendo que por el poder de sus palabras las personas se curarán.

A mí me sorprende que la hermenéutica de los creyentes en la confesión positiva solo la aplican a este tipo de episodios bíblicos y no a otros. Porque si ellos fueran consecuentes con su propia hermenéutica entonces también podríamos convertir en prescriptivos otros pasajes que solo son descriptivos. Por ejemplo:

Jesús camina sobre las aguas

Mateo 14:22-33 describe la escena en la que Jesús caminó sobre las aguas. ¿Vamos entonces a caminar sobre el mar, los lagos y las piscinas así como Cristo? ¿Por qué no si para los de la confesión positiva las historias de Elías, Ezequiel y otras más son prescriptivas? Ah, porque saben que no deben sacar fórmulas de pasajes sobrenaturales como este.

Jesús unta lodo a un ciego

Juan 9:1-7 describe la vez que Jesús le untó lodo a un ciego y, luego, cómo este fue al estanque a lavarse para recuperar la vista. ¿Por qué los de la confesión positiva, en vez de confesar la sanidad, no le untan lodo a todo mundo para sanarlos? ¿Por qué en lugar declarar sanos a los enfermos no toman un pegoste de tierra con saliva y los mandan a lavarse? Ah, porque este pasaje —como los otros que he citado — no son prescriptivos, sino descriptivos.

Jesús manda a Pedro a pagar los impuestos

Mateo 17:24-27 describe un episodio muy curioso. Jesús y Pedro deben pagar un impuesto y el Señor envía a Pedro a pescar y le dice: “vete al lago y echa el anzuelo. Saca el primer pez que pique; ábrele la boca y encontrarás una moneda. Tómala y dásela a ellos por mi impuesto y por el tuyo” (v. 27). Yo pregunto: ¿por qué los de la confesión positiva no enseñan este pasaje como prescriptivo y de este modo ayudan a todos a pagar sus impuestos? ¿Por qué solo toman algunos pasajes de la Biblia para extraer fórmulas y no de este otro para garantizar que todos estén al día con Hacienda? Ah, porque en el fondo saben que hay pasajes descriptivos que no hay que estandarizarlos para toda la cristiandad.

El asunto es que los de la confesión positiva no son consecuentes con su propia hermenéutica y solo toman los pasajes bíblicos que les conviene para «disque» confirmar su doctrina. ¡A ver! ¡Tomen estos pasajes que cité! ¿Por qué no prueban caminar sobre un charco de 10 centímetros a ver si no se hunden? ¿Por qué no montan un tienda de «lodo sanador» para ofrecerlo a quienes padecen miopía o astigmatismo? ¿Por qué no motivan a los evasores de impuestos a que vayan a pescar con mosca? ¡Ah, verdad! No lo hacen porque no son consecuentes con su propia hermenéutica.

¡Hey! ¡Amigos de la confesión positiva! Con cariño se los digo: ¡vayan a estudiar hermenéutica y dejen distorsionar las Escrituras en pro de su doctrina errática! ¿Ok?

Continúa leyendo la Tercera parte dando clic aquí.

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