La crisis actual de la música cristiana (Octava parte)

La crisis actual de la música cristiana (Octava parte)

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Ocho áreas en crisis del ministerio musical.

Ya hablé de varias crisis dentro de la música cristiana. Es la suma de todas ellas las que he denominado “la crisis actual”. En esta oportunidad abordaré la penúltima crisis de esta serie.

7. La crisis de los honorarios

Un amigo trajo a una banda cristiana para tocar en diversos eventos e iglesias durante una semana. En ocho días que estuvieron aquí les consiguió $4,500 en honorarios; sin embargo, el último día ocurrió un incidente. Parece ser que hubo un problema de comunicación entre mi amigo y el manager de la banda que hizo que ellos no quisieran ministrar en el último evento de la agenda. ¿El problema? Ellos habían acordado tocar por $900 en cada lugar y en la última iglesia que estarían solo les darían $500. “Oye…” le dijo el manager a mi amigo, “Si no nos pagás lo que convenimos, ¡no tocamos! ¿Entendiste?”

Yo oí la conversación. Aunque el tono en que ambos conversaron fue respetuoso, mi amigo le pidió terminar la conversación no sin antes decirle: “nunca más lo vuelvo a traer a El Salvador, tú sabes que yo les he hecho el favor de conseguirles $4,500 en honorarios y también de que ustedes podrían ir a servir a esa iglesia por menos dinero, pero la cuestión aquí es que no quieren”. Y colgó.

La principal crítica a la música cristiana a nivel latinoamericano ha sido el tema de los honorarios que piden como condición para ir a ministrar a tal o cual lugar. Si no se les da la famosa “ofrenda”, que más bien debería llamarse “tarifa” y no “ofrenda”, ellos no cantan ni tocan.

Hace unos años un amigo tuvo que mediar en el propio aeropuerto de la capital de su país la intransigencia de un cantante cristiano que recién había arribado. Él se negaba a salir del aeropuerto amenazándoles de regresarse en el próximo vuelo si no le desembolsaban los $1,000 que le ofrecieron por cantar. Mi amigo recibió la llamada de uno de los organizadores, tomó su auto y velozmente se presentó ante el cantante pues ya se conocían y le dio garantías de que al final del evento se le darían sus honorarios. Cosa que al final efectivamente sucedió.

¿Qué les pasa a los ministros itinerantes? ¿Por qué esa intransigencia? ¿De verdad han llegado al extremo de condicionar su servicio al punto de negarse a subir a ministrar a menos que les paguen de anticipado? Sí, ya se llegó a esos extremos. Y de eso hace varios años.

Los motivos de la intransigencia de los cantantes son varios, pero el más trascendente es que durante el desarrollo de sus ministerios han habido lugares a donde los han invitado y han sido engañados con promesas de darles “x” cantidad de dinero y a la hora de las horas o no les han dado eso o les han dado nada. Al repetirse ese patrón, en su mayoría, por culpa estafadores o de eventos mal organizados, los ministerios itinerantes tuvieron que blindar sus requisitos financieros antes de aceptar ir a ministrar y así garantizarse a sí mismos no regresar con las manos vacías a sus casas.

Ahora bien, yo soy del pensar que tanto a los cantantes y a las bandas debe dárseles honorarios generosos producto de sus dones artísticos y espíritu de servicio (ni se diga si en un evento se cobrará la entrada). Digo “honorarios generosos” porque hay pastores e iglesias que son unos verdaderos miserables a la hora de dar. Sin embargo, también estoy convencido de que la única forma en que los ministerios itinerantes podrán quitarse el estigma de que son “mercaderes del templo” es que sean más flexibles a la hora de acordar sus honorarios y ni se diga cuando se enfrenten con la sorpresa de que se les dará menos de lo acordado debido a razones de peso.

Por ejemplo, la última vez que Steve Green estuvo en Costa Rica, además de entrevistarlo personalmente, tuve la oportunidad de enterarme de algunas cosas que rodearon su visita. Resulta que a un mes de realizarse la actividad se decidió cancelar el concierto. ¿El motivo? A treinta días del evento solo estaban vendidas once entradas. Cuando se comunicaron a EE.UU. con Steve Green, les dijo que se olvidaran de los $4,000 que pedía de honorarios, que él iría con gusto y que lo que vendiera de discos esa noche sería su ofrenda.

¡Qué genial! ¿No?

Para algunos que me leen y que no están familiarizados con el hecho de que los cantantes y bandas se les dé tanto dinero, esto se debe, en primer lugar, a que muchos eventos cristianos (como ya dije) son cobrados. Cada persona que asiste paga una entrada y en este sentido, los honorarios que se les darán deben corresponder a un porcentaje justo del total de ingresos que recibirán los organizadores. “¡Pero los eventos cristianos deberían ser siempre gratuitos!” dirá alguien. Sí, yo opinion igual. Pero la realidad es que están siendo cobrados y seguirán siendo cobrados. Y para que eso cambie, ¡wow! ¡Falta un mundo para que las iglesias se alineen a dicha convicción! Otro dirá: “¡Pero cobrar en un evento cristiano es vender la Palabra de Dios!” ¿Ah, sí? ¿Entonces por qué quienes dicen eso compran Biblias en las librerías cristianas? ¿No es eso “vender la Palabra de Dios”? Es más, quienes critican los eventos cristianos bajo este señalamiento, ¿critican de la misma forma la venta mundial de Biblias?

Volviendo al tema, en segundo lugar, a los cantantes y músicos se les dan honorarios un tanto altos porque por lo general no viajan solos. En el caso que estoy usando de ejemplo, para el concierto en Costa Rica, Steve Green viajaría con su manager (su hermano David), su pianista y un sonidista. Es decir, cuatro personas a quienes, por tres días de trabajo (uno de llegada, otro del evento y otro de regreso), seguramente repartirían los $4 mil entre Steve y los tres acompañantes ($1,000 c/u). Ahora, ponte a pensar en que ellos se dedican a tiempo completo al ministerio musical y solo realizan entre 4 y 6 conciertos al mes, entonces, que ganen mil dólares por evento les dejaría entre $4 y $6 mil mensuales a cada uno. Lo cual es un salario digno, principalmente por la economía del país en el que viven (EE.UU.) y mucho más si cada uno de ellos está casado y tiene hijos.

En fin… si aún con mi explicación no te convenzo de que los ministros musicales deberían pedir honorarios sobrios cuando viajan, te recomiendo leer la serie: ¿Cobrar o no cobrar? que publiqué hace algunos años en el blog. Son 12 o 13 artículos donde podrás conocer mi opinión en profundidad sobre cómo manejar más cristianamente este tema de los honorarios si es que perteneces a un ministerio musical itinerante. ¡Ojala los puedas leer!

Siguiendo con el tema del concierto de Steve Green en Costa Rica, lo ejemplar de ese evento que se pensaba cancelar para no defraudarlo, es que Steve estuvo dispuesto a viajar a pesar de que no le pagaran nada. ¿Quién hace eso hoy en día señores? ¿Quién está dispuesto a ir a ministrar sin que se le pague? Tal vez uno o dos ministerios, ¿de allí quién? ¿Ah? Vamos, hay honorarios que definitivamente deben dárseles a los cantantes, repito: principalmente si un evento será cobrado. En este sentido, yo opino que los ministerios musicales deberían emular actitudes como las de Steve Green y su equipo, quienes dieron “la milla extra” esa vez en Costa Rica.

Algo que me llamó mucho la atención cuando viajé a Honduras para entrevistar a Marcos Brunet, fue que antes de entrevistarlo aproveché para indagar en la posibilidad de traerlo a El Salvador. Y es que mientras conversaba con su manager este esquivó mi pregunta sobre sus honorarios. El tipo me esquivó el tema tres veces mientras hablábamos. Cuando lo hizo por tercera ocasión, le dije: “oye, ¿te estás dando cuenta de que me estás esquivando la pregunta?” Y fue entonces que procedió a responderme: “mira, es que nosotros no cobramos. Marcos Brunet tiene la convicción de que cuando pongamos una tarifa mínima para ir a ministrar a un lugar, perdimos la visión”. Y continuó explicándome cómo es que acuerdan los honorarios por ir a ministrar. Me dijo: “cuando nosotros recibimos una invitación (y me llegan cincuenta emails de esos al día), nosotros oramos para saber cuál es la voluntad de Dios. Si creemos que es del Señor ir a un lugar, entonces nos reunimos vía Skype con los organizadores para definir si realmente nosotros somos las personas indicadas para ese evento. Luego seguimos orando y al tener la certeza de que debemos de ir es que nos reunimos nuevamente vía Skype para acordar el tema de los honorarios. Mira, sea que nos den $100 o $5,000 nosotros vamos a ministrar, pero en esa última conversación concientizamos a los organizadores de que nosotros nos dedicamos a esto a tiempo completo y que los músicos representan varias familias y que confiamos en que serán generosos”.

En lo personal me impresionó la respuesta del manager de Brunet, la cual se convierte en una luz en medio de la oscuridad de esta crisis que ha provocado que muchos ministerios musicales hayan convertido sus dones esprituales en un negocio más que en un ministerio. “Tú me das dinero, ¡y yo ministro!” “Tú me pagas, ¡y yo canto!” “Tú me muestras los billetes, ¡y toco lo que quieras!”

Muy probablemente Chuy Olivares tenga razón cuando grotescamente ha comparado la industria musical con la prostitución. “Algunos artistas cristianos son como prostitutas…” afirma él, “si no les pagas primero… ¡no trabajan!” Y también Bob Sorge, cuando en su libro “Es un asunto personal”, acusa a los ministerios musicales de ser verdaderos “mercenarios del evangelio”.

Sorge enseña que los ministerios de adoración deberían verse a sí mismos como Juan el Bautista, por el texto que dice: “el que tiene la novia es el novio, pero el amigo del novio, que está allí y le oye, se alegra en gran manera con la voz del novio. Y por eso, este gozo mío se ha completado” (Juan 3:29). El autor afirma que en la actualidad los ministerios musicales (los amigos del novio) no necesariamente se están deleitando en la voz del novio y en contribuir a que la novia se enamore del Novio, sino más bien, están lucrándose a costas de ella mientras el Novio demora en regresar. Es allí donde señala que hay predicadores, cantantes y músicos que son literalmente unos “mercenarios” por despojar a la iglesia de su dinero y por querer extraerle hasta el último centavo para sus propios fines.

¿Leyeron bien managers, músicos y cantantes? Si su visión es el lucro únicamente, ustedes son unos mercenarios. ¡Mercenarios del evangelio! Y ni se diga cuando los managers, a escondidas de los cantantes y bandas que representan cobran más de lo que les informan a ellos y se toman una tajada mucho más grande de la que les corresponde. ¡Mercenarios! ¡Le están robando a sus propios representados y le están robando a la novia de Cristo! ¡Mercenarios!

Y no sigo esta entrada porque si no se me pueden escapar algunos nombres, ¿ok?

Continúa leyendo la Novena parte.

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