La crisis actual de la música cristiana (Tercera parte)

La crisis actual de la música cristiana (Tercera parte)

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Ocho áreas en crisis del ministerio musical.

La vez anterior finalicé la entrada afirmando que la crisis musical se deriva de la crisis espiritual de los propios cantantes y músicos. Resuelve la crisis interior del ministro de música y resolverás la crisis exterior que tiene que ver con su carácter y su forma de hacer ministerio. Veamos ahora la siguiente crisis:

2. La crisis del carácter

Si eres pastor o director de adoración, te invito a que hagas el siguiente ejercicio en tu equipo de alabanza. En el próximo ensayo hazle a los integrantes un examen sobre cuántos versículos bíblicos se saben de memoria. Dales papel y lápiz y deja que escriban todos los textos bíblicos de memoria que se saben. Haz que los anoten con exactitud, no parafraseados y, además, pídeles que abajo pongan la cita exacta en dónde está. Al final solo dales por válidos los textos que escriban exactamente y con la cita precisa. Si no, no los des por válidos.

¿Sabes qué? Me sorprendería si anotan más de diez de forma perfecta.

Ahora, ¿qué tiene que ver el estudio de la Biblia y la memorización de las Escrituras con lo que en esta entrada estoy denominando: la crisis del carácter?

¡Todo!

¿Recuerdas las palabras del Señor “si me amáis, guardad mis mandamientos” (Juan 14:15)? Este texto dice claramente que nuestro amor por Dios es directamente proporcional a nuestro compromiso por memorizar las Escrituras (“guardar”) y obedecer sus mandamientos. La pregunta es: ¿cómo vamos a obedecer las palabras del Señor si no las recordamos? ¿Cómo vamos a obedecerlo si no memorizamos su Palabra? ¿Cómo osamos decir que amamos a Dios, pero no guardamos en nuestro corazón (la mente) la Escritura?

Mira lo que dice el Antiguo Testamento: Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma y con toda tu fuerza. Y estas palabras que yo te mando hoy, estarán sobre tu corazón; y diligentemente las enseñarás a tus hijos, y hablarás de ellas cuando te sientes en tu casa y cuando andes por el camino, cuando te acuestes y cuando te levantes. Y las atarás como una señal a tu mano, y serán por insignias entre tus ojos. Y las escribirás en los postes de tu casa y en tus puertas” (Deuteronomio 6:5-9)..

Otra vez: el amor por Dios se mide por el amor que tenemos por su Palabra, nuestro aprecio por ella y el valor que damos a no olvidarla para ponerla así por obra. Esto significa que por más canciones que cantemos y que digan: “Estoy enamorado de ti”, “Mi vida es la muestra de mi amor por ti” o “Te amo má que a mi vida”, si no metemos en nuestra mente la Escritura y la obedecemos, prácticamente estamos mintiendo durante la adoración.

El meollo de todo esto es que el músico cristiano no puede vivir solo de sensaciones y plataformas, sino que su carácter y ministerio deben emanar de su vida en la Palabra. Tú lo sabes, un gran porcentaje de músicos son sumamente superficiales en sus vidas cristianas, están más interesados en marcas de instrumentos musicales y presumir en sus redes sociales dónde están ministrando que en conocer al Dios que dicen adorar.

Mira, quien verdaderamente ama y obedece la Escritura reflejará un carácter más como el de Cristo que uno cambiante, intolerante o que roce con la bipolaridad. ¿Por qué? Porque la Biblia no es un libro que al habitar en el interior enriquece un bagaje de conocimientos nada más, sino que depositado dentro tiene la capacidad de transformar las actitudes y reconfigurar el ser. Es por eso que un ministro musical no tiene excusa de decir “es que yo soy músico, por eso siento así” o “es que yo soy cantante, por eso soy así”. No, un músico verdaderamente cristiano reflejará un carácter transformado por el Espíritu Santo desplegando a diario el amor, el gozo, la paz, la paciencia, etc… ¡los frutos del Espíritu pues!… y no la avaricia, la ambición y los deseos de protagonismo que suelen evidenciar algunos.

De todos es sabido de escenas vergonzosas que ministros de alabanza, itinerantes o no, han protagonizado en algunos lugares que visitan. El caso más reciente que escuché fue uno que sucedió en una ciudad de un país de Latinoamérica. Un pastor invitó a un cantante para ministrar durante cuatro días en el aniversario de su iglesia y pensó hospedarlo en el mejor hotel de la ciudad. Un hotel de seis estrellas, ¡no cinco eh! ¡¡¡Seis estrellas!!!  ¿Te imaginas eso? Y de paso, en la mejor habitación de dicho hotel que valía $700 por noche. ¡Increíble! Es que este pastor dijo: “¡Quiero bendecir a este cantante y atenderlo lo mejor posible!”

¡Wow! ¡Qué generosidad!

Así que el pastor reservó la habitación y el día indicado fue a recogerlo al aeropuerto. Al nomás saludarlo el cantante le preguntó: “¿oye? ¿En qué hotel me vas a hospedar?” El pastor le dio el nombre, pero el cantante no conocía esa cadena de hoteles y mucho menos que era seis estrellas. Al oír el nombre de inmediato replicó: “no, no quiero estar allí. Ya vi que tal cadena de hoteles está en esta ciudad, así que me quiero quedar en uno de esos”. “¡Pero oye…!” dijo el pastor, “¡yo ya reservé el hotel!” A lo que el cantante espetó: “mira, yo no te estoy pidiendo que me cambies de hotel, ¡te estoy ordenando que lo hagas! ¿Oíste?”

Demás está decir que el pastor se sintió indignado, pero igual accedió a la petición del cantante. “¿$700 dólares versus $150 la noche?” pensó, “¡está bien! ¡Lo que el artista diga!”

Los días pasaron y la última noche en la ciudad una familia de la iglesia le pidió al pastor poder invitar al cantante a cenar. El pastor les dijo que sí, que podían sacarlo a comer y lo llevaron precisamente al hotel seis estrellas donde el pastor originalmente lo iba a hospedar. Un par de horas después el pastor pasó a recoger al cantante y este le dijo: “¡oye! ¿Y a vos no se te pudo ocurrir hospedarme en este gran hotel? ¿Ah?” El pastor le dijo: “pero este fue el hotel que te dije que te había reservado, pero vos me ordenaste que te cambiara…”. El cantante: “¡Ok! Quiero pasar la última noche de mi estadía en este hotel, ¡así que por favor hacé los arreglos para cambiarme!” “No…” respondió el pastor, “las noches en el otro hotel ya están pagadas. Así que no te voy a cambiar de hotel…” Y alzando la voz en tono de regaño, añadió: “¡Es más! Quiero que sepas que esta es la última vez que vas a venir a esta ciudad. ¡Estoy harto de vos! Después de que te vayas yo voy a comunicarle a todos los pastores de la ciudad la clase de persona que eres y así nadie nunca más se lleven el fiasco que yo me acabo de dar”.

El siguiente día que tenía que llevarlo al aeropuerto delegó en alguien que lo hiciera, el pastor ya no quería tratar con este cantante con aires de “diva” y por eso no quiso verlo más en su vida.

Este tipo de comportamientos, además de no reflejar el carácter servicial y sacrificial de Cristo, trae vergüenza al testimonio del Señor. Los ministros musicales, itinerantes o no, que no viven apegados a la Escritura reflejan un carácter anticristiano con ínfulas de celebridad. ¿Dónde están los cantantes “Todoterreno”? ¿Dónde están los músicos “4×4”? ¿Dónde están los ministros dispuestos a morir a sí mismos con tal de reflejar el carácter pacífico y amable de Jesús?

Con esto no estoy diciendo que cuando se invite a alguien se le hospede en una pocilga para probar si son hombres de Dios ni tampoco que los dejen dormir en el suelo sin una sábana. Estoy hablando de que los ministerios itinerantes deben tener una mentalidad de “misioneros a corto plazo” en lugar de “artistas” que merecen la pleitesía de todo mortal que se les atraviese. Mira, yo he participado en tres viajes misioneros a corto plazo y antes de viajar, durante las capacitaciones, nos concientizaban diciéndonos: “¡Oigan! Vamos a tal lugar así que mentalícense de que no comerán como en su casa y no dormirán como en su casa. Vamos a servir y es probable que no tengamos las comodidades que tenemos en nuestro país”.

Durante los meses previos al viaje yo repetía para mí: “¡No comeré como en mi casa! ¡No dormiré como mi en casa! ¡Ni se te ocurra quejarte de las incomodidades del viaje! ¿Ok?”

Eso es tener mentalidad de “misionero a corto plazo”, demostrar con tu carácter que realmente has profundizado en las Escrituras y entendido que ante los desafíos del ministerio tienes que ser fuerte y no dejarte derrumbar cual casa sobre la arena. ¿Me estoy dando a entender? Atornillarte en esta forma de pensar es lo que hará que soportes las inclemencias del servicio sea que viajes para ministrar en otras naciones o sirvas cuesta arriba en tu iglesia local. ¿No dijo el apóstol Pablo: “sé vivir en pobreza, y sé vivir en prosperidad; en todo y por todo he aprendido el secreto tanto de estar saciado como de tener hambre, de tener abundancia como de sufrir necesidad. Todo lo puedo en Cristo que me fortalece” (Filipenses 4:12-13)?

Conoces esa última expresión, ¿verdad? ¡Hasta es posible que la hayas cantado! ¿Pero la vives o estás dispuesto a vivirla en el contexto real en el que fue escrita? Si es así, entonces tu carácter reflejará madurez cristiana, sino la iglesia evangélica seguirá viendo comportamientos que deshonrarán el testimonio del Señor.

Ahora bien, en el caso de los cantantes y músicos de las iglesias locales, ellos también deberían tener la actitud de “misionero a corto plazo”, “Todoterreno” y “”4×4” que estoy describiendo. En lugar de quejarse una y otra y otra y otra y otra y otra y otra… pon aquí un largo etcétera, ¿ok?… por el poco apoyo de sus pastores, las incomodidades durante los ensayos y el mal sonido que aguantan al ministrar, deberían estar agradecidos con el Señor de que a pesar de todo él los toma en cuenta para su servicio. Jesús dijo: “Las zorras tienen madrigueras y las aves tienen nidos —le respondió Jesús—, pero el Hijo del hombre no tiene dónde recostar la cabeza” (Mateo 8:20). ¿Leíste bien? Jesús no tenía las comodidades que muchos ministros itinerantes o locales ponen como exigencias para servir. No, Jesús dormía en el suelo ¡y a veces sin almohada! Él tenía un carácter sólido y preparado para enfrentar los embates del ministerio y para servir gustosamente y sin quejarse. Es más, ante las incomodidades del servicio… tejía poesía.

¿Poesía? Sí… poesía. Revisa de nuevo el texto y verás que tiene tintes poéticos. ¿Quién es aquel que puede sacar de sus carencias versos literarios? ¿Quién puede convertir sus tragedias en arte? Solo aquel, que como Jesús de Nazaret, ha aprendido a vivir en contentamiento y con un espíritu agradecido.

¿Sabes? Si Jesús hubiera sido ministro de alabanza o músico itinerante, es probable que Mateo 8:20, en lugar de lo que dice, dijera: “¿Ah, sí? ¿Con que quieres ser un músico en mi Reino? Pues los artistas del mundo tocan sobre grandes escenarios y les pagan exorbitantes sumas de dinero y los músicos de la “farándula cristiana” exigen un montón de comodidades en sus riders y algunos, inclusive, no suben a ministrar si no les pagan por anticipado sus honorarios, PERO EL HIJO DEL HOMBRE NO CONDICIONA SU SERVICIO AL PADRE CON NINGUNA DE ESTAS COSAS, ¿ESTÁS DISPUESTO A SERVIRME ASÍ?”

Recientemente conocí el caso de un ministro que vino a mi país y que por razones de peso, quien le armó la gira, lamentablemente no pudo cumplir con los honorarios pactados. ¿Sabes cómo reaccionó ante la noticia? ¿Sabes cuáles fueron sus palabras cuando supo que no se le pagaría lo acordado? “Oye, me siento satisfecho por lo que vinimos a hacer. He visto el esfuerzo tuyo y el de tu equipo en atendernos y aunque no me estás dando lo que acordamos me doy por pagado. Estoy seguro que el Señor sabrá abrirnos puertas en otros lugares y recompensarnos de otra forma debido a lo que hemos hecho”.

Fíjate, este músico no armó un show, no montó una escena ni tampoco le exigió que le pagara el monto total. Él sabía que su anfitrión había hecho todo lo posible por reunir el dinero y que había venido a servir al Señor, y en eso estribaba su contentamiento. Eso es tener un carácter como el de Cristo, no uno superficial interesado más en lo económico, el glamur y las comodidades como un gran porcentaje de ministros suelen manifestar.

Continúa leyendo la Cuarta parte.

1 Comentario

  1. Noel,

    He leído las 2 entradas pasadas y la verdad concuerdo en muchas cosas contigo. Ciertamente se puede señalar un antes y un después en muchos ministerios cristianos y más en nuestras iglesias, nuestros propios ensayos. Tal como indicas debemos volvernos a la oración, la búsqueda del rostro del Señor y no de sus manos. Dios no cambia.

    Considero como una buena práctica que se bendiga económicamente a los ministros y ministerios que en lugar de hacerse de una profesión como todos nosotros de dedican sus vidas al servicio de Dios y de su Pueblo. Creo que siempre sabremos cuál ministerio sirve para el reino y cuales no, pues sus frutos nos lo indicaran.

    Te bendigo Noel! Sigue pa’lante!

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