La música no se toca (Cuarta parte)

La música no se toca (Cuarta parte)

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Una canción de Alejandro Sanz.

En este último artículo exegético de la letra, revisaremos la segunda mitad del coro de la canción. Como dije antes, el autor le atribuye eternidad a la música. Y tiene razón, un concepto que poéticamente nos esboza pero que la Biblia ya nos había anticipado. Con esto no estoy diciendo que el compositor se basó en la Escritura para componer esta pieza. Que yo sepa, no; sin embargo, en mi opinión, esta canción contiene un excelente mensaje que nos recuerda el valor trascendente de las canciones y el oficio de compositor. Continuemos…

Quedará la música…
Es siempre la música, verás.
Larga vida a la música Su Majestad…
Que Dios guarde a la música en su inmensidad.

Quedará la música cuando no haya a quien amar,
quedará la música como un despertar.
Nos quedará la música, es nuestra verdad.
Quedará la música, es el titular.  

“Que Dios guarde a la música en su inmensidad…” Ahora el compositor menciona a Dios. Él no lo sabe y no está consciente de ello, pero la música está íntimamente ligada a su Creador.

Dios y la música, la música y Dios; un binomio donde si se cita a uno es casi imposible no citar al otro.

La música es tan preciada para el escritor que, a medida que fue tejiendo su letra, de lo más profundo de su ser brotó un deseo de que la música fuera preservada. Que ella sea protegida. “¡Vamos!…” Nos intenta decir, “¡Que nadie la toque, la altere o la dañe!” Por lo tanto, ¡qué mejor guardián que Dios mismo para salvaguardar este valioso tesoro!

Lo que él no sabe, es que su deseo de que nadie toque la música, que permanezca y continúe intacta, es un concepto que nació en la mente de Dios. La música nació en Dios, subsiste en Dios y fluirá eternamente de Dios.

¿Que “la música no se toca”? Por supuesto, permanecerá por los siglos. Es más, me aventuro a asegurar que hay grandes piezas y canciones que se han escrito a través de la historia que nos acompañarán a lo largo de la eternidad.

¿Alguna vez se ha imaginado oyendo en la vida eterna canciones como “¡Cuán grande es él!” o “Sublime gracia”? ¿Alguna vez imaginó escuchar en el reino de Dios las piezas de Joan Sebastian Bach o Friedrich Händel? No sé si las cantaremos o ejecutaremos los redimidos o si nos uniremos a los coros celestiales, pero que algunas de las grandes composiciones musicales de la historia sonarán en ese lugar… Sonarán.

“Quedará la música cuando no haya a quien amar…” ¡Cuánta verdad contiene este verso!

A lo largo de mi vida he escrito unas cinco canciones románticas. Pocas en comparación a la cantidad que he escrito sobre otros temas. Todas nacieron de un amor profundo por alguien que alguna vez quise conquistar y fallé en conseguirlo. Pero allí están. Pequeños monumentos que me recuerdan de que soy capaz de amar y enamorarme.

Cuando vuelvo a esas canciones recuerdo los sentimientos maravillosos de donde nacieron. El compositor tiene razón, “la música no se toca…”. Allí está… Inalterable, indeleble, imborrable.

“Quedará la música como un despertar” y el verso “Se trata de la música, despierta ya”, que aparece más adelante, están íntimamente ligados.

La música despierta el alma. Alguien podría tener adormitada las emociones pero cuando escucha cierta canción algo se activa dentro de sí. Ese es el poder de la música, de despertar los espíritus adormecidos y las mentes cabeceantes.

Cuando el compositor conoce el poder que la música tiene de despertar los corazones, toma más en serio su labor. Sabe que sus canciones no sonarán y pasarán, sino que surtirán un efecto energizante en quienes las escuchen. No solo por la emoción que suelen impregnar, sino por los vibrantes mensajes que pueden transmitir.

Claro, así como hay música que despierta, hay música que inspira los ronquidos. Y esa es la que el buen compositor debe evitar. Él siempre debe buscar compartir con las audiencias canciones dinámicas y vivaces. Esas que despertarán la mente con verdades que impactarán y con emociones que levantarán.

“Se trata de la música, despierta ya” insiste el escritor, porque el compositor debe estar consciente de que las canciones no despertarán a otros si antes no lo han despertado a él mismo. La música tiene poder, ¡claro que sí! Por lo tanto, el escritor debe despertar primero ante su propio mensaje y en consecuencia otros podrán despertar después.

“Nos quedará la música, es nuestra verdad”. ¿Cuál verdad? Que la música quedará, permanecerá. Podríamos quedarnos sin alguien, pero no sin música. Y otros podrían quedarse sin nosotros pero no sin nuestras canciones.

Es interesante que ahora el compositor relacione la música con la verdad, porque para él, la verdad es que la música subsistirá en sí misma a pesar de que todas las cosas pasen. De nuevo, nos recuerda que la música posee eternidad.  

“Quedará la música, es el titular” y “La música no se toca se va a titular” dos versos en dos secciones distintas de la canción pero muy parecidos entre sí. Los motivos de tal ubicación podrían ser varios, pero el fin del compositor es el mismo: Proclamar a todo el mundo que ese rasgo eterno que tiene la música es digno de un titular en los periódicos.

Por eso titula así su canción, porque quiere que el nombre de la canción se conozca y de paso, que al conocer dicho nombre conozcan lo trascendente de la música.

Pasarán los inventos
y el ir con los tiempos no lo veréis.
Y el si no me conecto
las bandas más anchas y los que cobréis.
Pasaran las marcas y los ipéis
Recuerda que esta canción
es música y siempre flota…

“Pasarán los inventos… Y el si no me conecto, las bandas más anchas”. Ahora el autor hace alusión a la era de la información. A esta época que solo entiende de megas, gigas y terabytes. A esta generación que no puede vivir sin conectarse a la red mundial a través de los inventos de Jobs y Gates.  

La industria de la música no quedó rezagada con la era del Internet. No, salió rampante y abriendo brecha exitosamente. Los Cd´s están feneciendo y en pocos años solo dependeremos de la nube. ¿Cuál es la profecía del compositor ante este panorama? “Pasarán las marcas y los ipéis”. Todo pasará, todo dejará de ser… Menos la música.

Por eso nos pide nunca olvidar: “Recuerda que esta canción es música y siempre flota”. ¿En dónde flota? Si está hablando de ordenadores e Internet, podría estarse refiriendo a que flota sobre los océanos de información de la web.

Si la música viaja por el aire, ahora también nada en la red. Y si por alguna razón Internet colapsara a nivel global, la música seguiría viviendo en el corazón de todos aquellos que alguna vez la disfrutamos.

Que viaja la música en la eternidad…

Después de repetir los precoros y coros reiterativos de su mensaje, el compositor afirma: “Que viaja la música en la eternidad”.

Este es el mensaje que el músico y compositor debe recordar, y de este modo vivir consciente de lo trascendental de su oficio. La música no muere con el compositor, las canciones no perecen con el autor; ellas vivirán eternamente en el corazón de aquellos que las hayan dejando entrar en el alma, que también es eterna.

Noel Navas.

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