La música no se toca (Tercera parte)

La música no se toca (Tercera parte)

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Una canción de Alejandro Sanz.

En la entrada anterior comencé a diseccionar la letra de la canción que titula la más reciente grabación de Alejandro Sanz, y a compartir los pensamientos que brotaron en mi mente al escucharla repetidas veces. El primero de todos es que un excelente sinónimo de la expresión «La música no se toca» bien podría ser «La música es eterna». La canción habla acerca de la preeminencia de la música en la vida humana y la relevancia de quienes se dedican a ella en la sociedad. Si por alguna razón no recuerda cómo va la melodía, escúchela una vez más haciendo click aquí y disfrútela antes de continuar.

Que lo que va en el viento
es lo más seguro, no lo dudéis;
que se aferra al tiempo
y se queda eterno en el corazón.
Pasaremos todos y quedará,
recuérdalo, una canción.
La música no se toca. 

“Que lo que va en el viento es lo más seguro…” afirma. Otra vez se está refiriendo a la música. A las ondas sonoras que llevan sobre sí las letras y melodías de las canciones.

Todos lo sabemos, la música viaja a través del aire. Es invisible, pero se escucha. No la vemos pero la sentimos. Que algo sea intangible no significa que no exista. La música no se ve pero se percibe.

Lo interesante del verso en cuestión es la aseveración del autor de que esas cosas invisibles, esas que transporta el viento, son más seguras que cualquier otra cosa; que no debemos dudar de ellas. O sea, la música existe, pero nadie jamás la ha visto. Usted habrá visto a alguien ejecutar un instrumento, leído una partitura o diagramado en su computador algunos sonidos, pero a la música nadie la vio jamás.

Las cosas invisibles son más reales que las visibles. La música refleja a Dios. No se ve, pero se escucha; no se mira pero puede sentirse. La música es real a pesar de que solo podamos oírla.

La música es eterna porque Dios es eterno. Y de eso habla el siguiente verso: “que se aferra al tiempo y se queda eterno en el corazón”.

La música, la buena música, refleja el carácter de Dios. Nos hace sentir las más sublimes emociones porque Dios, aunque no es emoción, es un Ser emotivo. La música simplemente reproduce esa cualidad del Creador porque ella es reflejo de su carácter.

¿No es cierto que hay música que se aferra a nosotros y no nos suelta? ¿Alguna vez le ha pasado? Usted la oye y no la puede olvidar; intenta sacudírsela de su cabeza pero no lo consigue. ¡La música abrazó su mente! Eso pasó.

La música se adhiere. Y al pegársenos, su mensaje, cualquiera que sea, se aferra a nuestros pensamientos y moldea nuestras conciencias.

“Pasaremos todos y quedará, recuérdalo, una canción. La música no se toca”, vuelve a recordarnos el compositor.

Y no hay ley, poderosa emoción
que ni el tiempo la vence, no hay ley.
Lo que améis en el tiempo siempre quedará,
quedará cuando no estemos,
quedará cuando no estéis.

¿A qué se referirá el escritor cuando dice que “No hay ley”? ¿Qué habrá querido decir cuando dijo que el tiempo no puede vencer esa “poderosa emoción” (la música) y por qué vuelve a repetir que “No hay ley”?

Según el mismo autor esta expresión no es necesariamente una alusión a alguna ley relacionada al aumento de los impuestos a la cultura. Por lo tanto, puedo interpretar que se refiere a que no hay ley, y no habrá jamás, que limite el poder de su influencia.

Es cierto, hay países que legislan el mensaje que ciertas canciones promueven a través de sus letras. Canciones de lenguaje vulgar, racistas, discriminatorias o denigrantes hacia la mujer. A canciones de ese tipo la censura les calza muy bien. ¡Y con toda razón! Sin embargo, el compositor dice verdad cuando afirma que “No hay ley”, no hay ley que minimice su poder.

¿No se ha fijado que no hay leyes que impidan que experimentemos los efectos de la música? No hay ninguna que diga “No sentirás demasiado amor” o “No sentirás demasiada alegría”. No hay ley que prohíba sentir estas maravillosas emociones.

“Lo que améis en el tiempo siempre quedará, quedará cuando no estemos, quedará cuando no estéis”. De nuevo se refiere a la música. El objeto del amor del compositor. Usted y yo pasaremos, algún día ya no estaremos; pero la música seguirá aquí. No se irá, nosotros sí.

Quedará la música…
Es siempre la música, verás.
Larga vida a la música Su Majestad…
Que Dios guarde a la música en su inmensidad.

Quedará la música cuando no haya a quien amar,
quedará la música como un despertar.
Nos quedará la música, es nuestra verdad.
Quedará la música, es el titular.

“Quedará la música…” insiste el autor, pero ya no desde la estrofa y el precoro. No, ahora lo enfatiza desde la parte más importante de la canción, el coro.

Por eso, cuando dice “Es siempre la música…” su intención es decir “La música es siempre”. Permanece, trasciende las épocas y las edades.

Su reverencia por la música es tal que exclama: “Larga vida a la música Su Majestad”, dándole un sentido de realeza de quien está cantando. Su pasión por el oficio es tan grande que siente que ser cantante, músico o compositor es servir a un rey digno de ser reverenciado.

En lo personal considero que quienes gustamos de la música deberíamos imitar tal respeto. No al punto de idolatrarla como si de una deidad se tratara. Sino que la reverencia por el oficio debería ser uno muy similar al que tienen los súbditos de un reino por su rey.

Cuando los siervos respetan profundamente a Su Majestad, tratan de ser los más excelentes ciudadanos. Saben que irrespetar la autoridad es traicionar la lealtad que han jurado. Esa misma actitud deberíamos tener quienes cantamos, tocamos o componemos. Deberíamos reflejar por medio de nuestra entrega al arte la excelencia que merece a quien decimos servir.

Como cristianos no hemos jurado lealtad a la música, como si fuera una entidad viviente, hemos jurado lealtad al Rey de reyes y Señor de los señores, y nos valemos de la música para exaltar Su Majestad. Servimos a Dios con excelencia a través de la música, no a la música en sí.

Viene a mi mente el Salmo 47:7 que dice: “Porque Dios es el Rey de toda la tierra. ¡Cantad con inteligencia!” En el hebreo “cantad con inteligencia” significa: “Cantad con habilidad y dominio”. Es decir, con la excelencia que se merece Su Majestad. Que como dije antes, en el cristiano no es la música, es Dios.

Parte de la reverencia que el músico siente por Dios debe verse reflejada en su calidad interpretativa, tanto al ejecutar su instrumento, al cantar una canción como al componer una pieza. Dios es el Rey del universo, y por lo tanto, debemos hacerlo con la mayor excelencia a nuestro alcance.

Continúa…

1 Comentario

  1. Me gusta esta serie. Respecto a «Larga vida a la música Su Majestad»… He visto un fenómeno en nuestras iglesias. Paulatinamente los músicos nos hemos ido profesionalizando, y «sin querer queriendo» hemos puesto la «excelencia» por encima del servicio a Dios (y a los hermanos).

    Abundan los talleres sobre técnicas musicales pero hay poco sobre instrucción bíblica.
    Como el Maestro dijo: «Esto es necesario sin dejar de hacer lo otro»… Creo que debemos chequear nuestros corazones e intenciones y no dejarnos deslumbrar por la belleza de la música (si eso nos va a impedir ver la hermosura del Autor de todo)

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