Lecciones prácticas de la primera canción de la Biblia.

Retomando la serie que comencé el año pasado (como si hubiera sido hace mucho eh, jeje), continuaré extrayendo algunos principios de composición del libro de Deuteronomio, donde se nos muestra al mismísimo Dios de Israel inspirando a su siervo, Moisés, a escribir una canción que aunque en ese momento el pueblo no lo notara unos años después sería clave para que ellos se volvieran de su idolatría. El contexto que rodeó la escritura de esa canción y la canción misma nos siguen brindando algunas lecciones que pueden contribuir a nuestra propia filosofía de composición.

En cuarto lugar, las canciones que escribimos deben traer respuesta a la vida de las personas.

Después de instarlo a escribir, a mostrar la canción al pueblo y revelarle la función de testigo que tendría en la congregación, Dios le dijo a Moisés: “Y cuando les vinieren muchos males y angustias, entonces este cántico responderá en su cara como testigo, pues será recordado por la boca de sus descendientes” (Deuteronomio 31:21). Si puede leer este versículo una vez más se lo recomiendo. ¿Lo hizo? Muy bien. Si se fija, el texto dice que cuando el pueblo experimentara tiempos malos y momentos de angustia el cántico “traería una respuesta delante de sus rostros” al solo recordarlo. Esto nos habla de uno de los propósitos por los cuales debemos escribir canciones: brindar respuestas a la vida de las personas.

El compositor, cristiano o no, debe estar conciente del poder que conlleva su don. Las ideas y pensamientos que atractivamente se sirven sobre la bandeja melódica tienen el potencial de traer solución a las almas de los hombres. La expresión: “¡Dios me habló por medio de tal canción!” cabe muy bien aquí. ¿Alguna vez le ha ocurrido eso? A mí sí. ¡Muchas veces! Preguntas que siempre me había formulado encontraron respuesta en una frase escrita por un compositor. Cosas que siempre quise expresar encontraron eco en alguna estrofa con la que me identifiqué. De verdad que Dios puede usar las canciones para mostrarnos el camino por el que debemos andar.

Mire, la mayoría de gente en el mundo siente que tiene problemas. Seguramente muchos están atravesando tormentas que ni usted se imagina o simplemente se encuentran afligidos en soledad. No vaya muy lejos, en su propia iglesia ha de haber gente así, que aunque en la reunión se vean sonrientes y bien vestidos están sufriendo por dentro. Ese tipo de gente es la que alguna vez oirá sus canciones. Cuando eso suceda, permítame preguntarle: ¿encontrarán una respuesta para su situación a través de lo que usted ha escrito? ¿Verán alguna luz para sus vidas por medio de lo que ha compuesto? Son buenas preguntas para reflexionar.

Basado en lo anterior podemos decir que existen dos tipos de canciones que se pueden escribir: Las que brindan una respuesta y las que no. ¡Simple! ¿Verdad? Bueno, hablemos brevemente de cada una de ellas.

Canciones que brindan respuesta.

Las canciones que brindan una respuesta son aquellas con la que la gente se identifica, no nada más por la emoción que les causa, sino por el mensaje que contribuye a que sus vidas avancen en pos de una relación más profunda con Dios, con su familia, sus semejantes o por lo menos, con su entorno. No estoy hablando de géneros musicales específicos. Aquí caben todo tipo de canciones: las congregacionales de alabanza y adoración y las de solistas que abordan diferentes temas. ¡Incluso algunas canciones seculares!

Dos ejemplos vienen a mi mente cuando pienso en este tipo de canciones:

El primero, hace algunos años ví por la televisión una entrevista que le hicieron al cantante y compositor de renombre mundial, Don Moen (Integrity Music), donde relató cómo escribió una canción pensando en un matrimonio de amigos suyos que recién habían perdido un hijo. Él se dio a la tarea de componer con la intención de ministrarles en medio del dolor y la confusión que estaban experimentando. ¿Sabe cuál fue la canción que escribió? “God will make a way” que en español se tituló: “Sendas Dios hará” y que interpretó el cantante guatemalteco Juan Carlos Alvarado en la producción “Glorifícate”. La letra dice: “Sendas Dios hará donde piensas que no hay/Él obra en maneras que no podemos entender/Él me guiará, a su lado estaré, amor y fuerza me dará/Un camino hará donde no lo hay (escúchela aquí).

Miles han sido consolados y motivados en su fe a causa de esta canción. Quizá hasta usted también lo fue cuando en su tiempo sonaba en las radios o se cantaba en las iglesias. ¿Recuerda? Esta canción bendijo no solo a Latinoamérica sino a todo el pueblo Anglo en cuyo idioma originalmente fue escrita. ¿De qué nos habla esto? De que verdaderamente una canción puede traer respuesta a la vida de la gente. Don Moen conocía ese potencial y por eso decidió escribir una canción que no solo ministró a sus amigos, sino a todas las naciones.

Segundo, otro ejemplo que podría ilustrar el poder que tienen las canciones de traer respuesta es: “Color esperanza” del compositor argentino Diego Torres. ¿Recuerda la letra? “Sé que hay en tus ojos con solo mirar, que estas cansado de andar y de andar y caminar girando siempre en un lugar/Sé que las ventanas se pueden abrir, cambiar el aire depende de ti, te ayudará, vale la pena una vez más/Saber que se puede, querer que se pueda, quitarse los miedos, sacarlos afuera/Pintarse la cara color esperanza, tentar al futuro con el corazón” (escúchela aquí).

Hasta donde yo sé Diego Torres no es cristiano, pero escribió una canción, que como dice Dante Gebel, a la que se le atribuye haber ayudado a la nación Argentina a no bajar sus brazos en medio de la peor crisis económica que sacudió al país a finales de 2001. Incluso se asegura que dicha canción se adoptó como himno lema en alrededor del 70% de las escuelas de todo el país (1). ¿Por qué? Porque la canción trajo respuesta al corazón angustiado de la gente y los animó a tener fe a pesar de la adversidad. Me hacen reflexionar las palabras de Dante: “Probablemente Dios haya inspirado a Diego Torres a componer esa canción porque no encontró a un cristiano dispuesto a escribirla sin importar de que la letra no mencionara a Dios” (2).

La verdad es que como cristianos debemos ser humildes en reconocer de que no solo la música cristiana tiene el poder de traer respuesta al corazón humano, sino toda la música en sí posee dicho potencial. Dios permita que más compositores que no conocen al Señor compongan canciones que honren los valores de la Palabra y de esta forma más gente pueda encontrar fe, amor y esperanza, o mejor dicho: respuestas, en medio de cualquier circunstancia que los rodee.

Canciones que no brindan respuesta.

El otro tipo de canciones que existen son aquellas que no ofrecen ninguna clase de respuestas al corazón humano. O simplemente entretienen o peor: lo hunden en más confusión. Seamos francos: hay canciones que algunos compositores están escribiendo y que están sonando en las radios que no aportan nada. Sí, emocionan; sí, son pegajosas. ¡Pero no contribuyen a la vida de la gente! Sin afán de ofender a nadie, aquí no solo entran las canciones que llamamos seculares, sino también algunas canciones cristianas.

Recientemente un pastor dominicano que conocí me dijo: “Noel, aunque te sorprendas hay canciones seculares que yo escucho, ¡y hay canciones cristianas que no escucho! Porque no aportan nada a mi vida”. Me resultó interesante su pensamiento. Por eso, cuando nos demos a la tarea de componer debemos reflexionar: “Esta canción que estoy escribiendo, ¿contribuirá a la vida de alguien? ¿Ayudará a las personas a profundizar su relación con Dios, con su familia, su prójimo o por lo menos con su entorno?” Si la respuesta es: “Sí”, adelante, continúe con la canción. Si la respuesta es: “No”, entonces deténgase y aprenda a maximizar su don de composición en pos de aquellas cosas que valen la pena escribir.

A causa de la serie: Las mejores canciones de Latinoamérica que publico en el blog he permanecido en contacto con el Hno. Carlos Rey Stewart, co-presentador del programa: Un Mensaje a la Conciencia. Sostuvimos algunas conversaciones en Panamá y entre ellas me sugirió ver el programa: “La canción de la rebeldía”, que bien puede ilustrar cómo una canción que pudo haber sido respuesta, no lo fue.

En el programa Carlos Rey relata el siguiente incidente:

Mientras escuchaba la canción “Rebeldía” en un bar del centro de la ciudad se apuntó al cráneo con su pistola y apretó el gatillo. El revólver falló, así que pidió que le sirvieran otra copa y que volvieran a tocar el mismo disco. Mientras se tomaba el nuevo trago, escuchó una vez más las siguientes palabras de la melancólica canción, escritas por su paisano Ángel Leonidas Araujo: “Señor, no estoy conforme con mi suerte ni con la dura ley que has decretado/Pues no hay una razón bastante fuerte para que me hayas hecho desgraciado/Te he pedido justicia, te he pedido que aplaques mi dolor, calmes mi pena/Y no has querido oírme o no has podido revocar tu sentencia en mi condena” (escúchela aquí). Terminada la canción, con toda calma se apuntó el arma otra vez y volvió a apretar el gatillo. Esta vez el revólver disparó, y Ángel Polibio Loyola, policía de Guayaquil, Ecuador, murió en el acto (3).

Luego de narrar el incidente Carlos Rey hace una reflexión pertinente; sin embargo, lo que quiero resaltar del relato es que evidentemente este policía ecuatoriano se había identificado con las palabras de la canción: “Rebeldía”. Sea que lo haya hecho antes de entrar al bar o cuando se encontraba allí, este hombre se compenetró de tal forma con la letra que pidió tenerla como fondo mientras coqueteaba con el revólver. No estoy diciendo que el compositor es culpable de la tragedia ni que el suicida no habría consumado el acto si hubiera escuchado otra canción. Obviamente cuando alguien decide quitarse la vida es producto de muchos factores. Pero pienso que si este hombre, en medio de su crisis hubiera estado expuesto a otro tipo de canciones, a esas que brindan respuesta al corazón necesitado, probablemente otra sería su historia. Probablemente.

Cuando le comenté a Hno. Carlos Rey que quería utilizar su relato como ilustración en esta entrada, me escribió: “Como dato adicional a este programa, te comento que cuando simulé este Mensaje a la Conciencia en el Centro Cristiano de Guayaquil el 28 de septiembre de 2003, me dijeron luego del mensaje que muchas personas se habían suicidado ahí mismo en Guayaquil escuchando la letra de esa misma canción, y fue debido a eso que el mensaje en el que canté esa canción los conmovió tanto”. Impresionante, ¿no cree? Pero inmediatamente añadió: “Sin embargo, te comento además que si el compositor Araujo no hubiera escrito ni grabado esa canción, de todos modos es probable que la mayor parte, si no todos, de los que se suicidaron escuchándola hubieran hecho lo mismo escuchando la letra de otra canción, tal como “Adolorido corazón”, “Una lágrima por tu amor”, etc.”

Carlos Rey tiene razón, hay momentos específicos en la vida que las personas buscan identificarse con alguna canción para lamentar o manifestar sus penas. Si no es con una lo harán con otra. ¡Ojalá que en esa búsqueda encuentren una que les brinde la respuesta que tanto necesitan! ¿La quiere escribir usted?

Continúa…

PREGUNTAS PARA LOS LECTORES DEL BLOG: ¿Podría relatar brevemente algún testimonio personal de alguna canción que usted haya escuchado y que trajo respuesta a su vida en un momento determinado? Es más, ¿podría mencionar un testimonio similar pero de canciones suyas siendo respuesta en la vida de otros?

Notas:

(1) Gebel, Dante, “HÉROES, Jornada intensiva para líderes”, Línea Abierta-Editorial Vida-Zondervan, 2006, Disco No. 5.

(2) Gebel, Dante, “HÉROES, Jornada intensiva para líderes”, Línea Abierta-Editorial Vida-Zondervan, 2006, Disco No. 5, paráfrasis mía.

(3) http://www.conciencia.net