Lecciones prácticas de la primera canción de la Biblia.

La vez pasada comencé a enumerar 2 de los 5 parámetros que debemos tomar en cuenta para asegurarnos de escribir canciones completamente bíblicas. Los primeros dos que vimos fueron: ¿Tiene cada frase de mi canción respaldo bíblico? Y, ¿tiene cada frase de mi canción la cosmovisión correcta? Si la respuesta a estas interrogantes es sí, ¡va por buen camino! Sin embargo, recuerde que los parámetros que estoy sugiriendo deben evaluarse en conjunto y no de forma aislada. En esta oportunidad concluiré la serie: La primera canción, mencionando los últimos 3 parámetros que debemos tomar en cuenta si esperamos componer sin contradecir la Escritura.

Antes de mencionarlos permítame hacer la misma aclaración que hice en la entrada anterior, que por cierto si no la ha leído le recomiendo que lo haga antes de leer esta, en el sentido de que los ejemplos que mencionaré hoy los utilizaré con la intención de concientizarlo a usted de que cuando componga se asegure lo más posible que todo cuanto escriba no contradiga la Escritura en los absoluto. Soy fiel admirador de estos compositores, pero también soy conciente de que ellos, ¡al igual que yo!, podemos equivocarnos alguna vez y dejar pasar alguna inexactitud bíblica. Por lo tanto, sepa que mi actitud al citar estos ejemplos es de concientización más que de crítica.

Sigamos:

No. 3: ¿He filtrado mis experiencias a través de las Escrituras?

Componer desde las experiencias es habitual en el compositor cristiano. Las vivencias son un caudal fértil para escribir grandes canciones; sin embargo, aunque sus experiencias sean ¡grandes experiencias! nunca las ponga por encima de la Escritura. La Palabra de Dios debe reinar por encima de todo, inclusive sobre todo cuanto usted viva.

En ese sentido, debemos canalizar las letras de este tipo de composición por el filtro de la Escritura para no caer en inexactitudes doctrinales. Aclaro: las experiencias son lindas y las canciones basadas en ellas también. Pero cuando componga en base a ellas asegúrese de no contradecir ninguna verdad bíblica.

Cito mi tercer ejemplo.

La canción es: “Esperar en ti”, de Jesús Adrián Romero. “¡Ay, qué barbaridad! ¡Ahora le va a tirar duro a Jesús Adrián! ¿No es cierto?” No, no es cierto. Jesús Adrián Romero es uno de mis compositores favoritos. Creo que junto con Marcos Vidal son de mis compositores preferidos en español. Incluso, si usted no se ha dado cuenta, en el blog puede escuchar una conferencia de Jesús Adrián sobre composición (haga click aquí). Es decir, tengo un profundo respeto por su persona y ministerio a pesar de no tener el gusto de conocerlo.

Para que el error de esta canción sea más evidente citaré a uno de los predicadores que más he estado escuchando desde que lo conocí en Noviembre de 2008. Sugel Michelén, pastor de la Iglesia Bautista Reformada de República Dominicana, dice sobre la canción:

“Aclaro que no tengo la intención de juzgar al autor de esta letra. No estamos juzgando aquí si es un verdadero creyente o no. No estamos juzgando aquí su amor por el Señor. No estamos juzgando aquí el deseo que este hermano pueda tener de beneficiar al pueblo de Dios con sus canciones. Pero mis hermanos, nosotros debemos aprender a discernir el error de la verdad. ¡Aún cuando viene en un envoltorio poético!

La letra de este canto dice (escúchelo aquí):

Esperar en ti difícil sé que es,
mi mente dice no, no es posible
Pero mi corazón confiado esta en ti,
tú siempre haz sido fiel, me haz sostenido

Y esperaré pacientemente,
aunque la duda me atormente,
yo no confío con la mente,
lo hago con el corazón”.

El canto dice: “Aunque la duda me atormente, yo no confío con la mente, lo hago con el corazón”. El autor de esta canción contrapone la mente y el corazón dando a entender que la fe no es algo que se piensa sino que se siente. Pero hermanos, ese no es el concepto bíblico de la fe. La fe bíblica nace del entendimiento y de la aceptación de ciertas verdades reveladas por Dios que nos permiten confiar en él aun por encima de nuestros sentimientos. Queridos hermanos, ¿acaso no es cierto que en algunas ocasiones el creyente siente que Dios no está a su lado? ¿Acaso no es verdad que muchas veces el creyente siente que Dios no está oyendo sus oraciones? Hermanos, ¿no es verdad que muchas veces siente que ya Dios no lo ama? Ah, pero aun en esos momentos podemos descansar en aquellas verdades que el Señor nos ha revelado en su Palabra y que nosotros entendemos con nuestra mente aun cuando no nos sintamos así” (1).

En lo personal estoy de acuerdo con el pastor Michelén, principalmente después de haber leído el libro: “Evangelio completo en mentes incompletas” de Rick Nañez y publicado por Editorial Vida, donde el autor habla de cómo a veces los predicadores, sin querer, dan a entender entre líneas que la mente no es relevante en la vida de fe. Por supuesto que lo es. La Biblia lo enseña. En fin, tema para otra ocasión. Ahora, creo que si intentamos ponernos del lado del compositor y evaluamos la canción desde su intención al escribirla podríamos comprender lo que quiso decir. Por ejemplo, Jesús Adrián afirma que “Esperar en ti” la escribió después de un largo período de enfermedad según lo relata en su libro: “Cenando con Jesús” (2). En este sentido, lo que Jesús Adrián quiso dar a entender es: “Miren, en medio de mi padecimiento yo seguí confiando en Dios a pesar de que a veces mi mente dudaba”. Creo que por ahí es válida la letra. Pero una vez más, siendo estrictos: la canción claramente divide la mente y la fe cuando la Biblia no lo hace, como bien Sugel Michelén señaló antes.

No. 4: ¿Desde qué ángulos podría ser mal interpretada mi canción?

Hay canciones que tienen más riesgo de ser mal malinterpretadas que otras, principalmente aquellas que usan lenguaje metafórico o se basan en experiencias personales. Aún así podemos reducir el riesgo de mal interpretación hasta cero si usamos los parámetros que estoy proponiendo.

Aquí está mi cuarto ejemplo.

La canción es: “Manos vacías” de Jesús Adrián Romero. “¡Ya ve! ¡Usted tiene algo contra Jesús Adrián!” No, no lo tengo. Reitero lo que dije antes: Jesús Adrián es de mis compositores favoritos y admiro su vida, obra y ministerio; sin embargo, el ejemplo que voy a citar es un tanto confuso ya que en lo personal comprendo la intención del autor al componerla, pero he oído a muchas personas decir que esta canción está mal, que no es bíblica. Es decir, ¡la han malinterpretado!

La letra de la canción dice (escúchela aquí):

Con manos vacias vengo a ti
no tengo nada que darte
no hay nada de valor en mi
no puedo impresionarte


Te puedo entregar mi corazón
pero esta quebrantado
recibelo mi buen pastor
tú puedes restaurarlo

Pongo mi vida a tus servicio Señor
no será mucho pero la entrego hoy
y si mis manos hoy vacias están
puedes llenarlas con tu gran poder y amor
usa mis manos Señor.

La confusión surge cuando contraponen la letra de la canción con el texto que dice: “Y ninguno se presentará delante de mi con las manos vacías” (Éxodo 23:15). “¿Lo ve?” dicen los críticos, “¡la canción de Jesús Adrián en antibíblica!” Pienso que lo que pasa aquí es que estamos hablando de dos cosas distintas. Por un lado Jesús Adrián se refiere a prensentarse delante el Señor para ser lleno, restaurado y ser usado por él, y por otro Éxodo habla de presentarse en la fiesta de los panes sin levadura para ofrendar.

En este sentido, cuando componga evalúe lo más posible cualquier posible confusión que pueda generar su letra. Si la confusión podria ser leve, usted decide si dejarla así como está o cambiarla; pero si el riesgo a ser mal interpretado es alto, vamos, aminore el riesgo cambiando frases o ideas completas de la canción.

No. 5: ¿Someteré mi canción ante un grupo evaluador?

Como mencioné en el primer punto de la entrada anterior: los parámetros que estoy sugiriendo deben usarse de forma conjunta y no aislada. De esta forma las probabilidades de equivocarse podrán disminuirse a cero. Por eso, cuando escriba una canción oblíguese a usted mismo a mostrarla a un grupo evaluador. Sí, leyó bien, dije: ¡Oblíguese! Sé que muchos de los que estamos envueltos en ramas artísticas no nos gusta la crítica. Pero vamos, ¿qué prefiere? ¿Someter a evaluación sus letras o sacar a la luz pública una canción antibíblica? “Mmm… ¡No! ¡Eso no me va a pasar a mí! ¡Todo cuanto escribo es bíblico!” presumirá alguien. Puede ser, pero si Marcos Witt, Jesús Adrián y Danny Berríos, ¡como cualquiera de nosotros!, tienen probabilidades de equivocarse, ¿quiénes nos creemos que somos? ¿Acaso somos mejores que ellos? Todos necesitamos tener filtros teológicos para nuestras canciones.

Sin importar de que usted sea un pastor o un líder en su iglesia, lo años que lleve en el evangelio o sus grados académicos, siempre existe el riesgo de dejarse llevar por la emoción y pensar que alguna de sus letras es una gran composición sin percatare de inexactitudes doctrinales que puedan tener. Por eso, antes de hacer pública una canción le invito a que tenga un grupo que pueda sopesar las letras que usted escribe. ¿Qué tal sus pastores? ¿Qué tal los hermanos de la iglesia que han cursado estudios teológicos? ¿Qué tal esos líderes con madurez que usted admira?

Fíjese que en estas tres preguntas no incluí a su cónyuge, sus hijos ni familiares. ¿Por qué? Porque si usted le muestra sus canciones a personas con fuertes lazos afectivos existe la posibilidad de que le brinden una evaluación demasiado generosa de su composición. ¿Es malo eso? No, está bien. Todos necesitamos el estímulo de nuestros seres queridos en algún momento; sin embargo, lo que quiero animarle es que vaya más allá de su círculo afectivo y busque la evaluación teológica y objetiva de gente que no andará con ´medias tintas´ cuando se trate de velar por la sana doctrina. Sí, muestre sus canciones a su cónyuge, hijos y familiares. Pero por favor, vaya más allá y busque a más personas. De este modo disminuirá el riesgo de equivocarse en lo que escribe.

Noel Navas.

PREGUNTAS PARA LOS LECTORES DEL BLOG: Ahora que ha estudiado los 5 parámetros para asegurarse de que sus canciones vayan conforme a la sana doctrina, ¿qué opina de ellos en conjunto? ¿Cree que hay algún otro que debiera tomarse en cuenta para enriquecer los que ya hemos visto?

Notas:

(1) http://www.ibsj.org/preview.php?id_sermon=69

(2) Romero, Jesús Adrián, “Cenando con Jesús”, Editorial Casa Creación, Florida, EEUU, 2002. Pág. 148.