Lecciones prácticas de la primera canción de la Biblia.

Hasta el momento hemos visto cinco principios derivados de los capítulos 31 y 32 de Deuteronomio. Principios que nos ayudan a moldear nuestro pensamiento y a adquirir una filosofía de composición más bíblica. En esta oportunidad veremos el último de los principios extraídos de La primera canción que el Señor inspiró a un hombre, Moisés. A través de este comprenderemos que componer canciones basadas en la Escritura no es cuestión de simple cristiandad, sino un imperativo de parte del Señor.

En último lugar, debemos escribir canciones basados en la Palabra de Dios.

Cuando Moisés terminó de cantar ante el pueblo la canción que Dios mismo le inspiró, dijo a todos: “Aplicad vuestro corazón a todas las palabras que yo os testifico hoy, para que las mandéis a vuestros hijos a fin de que cuiden de cumplir todas las palabras de esta ley. Porque no es cosa vana, es vuestra vida, y por medio de esta ley haréis prolongar vuestros días sobre la tierra a donde vais…” (Deuteronomio 32:46-47).

Si lee detenidamente el contexto dentro del cual fue escrita la canción y revisa la letra que Dios le dio a Moisés, comprenderá que el hecho de que el Señor haya dictado las palabras del cántico convertía dicha letra en la mismísima Palabra de Dios, ¿no es cierto? Por eso Moisés instó al pueblo a “cumplir las palabras de esta ley”. Es decir, las que él les había cantado un momento antes. Por eso añadió: “Estas palabras no son cosa vana, son vuestra vida, y por medio de esta ley harán prolongar sus días en Canaán”. La ley a la que Moisés se refería era la letra de la canción que equivalía a la Palabra de Dios. ¿De qué nos habla esto? De que debemos escribir canciones basados en las Escrituras.

En la primera parte de la serie: Cómo escribir cantos escriturales, que publiqué hace un par de meses, escribí lo siguiente:

“Si somos estrictos con el concepto un canto escritural es una canción cuya letra ha sido tomada de forma literal de la Biblia, sin ninguna o poca variación del texto fuente. Ahora, en un sentido más amplio toda canción cristiana (bien escrita por supuesto) es un canto escritural. ¿Por qué? Porque toda canción compuesta por un cristiano debe estar basada en la Palabra y no contradecirla. Si un canto cristiano contradice algún principio de la Escritura ese canto entraría en la categoría de antibíblico. Por lo tanto, aquellos que tenemos el llamado a componer música cristiana debemos ser fieles a la Palabra y ser consecuentes con sus enseñanzas. Nuestros cantos deben ser reflejo de nuestra comprensión de las doctrinas básicas de la fe y de su aplicación práctica a la cotidianeidad de la vida. En este sentido, así como la enseñanza de un predicador debe ser bíblica, las canciones del compositor también. Si no lo son estaríamos ante un compositor cuyas canciones podrían estar rayando con la herejía y deshonrando el Espíritu de la Palabra. Repito: en términos generales toda canción cristiana es escritural”.

Tomo ese párrafo que escribí porque describe perfectamente el principio que en esta ocasión deseo dejar en su mente. Que componer según las doctrinas de la Biblia es muy importante si queremos convertirnos en compositores que escriben conforme a la voluntad de Dios.

A pesar de lo que algunos digan debemos reconocer que dentro del universo de melodías cristianas hay letras que teológicamente están mal escritas. Gracias a Dios son pocas, pero que las hay, ¡las hay! ¿Quiere que cite ejemplos? Imagino que sí; sin embargo, antes de hacerlo le suplico que entienda el espíritu desde el cual lo voy a hacer. En ningún momento pretendo desacreditar el ministerio ni la vida de los cantantes y compositores que voy a mencionar. Estoy convencido que todos y cada uno de ellos son hombres de Dios y dignos de mi más profunda admiración. Los ejemplos que citaré a continuación son errores que cualquiera de nosotros pudo haber cometido. Por lo tanto, mi intención al señalarlos es concientizarlo de que vele, repito: ¡vele!, de que sus canciones honren las doctrinas de la Escritura.

En este sentido, los siguientes 5 parámetros, presentados en forma de preguntas, pueden ayudarle a asegurarse de que cualquier de sus composiciones sean completamente bíblica.

No. 1: ¿Tiene cada frase de mi canción respaldo bíblico?

Le mentiría si le digo que usted podrá cumplir este parámetro sin ser un estudioso de la Escritura. Todo compositor cristiano debe ser un asiduo lector de la Palabra de Dios. Si no se convierte en uno corre el riesgo de escribir una canción que la contradiga. Le recomiendo que nunca dé por hecho de que su canción es bíblica. Claro, según su grado de conocimiento de la Escritura usted desarrollará un mayor nivel de certeza de que su letra es correcta comparado con aquellos que no la conocen como usted. Pero aún así, no dé por sentado de que cada frase de su canción es bíblica. Es mejor asegurarse de todas las maneras habidas y por haber que realmente es así.

Me faltarían palabras para concientizarlo en este punto; sin embargo, déjeme decirle que si usted no se cerciora de que la letra completa de su canción tenga respaldo bíblico y se deja llevar por la emoción de mostrarla a todo mundo, la gente notará su error. Por supuesto, la gente que conoce la Palabra, quienes no la conocen simplemente se dejarán llevar por la emoción y cantarán junto con usted algo que no tiene fundamento. Ojo: quienes sí noten su desacierto tendrán la impresión de que lo que a usted le hace falta es estudiar más la Biblia. Cosa que podría ser cierto.

Repito: no subestime este punto. Comprenda que aunque usted fuera graduado del Seminario Bíblico aún así corre el riesgo de equivocarse. Por eso pienso que los 5 parámetros que a manera de propuesta he comenzado a compartir con usted deben usarse juntos y no de forma aislada. Siempre se requerirá reflexionar en todos para tener la certeza que ha escrito conforme a la sana doctrina.

Aquí va mi primer ejemplo.

La canción es: “Dios de pactos” que interpreta Marcos Witt. “¡Ay no!” se alarmará alguien, “¡De seguro usted va a hablar mal de Marcos como lo hacen todos! ¿Verdad?” No, no es mi intención. Soy un admirador de su ministerio desde los inicios de Canzion Producciones allá por 1986. Mi hermano David y yo fuimos de los primeros en El Salvador en conseguir el casete original de “Canción a Dios”. Sí, el de la portada color vino donde Marcos aparece con peinado de línea en medio y sonriendo chistoso. Exacto, ¡ese! Jeje. Desde entonces siempre he respetado y dado seguimiento a su ministerio. ¡Pero! El hecho de que él posea mi admiración no significa que no pueda juzgar su trabajo conforme a los parámetros de la Escritura. A mi modo de ver, y como muchos lo reconocen, la obra de Marcos merece ser incluida dentro de anales de la historia de la iglesia; sin embargo, la canción “Dios de pactos” tiene una frase que raya con la inexactitud bíblica.

La segunda estrofa de la canción dice (escúchela aquí):

Tengo redención
por la sangre que descansa

en tu altar para mí
La gracia y el perdón

son los frutos de vivir
en comunión y adoración
Nunca más seré igual
al salir de este Santísimo Lugar…

¿Notó el detalle al que me quiero referir? Probablemente no. He aquí mi punto, lea bien lo que dice la letra:

La gracia y el perdón
son los frutos de vivir
en comunión y adoración

Yo pregunto: ¿es eso cierto? ¿Son la gracia y el perdón los frutos de vivir en comunión y adoración? ¿No es al revés? ¿No es la comunión y la adoración productos de la gracia y el perdón? Según la Biblia sí: “Porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no es de vosotros, pues es don de Dios; no por obras, para que nadie se gloríe” (Efesios 2:8). En ninguna parte de la Escritura se dice que las obras, como tener comunión y brindar adoración, lo harán merecedor de la gracia y el perdón de Dios. Al contrario, la gracia y el perdón son los que nos facultan para experimentar esa vida de comunión y adoración que Marcos habla.

Lastimosamente nunca he tenido la oportunidad de conversar con Marcos sobre este punto, pero si lo tuviera me gustaría preguntarle: “¿Qué pasó aquí?” Una posible respuesta que él daría sería que la gracia y el perdón a los que se refiere no son la gracia y el perdón que recibimos cuando nos entregamos a Cristo por primera vez, sino a esa gracia continua y perdón continuo que generosamente el Señor nos otorga cuando vivimos en comunión y adoración. Si ese fuera el caso la letra es válida, ¡no he dicho nada entonces! Pero pienso que debemos de tener cuidado con lo que componemos y asegurarnos de que nuestras canciones no van a necesitar una explicación doctrinal adicional para que la gente comprenda lo que escribimos. Nuestras letras deben ser lo más claras posibles.

No se adelante a juzgarme mal. Reitero mi respeto por el ministerio de Marcos. Tengo la mayoría de sus discos y además, ¡ya descubrí el campeón que hay en mí! Pero visitando un foro en Internet para ministros de alabanza encontré la sugerencia de alguien que decía que la letra de esta canción mejor debería decir:

La gracia y el perdón
dan poder para vivir
en comunión y adoración

Interesante propuesta, ¿no le parece? Sin embargo, sé de un par de congregaciones aquí en El Salvador que cuando cantan esta canción en sus reuniones omiten la segunda estrofa debido al punto que ya expliqué. Una vez más: seguramente la intención de Marcos cuando escribió la canción fue buena, lo que probablemente pasó es que no previó una posible mal interpretación de su letra, no se fijó o simplemente no le alcanzó el espacio melódico para desarrollar la idea. No lo sé, por lo menos yo le doy el beneficio de la duda.

No. 2: ¿Tiene cada frase de mi canción la cosmovisión correcta?

Este segundo parámetro está íntimamente ligado con el primero. Bien podría decir que son lo mismo; sin embargo, lo que quiero resaltar con esta pregunta es que debemos evaluar nuestras canciones bajo la lupa de una cosmovisión correcta.

En esencia la cosmovisión es la forma en que interpretamos el mundo que nos rodea. El compositor cristiano debe poseer una cosmovisión bíblica producto de su comunión con la Escritura, su correcta interpretación y su adecuada aplicación a lo cotidiano. De este modo disminuirá el riesgo de componer algo que raye con la inexactitud doctrinal de la Palabra.

Hace un par de meses el predicador dominicano Sugel Michelén me dijo: “Los compositores de antaño eran teólogos que sabían expresarse poéticamente. Los compositores de hoy dan la impresión que solo saben expresarse poéticamente”. Interesante pensamiento, ¿no cree? Como usted sabe, básicamente la teología es el estudio de Dios y su Palabra, y tiene como objetivo ayudarnos a desarrollar una cosmovisión correcta de la vida. En este sentido, los compositores cristianos deberíamos ser los principales interesados en estudiar teología. Es decir, las doctrinas completas de la fe y correcta aplicación a la vida diaria. De este modo, como dije antes, al componer tendríamos menos riesgos de contradecir la Escritura.

Aquí va mi segundo ejemplo.

La canción es: “Alaba a Dios”, que interpreta el cantante Danny Berríos. “¡Ay no!” dirá otro, “¡Ahora va a hablar mal de Danny!” No, no lo voy a hacer. Admiro a Danny Berríos como no tiene idea. Yo me involucré en la música cristiana a causa de su música. Hace unos meses estuvo cantando en mi iglesia y en un momento de la reunión me salí para ir a saludarlo a la mesa donde vendía sus discos y agradecerle la influencia de sus primeras grabaciones en mi vida.

La primera estrofa de esta canción dice (escúchela aquí):

Dios no rechaza oración
oración es alimento
nunca vi un justo sin respuesta
o quedar en sufrimiento.

Probablemente en esta canción le sea más fácil notar el error en la que el compositor incurre. Primero, al afirmar que “Dios no rechaza la oración” cuando la Biblia dice que hay ocasiones que sí: “He aquí que no se ha acortado la mano de Jehová para salvar, ni se ha agravado su oído para oír; pero vuestras iniquidades han hecho división entre vosotros y vuestro Dios, y vuestros pecados han hecho ocultar de vosotros su rostro para no oír. Porque vuestras manos están contaminadas de sangre” (Isaías 59:1-3). ¿Rechaza o no Dios la oración? Claro, según este verso pueden haber ocasiones que sí.

Y segundo, que es el punto que quiero enfatizar, la letra falla en su perspectiva de la vida ya que afirma que los cristianos no padecen sufrimiento, lea: “Nunca vi un justo sin respuesta o quedar en sufrimiento”. Bueno, la Biblia dice otra cosa: “Otros experimentaron vituperios y azotes, y a más de esto prisiones y cárceles. Fueron apedreados, aserrados, puestos a prueba, muertos a filo de espada; anduvieron de acá para allá cubiertos de pieles de ovejas y de cabras, pobres, angustiados, maltratados. De los cuales el mundo no era digno; errando por los desiertos, por los montes, por las cuevas, y por las cavernas de la tierra. Y todos éstos, aunque alcanzaron buen testimonio mediante la fe, no recibieron lo prometido proveyendo Dios alguna cosa mejor para nosotros” (Hebreos 11:36-40). ¿Lo ve? Hay justos que quedan sin respuesta y en sufrimiento.

Antes de seguir permítame aclarar que el error que estoy señalando está en la primera estrofa, no en lo demás. Como en el caso de “Dios de pactos” la falla está en una pequeña parte de la letra, no en el resto. Lo demás de estas dos canciones es espectacular. Ambas nos estimulan a una relación más profunda con el Señor a través de la adoración y la alabanza, respectivamente; sin embargo, el hecho de que a uno le guste una canción no significa que deba aprobar todo cuanto diga. Debemos ser como los habitantes de Berea, que cuando escucharon las enseñanzas de Pablo y Silas ellos “recibieron la Palabra con toda solicitud, escudriñando cada día las Escrituras para ver si estas cosas eran así” (Hechos 17:11). Esto significa que cada vez que escuche una canción usted debe ir a las Escrituras para corroborar que la letra armonice con ella. Así como los de Berea.

Volviendo a “Alaba a Dios” probablemente el error radique más en la traducción que en la letra original. No lo sé, estoy especulando. Hasta donde tengo entendido Danny Berríos traduce sus cantos del portugués y del inglés. Por eso pienso que quizá el compositor quiso dar a entender otra cosa que en español no necesariamente se refleja. A lo mejor la idea en el idioma original se basó en el Salmo 37:25 que dice: “Joven fui, y he envejecido, y no he visto justo desamparado, ni su simiente que mendigue pan”. Si ese fuera el caso no creo que haya problema, pero como dije antes: el problema a aquí podría ser la traducción. ¡O en mí que estoy interpretando mal la letra!

Continúa…

PREGUNTAS PARA LOS LECTORES DEL BLOG: ¿Qué opinión le merecen los primeros dos parámetros planteados en esta entrada? Independientemente de que usted esté de acuerdo o no con los ejemplos presentados, ¿no cree que los compositores cristianos debemos velar para que verdaderamente nuestras canciones sean reflejo de la sana doctrina?