La primera canción (Tercera parte)

La primera canción (Tercera parte)

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Lecciones de la primera canción de la Biblia.

Ya vimos dos principios bíblicos de composición extraídos de los últimos capítulos del libro de Deuteronomio. El primero fue que Dios es el principal interesado en que escribamos canciones. Vimos que efectivamente al Señor le interesa el ministerio de la composición. El segundo principio fue: Dios es el principal interesado en que mostremos nuestras canciones a otros. Donde vimos que su voluntad es que las canciones que él nos da trasciendan más allá de nosotros y ministren a todos cuanto él ha destinado. En esta entrada abordaré un principio más.

Las canciones que escribimos pueden ser testigos

Dios le dijo a Moisés que cuando escribiera el cántico y lo enseñara a todo el pueblo, éste se convertiría en un testigo: “ponlo en la boca de ellos, para que este cántico me sea por testigo” (Deuteronomio 31:19).

Francamente si no fuera por este texto jamás hubiera pensado en una canción como un testigo. Por ejemplo, la canción con la que inicié esta serie, “Me alegraré en ti”, ¿la recuerda?, fue testigo de un momento especial en el que yo me puse a cuentas con Dios por haberle desobedecido. Desde que la compuse hasta el día de hoy cuando lo canto recuerdo el alivio y la paz que el Señor me hizo sentir producto de ese tiempo especial de arrepentimiento.

Las canciones son testigos porque fungen como agentes presenciales de un momento específico de la vida. Cuando usted compone a partir de mensajes y experiencias extraordinarias la canción podrá atestiguar ante otros que eso que usted vio, oyó y experimentó realmente sucedió.

He escrito muchas canciones y de alguno u otro modo algunas de ellas han sido testigos de momentos decisivos en mi vida. Francamente pensé cuál de ellos relatar en esta entrada, pero como hace un par de días terminé de leer el libro: “Del llanto a la sonrisa” del compositor colombiano Alex Campos, donde cuenta parte de su testimonio, me he tomado la libertad de compartir con usted uno de los episodios más difíciles que él atravesó y que propició el nacimiento de la canción: “El taller del Maestro”. Me parece que este relato ilustra de mejor manera, más que una canción mía, lo que la Biblia dice en Deuteronomio 31:19 que las canciones son testigos.

«Recuerdo que terminamos el año con una presentación en la ciudad de Cali. Compartíamos escenario con la banda ´Rescate´ de Argentina. Al terminar noté que tenía una molestia con mi voz. Los siguientes días se hizo más aguda, pero pensé que se debía al cansancio, por eso decidí tomarme un tiempo de vacaciones. Cuando finalizaron, noté que no había mejorado. La molestia no me dejaba cantar con facilidad. Decidí entonces consultar a un especialista.

Después de que me examinaron, el médico encontró unos extraños tumores en mi garganta. Solo con escuchar la palabra tumor me asusté. Decidí pedir otra opinión con otro especialista para estar seguro de lo que me decían. Cuando llegué a esa segunda cita, el médico me hizo sentar y comenzó a llenar mi historial. Él no sabía que yo ya había visitado a otro especialista ni tampoco a qué me dedicaba. Al preguntarme cuál era mi profesión o trabajo, le respondí que era músico. “Ah, ¿y qué instrumento tocas?”, me preguntó muy amablemente. Le respondí: “Toco la guitarra, pero en realidad lo que yo hago es cantar”. Entonces me miró un poco preocupado y me preguntó que si mi vida se sostenía de esa profesión. Inicialmente no supe cómo responderle, ya que lo primero que vino a la mente fue que mi sustento siempre había sido mi Señor. Igual, después de unos segundos, le respondí que sí. Aquel doctor se puso un poco más tenso y, mirándome a los ojos, me dijo que lo que yo tenía en mis cuerdas vocales era un tumor que me impediría volver a cantar. No lo podía creer, no sabía qué pensar ni qué hacer. Quedé como una ´momia´. Después le pregunté qué debía hacer. Me dijo que requeriría una operación, pero que no estaba seguro de que mi voz llegara a recuperarse al ciento por ciento. En otras palabras, tenía que dedicarme a otra cosa que no fuera cantar.

Programamos la operación para un mes después. Me recomendó además que no hablara demasiado y que cancelara toda invitación donde tuviera que cantar. Cuando salí de aquel consultorio, no pude contener los deseos de llorar. Una vez más mis lágrimas comenzaron a ser protagonistas en mi vida, y no por algo que me llenara de alegría. Miles de preguntas pasaron por mi mente y sensaciones por mi corazón. El enemigo comenzó a bombardear mi mente y me hizo creer que me había equivocado al pensar que este era mi llamado. Me hizo pensar que Dios me había dejado, que me había botado y que no cumpliría sus promesas en mi. Realmente me sentía muy confundido; no sabía qué hacer. Cuando llegué a casa, me senté para tratar de analizar lo que me pasaba. Después de estar callado unas buenas horas, hice la siguiente declaración: “Dios, quiero que sepas que siempre encontrarás en mi corazón una canción de amor para ti. Que aunque me falte la voz o alguna parte de mi cuerpo, mi alma y mi espíritu nunca se cansarán de declarar que Jesús es el Señor de la Creación”. Recuerdo aquella oración como si fuera hoy.

Cuando terminé de orar, supe que Dios tenía el control de todo y traté de no preocuparme. Sin embargo, al pasar los días y no ver lo que esperaba, de inmediato la tensión empezó a crecer. Después de eso, toda mi familia se enteró. Esperaba por un milagro en mis cuerdas vocales, pero comencé a desfallecer al ver que no llegaba. En las noches no podía parar de llorar ni de pedirle a Dios que me sanara. Le rogaba que me ayudara a pasar esta nueva prueba, pero, como en ocasiones anteriores, su silencio se hizo presente. En una de esas noches tomé un papel y un lápiz para plasmar mi dolor y, por qué no, mi queja hacia él. Jamás lo podré olvidar porque esto que sigue fue lo que escribí:

El taller del Maestro
Alex Campos

¡Ay, cómo me duele estar despierto y no poder cantar!
¿Cómo expresarte sin palabras que me muero si no estás?
¿Que el tiempo pasa y todo cambia? Hoy lloro de soledad.
¿Que el sueño que llevo en el alma de repente ya no está?
¿Que la sonrisa se ha marchado? Mis lágrimas caerán.

Al taller del Maestro vengo, pues él me curará.
Me tomará entre sus brazos y cada herida sanará.
Las herramientas del Maestro, mi alma él remendará.
Martillo en mano y mucho fuego; aunque me duela ayudará
a conocerlo y a entenderlo, a saber que nada merezco.
Amar es más que un pretexto; es una entrega, es un negar.
Más que aquel sentimiento es la decisión de amar.

Al taller del Maestro vengo.
Allí el sol se pondrá. Carpintero, mi alma aquí está.
No importa el tiempo que allí he de estar.
Aunque me duela, eso me ayudará.
Aquí estoy Carpintero. Al taller del Maestro.

Ay de aquellos días que hizo frío, el sol no apareció.
Cuando el talento no lo es todo, y el silencio vale más
que mil palabras sin sentido y una vida que morirá.
Si tú no estás aquí conmigo, de qué sirve mi cantar.
Para qué la fama y las estrellas, si el Maestro allí no está.
Para qué decirte que te amo, si contigo no quiero estar.

Haga click sobre título de la canción
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Cando terminé, no puede evitar llorar de nuevo. Aunque fui yo el que había escrito esas palabras, sentía que él me hablaba a través de las mismas. Comencé a pedirle perdón a Jesús porque mi prioridad había cambiado sin darme cuenta. Entendí que más que los logros que pudiera obtener en esta tierra lo que necesitaba era su presencia en mi vida. sin embargo, luego algo cambió. Realmente ya no me importaba si sanaría o no sino conocerlo más y más. Creo que aquella noche entendí mayormente lo que es poder amar a Dios con más que una canción, una loca emoción o una simple y vana religión. Esto que sucedía y lo que me había pasado en años anteriores estaba formando mi carácter para entender que amar a Dios es más que un pretexto, realmente es una entrega y morir absoluto. Que si cada uno de nosotros no morimos a nuestro egoísmo, él no podrá hacerse vida en nosotros; pasaremos preguntándonos por qué es que Dios no nos responde. En esos momentos es cuando el diablo nos puede susurrar con otra cuestión: “Si Dios te ama, ¿por qué…?” y otras preguntas relacionadas a esa.

Después de esa noche, mi relación con Jesús pasaría a un nivel diferente, una nueva etapa donde comenzaría a experimentar una vida sobrenatural que él desea para cada uno de nosotros. En ese nuevo momento, paso a paso, minuto a minuto, dolor tras dolor, aprendí a depender de Jesús y a agradecerle sus procesos en mi vida. Finalmente comprendí lo que es tener a Dios como Rey y no solamente como Ayudador; como Señor y no solamente como Salvador. Pero también comprendí que hay momentos en que es muy difícil entender lo que él hace en nosotros…

En medio de aquel largo mes de espera para la intervención quirúrgica tomé la decisión de no operarme y comenzar a vivir en su promesa de sanidad para mi vida. Y algo importante: no digo que esto sea lo que deben hacer todos, pero tuve la convicción de que era lo que yo debía hacer. Un día antes de aquella operación fui a visitar al especialista que me operaría. Cuando me vio, recordó rápidamente quién era y me preguntó si estaba listo para la intervención. Le contesté que me sentía bien,  que no quería que me operaran. Le conté sobre mi creencia en Dios y le aseguré que él me había sanado. Aquel doctor me miró como pensando que no solo tenía afectadas mis cuerdas vocales sino también la cabeza. Me propuso examinarme una vez más para estar seguro si seguía o no el tumor ahí. Me pareció lo más lógico de parte de él. Me observaron detalladamente alrededor de cuatro personas aquella tarde. Uno a uno fueron pasando sin poder encontrar aquel tumor. Mi especialista fuel el último en hacerlo. Después de revisarme, no tuvo la menor duda de que el tumor había desaparecido. Incluso estaba impactado de ver lo bien que estaban mis cuerdas vocales, pues su color era muy normal. Pero yo la verdad no me impresioné mucho. Estaba más que seguro de la sanidad que había operado el poderoso y fiel Dios en mi vida. El doctor me dijo que esa era la segunda vez que veía algo así y que realmente tenia que ser un milagro. Sí, era un milagro, era el cumplimiento de las muchas promesas que Dios tiene para nosotros” (1).

¡Qué testimoniazo! ¿No le parece? No solo porque nos habla del Dios tan poderoso al que servimos, sino también de cómo hay canciones que nos acompañan en ciertos episodios de nuestra vida y que pueden convertirse en testigos según lo enseña Deuteronomio 31:19. El caso particular de “Al taller del Maestro” no solo le recuerda a Alex Campos ese momento tan crítico que experimentó y de la gran sanidad que Dios obró en su vida, sino también nos testifica a nosotros de que Dios se vale de ciertas circunstancias para obrar en nosotros y glorificarse.

Pienso que esa es una de las razones por las cuales Dios nos anima a componer, porque las canciones pueden testificar a otros de las cosas maravillosas que él nos ha ministrado o que nos han acontecido. En este sentido, pienso que el Señor nos llama a engendrar testigos que hagan oír su voz en medio de esta generación y hablen a otros de las cosas grandes que Dios está hablando y haciendo en nuestra vida o la de otros.

Continúa…

PREGUNTAS PARA LOS LECTORES DEL BLOG: ¿Alguna vez había pensado en una canción como un ´testigo´ según lo enseña Deuteronomio 31:19? ¿Qué experiencia personal de composición podría relatarnos donde una canción se convirtió en un testigo para usted?

Notas:

(1) Campos, Alex, Del llanto a la sonrisa, Editorial Vida-Especialidades Juveniles, Florida, EE.UU., 2008. Págs. 111-119.

4 Comentarios

  1. buenisima entrada… primero q todo feliz año nuevo a todos los amigos de la aventura de componeer!!!! bueno despues del saludo io tuve un experiencia similar el año 2007 a finales de ese año fui a un campamento de adolescentes ayudando en la alabanza la cosa es q al 2do dia un virus se metio en mi cuerpo me debilito los nervios y me dio un derrame facial… cuando llegue a mi casa recuerdo q estaba muy asustado sabia q un derrame no era bueno y como fue lo primero q me dijeron io me quede asi como q Dios mio xq me paso esto?? q acaso no estaba sirviendote? y esto es lo q recibo?? estaba muy asustado y muy enojado por lo q paso recuerdo q pase consulta con 2 doctores el primero me dijo q habia sido un derrame facial luego fui a un especialista y me dijo q habia sido un virus q no me preocupara q me recuperaria en cuestion de meses pero q no me aseguraba q quedara igual de mi cara… Dios mio pense… y solo recuerdo un sabio consejo de mi mama al llegar a casa esa noche… hijo, es hora de demostrar q crees en todo lo q les dijiste a los muchachos en el campamento… en una de esas noches escribi una cancion q titule «de quien temere» basicamente una cancion q habla acerca de q si Dios esta con nosotros no tenemos xq atemorizarno de nada… y cada vez q tengo dificultades oigo esa cancion y me fortalezco xq gracias a Dios me recupere de ese derrame y no tengo secuela alguna en mi rostro… esa cancion me sirve de testigo q Dios realmente esta conmigo!!!!

  2. GERSON: ¡Qué especial tu testimonio mi bro! Definitivamente eres otro ejemplo viviente de que las canciones pueden ser testigos. Gracias por compartirlo con todos nosotros.

    ¡Feliz año!

    Noel Navas
    La Aventura de Componer
    El Salvador.

  3. wow nunca hubiera imaginado eso de alex campos y sobre lo de q las rolas deben ser testigos jamas lo sabria, bueno lo tomare en cuenta

  4. DAVID: Igual yo, sino lo leyera en la Palabra no me hubiera percatado de esa gran verdad. ¡Gracias por comentar!

    Noel Navas
    La Aventura de Componer
    El Salvador.

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