La unción del gallo (Primera parte)

La unción del gallo (Primera parte)

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La unción del galloLa importancia de la unción del Espíritu.

“Al César lo que es del César…” dijo el Señor, así que debo reconocer que las ideas principales de este par de artículos que leerá no son del todo mías. Las escuché del hermano Víctor Garduño, del ministerio “Llamada Final”, de México, en un congreso de adoración que asistí el año pasado. Como recién finalicé la serie: Cómo elaborar listas de canciones, se me ocurrió compartir con usted esta reflexión. Pienso que quien elabora listas de canciones lo hace porque las interpretará delante de una congregación, ¿no es cierto? Por lo tanto, como director de adoración, ¡y como cantautor! (si es que lo es), necesitamos “la unción del gallo” para ministrar.

Hablando de gallos hace un par de años un amigo guatemalteco me contó una anécdota. Resulta que un amigo suyo visitó Guatemala y lo anduvo llevando por toda la ciudad. Ambos cristianos. El punto es que un día pasaron frente a un rótulo de la famosa cerveza guatemalteca: “Gallo”. Al pasar su amigo visitante le dijo con cejas en alto: “¡Gallito, Gallito!” Mi amigo no entendió.

Después tuvieron que ir a comprar algo al supermercado y al pasar por la sección de licores le volvió a decir con cejas saltarinas: “¡Gallito, Gallito!” Mi amigo siguió sin entender. Pero al salir le preguntó: “¿Por qué cuando pasamos frente al logo de la cerveza Gallo abres los ojotes y dices: “¡Gallito, Gallito!?” “Ah…” le respondió, “Es que como no estoy en mi país y nadie me conoce me gustaría tomarme una cerveza”. Mi amigo no dijo nada.

Un día después volvieron a pasar frente a un gran rótulo de la cerveza “Gallo” y el visitante se emocionó como las veces anteriores: “¡Gallito, Gallito!” A lo que mi amigo le respondió: “¡Hipócrita, hipócrita!”

Ahora que hablaré de “la unción del gallo” sepa que no me estoy refiriendo a ese “Gallo”, ¿ok?, je, sino a la unción del Espíritu. Por eso la Escritura dice: «No os embriaguéis con vino [cerveza, licor, etc.], antes bien sed llenos del Espíritu…» (Efesios 5:18). Es cuando somos ungidos de ese modo que podemos ministrar más efectivamente con «salmos, himnos y cánticos espirituales» (Efesios 5:19).

«La unción del gallo» es una forma creativa de hablar sobre el poder del Espíritu que debe reposar sobre nuestra vida. El concepto se deriva del siguiente pasaje:

“Como una hora después, otro afirmaba,
diciendo: Verdaderamente este estaba con él,
porque es galileo. Y Pedro dijo: Hombre,
no sé lo que dices, y en seguida, mientras él
todavía hablaba, el gallo cantó. Entonces,
vuelto el Señor, miró a Pedro; y Pedro se acordó
de la palabra del Señor, que le había dicho:
Antes que el gallo cante, me negarás tres veces.
Y Pedro, saliendo fuera, lloró amargamente”.
Lucas 22:59-62.

Citando al hermano Víctor Garduño: “El gallo tuvo más unción al cantar que la que muchos ministros de alabanza de hoy. El gallo cantó y pasó algo, nosotros cantamos y no pasa nada. ¡Necesitamos la unción del gallo!”

Posterior a la prédica del hermano Víctor  me acerqué y le pregunté cómo se le ocurrió la idea de “la unción del gallo”, la cual me pareció interesante. “No sé…” Me respondió, “Me vino de repente mientras predicaba”.

Como mencioné antes: «la unción del gallo» es una manera de ilustrar lo que nos debería caracterizar como ministros de Dios: la unción del Espíritu. Así que aunque suene un tanto graciosa la aseveración, es la verdad, el gallo que aparece en el episodio de la negación de Pedro tuvo más unción que muchos de nosotros al ministrar. Por lo que los pensamientos que comparto a continuación son un desafío para todos.

Comencemos con una pregunta importante: ¿Qué es la unción? ¿Lo sabe? Yo le soy sincero, me cuesta encontrar una definición para ella. Por eso cuando me formulan esa pregunta respondo citando al predicador de avivamiento Leonard Ravenhill: “¿Qué es la unción?…”, decía él, “No lo sé, pero sí sé cuando alguien no la tiene”.

He aquí algunas lecciones del ministerio de canto de este gallo anónimo…

1. El gallo cantó cuando el Señor le dijo que cantara.

El Señor lo había profetizado: “Antes que el gallo cante, me negarás tres veces” (Mateo 26:34). El gallo había recibido instrucciones divinas: “Gallo, necesito que me ayudes con un amigo. Quiero que te conviertas en una voz que hable a su conciencia. Cuando él me niegue la tercera vez, necesito que cantes”. El gallo dijo: “¡Ok, Señor!”

Esto a mí me habla de obediencia. Aquel que ha sido llamado al ministerio del canto debe ser obediente a la voz del Señor. Como ministros de música hemos recibido la instrucción divina de cantar. ¿Cuándo? Cuando él nos lo indique. Aunque podría ser una voz o un sentir en nuestro interior la verdad es que la orden ya nos fue dada junto con el llamado. ¡Y no solo eso! Sino también el momento que debemos ejercer el ministerio del canto. Si usted sirve en una iglesia local seguramente tiene designado un turno para ministrar, ¿no es cierto? Todas las iglesias tienen establecidos horarios en los que nos toca participar. Entonces, ¿qué debemos hacer  esas veces? Cantar. Sin reproche ni objeción.

Hace muchos años me sentí muy indispuesto para dirigir la adoración. Había sufrido una ruptura emocional que me tenía un tanto devastado. Hablé con mi hermano, que servía conmigo como pianista, y le dije que no cantaría esa semana, le expliqué mis razones y me dijo: “¿Sabes qué Noel? Nunca condiciones tu ministerio. Nunca lo condiciones a tu estado emocional. Has sido llamado al canto, en las buenas y en las malas, así que necesito que subas y dirijas a la iglesia en adoración a pesar de cómo te sientes”.

El domingo obedecí y subí a cantar.

Recuerdo la primera vez que profeticé cantando. Aquí entre nos: profetizar no es una dimensión en la que suelo moverme fácilmente, pero muy esporádicamente puede brotar en mí. El punto es que estaba en una reunión de mi anterior iglesia donde tuvimos a un predicador invitado. El predicador enseñó durante la semana que denominábamos: “La semana del Espíritu Santo”.

La primera noche hubo tal unción en la reunión que todos nos quedamos sorprendidos por lo que pasó. La enseñanza fue tan poderosa que al final el predicador hizo el llamado de pasar al frente y al equipo de alabanza que cantara. La gente estaba adorando profundamente al Señor, con manos alzadas, unos de rodillas y otros llorando. Era tal el poder de Dios que no podíamos ministrar, solo tocábamos música de fondo. En un momento el predicador entregó el micrófono al pastor principal y éste pasó al púlpito. Él estaba allí pero no decía nada, nosotros continuábamos tocando detrás. En ese momento escuché una melodía que provenía de los acordes que mi hermano tocaba desde el piano y una voz en mi mente que decía: “Canta…” Francamente no me animé, el pastor seguía al micrófono sin decir nada y se escuchaba la gente llorando. De nuevo algo me dijo: “Canta…” El impulso interno fue tan fuerte que no me pude resistir, me quité el miedo a que el pastor me callara, cerré con fuerza los ojos y comencé a cantar: “Yo te dije que lo haría, yo te dije que íba a suceder”.

Lo repetí un par de veces con una melodía muy hermnosa y caí de rodillas llorando. Solo canté unos segundos, pero sabía que había obedecido al Señor.

Posteriormente la hija del pastor me contó que la brevísima melodía que yo canté esa noche era una palabra que su papá había venido escuchando en su corazón con respecto a la iglesia. Que el hecho de haberla escuchado cantada le confirmó muchas cosas que el Señor quería hacer.

Obediencia.

2. El gallo cantó donde el Señor le dijo que cantara.

El evangelio de Lucas dice que cuando arrestaron al Jesús “lo llevaron a la casa del sumo sacerdote y Pedro le seguía de lejos. Y habiendo ellos encendido fuego en medio del patio…” (Lucas 22:54-55).

¿Dónde estaba Pedro la vez que negó a Jesús? En el patio de la casa de Caifás. ¿Dónde estaba el gallo? Allí mismo. El gallo estuvo en el lugar donde el Señor le había indicado que estuviera.

Como ya mencioné, como cantantes y músicos ya nos fue dada la orden de cantar, y además se nos ha especificado el lugar donde debemos hacerlo: la iglesia local; sin embargo, hay veces que se nos presenta la oportunidad de salir a cantar fuera.

Cuando pienso en dichas oportunidades viene a mi mente Marco Barrientos. Hace algunos años un amigo lo trajo a El Salvador y cuando le pregunté cómo consiguió traerlo me dijo que llamó a su oficina y la asistente le dijo: “Déjenos considerar en oración su petición y le responderemos en unas semanas”.

En lo personal eso me impresionó. “¡Vaya!… dije yo: “¡Esta gente ora sus invitaciones!  ¿Y nosotros?»

No estoy queriendo sobre espiritualizar una simple decisión de salir y cantar en algún lugar. Pero creo que deberíamos ser más dependientes del Espíritu Santo en cuanto a esto así como Pablo y Silas cuando el Espíritu les indicó a dónde «sí» y a dónde «no» ir a ministrar. ¿Ha leído alguna vez esta historia en Hechos 16:6-10? El Espíritu Santo era el Señor de sus agendas. Lamentablemente hoy en día no necesariamente pasa así, hay ministerios musicales cuya única brújula para decidir a dónde ir a ministrar es la ofrenda que van a recibir.

Parece ser que en cuanto a viajes se trataba Pablo procedía según el modelo que aparece en Hechos 16. Por ejemplo, a los Romanos escribió: «Rogando que de alguna manera tenga al fin, por la voluntad de Dios, un próspero viaje para ir a vosotros. Porque deseo veros, para comunicaros algún don espiritual, a fin de que seáis confirmados… Muchas veces me he propuesto ir (pero hasta ahora he sido estorbado)…» (Romanos 1:10-13).

Pablo  dice claramente que tenía dos razones por las cuales viajar a Roma: un afectuoso deseo por ver a sus hermanos y una ferviente pasión por compartir algún don espiritual que ministrara las necesidades de los romanos; sin embargo, ¿por qué no iba? Porque le había rogado a Dios hacerlo pero había comprendido que no era su voluntad. Ese era el estorbo que le impedía salir.

Es decir, la pasión por salir debe estar unida a un don espiritual específico que el Señor nos ha encomendado compartir. Pablo quería ver a sus amigos, pero esa no fue razón suficiente para viajar, debía recibir una guía específica y entonces ir a ministrar.

Hace unos años un amigo recibió la invitación para dirigir la adoración en una iglesia grandísima durante sus seis reuniones dominicales. Ese domingo delegó la alabanza de su iglesia y fue a donde lo invitaron. Ministró durante la primera reunión y no pasó nada; en la segunda y nada;  la tercera y nada. En la sexta y última reunión mientras el pastor daba los anuncios y se preparaban para recoger las ofrendas, mi amigo se apartó a un lado de la plataforma y oró: «Señor, ¿por qué no he sentido tu respaldo al ministrar la alabanza durante todas estas reuniones?» A lo que el Espíritu respondió: «Porque yo no te mandé venir a ministrar aquí, así que pídeme perdón».

Cuando escuchó eso se arrodilló y le pidió perdón por no haberle consultado su voluntad para visitar esa iglesia. Ya de pié y el pastor habiéndole pedido que cantara una última canción, mi amigo dice que la presencia de Dios fluyó de tal manera que eso salvó un día sin unción.

Si el gallo pudo saber dónde debía ir a cantar, ¿no podríamos aprender un poquito de dicha sensibilidad?

Continúa…

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6 Comentarios

  1. ke historia…la verdad no habia puesto atencion en esa cita, pero kreo ke si nos deja una gran enseñanza…el ser obedientes, diligentes y dispuestos a la Voz del Espíritu Santo…gracias Noel una vez más

  2. KEVIN: Gracias por compartime tus impresiones, Dios te bendiga a ti también.

    Noel Navas
    La Aventura de Componer
    El Salvador.

  3. Hola Noel.
    Hermano, que buena enseñanza. No digo que deberíamos ser unos animales, pero sí aprender de ellos!
    Que buen artículo.
    Te imaginas que lo podremos aprender de la burra de Balaam?
    Ja!

    Saludos,

    DJ
    UCD

  4. DJ: Jajaja, me gustó eso, no somos animales pero podemos aprender de ellos, genial!

    Noel Navas
    La Aventura de Componer
    El Salvador.

  5. Es verdad el pedro se madrugo hasta 8:00 de la manana por .escucho gallo cantado tres veces , el pedro quedo sin dormi.

  6. Gracia por compartir tu don com muchos. he aprendico mucho , el tema minstro de tal manera que genero curiosidad em mi , esta muy bueno.

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