Lo que siempre quise y nunca pude decir sobre el don de profecía (Cuarta parte)

Lo que siempre quise y nunca pude decir sobre el don de profecía (Cuarta parte)

Uno de los principales temores de quienes defienden el “cesacionismo” es que se quieran ver las palabras proféticas al mismo nivel de las palabras que aparecen en la Biblia. Por eso dicen: “¡No! ¡El canon bíblico ya está cerrado! ¡Dios ya no habla más sino solo a través de la Escritura!”. Y sí, si alguien pone las palabras proféticas al mismo nivel de canon, hace mal. Sin embargo, el hecho de que el canon esté completo, tampoco impide que Dios pueda hablarle a sus hijos a través de otros medios: eventos o circunstancias, consejos de líderes y amigos cristianos o… palabras proféticas. Ojo, como cristianos debemos esperar recibir la dirección de Dios primordialmente desde las Escrituras, no de otro lado, ¿ok? Pero a veces ocurre que a Dios le place hablarnos por otros medios sobre “x” cosas o «y» circunstancias. Aún así, como cristianos nuestra responsabilidad es buscar a Dios día a día en oración y escuchar su voz a través de las páginas de la Biblia, no de otras formas. Si sucede lo otro, que sea por la soberana voluntad de Dios.

Sobre el don de profecía, algunos “cesacionistas” aseguran que si alguien dice hablar de parte de Dios, digamos: a través de un don de profecía, por default esas palabras deberían incorporarse al canon de las Escrituras. “¿No que es Palabra de Dios pues?”, aseguran. Pero lo que ellos olvidan es que no todas las palabras que Dios ha hablado a lo largo de la historia aparecen en el texto bíblico. Es decir, no todo lo que alguna vez se profetizó de parte de Dios está registrado en la Biblia, y eso no impidió que eso que se profetizó por hombres y mujeres de Dios fuera considerado que no provenía de Él. ¡Por favor! ¡No me malinterpretes! El canon bíblico está completo y la Biblia es el único libro que debe considerarse la Palabra de Dios. Por eso, si alguien desea recibir una guía particular para su vida, familia, trabajo, etc., debe avocarse sobre todas las cosas a las Escrituras para encontrar consejo y dirección. En este sentido, el don de profecía no es substituto de las Escrituras y JAMÁS una verdadera palabra profética contradecirá la Biblia. Como le escuché decir a alguien: “Una palabra de Dios nunca contradecirá LA PALABRA DE DIOS”. Mi punto es que el hecho de que alguien pueda fluir en un don de profecía y asegurar que esa palabra proviene de Dios, no significa que lo que diga está a nivel de canon. Simplemente estoy diciendo que a través del Antiguo y el Nuevo Testamento, y a través de la historia de la iglesia pasada y contemporánea, Dios ha seguido hablando a través de personas con dones proféticos y eso no significa que lo que digan deba añadirse al texto bíblico. Permíteme explicarme con algunos ejemplos.

Los 70 que profetizaron bajo Moisés

Después de que Moisés se mostró extenuado por su llamado de liderar al pueblo, el Señor quiso aliviarlo dándole líderes en quienes reposaría el mismo Espíritu que reposaba sobre él. El libro de Números dice:

Salió Moisés y dijo al pueblo las palabras del Señor. Reunió después a setenta hombres de los ancianos del pueblo y los colocó alrededor de la tienda. Entonces el Señor descendió en la nube y le habló; y tomó del Espíritu que estaba sobre él y lo colocó sobre los setenta ancianos. Y sucedió que cuando el Espíritu reposó sobre ellos, profetizaron; pero no volvieron a hacerlo más.
Números 11:24-25.

La pregunta es: ¿qué se hicieron las profecías de los 70? ¿No eran palabras que provenían de Dios? Entonces, ¿por qué no están dentro del canon del Antiguo Testamento? Ah, porque no todas las palabras de Dios están dentro, sino solo aquellas que Dios quiso que estuvieran.

Las profecías de Saúl

En 1 de Samuel capítulo 10, Samuel le dio varias directrices a Saúl, entre ellas que él mismo profetizaría:

Cuando llegaron allá a la colina he aquí, un grupo de profetas salió a su encuentro; y el Espíritu de Dios vino sobre él con gran poder, y profetizó entre ellos.
1 Samuel 10:10.

¿Qué profetizó Saúl junto a este grupo de profetas? ¿Qué dijo? ¿No eran palabras que provenían del propio Espíritu de Dios? Por supuesto, pero no están registradas en el canon.

Los 100 profetas que escondió Abdías

Luego del encuentro de Elías y los profetas de Baal, la Biblia dice:

Y Acab llamó a Abdías que era mayordomo de la casa. (Y Abdías temía en gran manera al Señor; pues sucedió que cuando Jezabel destruyó a los profetas del Señor, Abdías tomó a cien profetas y los escondió de cincuenta en cincuenta en una cueva, y los sustentó con pan y agua.).
1 Reyes 18:3-4.

¿Viste cuántos profetas eran? ¡Eran 100 profetas! La pregunta es: ¿qué de sus profecías? ¿Dónde están? ¿Por qué no se registraron en el canon del Antiguo Testamento? Ah, porque no todo lo que Dios habló por medio de sus siervos se registró en el texto bíblico y no por eso se consideró que no provinieran de Dios.

Las profecías de las hijas de Felipe

El libro de los Hechos nos muestra que el don profético no se detuvo con los profetas del Antiguo Testamento, sino que continuó a través de creyentes con dones espirituales. Por ejemplo, Hechos dice:

Al día siguiente partimos y llegamos a Cesarea, y entrando en la casa de Felipe, el evangelista, que era uno de los siete, nos quedamos con él. Este tenía cuatro hijas doncellas que profetizaban.
Hechos 21:8-9.

Pregunto una vez más: ¿qué se hicieron todas las profecías que las hijas de Felipe emitieron? ¿Dónde están? ¿Por qué no están en el canon del Nuevo Testamento? Otra vez: porque no todo cuando se profetizó en el nombre del Señor ameritaba formar parte del canon. Sí, tuvo su valor, pero muy probablemente solo para las personas a quienes estas mujeres profetizaron y que en su momento les fueron de edificación.

Las profecías de la iglesia de Corinto

En el capítulo donde el apóstol Pablo dejó directrices para los servicios de adoración y la administración de los dones del Espíritu, dijo:

Si alguno habla en lenguas, que hablen dos, o a lo más tres, y por turno, y que uno interprete; pero si no hay intérprete, que guarde silencio en la iglesia y que hable para sí y para Dios. Y que dos o tres profetas hablen, y los demás juzguen.
1 Corintios 14:27-29.

Según la directriz de Pablo para los servicios de la iglesia en Corinto, ¿cuántas profecías debían permitirse por reunión? No más de tres. ¿Cuántas reuniones tenían ellos por semana? No los sabemos, ¿habrán sido dos? Ahora, ¿cuántos servicios habrán realizado en un año? Pensemos que más de 100 y que solo en el 25% de servicios se manifestó el don de profecía. Por lo tanto, 25 x 3 = 75. Es decir, durante un año en una sola iglesia de Corinto pudieron haberse emitido unas 75 profecías. Claro, este es solo un estimado, pero ¿qué de las demás iglesias que estaban esparcidas en Corinto? ¿Qué del resto que estaban esparcidas en por lo menos tres continentes durante el primer siglo? Por eso, vuelvo a preguntar: ¿qué de todas esas profecías? ¿Por qué no se incluyeron en el canon del Nuevo Testamento? Ah, porque no todo lo que se profetizaba ameritaba incluirse en el canon y, a pesar de eso, no impedía que dichas profecías fueran consideradas de parte de Dios.

Las profecías sobre Timoteo

Pablo le escribió a Timoteo:

Esta comisión te confío, hijo Timoteo, conforme a las profecías que antes se hicieron en cuanto a ti, a fin de que por ellas pelees la buena batalla.
1 Timoteo 1:18.

Una vez más, ¿qué de esas profecías? ¿Qué se hicieron? ¿No eran palabra de Dios a pesar de no formar parte de los evangelios o de las epístolas?  

Mucho ojo, con lo anterior no estoy diciendo que las Escrituras no sean suficientes para hablar a nuestras vidas todo lo que Dios quiera hablarnos. No, las Escrituras deben ser el rey de nuestra fe, doctrina, conducta y acciones como cristianos. Tú y yo debemos vivir nuestra vida fundamentados solamente en la Biblia; sin embargo, el hecho de que lo hagamos así, no le impide a Dios darnos ciertas directrices que tengan que ver con cuestiones personales, familiares, laborales o ministeriales y que Él soberanamente quiera comunicarnos a través de otros medios. Entiéndase: eventos o circunstancias, consejos de líderes y amigos cristianos o… palabras proféticas. Y por supuesto, si llegara a suceder eso, JAMÁS dichas directrices contradecirán las Escrituras ni las doctrinas del cristianismo. Y si lo hicieran, entonces esas profecías no provienen de parte de Dios. ¿Por qué? Porque Dios no se contradice a sí mismo.

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