Lo que siempre quise y nunca pude decir sobre el don de profecía (Novena parte)

Lo que siempre quise y nunca pude decir sobre el don de profecía (Novena parte)

Otro problema habitual que he visto en cuanto al don de profecía es que la gente cree que tiene que ver primordialmente con vaticinar el futuro. Asocian la profecía con pronosticar cosas que van a suceder y que deben de predecirse. El asunto es que cuando vas el Nuevo Testamento, si bien puede ocurrir eso, tiene más que ver con lo que enseña 1 de Corintios 14:3, es decir, con “edificación, exhortación y consolación”. Por eso, cuando Pablo instruye a los corintios a administrar bien los dones durante los servicios de adoración, dice: 

Por tanto, si toda la iglesia se reúne y todos hablan en lenguas, y entran algunos sin ese don o son incrédulos, ¿no dirán que estáis locos? Pero si todos profetizan, y entra un incrédulo, o uno sin ese don, por todos será convencido, por todos será juzgado; los secretos de su corazón quedarán al descubierto, y él se postrará y adorará a Dios, declarando que en verdad Dios está entre vosotros.
1 Corintios 14:23-25.

Fíjate, según Pablo, el don de profecía se manifiesta, no necesariamente para augurar el futuro, sino para revelar aquellas cosas que quien visita la iglesia (¿por primera vez?) harán que exclame: “¡De verdad Dios está aquí!”. En el ejemplo de Pablo no se pronosticaron eventos ni se predijo nada. No, simplemente vinieron a luz algunas cosas que esta persona estaba viviendo o experimentando, y eso provocó que reconociera que Dios estaba presente, era conocido de Dios y que tenía que arreglar cuentas con Él.

El mes de julio pasado, el canal de Youtube de la cadena de televisión Enlace publicó un video donde aparecen Marco Barrientos, Ronnie Oliveira, Christine D´Claro y Julio Melgar, hablando sobre el don de profecía en el Nuevo Testamento. El video es un foro que se realizó en el Congreso Aliento hace un par de años, pero extrañamente Enlace lo subió hasta hace poco (¿o será que lo habían subido y lo volvieron a subir?). El asunto es que al nomás iniciar la conversación, Marco Barrientos dijo algo que no es exacto:

«Hay muchas personas por allí que están modelando el ministerio profético en función de lo que han visto en el Antiguo Testamento. Y por eso es que a veces ves unos “profetas” que piensan que para verdaderamente ser machín [macho, fuerte, superior, etc.] en su ministerio tienen que cortarle cabeza a la gente, tienen que maldecir por aquí y tienen que despreciar por allá porque eso es lo que hacía el profeta, bueno, ¡no siempre!, por supuesto, ¿no?, pero siempre hablar de cosas, señalar lo malo y parece que nunca afirman. Sin embargo, el profeta en el Nuevo Testamento —para mí—, es un profeta que habla lo que Jesús hizo en la cruz y lo aplica a la realidad de cada persona y de cada vida en lo que necesita…». A partir de allí interacciona con los todos panelistas y posteriormente añade: «Pastor Ronnie, estoy seguro de que tú como profeta, muchas veces has oído la voz de Dios y has visto cosas que el Señor no te permite decir cosas que ves por misericordia. Y allí es donde entramos un poquito al elemento del Nuevo Testamento en contraste con el Antiguo Testamento, porque en el Antiguo Testamento, el profeta era para descubrir y desnudar para que se diera cuenta de que Dios no puede ser burlado, pero en el Nuevo Testamento, la orden es al revés, cubrir la desnudez».

Marco Barrientos dice que los profetas del Nuevo Testamento son distintos a los del Antiguo, que los del Antiguo eran más confrontativos que lo que deben ser los del Nuevo; pero extrañamente, 1 Corintios 14 contradice a Marco Barrientos. Por favor, vuelve a leer la porción que leímos antes:

Pero si todos profetizan, y entra un incrédulo, o uno sin ese don, por todos será convencido, por todos será juzgado; los secretos de su corazón quedarán al descubierto, y él se postrará y adorará a Dios, declarando que en verdad Dios está entre vosotros.
1 Corintios 14:24-25.

¿No que el don de profecía en el Nuevo Testamento no es para desnudar? ¿No que no es para descubrir? Claro, en el ejemplo que el apóstol Pablo menciona, no dice que quienes profetizaron dijeron el nombre del incrédulo y lo avergonzaron. No, pero sí que dicha palabra profética fue confrontativa y, según la dirección del Espíritu, en el presente también podría serlo.

El punto al que te quiero llevar es que hay cosas que están enseñando quienes dicen dominar el tema profético que no son bíblicas o por lo menos, no son exactas. Por lo que yo leo en el Nuevo Testamento, quienes dicen tener dones de profecía deben emplearlos para “edificación, exhortación y consolación” (1 Corintios 14:3) y que las palabras proféticas pueden ser confrontativas —según el Espíritu dirija—, a modo de que quienes las escuchen sean motivados a ordenar sus vidas delante de Dios (1 Corintios 14:24-25). El mayor problema que yo veo en quienes profetizan actualmente en público, es que lo hacen para vaticinar el futuro. ¿El don de profecía no debería emplearse para eso? No, no estoy diciendo eso. El Espíritu Santo es Soberano y puede empujar a alguien a profetizar algo que acontecerá en una persona, familia o iglesia. El problema de quienes profetizan en nuestros días y cuyos videos aparecen en redes sociales es que erran. Dicen que van a suceder cosas que al final no ocurren y he ahí por qué el “continuismo” cae en descrédito vez tras vez. Eso sin contar la confusión y las heridas que pueden ocasionar a personas, familias e iglesias.

En Are Prophecy and Tongues Alive Today?, el pastor John Piper contó una anécdota bastante escalofriante. Lee conmigo su relato:

«Cuando yo estaba tratando de ayudar a nuestra congregación con estas cosas hace años y enseñarles a ser abiertos al Espíritu… a buscar los dones espirituales para que podamos ministrar gracia unos a otros, amor, gozo, paz, paciencia, bondad, benignidad, estos dones, sabes, el don de fe y el don de milagros y el don de sanidad y el don de lenguas y el don de la enseñanza y la interpretación y todas esas cosas… Bueno, una mujer vino a mí mientras mi esposa está embarazada de mi cuarto hijo y ella dijo: “Tengo una profecía muy dura para usted”. Le dije: “¡Ok!”. Ella dijo, de hecho, ella lo escribió y me lo dio: “Su esposa va a morir en el parto, y vas a tener una hija”. Volví a mi estudio —le di las gracias, le agradecí— me olvidé lo que dije, pero no fue así… ¡Yo no quería oír eso! Volví a mi estudio, caí y solo me puse a llorar. Y dije: “Señor, yo he estado tratando de ayudar a estas personas a tomar este don seriamente y no sé qué hacer con esto. Esto es… No me puedo imaginar por qué esto sería de gran ayuda. No se siente como si fuera de ti… No le conté a mi esposa al respecto y cuando recibimos nuestro cuarto hijo, no hija, di un “grito” que siempre hago, pero este “grito” era un extra, porque sabía que cuanto había nacido el chico no era una verdadera profecía y mi esposa sigue viva y Bernabé es, ya de 27 años de edad, pero ese es el tipo de cosas que hace que menosprecies la profecía. Solo dices: “no quiero tener nada que ver con ese tipo de cosas”».

Como ya dije, el principal problema de quienes dicen tener don de profecía es cuando se meten a vaticinar el futuro. Por lo tanto, si alguien se mete a profetizar que algo va a ocurrir, debe de ocurrir. ¿No es cierto? Si no se cumple lo que dicen corre el riesgo de ser catalogado como falso profeta o en el mejor de los panoramas: como un cristiano emocionalista, inmaduro o desequilibrado. El don de profecía no es un juego ni es para andarle augurando el futuro a la gente sin ninguna clase de supervisión. Por cristianos desatinados que pronostican cosas que no se cumplen es que se hiere, lastima y daña a mucha gente. En las próximas entradas hablaré de qué hacer cuando eso sucede, qué hacer con alguien que profetiza mal y cómo restaurar a quienes han sido golpeados con profecías que nunca debieron emitirse.

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