Lo que siempre quise y nunca pude decir sobre el don de profecía (Octava parte)

Lo que siempre quise y nunca pude decir sobre el don de profecía (Octava parte)

Otro problema en torno al don de profecía tiene que ver con dos palabras griegas que se suelen emplear para distinguir qué proviene de la Escritura y qué proviene de forma fresca de parte del Espíritu Santo. Tú las conoces, son las palabras: “logos” y “rhema”. Quienes defienden la diferenciación entre ambas, suelen decir que “logos” se refiere a la Palabra escrita de Dios y “rhema” a la Palabra hablada por Dios y que generalmente viene a nosotros por medio del don de profecía. Hay varios matices en cuanto al “rhema”, según enseñan algunos. Por ejemplo, si estas leyendo la Biblia y sientes que un versículo o frase específicos saltan delante de tus ojos y se hacen reales en tu corazón, “¡recibí un rhema de Dios!”, dicen.

El asunto es que esta distinción no existe en la Escritura. Quienes dicen que sí solo están repitiendo lo que les han enseñado o que leyeron en alguna parte. Te soy franco, por muchos años yo también creí esta distinción y fue hasta hace poco tiempo que caí en la cuenta de que no era así. Puede que creer esta distinción en algunas personas o grupos no induzca a ningún error doctrinal—como mi caso y otros más que conozco—, sin embargo, al estudiar el tema a fondo, llevar la distinción de términos a ciertos extremos acarrea consecuencias espirituales muy peligrosas para la vida de una persona, grupo o iglesia.

Hasta donde he investigado, la creencia de que “logos” y “rhema” son distintos, se popularizó desde hace 50 años y poco a poco fue permeando el pensamiento cristiano de las iglesias pentecostales hasta enquistarse en la mente de millones de creyentes hoy en día. Alguien dirá: “¿Y qué con eso? Creer que son términos distintos no perjudica a nadie”. ¿Ah, sí? ¿Sabías que quienes defienden que “rhema” es distinto a “logos”, muchas veces son los creyentes en la confesión positiva? Este año, a través de varios artículos, he denunciado esta doctrina como falsa y herética. ¿Significa esto que todos quienes creen que “logos” y “rhema” son diferentes creen en la confesión positiva? No. Pero creer que sí aumenta tus probabilidades de caer en el engaño de la confesión positiva. ¿Por qué? Porque quienes defienden el poder de las confesiones para provocar que lo que digan inexorablemente acontezca, creen que hay que tomar el “logos” de la Palabra de Dios y convertirlo en “rhema” para que surta efecto. Es decir, hay que confesar ardientemente la Palabra de Dios (“logos”) para que se convierta en “rhema” y entonces se materialice todo aquello que confiesen, declaren, decreten, anuncien o establezcan. ¿Me explico?

El problema de creer que ambas palabras son diferentes, no es solo el riesgo de terminar asintiendo a la confesión positiva, sino ver de menos a la Biblia misma. ¿A qué me refiero? A que muchos de quienes creen que “rhema” y “logos” son distintos creen que “rhema” es superior a “logos”. Y esto de por sí pone al texto bíblico (“logos”) en un estrato inferior. Sí, quienes creen que el don de profecía es “rhema” en sí mismo, por default desplazan a la Escritura y ponen a las profecías por encima de la Palabra de Dios (“logos”). Vamos, creer eso es muy, pero muy peligroso. Al grado de que, por creer este tipo de cosas, se puede caer en nuevas revelaciones y doctrinas que al confrontarse con la Escritura chocan diametralmente. Quienes creen que el don de profecía es una fuente constante de “rhemas” que provienen directamente del cielo, corren el riesgo de poner esos “rhemas” por encima de la Biblia (“logos”) y andar por la vida como si eso no fuera grave.

Entonces, la pregunta crucial es: ¿realmente la conceptualización que nos han enseñado sobre “logos” y “rhema” es cierta? ¿De verdad “logos” y “rhema” son palabras que hablan de cosas distintas? La respuesta es no. La conceptualización que nos enseñaron no es cierta. Y no, “logos” y “rhema” no son distintos. Al contrario, son sinónimos y palabras intercambiables dentro del griego original en el que fue escrito el Nuevo Testamento. Nuestro problema como cristianos —aunque no debería de serlo—, es que el 99% de nosotros no sabemos leer griego bíblico. Por lo tanto, confiamos que todo lo que nos enseñan pastores, conferencistas y líderes es verdad. ¿Por qué vamos a dudar de quienes nos enseñan la Palabra si ellos han estudiado más que nosotros? ¿Por qué vamos a poner en tela de juicio sus enseñanzas si ellos son los expertos?

La realidad es que quienes por años nos enseñaron que “logos” y “rhema” son palabras distintas nos tomaron el pelo. Claro, antes de tomárnoslo a nosotros, se los tomaron a ellos, y antes de a ellos, a los que se los tomaron antes que a ellos y así sucesivamente hasta llegar al “paciente cero” que originó toda esta confusión. ¡Qué digo confusión! Afirmar que “rhema” es superior a “logos” es herejía. ¡Pura y llana! ¿Por qué? Porque cuando categorizas las dos palabras y pones en ese orden una por encima de la otra, ya no tienes freno para creer cualquier profecía que tú creas que proviene de Dios y sin que importe que contradiga la Biblia. Y no solo eso, incluso, podría llevarte a poner al “profeta” o a quien diga tener el “don de profecía” por encima de lo que Dios dice en su Palabra. Y esto ni más ni menos —mis estimados— equivale a poner al hombre por encima de Dios o hacerlo Dios, que es lo mismo.

La mejor forma de comprobar que en la Biblia no existe tal diferenciación, que no son conceptos distintos y que todo cuanto nos dijeron era falso, es mostrarte algunos ejemplos bíblicos. Pero antes, si tienes la oportunidad de ir a confirmar, por ejemplo, en la Concordancia Exhaustiva Strong, ¡genial! Yo ya hice mis tareas y confirmé que así es. Pero si para ti es demasiado surrealista lo que vas a leer, por favor, busca que alguien te preste una Strong o un diccionario bíblico griego-español para que corrobores que esto no es invento mío, ¿ok? Comencemos:

Logos y rhema refiriéndose indistintamente a las palabras de Jesús:

“Mas en tu palabra [rhema] echaré la red”.
Lucas 5:5.

“´Ve, tu hijo vive´.  Y el hombre creyó la palabra [logos] que Jesús le dijo”.
Juan 4:50.

Logos y rhema refiriéndose a las palabras con que nos expresamos:

“Mas yo os digo que de toda palabra [rhema] ociosa que hablen los hombres, de ella darán cuenta en el día del juicio. Porque por tus palabras [logos] serás justificado, y por tus palabras [logos] serás condenado”.
Mateo 12:36-37.

Logos y rhema refiriéndose a la palabra predicada:

“Así que la fe es por el oír, y el oír, por la palabra [rhema] de Dios”.
Romanos 10:17.

“Que prediques la palabra [logos]”.
2 Timoteo 4:2

Logos y rhema refiriéndose a la palabra que nos purifica:

“Ya vosotros estáis limpios por la palabra [logos] que os he hablado”.
Juan 15:3.

“Habiéndola purificado en el lavamiento del agua por la palabra [rhema]”.
Efesios 5:26.

Logos y rhema en las cartas del apóstol Pedro:

“Siendo renacidos, no de simiente corruptible, sino de incorruptible, por la palabra [logos] de Dios que vive y permanece para siempre”.
1 Pedro 1:23.

“La palabra [rhema] del Señor permanece para siempre”.
1 Pedro 1:25.

Logos (no «rhema») refiriéndose a los dones del Espíritu:

“Porque a éste es dada por el Espíritu palabra [logos] de sabiduría; a otro, palabra [logos] de ciencia según el mismo Espíritu”.
1 Corintios 12:8 (2).

Si después de esta explicación aún quieres seguir creyendo que “logos” y “rhema” se refieren a cosas distintas, ¡es cosa tuya! Mi punto es que creer que ambas son diferentes, y peor aún, creer que “rhema” es superior a “logos” —cosa que no es así—, es la causa de que algunos movimientos cristianos vean a la Escritura como inferior a las profecías y que abracen doctrinas extrañas. Como dije antes, creer eso es herético. Así que no, las palabras de profecía JAMÁS serán superiores a la Escritura y JAMÁS deberán contradecirla. Si una profecía riñe con las enseñanzas de las Escrituras es una falsa profecía y debería desecharse de tajo, sin miramientos ni compasión. La Escritura debe ser el rey del pensamiento, conducta y actuar cristianos, no la profecía. Que, si bien estas pueden ser de edificación para el creyente según lo enseña 1 de Corintios 14:3-5, 12 y 26, eso no significa que sean superiores.

Continúa leyendo la Novena parte dando clic aquí.

1 Comentario

  1. Hola Noel siempre es un deleite leer tus artículos. Tengo más de 25 años de ser cristiano y mira que no conocía esta postura acerca del logos y el rhema. No cabe duda que debemos estar alerta como los cristianos de Berea (Hechos 17:10-11), ya que muchas cosas que creemos en las iglesias evangélicas, no son del todo bíblicas. Gracias y un saludo desde Guatemala.

Escribir un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.

Te podría interesar

Lo que siempre quise y nunca pude decir sobre el don de profecía (Duodécima parte)

En la entrada anterior, comencé a intentar responder