Lo que siempre quise y nunca pude decir sobre el don de profecía (Primera parte)

Lo que siempre quise y nunca pude decir sobre el don de profecía (Primera parte)

En la universidad tuve un catedrático de la materia de fisiopatología que solía hacer exámenes sorpresa. Cuando entraba al aula decía: “Por favor, saquen una hoja de papel que los voy a examinar”. Como tú no sabías cuándo él iba a hacer eso, tenías que llegar muy bien preparado a cada clase porque no querías reprobar una materia que no era difícil, pero que él hacía bastante difícil. Como cursé la carrera de nutrición, la primera vez que nos examinó de sorpresa entró al aula y dijo: “¡Saquen una hoja! ¡Examen!”. La única pregunta fue: “Diga todo lo que siempre quiso y nunca pudo decir sobre las lipoproteínas”. ¡Y ya! El examen era un ensayo sobre el tema. Algunos escribimos media página, otros dos páginas y otros cuatro. Obviamente, a él no le importaban cuántas páginas escribieras, sino que dominaras la temática y se los demostraras en el papel.

Cuando fui notando que esa era su forma de examinar, dije para mí: “¡Algún día voy a escribir un libro con ese título y voy a escribir todo lo que quiera sobre el tema que escoja!”. ¡Y voilá! ¡Aquí estoy! No escribiendo un libro, sino una serie de entradas sobre un tema que creo que es oportuno y necesario. Pero antes de hacerlo, debo confesar el motivo por el cual estoy escribiendo. Y es que estoy harto, ¡harto de ver cómo se juega con el don de profecía! ¡Harto de que quienes profetizan lo hagan erráticamente y sin remordimiento! Y lo que es peor, ¡harto de que se confunda, hiera y lastime a cristianos inocentes por culpa de quienes dicen tener el “don”!

La última víctima es un conocido que hace poco me dejó un comentario en mi blog, diciéndome que necesitaba hablar urgentemente conmigo debido a que se estaba hundiendo. Así que al día siguiente le envié un mensaje y quedamos de vernos un lunes por la noche. Conversamos por algunas horas, no para actualizarnos ni ponernos al día, sino para hablar del problema que lo agobiaba. ¿Cuál era su urgencia de hablar conmigo? Que, debido a una serie de profecías que le habían venido dando, él las creyó y al final de la historia no se cumplieron. Él estaba tan confundido, tan ofuscado y desilusionado que no me fue fácil brindarle una palabra de ánimo. No me fue fácil porque yo mismo estaba abrumado por la manipulación que había sufrido. Tan afectado estaba él que ya estaba dudando de la existencia de Dios, la veracidad de la Biblia y de si la iglesia cristiana estaba en la verdad. Claro, si es que había algo que pudiera llamársele “la verdad”.

Los siguientes días seguimos conversando vía redes sociales y mientras yo oraba por él, de repente sostuvimos una conversación que me alarmó bastante. El lenguaje, el tono y las metáforas que empleaba eran las de alguien que estaba a punto de suicidarse. No es que lo fuera a hacer, pero esa impresión me dio, al punto que me asusté desde este lado de la pantalla. Me decía cosas como que la vida no tiene sentido, que se sentía desilusionado de Dios y del Evangelio, que no sabía distinguir entre la realidad y la ficción, que sentía que estaba en una pesadilla de la que nunca despertaría, etc. A medida que él escribía a borbotones, yo intentaba responderle escuetamente algunas cosas, pero a la vez pensaba: “¡Ojalá no tenga un arma a la par!”. Esa vez hablamos como una hora y al final para alivio mío me dijo: “¿Qué tal si nos vemos en un par de días?”. “¡Uuufff!”, suspiré, “¡por lo menos sé que sobrevivirá dos días más!”.

Su suplicio interior aún no ha cesado, hoy en día sigue luchando con su desilusión con Dios, con los líderes que le profetizaron y con la iglesia, mientras yo lo sigo acompañando de la manera que puedo y que él me permite. Es debido a la crisis que él está enfrentando que me he propuesto decir algunas cosas del don de profecía que no veo que se digan, pero que creo que es necesario decir. Por eso dije antes: ¡Estoy harto de que se abuse de la gente! ¡Estoy harto de que se le mienta a la gente! ¡Estoy harto de que quienes dicen tener un don de profecía, profeticen falsamente y vivan como si no hubieran hecho algo malo! Y de eso voy a hablar.

Esta serie constará de 13 entradas y mi intención al compartírtelas es ayudarte a definir bíblicamente si el don de profecía sigue vigente o no, realizar un mini tour bíblico sobre algunas cosas que la Biblia dice sobre el don y el ministerio musical y, bueno, entre anécdotas agradables y no tan agradables, también hablaré de cómo he visto manifestarse el don genuinamente y otras que no, además de algunas directrices de qué hacer con quienes profetizan erráticamente y cómo restaurar a personas que han sido confundidas y lastimadas.

Una aclaración. Por favor, no creas que abordaré el tema de forma exhaustiva; mas bien, pretendo orientar de forma general y, si quieres, de forma elemental a quienes quieran nutrirse de mis escritos. Así que no es mi intención agotar el tema, pero sí que te motive a sostener conversaciones más a fondo con quienes tú creas que puedan aportarte algo más. ¿Vas a estar de acuerdo con todo lo que escriba? Me encantaría, pero no lo creo. Principalmente si eres “cesacionista”, es decir, alguien que cree que los dones del Espíritu cesaron en el primer siglo y con la muerte del último apóstol. Yo no soy “cesacionista” a pesar de que algunos predicadores que escuche y admire sí lo sean. ¿Cómo me defino yo? Soy un pentecostal conservador. Simple. Uno que toda su vida se ha congregado en iglesias de las Asambleas de Dios en El Salvador, pero que ha visto tanto los aciertos como los desaciertos del movimiento. Hace poco un amigo calvinista que aprecio mucho me dijo que por mi forma de abordar ciertos temas, me calificó como un “reformado continuista”. Yo le dije que me gustaba más la expresión del pastor colombiano Darío Silva-Silva: “Soy un bautista con acelerador, ¡pero un pentecostal con freno!”. Pero más allá de las etiquetas, trato de ser un cristiano bíblico que, a pesar de no ser infalible, trato de que todas mis convicciones teológicas tengan sustento bíblico.

Antes de finalizar esta primera entrada, te comparto dos breves experiencias.

La primera. A mis 15 años experimenté la llenura del Espíritu Santo tal cual lo describen varios textos del libro de los Hechos (Hch. 2:1-4, 4:31, 9:17-18, 10:44-48 y 19:1-7). No fui manipulado ni sugestionado. Fue en un servicio de adoración de mi entonces iglesia un domingo por la tarde. Ese día, unos amigos y yo habíamos pasado toda la mañana en la iglesia y en la tarde habíamos salido a predicar en un sector de la capital puerta por puerta con el ministerio de evangelismo. Así que cuando regresamos para estar en el culto de las 5 de la tarde, yo me sentía exhausto, tenía mucha hambre y me dolían los pies de tanto caminar. Creo que intenté cantar, quizá aplaudir, pero francamente yo solo era un espectador durante la alabanza porque estaba demasiado cansado para participar. Cuando el predicador de esa noche pasó a enseñar, comencé a sentirme muy, pero muy nervioso. No sabía a qué se debía, pero un cosquilleo interior estuvo presente durante todo el sermón. Como a eso de las 7 de la noche, el predicador hizo un llamado a pasar al frente para orar y ser llenos del Espíritu. Al oír la invitación, le dije a mi amigo René que estaba a la par: “Oye, siento un inmenso deseo de pasar y no sé por qué”. “¡Dale!”, me dijo, “¡pasá!”. Pasamos al frente unas treinta personas, el predicador comenzó a orar y una amiga llamada Lilí se puso detrás de mí, puso sus manos sobre mis hombros y ¡pum!, caí de rodillas al suelo. Comencé a llorar a cataratas y comencé a hablar en lenguas sin que nadie me dijera ni indujera a hacerlo. Sentí la presencia de Dios como nunca la había sentido y solo brotaba de adentro de mí un lenguaje singular que no podía detenerme de hablar. La experiencia duró unos treinta minutos, todo el tiempo estuve consciente de lo que pasaba y al finalizar el servicio, sentí que flotaba en las nubes y una felicidad que jamás había sentido. Curiosamente, esa semana se despertó en mí tal hambre por leer la Biblia que me leí todo el Nuevo Testamento en cuestión de dos semanas, además de que mi vida de oración se vio revitalizada.

La segunda experiencia sucedió unos meses después. En esa misma iglesia había una clase que se llamaba “La clase del Espíritu Santo”. Se impartía entre los dos cultos de la mañana, mientras se desarrollaban varias clases simultáneas de escuela dominical. En esta en particular se enseñaba la doctrina del Espíritu Santo en módulos de cuatro meses —según recuerdo. Al final de la clase se oraba por quienes quisiera ser llenos del Espíritu y también se oraba por sanidad. Yo aún no había ingresado al ministerio de alabanza de mi iglesia y tampoco tenía planes de hacerlo. Yo estaba concentrado en el ministerio de evangelismo y en servir en el ministerio juvenil. Es más, nadie de mis amigos sabía que yo cantaba ni que lo hacía a solas en mi cuarto. El asunto es que un domingo en la mañana, entré a la clase y me senté en la primera fila. ¿Quiénes estaban sentados allí? Cuatro o cinco amigos más que yo sabía que eran músicos, pero que en ese momento no servían en la alabanza de la iglesia. Cuando los vi, los saludé, recibimos la clase y al finalizar —como era costumbre—, se oró prolongadamente y, de repente, la esposa del maestro que impartía la clase comenzó a profetizar. Entre varias cosas dijo: “¡Así dice el Señor! Todos los que en este momento están sentados en la primera fila, me servirán en la alabanza. ¡Todos lo harán!”. ¿Conocía ella a todos quienes estábamos sentados allí? No lo sé, pero estoy seguro que ella de mí no sabía nada más que yo llegaba todos los domingos a la clase.

Los meses pasaron y yo olvidé completamente lo que había ocurrido. Incluso, vi que mis amigos músicos que estuvimos en esa clase se fueron incorporando poco a poco al ministerio de alabanza y yo ni me inmutaba. El asunto es que en un viernes en una vigilia alguien del grupo de alabanza que estuvo a la par mía, me escuchó cantar y posteriormente recibí una invitación para asistir a una audición. Luego de aprobar, me incorporé al ministerio. Cuando asistí a mi primer ensayo, mi amigo Sergio me dijo: “¡Hey! ¿Te acordás de aquella profecía que nos dieron en la primera fila? ¡Solo vos faltabas para que se cumpliera!”. Y entonces recordé lo que esa vez nos dijeron.

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4 Comentarios

  1. Hola querido Noel. Que linda experiencia, ahora dónde quedarán en tu teología los cesionistas, o los q simplemente se criaron (o nacieron en iglesias bautistas) q no conocen el sistema pentecostal, q dicho sea de paso varía en sus prácticas dependiendo de los misioneros que nos tocaron en toda Latinoamérica.cual sería el punto en común entre los que, por el medio ambiente en q crecieron(iglesia) y el lenguaje que manejan(teologicamente) no tienen nada en comun, más que nuestro señor Jesucristo. Yo no veo a un cesionista desesperado por profetizar o hablar nuevas lenguas, no está en su sistema y es feliz y así vive. Tampoco veo a un pentecostal con urgencia de aprender doctrinas fundamentales como la de la salvación, perdón, justificación ( predestinación) santificación etc. Bueno, por lo menos es lo que puedo percibir en estos lugares (Argentina, Brasil, Paraguay) un saludo cordial y un abrazo Noel. Dios te bendiga!!!

  2. Un tema muy necesario y oportuno para tocar. Es tan decepcionante la ola de profetas y profecias falsas que hoy en dia se escuchan, que de verdad el pueblo de Dios necesita
    Ser guiado y orientado para que despues no sufran desilución, desánimo y decpción de Dios y los «profetas». Que Dios bendiga y abra el entendimiento de las personas qie lean. Un abrazo tan grande hermano Noel Navas desde Ambato – Ecuador.

  3. Bendiciones noel! Estoy ansiosa por leer la serie completa… siempre me ha fascinado el tema pues yo lo recibí para ser aplicado en el area ministerial y siempre he querido aclarar ciertas dudas del tema aunque nunca encuentro el tiempo que sea que haga falta para hacerlo y solo he sido aclarada en ciertos puntos… Definitivamente cuando uno se entrega al propósito de Dios aunque este se oponga a la idea de muchos hombres es bendecido… y lo experimento siempre al entrar a tu blog y encontrar en él siempre una cálida palabra del señor para mi vida y mi ministerio! Tu blog es de enorme bendición para mi corazón y sé que lo será el abordaje de este tema. Saludos desde Nicaragua😊

  4. Hay y abrán muchos falsos profetas que introducirán herejías destructoras y harán mucho daño, pero los elegidos y predestinados por el Señor sabrán escuchar y solo seguir la voz de su Señor.

    También tuve una experiencia parecida a Noel, fui lleno del Espíritu Santo, pero en mi caso en lugar del don de lenguas fue el de profecía, el Señor me «reveló» y pude «ver» claramente como una película frente de mí, todo lo que le pasaba a una amiga y así le evangelicé más efectivamente.

    Recomiendo las prédicas sobre prodetas, falsos profetas y del don de profecía de Pablo David Santoyo de «Tesoros Cristianos» en Youtube.

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