Lo que siempre quise y nunca pude decir sobre el don de profecía (Tercera parte)

Lo que siempre quise y nunca pude decir sobre el don de profecía (Tercera parte)

Para muchos cristianos las palabras “continuismo” y “cesacionismo” no tienen mayor significado, pero son esenciales para comprender por qué algunas iglesias creen que los dones del Espíritu Santo siguen vigentes y otras no. Por “continuismo” nos referimos a quienes creen que los dones del Espíritu continuaron después del primer siglo y por “cesacionismo” quienes creen que cesaron con la muerte del último apóstol. “Continuistas” son, por ejemplo, todas las iglesias pentecostales en el mundo. Y “cesacionistas” un gran porcentaje de iglesias bautistas y reformadas que, aunque entre sus filas hay “continuistas”, de forma general se puede decir que son iglesias “cesacionistas”.

El asunto es que alguien que lea el Nuevo Testamento por primera vez o si quieres, sin ideas preconcebidas, no concluiría que los dones del Espíritu cesaron o que terminarían con la primera generación de cristianos. Claro, a menos que alguien te imponga esa idea. O sea, cuando lees los evangelios, Hechos y las epístolas no encuentras por ningún lado que los dones experimentarían un stop y, quienes digan que sí, es porque alguien les enseñó eso. No porque el texto bíblico lo diga. Recuerdo una vez que regresaba de Guatemala en autobús. A la par venía un “cesacionista” y comenzamos a charlar amistosamente. Cuando salió el tema de los dones del Espíritu me citó 1 Corintios 13 como evidencia de que los dones cesaron:

El amor nunca deja de ser; pero si hay dones de profecía, se acabarán; si hay lenguas, cesarán; si hay conocimiento, se acabará. Porque en parte conocemos, y en parte profetizamos; pero cuando venga lo perfecto, lo incompleto se acabará.
1 Corintios 13:8-10.

“¡Ya ves!”, me dijo mi compañero de viaje, “¡Aquí dice que los dones del Espíritu cesarían!”. Para el “cesacionista clásico” eso “perfecto” que había de venir (v. 10), es el canon bíblico; pero lo curioso es que ellos aseguran que los dones cesaron en el primer siglo y si revisas la historia de la iglesia notarás que la creencia general es que el canon se terminó de definir hasta el siglo cuarto. Por lo tanto, la expresión “cuando venga lo perfecto” no se está refiriendo al canon; al contrario, los versículos que siguen nos dan un atisbo de a qué pudo haberse referido:

Cuando yo era niño, hablaba como niño, pensaba como niño, razonaba como niño; pero cuando llegué a ser hombre, dejé las cosas de niño. Porque ahora vemos por un espejo, veladamente, pero entonces veremos cara a cara; ahora conozco en parte, pero entonces conoceré plenamente, como he sido conocido.
1 Corintios 13:11-12.

¿De qué estaba hablando Pablo cuando dijo: “pero entonces veremos cara a cara” y “Entonces conoceré… como he sido conocido”? (v. 12). A eso “perfecto” que habría de venir y que provocaría que cesaran los dones del Espíritu (v. 8-10). ¿Qué es eso “perfecto” entonces? Jesús en su segunda venida, la consumación del reino de Dios en la Tierra, los cielos nuevos y la tierra nueva, etc. Cualquiera de estas respuestas calzaría muy bien, pero no la culminación del canon porque el contexto de la carta no habla por ninguna parte de eso.

Un argumento favorito de algunos «cesacionistas» es afirmar que después de la muerte del apóstol Juan no hay registro en la historia de la iglesia que los dones continuaron; sin embargo, quienes afirman eso simplemente están repitiendo algo que alguien les dijo. Porque cuando consultas algunos documentos antiguos que se conservan hasta hoy, compruebas que eso no es cierto. En su artículo Los dones del Espíritu en la iglesia primitiva, el pastor Will Graham hizo una excelente compilación de referencias históricas sobre los dones del Espíritu que te comparto a continuación:

«Justino Mártir (100-165). En su Diálogo con Trifón, Justino aclara que los dones proféticos de los judíos fueron transferidos a los cristianos. Empieza el capítulo 82 de su libro declarando que: “Los dones proféticos siguen con nosotros hasta el día de hoy”. Sigue la misma línea de razonamiento en el capítulo 87 argumentado que el Espíritu continúa impartiendo dones de gracia “a aquellos que son dignos porque creen en Él”. El siguiente capítulo, el 88, afirma explícitamente la presencia de los dones espirituales: “Ahora, es posible ver mujeres y hombres entre nosotros que poseen dones del Espíritu de Dios”.

Ireneo (130-202). El magnum opus de Ireneo —Contra las herejías—, también da testimonio de la amplia gama de dones espirituales que operaban en el siglo segundo. Ireneo llega a decir que los carismata son una clara señal del discipulado del Jesús verdadero (y no el Jesús gnóstico). Escribe: “Aquellos que son verdaderamente sus discípulos, habiendo recibido gracia de Él, llevan a cabo milagros en su nombre para promover el bienestar de otros hombres, según el don que cada uno ha recibido de Él. Porque algunos verdaderamente echan fuera demonios, de modo que aquellos que han sido limpiados así de espíritus malignos suelen creer en Cristo y se unen a la Iglesia. Otros son capaces de ver cosas venideras: ven visiones y pronuncian palabras proféticas. Otros sanan a los enfermos, imponiéndoles las manos, y se sanan. Además, hasta los muertos han sido resucitados y permanecen entre nosotros por muchos años”. (2:32:4).

Otro párrafo relevante en cuanto al tema de las lenguas se halla en el 5:6:1 donde explica que: “Por esta razón”, declara el apóstol, “hablamos sabiduría entre los que son perfectos”, refiriéndose a aquellos que habían recibido el Espíritu de Dios, y quienes a través del Espíritu de Dios hablan en todo tipo de lenguas, como él mismo hacía. De igual manera, nosotros también oímos a muchos hermanos en la Iglesia que poseen dones proféticos, y que a través del Espíritu hablan en muchas lenguas y traen a la luz las cosas ocultas de los hombres para el beneficio general”.

Tertuliano (150-220). Tertuliano estaban tan cautivado por el dinamismo del Espíritu de Dios que algunos lo han nombrado el primer teólogo auténticamente “pentecostal” de la Iglesia (aunque se trata de un anacronismo, es como tachar a Agustín de calvinista). A Tertuliano le encantó el tema del Espíritu Santo. En el contexto del bautismo, exhorta a los recién convertidos a anhelar los dones espirituales. “Por consiguiente, amados y benditos, a quienes aguarda la gracia de Dios, cuando salís de ese baño santo [el bautismo] y por primera vez extendéis vuestras manos dentro de la casa de tu Madre [la Iglesia] junto con vuestros hermanos, pedid al Padre, pedid al Señor que os dé la riqueza de su gracia y la distribución de sus dones (1 Corintios 12:4-12)“.

Otro pasaje útil se encuentra en su obra Contra Marción 5:8. En esta sección de su libro, Tertuliano repite lo que Ireneo había hecho, esto es, apelar a los dones espirituales para demostrar que su Iglesia era de veras la Iglesia de Cristo. Reta al hereje Marción a producir manifestaciones espirituales parecidas a los dones del Espíritu que operaban en la Iglesia de Tertuliano. Esos dones, creía Tertuliano, le aseguraban que servía al único Dios verdadero del Antiguo y del Nuevo Testamento y no al ‘dios’ modificado de Marción. “Que Marción exhiba, pues, como dones de su ‘dios’, algunos profetas que no hayan hablado por sentido humano, sino con el Espíritu de Dios, que hayan predicho cosas que han de ocurrir y hayan puesto de manifiesto los secretos del corazón (1ª Corintios 14:25)… Que cualquier mujer de lengua culta en su comunidad haya profetizado alguna vez de entre aquellas hermanas especialmente santas que él tiene. Ahora, todas estas señales (de dones espirituales) se están manifestando de mi lado sin ninguna dificultad, y concuerdan, también, con las reglas y las dispensaciones y las instrucciones del Creador”.

De hecho, dedicó el noveno capítulo de su obra Tratado sobre el alma a contar las poderosas experiencias proféticas que una hermana en el Señor había vivido. “Dado que nosotros reconocemos los carismata espirituales, o dones, hemos recibido el don de la profecía, aunque vivimos después de Juan [el Bautista]”.

Orígenes (185-254). Orígenes también era consciente de los carismata. Su obra más conocida, Sobre los principios, es el primer intento de cualquier escritor cristiano en compilar una teología sistemática amplia. Advierte en contra del mal uso de los dones espirituales. Esto nos lleva a la conclusión de que los carismata estaban vigentes en su generación. Proclama solemnemente: “Cuando la palabra de sabiduría o de conocimiento o cualquier otro don haya sido otorgado al hombre —sea por bautismo o sea por la gracia del Espíritu— y no es administrado correctamente, a saber, el recipiente lo esconde debajo de tierra o en un pañuelo, el don del Espíritu, seguramente, será quitado de su alma, y lo que queda, esto es, la sustancia de su alma, será asignada a su lugar con los incrédulos. Será separada y dividida del Espíritu, el cual quiere unir el alma del hombre al Señor” (2:10:7). “Entre los cristianos seguimos encontrando huellas del Espíritu, el cual apareció en forma de paloma. Echan fuera demonios y realizan muchas sanidades y predicen ciertos eventos, conforme a la voluntad del Logos” (Contra Celso, 1:46).

Novaciano (200-258). Su testimonio es el siguiente: “El Espíritu es quien coloca profetas en la Iglesia, instruye maestros, dirige las lenguas, da poderes y sanidades, hace obras maravillosas, ofrece discernimiento de espíritus, concede poderes de gobierno, sugiere consejos, y ordena y arregla cualesquiera otros dones de carismata que haya. Y así perfecciona y completa en todo a la Iglesia del Señor en todas partes” (Sobre la Trinidad, 29).

Cirilo de Jerusalén (313-386). El último escritor que mencionaremos es Cirilo de Jerusalén. Este registró varios comentarios sobre la obra del Espíritu en sus Lecciones catequéticas en el siglo cuarto. Prometió a los fieles que: “Si creéis, no solamente recibiréis la remisión de pecados, sino haréis cosas más allá del poder del hombre. ¡Y que seáis tenidos por dignos de recibir el don de profecía también!” (17:37). Alude también en el capítulo anterior al exorcismo, explicando: “Si eres tenido por digno de la gracia, tu alma será iluminada, recibirás un poder que no tienes, recibirás armas terribles para los espíritus malos; y si no arrojas tus armas, sino guardas el Sello sobre tu alma, ningún espíritu malo se te acercará a ti; porque se acobardará; porque verdaderamente por el Espíritu de Dios son expulsados los malos espíritus” (17:36)».

¿Los dones del Espíritu cesaron conforme enseñan los “cesacionistas”? No lo creo.

Si quieres profundizar un poco más en el tema, el experto en Nuevo Testamento, Gary Shogren, que actualmente reside en San José, Costa Rica, publicó hace pocos años un artículo titulado: La profecía cristiana y el canon en el siglo segundo: Una respuesta a B. B. Warfield. Originalmente, el artículo se publicó en el Journal of the Evangelical Society y posteriormente se incluyó en el libro Strangers to Fire: When Tradition Trumps Scripture que editó Robert W. Graves y que puedes adquirir a través de Amazon. Al dar clic en el título podrás acceder a este y ver que es una refutación académica a quienes afirman que no hay registros de que los dones del Espíritu continuaran después de la muerte del último apóstol. Al entrar y dar clic, verás que puedes descargarlo en PDF para estudiarlo más detenidamente. Imaginate, alrededor de 20 páginas. ¡Igual te recomiendo leerlo!

Continúa leyendo la Cuarta parte dando clic aquí.

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