Equilibrio en la composición (Primera parte)

Equilibrio en la composición (Primera parte)


balanzaEl desafío de Colosenses 3:16.

Hace unos meses comencé la serie: La autopista de la composición donde hablé sobre El principio de la autopista. Inicié compartiendo cómo se forman melodías y al concluir esa sección hice una pausa a la serie para abordar otro tipo de temas. En esta oportunidad retomo la serie para hablar del segundo carril que lo puede introducir a la autopista de la composición: La letra. Sin embargo, antes de adentrarnos de lleno a cómo se escriben las letras de las canciones permítame atraer su atención a un aspecto de la composición que estoy convencido se constituye en un desafío a todo aquel que desea aprender a componer.

Como usted sabe la letra de una canción es vital dentro del proceso creativo de componer. Sin letra una canción sería simplemente una pieza instrumental. Si alguien desea que su canción sea un tema instrumental y no una canción como todos la conocemos, está bien. La verdad es que en Latinoamérica necesitamos más de ese tipo de música; sin embargo, lo importante sobre el tema de las letras tiene que ver con una cuestión de equilibrio dentro de la canción. Es decir, un compositor puede tener una buena melodía y excelentes acordes que emocionen a la gente, pero si su letra carece de riqueza intelectual me atrevo a decirle que la canción será meramente superficial. Emocionará a todos, pero no estimulará el intelecto.

Canciones que emocionan son fáciles de componer, pero que toquen tanto el intelecto como lo más íntimo del ser, no necesariamente. Esas requieren más trabajo. Por lo tanto, antes de adentrarme al tema de cómo escribir buenas letras permítame hablarle acerca del equilibrio intelectual y emocional que deben tener nuestras composiciones.

Lo que pasa es que este es un error común del oficio: el desequilibrio. Donde preferimos la sensación por encima de la letra. Y la verdad es que cualquiera de nosotros puede caer en ese bache. ¿Por qué? Porque cuando estamos componiendo experimentamos cierto grado de intensidad emocional que puede cegarnos al punto de considerar nuestra canción como una gran canción por el simple hecho de que nos emociona. Pero no, ese no es el único parámetro que debe regirnos. Debemos equilibrar la emoción acompañando nuestras melodías y acordes con letras inteligentemente elaboradas.

La trampa en que caemos consiste en pensar que la sola emoción es el todo de una canción. Como usted sabe la música es emocional por naturaleza. Así la creó Dios. Ella es capaz de transportarnos a estados de ánimo tan rápidamente que de otro modo sería difícil experimentar. En este sentido, debemos tener cuidado de no confundir la energía emocional que transmiten las melodías y acordes de nuestras canciones con profundidad de letra. Uno bien puede escribir una canción intensa pero débil en su mensaje. ¿Significa esto que nuestras canciones no deben emocionar? No, no estoy diciendo eso. Me estoy refiriendo a que debemos tener equilibrio y buscar ambas cosas por igual.

Permítame citar un texto bíblico que no sé si usted ha considerado antes y que puede confirmarnos el tipo de equilibrio del que estoy hablando. En el siguiente pasaje el apóstol Pablo nos habla del doble fin que deben perseguir las canciones que como cristianos componemos. Él dijo:

La palabra de Cristo more en abundancia
en vuestros corazones, enseñándoos y exhortándoos
unos a otros con toda sabiduría, cantando con gracia
en vuestros corazones al Señor con salmos, e himnos
y cánticos espirituales”.
Colosences 3:16.

¿Leyó con detenimiento el texto? Fíjese, Pablo relaciona la palabra de Cristo, la enseñanza, la exhortación y la sabiduría con el canto, los salmos, himnos y cánticos espirituales, ¿lo notó? Además, nos muestra el doble objetivo que deben cumplir nuestras canciones:

1. Enseñar y…
2. Exhortar.

Vuelva a leer y verá. Lo que el apóstol nos está diciendo es que debemos Enseñarnos y Exhortarnos unos a otros, ojo: ¡con toda sabiduría!, por medio de canciones, ya sean salmos, himnos o cánticos espirituales.

Sin entrar en largas definiciones básicamente Enseñar tiene que ver con: instruir, adoctrinar y mostrar; mientras que Exhortar con: incitar, motivar y estimular. Como mencioné hace un momento la música tiene un alto componente emocional, por lo que bien podríamos decir que los componentes melódicos y armónicos de una canción se encargan de Exhortar, incitar y motivar a quienes escuchan. Y por su parte, la letra de la canción se ocupa de Enseñar, instruir y adoctrinar a los oyentes (1).

En este sentido, fusionar una buena letra con la emoción de melodías y acordes constituye una forma de componer canciones más bíblica y más equilibrada, conforme a lo que enseña Colosenses 3:16.

Cuando esté escribiendo sus canciones evalúe lo que está creando con los siguientes binomios de preguntas que tienen como fin cumplir la expectativa del pasaje de Pablo: Enseñar y exhortar. Siempre pregúntese:

¿Mi canción emociona–Mi canción alimenta la mente?
¿Mi canción enseña–Mi canción inspira?
¿Mi canción estimula–Mi canción nutre el intelecto?
¿Mi canción adoctrina–Mi canción motiva?
¿Mi canción toca el alma–Mi canción habla al oyente?
¿Mi canción es inteligente–Mi canción incita?
¿Mi canción hace vibrar–Mi canción es sabia?
¿Mi canción contiene verdad–Mi canción es intensa?
¿Mi canción sensibiliza–Mi canción es ingeniosa?
¿Mi canción concientiza–Mi canción energiza?

Escoja el binomio de su preferencia. Todos los pares hablan de lo mismo. Eso sí, independientemente de cual escoja ambas respuestas deben ser: “Sí”. Si por alguna razón una de las repuestas dentro del binomio es: “No”, entonces probablemente se encuentre ante una canción desequilibrada. Ambas deben dar “Sí”.

Una forma de asegurarse de que sus respuestas a los binomios son las acertadas es mostrar sus canciones a otras personas aparte de usted mismo. ¿Cuántas? Mmm… De tres a cinco. ¿Qué personas? Sus pastores, maestros de la Palabra, teólogos o cristianos que admire por su madurez.

Recuerde: según Colosenses 3:16 los salmos, himnos y cánticos espirituales, es decir, las canciones en sí, deben Enseñar y Exhortar, o sea: impartir tanto Poder educativo como Poder emotivo. Ese es el equilibrio perfecto. Esa debe ser nuestra aspiración cuando de componer canciones se trate, que emocionemos pero también que eduquemos.

Yo le pregunto: ¿Cómo quiere que sean sus composiciones? ¿Qué emocionen nada más? ¿O que enseñen y emocionen a la vez? ¡Piénselo! ¿Qué es lo que realmente desea como compositor? ¿Componer joyas de sabiduría bíblica y práctica? ¿O solo despertar las emociones abordando temas superficialmente?

Son buenas preguntas para reflexionar.

Continúa…

Notas:

(1) Las palabras también tienen el poder de exhortar, motivar y estimular, en la aplicación del texto que estoy utilizando enmarco la exhortación dentro de la parte melódica y armónica de una canción bajo el entendimiento que las palabras también tienen poder exhortativo.

3 Comentarios

  1. ABIGAIL: Hola, ¿cómo estás? Gracias por siempre visitar el blog y hasta comentar.

    Sobre tu pregunta, ¿qué te puedo decir? Bueno, de forma breve según Colosenses 3:16 y Efesios 5:18-20 existen “salmos, himnos y cánticos espirituales”, los cuales según he estudiado, y la verdad es la tesis que yo más respeto, es que esas tres clasificaciones se refieren a las canciones del libro de los Salmos. El griego del texto da a entender que los tres están dentro de la colección de Salmos del Antiguo Testamento. Interpretaciones más contemporáneas conceptualizan cada uno de forma distinta, pero en esencia Col. 3:16 y Ef. 5:18-20 se refieren al libro de los Salmos.

    Ahora, en la actualidad nosotros llamamos “Salmos” a las letras de canciones que encontramos en la Biblia, las del libro de los Salmos, por ejemplo. Y por “himnos” entendemos que son aquellas canciones escritas antes de los años 1,900´s (aunque también después eh) cuyas letras están conformadas por varias estrofas y un coro y por la solemnidad que caracteriza a los himnos. Ejemplo: “Santo, santo, santo”, “Sublime gracia”, “Cuán grande es él”, etc.

    En resumen: los “Salmos” son los cantos que hayamos en la Biblia y los “himnos” aquellos reconocidos como tales por su amplitud de letra y estilo melódico solemne. Claro, estas definiciones son a groso modo. Tu pregunta amerita un artículo o una serie completa de artículos. ¡Hasta un libro! Pero creo libros ya hay escritos al respecto.

    Ahora… ¿Dónde entran los cantos de alabanza y adoración contemporánea en estas clasificaciones? La gran mayoría de canciones contemponráneas podrían clasificarse como Salmos a pesar de que no están en la Biblia. A mi me gusta más llamarles “Canciones”. Porque eso es lo que son. Sin importar que sean Salmos, himnos o cánticos espirituales todas son “canciones”.

    Disculpa me respuesta tan breve, pero por el momento eso es lo que puede compartir contigo. Gracias por tu pregunta y por comentar.

    Noel Navas
    La Aventura de Componer
    El Salvador.

  2. Hola Noel… Bendiciones. Que bueno que no desmayas en en esta misión. Por lo que pueda servir al tema esta anecdota personal:

    En una ocasión, una amiga y novelista de mi país, que además le gusta cantar y es media música, pues le mete al piano bastante bien, me pidió “le ayudara con la letra” de una canción que quería escribir para su esposo, con motivo de sus 30 años de casados.

    Su petición me sorprendió y me hizo mucha gracia porque esta mujer es una de las novelistas más reconocidas y prolíficas de Panamá… He leído varias de sus novelas, y sinceramente me pareció que me estaba bromeando. Pero me dijo que no, que me estaba hablando en serio… Le dije: “La verdad me parece que estás bromeándome… Pero por si es en serio… honor que me haces y en lo que yo pueda, con mucho gusto… Tú me dirás como crees que puedo ayudarte…”

    Enseguida me dijo que ya tenía escogido el título que quería ponerle, pero que no sabía cómo empezar. Qué ya había escrito varias letras que había intentado y que me quería mostrar para ver yo que pensaba, y rápidamente, como quien dice antes de que yo me arrepintiera o me diera a la fuga, fue sacando de un sobre que tenía entre las manos varias páginas con letras escritas a mano. Enseguida me pareció que en el bulto de papeles había letras suficientes como para todo un cancionero de cincuenta canciones por lo menos, y, además, yo incapaz de ponerme a opinar sobre las letras escritas por semejante eminencia literaria, así que le dije… “Dime una cosa, ¿Y cual es el título que me dijiste que ya tienes escogido?”.

    – “ASI TE VEO” – me contestó – porque de eso quiero que hable la canción, de como lo veo… como amigo, compañero, padre y amante y demás cosas, después de ya tres décadas de matrimonio feliz y de feliz matrimonio… Claro que no perfecto pero…

    – Bueno, lo más simple del mundo, – le dije – empieza por allí… “Así te veo”, que el título de la canción sea el comienzo de la letra de tu canción, y de paso la preparación de las demás cosas bonitas que le quieras decir. Lo usas varias veces, y por allí te vas… y hasta puedes concluir con esa misma frase,

    ¿Qué si eso no resultaría repetitivo?- Pregunto. Le dije, no tiene por que sonar repetitivo, eso dependerá como lo uses las repeticiones cuando le vayas poniendo la melodía… ¿Quieres algo mas repetitivo que el inicio de la canción “Palabras”, no recuerdo el nombre ahora de la cantante, pero empezaba así:

    “Palabras, palabras, palabras. Palabras, palabras, palabras. Palabras, palabras, palabras. Palabras, palabras, palabras, palabras tan sólo palabras hay entre los dos”. Como catorce veces, la misma palabra en la estrofa inicial de la canción… Y sonaban preciosas, cada una de ellas.

    Esa es la magia de las canciones… que son letra y música. Haces eso en un poema, una novela o un discurso de un político y suena horrible y hasta puede que te tiren piedras.

    Siguio con má spreguntas. ¿Qué si no estarían muy largas las letras?… – No he leído lo que me has mostrado, pero a simple vista me parece que sí… Supongo que a alguien acostumbrado a escribir largo como es una novela, le puede resultar difícil escribir corto… “breve, preciso, conciso y macizo”, como es cuando se trata de canciones… No estás escribiendo una novela musicalizada… sino una canción.

    Allí seguimos la conversa por un buen rato intercambiando ideas, le hable sobre las fórmulas mágicas de toda buena canción: Unidad, brevedad, narrativa, poesía, composición y canto; y que me parecía que su problema estaba en lograr la brevedad porque en lo demás, incluidas la melodía y la armonía, estaba seguro que saldría sobrada. Quedo fascinada como si nunca hubiese sabido de aquello, y por mi parte quede de enviarle por E-mail una copia de mi libro, donde podía leer con más detalles sobre el asunto, especialmente sobre el tema de la brevedad, especialmente. Me lo agradeció, nos despedimos…

    Y yo me fui pensando en lo que dice Rubén Blades… “La vida te da sorpresas, sorpresas te da la vida”. Cualquier día resulta que esta laureada novelista y también “música, poeta y loca” (cualidad que acompaña a todos los buenos compositores… jajajaja), se nos convierte en una famosa escritora de canciones también… Bueno… eso si aprende y aplica las fórmulas mágicas… Digo yo…

    En todo caso, el encuentro fue súper agradable, muy enriquecedor y toda una experiencia personal. Amén.

    PABLO AZAEL.
    PANAMA. EL ARTE CIENCIA DE HACER CANCIONES.

  3. DON PABLO: Honor que me hace ud. con solo comentar… Y ahora con compartirnos esta genial anécdota. Se lo agradezco de verdad. Que pueda enriquecer a quienes la lean.

    Necesitamos espíritu de novelistas para componer, no por lo largo… Por lo profundo!

    Noel Navas
    La Aventura de Componer
    El Salvador.

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