AutopistaConsejos prácticos para el carril létrico.

Francamente no sé si existe la palabra: létrico, en el idioma castellano. Me imagino que me la inventé yo y si no, la adapté. Es que en lugar de llamarle a Carril lírico le puse létrico porque a mi parecer en español la palabra “lírico” no necesariamente tiene que ver con la creación de letras para canciones, tiene otras connotaciones. Por eso llamé a este carril: létrico. Me pareció mejor. En fin, antes de terminar de hablar sobre el segundo carril de la autopista de la composición, la letra, e ingresar al tercero, es decir, el carril armónico, permítame brindarle algunos consejos adicionales que pueden ayudarle cuando esté componiendo las letras de sus canciones.

Lea, lea, lea.

Hace unas semanas un amigo me dijo: “Noel, quiero que me enseñés a componer, pero por favor enseñáme sin que yo tenga que leer”. Hice un chasquido con mi boca y en buena onda le dije: “Pues no, un compositor debe ser un lector, así que ni modo, no voy a poder enseñarte”.

Como él hay muchos que piensan que la composición es cuestión de inspirarse en las musas y escribir las grandes canciones que sonarán en el mundo. No, eso es un mito, una utopía y una falacia. El compositor serio es un asiduo lector.

Hace unos meses almorcé con mi amigo Miguel Ángel Villagrán (Málin). Si no sabe quién es él o no ha leído la entrevista que le hice, Málin fue el productor de los primeros discos de Ricardo Arjona y en ese tiempo que produjo para él pasaban mucho tiempo juntos. Luego que Málin y yo almorzamos, entre plática y plática, me preguntó: “¿Y a vos te gusta leer?” Inmediatamente respondí que sí, incluso le recomendé un par de libros que recientemente había leído y que podrían interesarle. Me dijo: “Algo que siempre admiré de Ricardo Arjona es que cuando nos hospedábamos en algún hotel nunca se acostaba sin leer un libro. Siempre estaba aprendiendo. Él no se acostaba a mirar un programa de televisión o cambiar canales por cable. No, él se acostaba y siempre leía algo antes de dormir”.

Si Arjona, que no es evangélico y es un gran compositor, reconoce el valor de la lectura, ¡cuánto más nosotros que pretendemos componer para Dios!

Leer nutre y fortalece el intelecto para la composición. Claro, no estoy diciendo que hay que leer para componer. No, lea para crecer. Si lee para alimentarse tanto intelectual como espiritualmente en consecuencia su forma de componer se verá beneficiada. La lectura inundará su mente de recursos que posteriormente estarán disponibles cuando llegue la hora de escribir letras.

En la entrevista que le hice a Emmanuel Espinoza, vocalista del Grupo Rojo, y que estoy por publicar la próxima semana, le pregunté si había algún hábito que practicaba y que favorecía su forma de componer, me dijo: “Siempre estoy leyendo, subrayando mis libros, siempre hago notas al margen, tengo un cuaderno donde escribo frases que me impactan. Después esas frases me inspiran alguna canción y si no, igual siempre inspiran mi vida”.

¿Lo ve? Un buen compositor es un lector. ¿Y usted cuándo va a establecer el hábito de la lectura en su propia vida?

Lea mucha poesía.

Algunos se sorprenderán con mi recomendación. No deberían. Si toda canción es una poesía cantada entonces un compositor es alguien que además de saber escribir poesía tiene como hábito leer y disfrutar la poesía.

A veces acostumbro leer alguna que otra biografía de compositores contemporáneos. Hace un par de años me llamó poderosamente la atención encontrar en una biografía de Alejandro Sanz que su interés por la lectura y la poesía comenzó cuando de pequeño descubrió entre otros a Neruda. “¿Alejandro Sanz lee poesía?” pensé, “¡Con razón escribe tan bien!”

A mi modo de ver ese es un hábito que como compositores cristianos no hemos considerado ni siquiera de reojo. Si leer nos cuesta… ¡imagínese ahora leer poesía!

Leer poesía entrena la mente para la versificación. El hecho de que su mente se acostumbre a reconocer el pensamiento sintetizado de los poetas impregnará su forma personal de escribir y expresarse. La síntesis, la brevedad y la profundidad de los versos serán parte de su forma de componer, claro, si usted decide acercarse a beber de las fuentes de los poetas.

Vamos, anímese. Si usted leyera una poesía diaria serían 365 poemas al año. En Internet podría encontrar infinidad de sitios que ofrecen poesías para disfrutar. Ahora, si una diaria es mucho para usted, ¡lo es para mí!, leer una por semana es una meta alcanzable.

Continúa…