La autopista de la composición (Quinceava parte)

La autopista de la composición (Quinceava parte)

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AutopistaPasos para escribir una buena letra.

Después de haber estudiado los primeros seis pasos que lo conducirán a escribir una buena letra para su canción, abordo el séptimo y último paso. Claro, no por ser el último es el menos importante. Es más, le recomiendo que cuando estudie los siete pasos piense en ellos como partes de un todo. Estúdielos de forma conjunta y simultánea, que aunque algunos deben seguirse en orden otros pueden suceder al mismo tiempo. Digamos: mientras versifica usted puede revisar la gramática o mientras versifica puede revisar la doctrina, como veremos hoy.

7. Revise la doctrina.

Básicamente «doctrina» es enseñanza. Así de simple. Cuando la gente piensa en la palabra “doctrina” piensa en clases prebautismales, cursos para nuevos convertidos o en alguna materia teológica. Pero doctrina es más que eso, es todo lo que tiene que ver con enseñanza. Todos brindamos doctrina (enseñanza) cuando interactuamos unos con otros y todos somos adoctrinados (enseñados) cuando interactuamos con nuestro entorno. Por lo tanto, cuando escriba las letras de sus canciones asegúrese de que sean conforme a la doctrina de la Palabra de Dios.

Sin afán de sonar súper espiritual recuerdo una noche que el Señor me habló a través del pasaje de Tito 2:1 que dice: “Pero tú habla lo que está de acuerdo con la sana doctrina”. En mi corazón escuché: “Te comisiono para que seas un guardián de la sana doctrina”. Esa palabra me confirmó algo que siempre ha apasionado mi corazón: la enseñanza pura de la Palabra de Dios.

Hace poco conversé con un amigo, él me mostró una canción y le señalé un error doctrinal en uno de los versos. Inmediatamente me preguntó: “¿Cómo le hacés para identificar de una sola vez este tipo de cosas cuando escuchas una canción por primera vez?” Nunca nadie me había preguntado eso. Le dije: “No lo sé. Lo único que sé es que soy una especie de guardián de la sana doctrina y se me hace fácil identificar cuando una letra choca con la Escritura”.

¿Significa esto que soy un experto? No. ¿Significa que nunca se me escapa nada? No. Pero uno de los pensamientos principales que tengo en mi mente cuando alguien me muestra una canción o cuando voy a escuchar alguna es confrontar inmediatamente la letra con la Palabra de Dios. ¿Es la canción acorde con la doctrina de las Escrituras? Si la respuesta es: Sí… ¡Excelente! ¿Choca algún verso de la letra con la sana doctrina? Si la respuesta es: Sí… Una banderita roja de advertencia se alza a la par de mi cabeza.

A inicios de Abril pasado asistí a una de las eliminatorias del concurso que a nivel nacional Instituto Canzion realizó en el país, que llamaron: Desafío de Bandas 2009. Esa noche participaron 16 bandas ante un jurado compuesto por tres respetables músicos nacionales. La primera parte consistió en que las 16 bandas ejecutaran una canción cover y la segunda ejecutando una canción original compuesta por ellos mismos. El dinamismo, el entusiasmo y la emoción del evento corría por todo el auditorio. A media que las bandas mostraban sus canciones simultáneamente se proyectaron las letras de las canciones en una pantalla gigantesca. Francamente tanto la eliminatoria como el evento se caracterizaron por un gran nivel. Sin embargo, algo pasó cuando subió al escenario una de las bandas. Comenzaron a tocar su canción inédita. La ejecución, interpretación, la canción en sí, ¡todo!, fue muy pero muy bueno, decía:

“Todo para mí”.

Eres el aire que respiro,
el Sol que alumbra mi camino.
Eres el agua que sacia mi alma.
¡Qué haría yo sin ti, oh Dios!

Coro:
/No puedo más vivir sin ti,
tú eres todo para mí.
Eres mi razón, mi necesidad
nada vale lejos de ti/

Inmediatamente una banderita roja de advertencia se alzó a la par de mi cabeza. “¡Oh, oh!” pensé, “Esta canción está mal escrita”. Me incliné hacia un amigo que estaba a la par y le dije: “¿Ya te fijaste que esa canción está mal escrita?” “Mmm… No, no me fijé”, respondió. “Leé la letra cuando canten de nuevo el coro y verás”. Cuando la banda cantó el coro una vez más le pregunté a mi amigo: “¿Lo notaste?” “No, no sé a lo que te estás refiriendo”, me dijo. Traté de explicarle pero probablemente el sonido, que estaba alto, no me permitió darme a entender.

Cuando la banda terminó de tocar todo mundo aplaudió. El jurado emitió su opinión sobre la participación pero nadie dijo nada sobre la letra de la canción. “Mmm… “ pensé, “Quizá pusieron más atención a otros detalles que a ese”. Unos minutos después tuve que salir del auditorio y cuando regresé aproveché para preguntarle a otro amigo sobre lo que había percibido de la canción pues capaz yo era el que estaba equivocado, le pregunté: “Mirá, solo por curiosidad, ¿notaste algo extraño en alguna de las letras de las canciones que acaban de participar”. Igual que mi otro amigo me dijo que no, que no había visto nada extraño.

Al llegar el momento de escoger a los 5 clasificados de entre los 16, la banda con la canción con el error doctrinal clasificó. Todo mundo estaba emocionado. ¿Yo? No tanto, je.

Un par de días después me encontré en la oficina del director de Instituto Canzion y le propuse la idea de poder patrocinar un Premio a la Mejor Canción inédita del evento, además de solicitarle la oportunidad de hacer un par de artículos sobre las bandas y sus canciones inéditas para el blog. Cuando me dijo que sí, le dije:

–Ya que me estás dando la oportunidad de entrevistar a cada uno de los compositores de las canciones inéditas, te quiero pedir permiso para hacer algo.
– Ajá, decíme. –Me dijo.
–¿Por casualidad te diste cuenta que una de las canciones de una de las bandas que clasificó tiene un error doctrinal?
–Mmm… No, no me fijé. ¿Cuál es?
–No recuerdo el nombre de la banda, pero sí de la canción: “Todo para mí”. ¿Me darías permiso de hablar con el compositor o compositora y animarlo a corregir la letra?
–Claro, no le veo problema. –Respondió.
–Entonces– Continúe –Cuando haya hablado con la persona le voy a decir que te llame por teléfono para notificarte del cambio y así puedan modificar la letra y mostrarla corregida en las pantallas el día de la noche de gala. ¿Te parece?–Excelente, me parece.

Nos despedimos y unos días después estaba entrevistando a la compositora de la canción.

–Hola, ¿cómo estás? Te saluda Noel Navas, de La Aventura de Componer punto com, entiendo que Instituto Canzion les comunicó que les haría una pequeña entrevista para mi blog relacionada a la composición de sus canciones, ¿verdad?
–Sí, gracias, ya estoy lista. –Me dijo.
–Fíjate que antes de realizarte la entrevista quería hacerte una pregunta un poco delicada, ¿puedo hacértela?
–Por supuesto, dígame.
–¿Por casualidad has notado que la letra de tu canción está mal escrita?
–Mmm… ¿Cómo así? –Me respondió.
–Eso, que tu canción tiene un error doctrinal y no sé si te has fijado.
–No, la verdad no, ¿en dónde?
–Antes de señalártelo quiero preguntarte cuál fue tu intención al escribir la frase: “Eres mi razón, mi necesidad nada vale lejos de ti”.
–Pues que Dios es mi necesidad.
–Mmm… Pero eso no es lo que dice la letra. –Argumenté.
–Es que si se fija… –Prosiguió ella– La letra dice: “Eres mi razón, mi necesidad…” Y luego… “Nada vale lejos de ti”. Lo que quiero decir es que Dios es mi razón, Dios es mi necesidad. –Insistió.
–Sí, comprendo tu intención, pero igual la letra no dice eso.
–Entonces, ¿qué es lo que usted entiende cuando la lee? –Me preguntó.
–Que nuestras necesidades no valen nada lejos de Dios. Eso.
–¿En serio?
–Sí, eso se entiende cuando se lee. ¿Tú crees que nuestras necesidades no valen lejos de Dios?
–No, claro que sí valen.
–Pues eso no dice la letra. Yo quería hablar contigo sobre este asunto para animarte a buscar una alternativa mejor a esa frase, ¿crees que podrías hacerlo?
–Sí, por supuesto.
–Francamente tú no tienes por qué hacerme caso a mí, pero pensando en que ustedes clasificaron a la final y que van a presentarse ante un auditorio de miles de gentes y además, que el jurado van a ser: Marcos Witt, Málin y Julio Melgar, pienso que sería muy vergonzoso que cuando ellos emitan su crítica señalen el error doctrinal de tu canción delante de todos, ¿comprendes?
–Sí, tiene razón.
–Claro… –Continué– Puede ser que Marcos y el resto del jurado no se den cuenta de este detalle, pero, ¿y si sí se dan cuenta? Pienso que sería mejor corregirlo.
–Sí, lo voy a hacer, ¿qué tal si le envío a su email algunas opciones para que usted me las apruebe? –Me preguntó.
– Claro, estoy para servirte, las estaré esperando.

Al día siguiente tenía en mi bandeja de entrada dos opciones distintas a la frase: “Mi necesidad nada vale lejos de ti”, que fueron: 

“Eres mi razón, mi necesidad Señor
Y nada vale lejos de ti”.

Y la otra:

“Eres mi razón, mi necesidad.
No te quiero lejos de mí”.

Obviamente la más adecuada fue la última opción y se lo expresé. Ella me dijo que también creía lo mismo y que esa dejaría.

¿Por qué he compartido con usted esta experiencia? Porque es un ejemplo de cómo uno debe realizar las revisiones doctrinales de las letras. Quizá no es el mejor ejemplo o el más impactante, pero es el que he tenido autorizado compartir. Tengo otros que podría mostrarle pero tengo la impresión que dejaría muy en mal a quienes los cometieron. El ejemplo que he  mencionado es el más sobrio que hallé.

En este sentido, por más tiempo que uno lleve componiendo siempre es saludable revisar la doctrina de las canciones. Siempre. No se engañe a usted mismo pensando que porque tiene tantos años en el evangelio, es un gran músico y ha compuesto no sé cuántas canciones está exento de incurrir en este tipo de equivocaciones. No peque de arrogante. Todos necesitamos revisiones teológicas y doctrinales a lo que escribimos.

Como dije antes: podría presentar más ejemplos de errores doctrinales en canciones pero sería demasiado largo para este artículo. Mi amiga que escribió la canción: “Todo para mí”, me autorizó contar esta experiencia porque ella y yo creemos que puede dejarle una lección en cuanto a la importancia de revisar doctrinalmente nuestras letras y estar dispuesto a modificarlas si es necesario. Mi agradecimiento más especial hacia ella por su valor y humildad, no solo de atender mis observaciones, sino de permitirme hablar abiertamente sobre esto en el blog.

Le invito a que se convierta en un asiduo lector de la Palabra, esta es la manera de autoprotegerse de escribir canciones alejadas de la sana doctrina. El estudio diario y constante de las Escrituras es lo que debe caracterizar a los compositores verdaderamente comprometidos con la excelencia. Aparte de eso, nunca está demás estudiar las doctrinas básicas de la fe, adquirir libros sobre vida cristiana e inclusive, asistir a algunos cursos teológicos. Nunca deje de aprender sobre estas áreas que eso le ayudará en su vida como escritor de canciones.

Por último, aun haciendo lo anterior, busque que pastores, maestros de la Palabra, teólogos y líderes que usted admira por su madurez emitan juicio sobre las letras de sus canciones. Pierda el temor y busque que otros opinen si su letra va conforme a la sana doctrina o no.

Nota: Hace unos meses subí dos artículos relacionados con este tema, son la sexta y séptima parte de la serie: La primera canción, donde presenté 5 parámetros para asegurarse que sus canciones estén escritas conforme a la doctrina de la Palabra. Además, incluí ejemplos de canciones que probablemente no fueron revisadas doctrinalmente a profundidad.

Continúa…

3 Comentarios

  1. Noel, te felicito por este artículo… En esto de la doctrina… ha de prevalecer la sana doctrina… y en el entusiasmo de la composición con rumbo a la alabanza..a veces no dedicamos mucho tiempo a la reflexión sobre lo que escribimos y luego cantamos… y que luego otros cantan… A veces, como en el ejemplo que pones, casi es imperceptible… otra veces es evidente el choque con la enseñanza: No es lo mismo decir «Mi casa y yo serviremos a Jehova»… que «Yo y mi casa serviremos a Jehova»… ni suena igual, ni tiene el mismo significado doctrinal. Al igual que la columna en el desierto, el sacerdote guía su casa, no la sigue.

    Que bueno que abordes estos temas de tanta importancia para la comunicaión musical evángélica. Dios te guarde y te bendiga siempre. Amén.

  2. DON PABLO: Efectivamente, así nos pasa a veces, nos emocionamos tanto mientras componemos que pensamos que nuestra letra ha de ser infalible. Por eso es mejor dejar que la efevecencia de la emoción baje y evaluar con objetividad las letras de nuestras canciones. Escribí algo más sobre este tema en el artículo: «El equilibrio en la composición», el cual consta de dos partes:

    http://www.laaventuradecomponer.com/category/el-equilibrio-en-la-composicion

    Noel Navas
    La Aventura de Componer
    El Salvador.

  3. Excelente análisis. La verdad me devané los sesos buscando el error doctrinal y no lo encontré hasta que tú lo mencionas. Pero la verdad yo no había entendido así la frase. Creo que hay una solución más simple: agregar un punto y coma después de la palabra «necesidad». Quedaría: «Eres mi razón, mi necesidad; nada vale lejos de ti.» ¿Que opinas?

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