Me alegraré en ti (Octava parte)

Me alegraré en ti (Octava parte)

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La historia detrás de «La fuerza de mi corazón».

Hoy en la serie de artículos relacionados a mi disco: “Me alegraré en ti”, compartiré los pensamientos que rodearon la composición de “La fuerza de mi corazón”. Como he dicho antes “Me alegraré en ti” es un disco de aire acústico con diez canciones pop-rock cuyo énfasis principal es celebrar la alegría de la redención. Si usted escucha el proyecto de principio a fin notará que el hilo conductor es ese: Hablarnos a todos de que la alabanza y la intimidad en la adoración se logra a través de la sangre de Jesucristo y la comunión con el Espíritu Santo. Confío que las historias detrás de estas canciones le ayuden a comprender mejor el cómo surgieron y además, a disfrutarlas con mayor entendimiento. Al final encontrará un player donde podrá escuchar la canción.

Escribí “La fuerza de mi corazón” regresando de una campaña evangelística. Resulta que tuvimos que desviarnos de la carretera habitual y el trayecto se prolongó por una hora más. En un momento en el que íbamos en el auto y nadie intercambiaba palabras me asaltó la melodía y la letra: “Aquí mi alma espera por más de tu presencia, porque tú eres mi porción y mi completa satisfacción”.

Sonaba atractiva, pegajosa, sentía algo especial mientras la repetía y repetía para no olvidarla.

Le creé dos estrofas de una sola vez y en mi mente comencé a buscar variar la letra de la segunda… ¡La hallé! “Porque tú eres mi pasión, la fuente de mi motivación”. Como no tenía adónde anotar seguí repitiéndola dentro de mí. De repente, de forma natural, emanó el coro: “Te amaré con todas mis fuerzas, entregaré mi ser sin reservas. Porque tú eres la fuerza de mi corazón”. La segunda parte del coro y el puente surgieron posteriormente.

Tardamos una hora más en llegar a casa, durante ese tiempo casi no hablé para concentrarme en la canción y no olvidarla. Al entrar en mi habitación la grabé y almacené pensando en que algún día podría inspirar a otros a tomar la decisión  de seguir al Señor con mayor determinación.

Cuando pienso en esta canción recuerdo al apóstol Pedro. Resulta que estando a pocas horas de que el Señor Jesucristo fuera traicionado, Pedro le preguntó: ¿Y a dónde vas, Señor?” Jesús le contestó: “Adonde yo voy, no puedes seguirme ahora, pero me seguirás más tarde. —Señor —insistió Pedro—, ¿por qué no puedo seguirte ahora? Por ti daré hasta la vida.  —¿Tú darás la vida por mí? ¡De veras te aseguro que antes de que cante el gallo, me negarás tres veces!” (Juan 13:36-38).

¿Pedro dando la vida por Cristo? Qué va, todos sabemos que lo negó vergonzosamente en el patio de la casa del sumo sacerdote mientras Jesús era juzgado. Cuando lo negó por tercera vez, “en el mismo momento, cantó el gallo. El Señor se volvió y miró directamente a Pedro. Entonces Pedro se acordó de lo que el Señor le había dicho: «Hoy mismo, antes de que el gallo cante, me negarás tres veces.» Y saliendo de allí, lloró amargamente” (Lucas 22:60-62).

Ese día fue el día más triste de toda su vida.

Los siguientes días no le fueron mejor. Probablemente el hecho de que una de esas noches se haya ido a pescar con algunos discípulos más, se debió a que estaba pensando en olvidar los últimos tres años y medio que pasó con Cristo, regresar al oficio que ejercía antes de conocerlo y quizá hasta fundar una nueva microempresa pesquera.

Esa noche tampoco le fue bien, el evangelio de Juan afirma que no consiguieron pescar nada. “¡Ya ni para esto sirvo!”, probablemente pensó.

Cuando estaba a punto de amanecer Jesús se les apareció, les habló desde la playa y les dijo dónde hallarían los peces. Cuando Pedro se percató de que era el Señor se lanzó al agua y nadó hasta la orilla. Fue allí donde se dio la famosa “Restauración de Pedro”.

Puedo imaginar a Jesús y a Pedro, y al resto de discípulos alrededor de la fogata mientras desayunaban.

“Simón…” Dijo Jesús.

“¡Hoy sí me llegó la hora!” Pensó Pedro, “¡Ahora me va a reclamar de por qué lo negué tres veces!”

Pedro levantó la vista y oyó la pregunta. “¿Me amas?”

Cuando respondió que sí, el Señor añadió: “Apacientas mis corderos” (Juan 21:15).

“Simón…” Lo volvió a llamar Jesús. Y Pedro pensó: “¡Hoy sí me va a decir algo de por qué lo negué!”

“¿Me amas?” repitió la pregunta.

Pedro respondió que sí y el Señor le dijo: “Cuida mis ovejas” (Juan 21:16).

Por tercera vez Jesús llamó a Pedro y le dijo: “Simón…”

Pedro pensó: “¡Hoy sí! ¡La tercera es la vencida! ¡Hoy sí me va a regañar porque lo negué!”

“¿Me quieres?” preguntó Jesús.

Señor, tú lo sabes todo; tú sabes que te quiero” contestó.

Luego de volverle a decir “Apacientas mis ovejas” (Juan 21:17), fue que el Señor le dijo: “¡Sígueme!” (Juan 21:19).

Jesús le preguntó tres veces si lo amaba debido a las tres veces que lo había negado. Tres veces le falló, tres veces lo perdonó.

¿Alguna vez usted ha negado al Señor como lo hizo el apóstol? ¿Alguna vez ha pecado contra Dios y ha llorado a causa de ello? ¡Todos lo hemos hecho! Pero es cuando somos perdonados y restaurados que experimentamos el alivio de nuestras conciencias y una nueva dimensión de su amor hacia nosotros. «Porque al que se le perdona poco, poco ama. Pero al que se le perdona más, ama más» (Lucas 7:47).

La fuerza de mi corazón
Noel Navas

Aquí mi alma espera
por más de tu presencia
Porque tú eres mi porción
y mi completa satisfacción

Aquí mi alma espera
por más de tu presencia
porque tú eres mi pasión
la fuente de mi motivación

Coro:
Te amaré con todas mis fuerzas
entregaré mi ser sin reservas
porque tú eres la fuerza de mi corazón

Te seguiré a dónde tú quieras
dedicaré mi vida entera
porque tú eres la fuerza de mi corazón

Puente:
Y es que tú mi Dios
siempre me llevas
más allá de mi imaginación

Continuará…

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