Adiós a mí

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El libro de Dámaris Carbaugh.

Si eres director de adoración o formas parte de un equipo de alabanza, sueñas con ser cantante o convertirte en un gran músico, ¡qué va!, si eres un cristiano que verdaderamente quiere agradar al Señor… ¡tienes que leer este libro!

No recuerdo cuándo ni por qué lo compré en Amazon, quizá fue una recomendación que me apareció después de comprar otro. Sea como haya sido, hace unas semanas estuve revisando mis libros de Kindle y dije: “Voy a comenzar a leerlo. Si de repente no captura mi atención, lo dejo y luego comienzo otro”.

No pude soltarlo.

No había terminado la primera parte cuando me sentí conmovido por el relato, con una serie de sentimientos queriendo emerger y salir por mis ojos en forma de lágrimas. A esa altura ya sabía de qué trataba el libro: de la muerte a uno mismo.

Como pude busqué a Dámaris Carbaugh en Facebook y le escribí un mensaje de agradecimiento por haberse tomado el tiempo de compartir su historia. Le escribí sin haber terminado el libro. Unos días después ella me respondió agradeciendo el gesto.

Seguramente tú no tienes idea de quién es ella. No te preocupes, yo tampoco la tenía. En resumen, desde niña Dámaris fue una cantante de garganta de oro, con grandes posibilidades de convertirse en una estrella musical y alcanzar su más anhelado sueño de ganar mucho dinero y ser famosa. Todo esto sin ella dejar de servir en su iglesia local. Por cierto, ella formó parte del coro del Tabernáculo de Brooklyn. ¿Sabes quiénes son ellos verdad? Te valgo que nunca hayas oído de Dámaris Carbaugh, ¿pero del Coro del Tabernáculo de Brooklyn? ¡Esa no te la disculpo eh! ¿Acaso has vivido debajo una piedra toda tu vida? Je.

Allá por 1986, cuando ella creyó que su gran oportunidad de convertirse en una gran estrella había llegado, participó del famoso Festival OTI, el Premio de la Canción Iberoamericana más reconocido del mundo, donde junto a Miguel Ángel Guerra (vamos, tú tienes que saber quién es él) y Eduardo Fabiani (este sí no sé quién es, je) representaron a los Estados Unidos con una canción de Vilma Planas.

¡Ganaron!

Fue la primera vez que la nación norteamericana ganó el Festival OTI y fue con Dámaris Carbaugh siendo parte. Si quieres has la prueba, busca en Youtube la canción “Todos” y pon Festival OTI 1986 yi verás un fragmento que hay de la participación y premiación.

Cuando leas el libro verás que, aunque es de tono serio, a Dámaris le es imposible esconder su gran sentido del humor. Por ejemplo, cuando habla de cómo fue vestida al OTI afirma: “esa noche llevaba un vestido largo de terciopelo negro con encajes alrededor del cuello (alguien del jurado dijo que cuando me vio, se imaginó ver a la madre superiora) …” ¡Y es cierto! Busca el video en Youtube y lo comprobarás, je.

A partir del OTI pensó que lo único que seguiría al triunfo era el glamur y la fama que tanto había soñado alcanzar desde niña. Pero no, lo que a continuación siguió fue una escalera cuyas gradas no se dirigían hacia arriba, sino hacia abajo. Pero no de la forma en que te lo imaginas, fue a causa de haber tenido un encuentro con el Señor.

El momento de quiebre en la vida de Dámaris llegó durante un viaje a Tucumán, Argentina El pastor del Tabernáculo de Brooklyn, Jim Cymbala, le pidió que la acompañara a ministrar la música. Ella relata que se sintió privilegiada de acompañar a su pastor y lo que pasó una de las noches mientras escuchaba predicar a Cymbala:

“Una noche, después de cantar, me senté y el pastor inició su sermón. Al poco rato, me perdí en una especie de niebla. Las palabras del pastor dejaron de ser audibles, el salón se desvaneció y ya nadie estaba conmigo. Apenas pude oír una voz que me decía: “¿Qué estás haciendo?” No era una simple pregunta. Era un reclamo, una expresión de tristeza, un ruego y al mismo tiempo un llamado… era algo parecido a cuando una madre entra en la habitación de su hijo y encuentra que no está haciendo lo que debía hacer… esa pregunta dentro de mí, “¿qué estás haciendo”, era de Dios. No provenía de la prédica porque el tema era otro y yo no escuchaba las palabras del sermón. Dios comenzó a batallar conmigo, me arrestó por más de dos horas.

Mírate Dámaris, ¿sabes lo que estás haciendo? –me decía. De inmediato entendí de qué se trataba, sentía el golpe seco de la verdad. Que Dios te hable no siempre es agradable… –Sabes que no estás bien– insistía.

Pero seré una estrella –respondía yo mientras se quebraba el cristal de mi sueño– ¡Lo seré con tu ayuda y con tu bendición!

No es lo que soñé para ti.

No me digas esto. No quiero escucharlo. Tomé mi rumbo hace 17 años… te he amado y servido. ¡Apártate de mí camino! 

Haces lo que quieres, ¿cierto?   

Sí, y no creo que esté mal. Pienso que está bien. ¡Y no quiero hacer lo que tú quieres que yo haga! Me sentía como una niña pequeña a la que le habían quitado su juguete más querido y pataleaba. – ¡Sé que no quieres lo que quiero! ¡Pero quiero lo que quiero!

Poco a poco, pude volver a distinguir a las personas que estaban junto a mí. La prédica terminó y la congregación alababa al Señor… la reunión había durado tres horas, pero nadie se quería ir.

Míralos, Dámaris…

Los miré y admití que ellos tenían algo que a mí me faltaba. Su devoción por Dios era inmensa.

Ellos me aman. ¿Sabes cuál es el problema Dámaris? Tú no me amas… No estoy lejos de ti. Acércate a mí y yo me acercaré a ti. –me decía la Voz divina.

Lloraba por el disgusto, la decepción, pero bajé la guardia. Me arrepentí de mi actitud hacia Dios. En cierta manera estaba desmoronándome, pero Dios me hablaba. Me confrontaba seriamente y, aunque fuera devastador, era también una bendición.

Sé que estoy mal, lo admito. –Empecé a mostrarme más auténtica–, pero no quiero ser lo que tú quieres que sea. Así que Señor, me arrepiento y te doy este corazón que quiere lo que quiere. Tómalo y cámbialo. Quita de él mis deseos y pon los tuyos”.

A partir de allí Dámaris cuenta cómo fue el proceso de morir a sí misma para entregarse completamente a la voluntad de Dios. El capítulo “Bajar la escalera: la actitud de Cristo Jesús” es simplemente exquisito. Al final de su relato comprendes que sí llegó a alcanzar su sueño de ser cantante produciendo alrededor de 15 proyectos musicales. Claro, ahora para el Señor, y por supuesto… desde un corazón con motivaciones verdaderamente purificadas.

Si eres director de adoración o formas parte de un equipo de alabanza, sueñas con ser cantante o convertirte en un gran músico, ¡qué va!, si eres un cristiano que verdaderamente quiere agradar al Señor… ¡tienes que leer este libro!

Noel Navas.

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