Bendita Trinidad

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La visión de Isaías y la doctrina de la Trinidad.

Cuando era adolescente me involucré en el ministerio de evangelismo de mi iglesia. Al hacer la convocatoria de quiénes querían formar parte, me anoté casi de inmediato; sin embargo, antes de salir a compartir nuestra fe nos capacitaron para ser más efectivos a la hora de evangelizar (¡supuestamente!). A las pocas semanas ya visitábamos colonias y a veces hasta subíamos a los autobuses para predicar.

Un día fuimos a evangelizar a la Colonia IVU. Una colonia de casas y edificios de apartamentos y bueno, esa vez, nos agruparon de dos en dos y fuimos puerta por puerta a ver quiénes nos recibían para hablarles de Jesús. Esa vez me tocó ir con mi amigo Daniel Cuellar. Tocamos un par puertas y en la tercera…

¿Quién es? —Preguntaron desde adentro
Venimos a compartir la Palabra de Dios. — Respondió Daniel
Pero no se preocupe…—Añadí yo— ¡No somos Testigos de Jehová!
Nosotros somos Testigos de Jehová —Dijo quien abría la puerta y a la vez nos invitaba a pasar.

😲

Estuvimos alrededor de dos horas. Tardamos tanto en esa casa que terminó la tarde de evangelismo y todos los del grupo se regresaron a la iglesia y nos dejaron. Daniel y yo tuvimos que tomar un autobús para volver.

¿Qué tal nos fue con ellos? Mi veredicto: “¡nos hicieron pedazos!” Principalmente a mí.

Pedazos… porque ellos estaban mejor preparados que nosotros para contrarrestar la doctrina de la Trinidad.
Pedazos… porque yo conocía muy pocos versículos que demostraran la deidad de Jesucristo.
Pedazos… porque nuestros argumentos no fueron lo suficientemente sólidos para contrarrestar los de ellos.

Por ejemplo, mientras hablábamos de la doctrina de la Trinidad yo cité el texto de 1 de Juan 5:7 como evidencia fehaciente de que la Biblia sí enseña explícitamente la doctrina de la Trinidad. El texto dice:

Porque tres son los que dan testimonio en el cielo:
el Padre, el Verbo y el Espíritu Santo, y estos tres son uno.
1 Juan 5:7.

A los que los Testigos respondieron: “Ese texto no se encuentra en los manuscritos más antiguos. Así que citarlo no demuestra nada, excepto que a vuestra Biblia le han añadido versículos que no están en los textos originales”.

No supe qué responder.

Daniel no se quedó callado, él citó el pasaje de Isaías capítulo seis que dice:

Y el uno al otro daba voces, diciendo:
Santo, Santo, Santo, es el
Señor de los
ejércitos, llena está toda la tierra de su gloria.
Isaías 6:3.

“Los serafines que clamaban: Santo, santo, santo, dijeron tres veces santo por cada uno de los miembros de la Trinidad”. —Argumentó Daniel.
“No…” —respondieron ellos— “los serafines repitieron “santo, santo, santo” porque estaban impresionados por la santidad de Dios. Decirlo tres veces no era por los tres miembros de la Trinidad, sino porque estaban sumamente asombrados”.

Francamente el argumento de Daniel hasta yo lo hubiera refutado así. A mi manera de ver ese pasaje y su “santo, santo, santo” no demostraba la Trinidad.

En fin.

Cuando volvimos a la iglesia me sentía apaleado, confundido y hasta angustiado. Prácticamente ese día aprendí que no estaba preparado para defender las doctrinas fundamentales de mi fe y que “por poco me persuaden” a ser Testigo de Jehová.

Un año después de ese incidente, recuerdo que tuvimos un almuerzo con todos los integrantes del ministerio de evangelismo e hicimos una evaluación de todo cuanto habíamos hecho los últimos meses. Contamos anécdotas, experiencias y hasta hablamos de cosas a mejorar dentro del ministerio. Entre conversación y conversación un amigo dijo frente a todos: “A mí lo que más me ha impresionado este año es ver a Noel estudiar la Biblia como nunca antes después de esa vez que los Testigos de Jehová lo hicieron trizas”.

Nos pusimos a reír, 😊

Viendo en retrospectiva, el comentario de mi amigo tenía de verdad. Esa experiencia me marcó mucho y me motivó a estudiar las doctrinas cristianas porque no quería que me volviera a pasar lo mismo. Incluso hasta me conseguí algunos libros sobre religiones, sectas y herejías para saber enfrentar cualquier conversación de ese tipo cuando saliéramos a evangelizar.

El domingo pasado impartí una clase sobre la doctrina de la Trinidad a un grupo de líderes de jóvenes de mi iglesia y mientras me preparaba recordé algunos pasajes del Nuevo Testamento que hacen eco de la visión que describe Isaías en el capítulo seis. El asunto es que mientras escribía mi bosquejo recordé el encuentro que mi amigo Daniel y yo tuvimos con los Testigos de Jehová hace más de 20 años y el argumento que él usó acerca de que los “santo, santo, santo” de los serafines confirman la Trinidad. ¿Sabes qué descubrí? Que mi amigo Daniel tenía razón. Por favor, lee conmigo el texto:

En el año de la muerte del rey Uzías vi yo al Señor
sentado sobre un trono… por encima de El había
serafines; cada uno tenía seis alas: con dos cubrían
sus rostros, con dos cubrían sus pies y con dos volaban.

Y el uno al otro daba voces, diciendo: Santo, Santo,
Santo, es el
Señor de los ejércitos, llena está toda
la tierra de su gloria. Y se estremecieron los cimientos
de los umbrales a la voz del que clamaba, y la casa se
llenó de humo. Entonces dije: ¡Ay de mí! Porque perdido
estoy, pues soy hombre de labios inmundos y en medio
de un pueblo de labios inmundos habito, porque han
visto mis ojos al Rey, el
Señor de los ejércitos. Y oí
la voz del Señor que decía: ¿A quién enviaré, y quién
irá por nosotros? Entonces respondí: Heme aquí;
envíame a mí. Y Él dijo: Ve, y di a este pueblo:
“Escuchad bien, pero no entendáis; mirad bien,
pero no comprendáis.” Haz insensible el corazón de
este pueblo, endurece sus oídos, y nubla sus ojos, no
sea que vea con sus ojos, y oiga con sus oídos, y
entienda con su corazón, y se arrepienta y sea curado.
Isaías 6:1-5, 8-10.

Después de leer este pasaje todos, incluso los Testigos de Jehová, estarán de acuerdo que a quien vio el profeta Isaías en la visión fue a Dios el Padre, sentado en su esplendoroso trono, ¿cierto? El asunto es que el apóstol Juan afirma que a quien Isaías vio fue al Señor Jesucristo, mira:

Habiendo dicho Jesús esto, se fue y se ocultó de ellos.
Pero a pesar de que había hecho tantas señales delante
de ellos, no creían en él, para que se cumpliera la palabra
del profeta Isaías, que dijo: «Señor, ¿quién ha creído a
nuestro anuncio? ¿Y a quién se ha revelado el brazo del Señor?»
Por esto no podían creer, porque también dijo Isaías:
«Cegó los ojos de ellos y endureció su corazón, para que
no vean con los ojos, ni entiendan con el corazón, ni se
conviertan, y yo los sane.» Isaías dijo esto cuando vio
su gloria, y habló acerca de él.
Juan 12:37-41.

Según Juan, a quien vio Isaías fue al Señor Jesucristo. Por eso cita las palabras de Isaías 6:8-10 y finaliza diciendo: “Isaías dijo esto cuando vio su gloria”. ¿La gloria de quién? La del Hijo de Dios.

Ahora bien, según el apóstol Pablo, a quien vio Isaías fue al Espíritu Santo. Mira:

Algunos asentían a lo que se decía, pero otros no creían.
Como no estaban de acuerdo entre sí, al retirarse les dijo
Pablo esta palabra: Bien habló el Espíritu Santo por medio
del profeta Isaías a nuestros padres, diciendo:
“Ve a este
pueblo y diles: De oído oiréis y no entenderéis; y viendo
veréis y no percibiréis, porque el corazón de este pueblo
se ha engrosado, y con los oídos oyeron pesadamente y
sus ojos han cerrado, para que no vean con los ojos y oigan
con los oídos, y entiendan de corazón y se conviertan,
y yo los sane.”
Hechos 28:25-27.

¿Quién fue el que dijo “ve a este pueblo y diles: ¿de oído oiréis y no entenderéis”, etc.? ¿No fue Dios el Padre mismo cuando comisionó a Isaías? Pero Pablo afirma: “bien habló el Espíritu Santo…”

¿Lo ves? Isaías 6 confirma la Trinidad. Es decir, mi amigo Daniel tenía razón.

Como escribiera Reginald Heber, en su grandioso himno: “santo, santo, santo, te adoro reverente, Dios en tres personas, bendita Trinidad”.

Noel Navas.

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