Cantos de liberación

Cantos de liberación

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La primera vez que escuché la expresión “cantos de liberación” fue en una canción de Bob Fitts. Se titula: “Song of deliverence” y grabada en “Proclaim his power” allá por 1989. La canción la escuché como tres años después que el disco se lanzara. Simplemente me encantó y si la quieres escuchar solo da play en el siguiente video…

Después de oírla me quedó la inquietud de saber de dónde Bob Fitts ideó dicha expresión. Recordaba que era de un salmo, pero no sabía cuál. Eso sí, recuerdo haberme prometido a mí mismo: “si algún día escribo una canción me gustaría usar esa expresión”.  Con el tiempo me topé con el lugar de donde Bob Fitts extrajo la expresión, es del Salmo 32 que dice:

Tú eres mi refugio; me guardarás de la angustia;
con cánticos de liberación me rodearás.
Salmo 32:7.

Como todo texto bíblico debe interpretarse según su contexto y así percibir el peso y la energía del verso entero, en el caso del salmo 32:7 su contexto es acerca del perdón de los pecados. Mira lo que dice:

¡Cuán bienaventurado es aquel cuya transgresión
es perdonada, cuyo pecado es cubierto!
¡Cuán bienaventurado es el hombre a quien
el Señor no culpa de iniquidad.
Salmo 32:1-2.

El salmista inicia el salmo expresando la dicha que experimentan aquellos que se han arrepentido y que han sido perdonados de sus transgresiones. El hecho de que repita la bienaventuranza dos veces habla de un énfasis, de un alivio tal que brinda el perdón de Dios que podríamos compararlo a la suma de toda la felicidad del universo, pero compactada en una sola palabra: “bienaventurado”. Luego el salmista relata poéticamente su testimonio:

Mientras callé mi pecado, mi cuerpo se consumió
con mi gemir durante todo el día. Porque día y
noche tu mano pesaba sobre mí; mi vitalidad se
desvanecía con el calor del verano. (Selah)
Te manifesté mi pecado, y no encubrí mi iniquidad.
Dije: Confesaré mis transgresiones al Señor;
y tú perdonaste la culpa de mi pecado.
Salmo 32:3-5.

Los versos describen los sentimientos de culpa que el compositor sentía por sus faltas. “Mi cuerpo se consumió” dice, “con mi gemir durante todo el día”. Esa es la descripción de una persona sumamente atormentada. Pero que cuando confesó sus pecados experimentó el alivio y la alegría que solo pueden ser experimentados por quien ha sido perdonado. Es después que el salmista cuenta su testimonio que escribe:

Tú eres mi refugio; me guardarás de la angustia;
con cánticos de liberación me rodearás.
Salmo 32:7.

Los cantos de liberación son aquellos que se experimentan luego de que uno ha sido perdonado de sus pecados. Son esos cantos de alabanza que uno puede componer o cantar producto de haber sido liberado de las cadenas del mal.

La Biblia de las Américas afirma que la palabra “cánticos” puede también traducirse: “gritos”. ¿Te imaginas eso? Esto significa que los cánticos de liberación no solo se cantan, sino que se cantan a viva voz, lo más alto que puedas… gritando. ¡Increíble! ¿No? ¿Te imaginas cantando una canción con tal intensidad que la gente alrededor te vea y diga: “¡Wow! ¡Ese tipo está gritando!”?

Lo que pasa es que estar en pecado es como estar confinado al más hondo calabozo, en una oscura prisión, eternamente y sin posibilidad de fianza. Pero un día, sin merecerlo, por el solo hecho de haber confiado en el Señor y su promesa de perdón confiesas tus pecados y entonces eres absuelto, sacado del calabozo y declarado inocente. Y tú, al ver la luz después de meses de oscuridad, gritas con lágrimas en tus ojos: “¡Por fin soy libreee! ¡Soy libreee!”

Cantos de liberación… gritos de alegría, ¡celebración pura!

Esto significa que los cantos de liberación los cantan quienes han roto sus cadenas a través del arrepentimiento y la fe en el Señor de que él es poderoso para liberarles de las prisiones del alma. Por eso te pregunto: ¿Has sido liberado del pecado? ¿Eres libre de tus ataduras espirituales? ¿Tienes una canción en tu corazón ahora mismo?

Si no ha sido así, el apóstol Juan te brinda estas poderosas palabras: “Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados y limpiarnos de toda maldad” (1 Juan 1:9). El perdón del pecado está alcance de la confesión a Dios. Como le escuché una vez a un pastor: “los únicos pecados que Dios no perdona son los que no se confiesan”. Por lo tanto, si no has sido perdonado, simplemente se debe a que no te has arrepentido y llorado tus pecados.

Como dije al inicio, después de oír la canción de Bob Fitts “Song of deliverence”, me prometí a mismo algún día componer una canción que incluyera esta expresión… obvio… en español. Y el día llegó. Un día, durante un tiempo devocional, me arrodillé en mi habitación y a medida que oraba sentí un fuerte deseo por arrepentirme. Yo sabía que había desobedecido al Señor en algunas cosas y que no tendría un tiempo significativo de adoración si no me ponía a cuentas con él. Oré con mi corazón, abrí el Salmo 32 y hasta oré algunas frases como si fueran mías. Sentí dolor y le pedí perdón al Señor por lo malo que había hecho.

¡Ojo! No te estoy hablando de que ese día recibí a Cristo por primera vez o que ese día inicié mi caminar cristiano. No, yo ya era cristiano, pero sabía que había fallado. Lo que te quiero decir es que el arrepentimiento y la confesión no es un evento único que haces el día que reconoces a Jesús como el Señor y Salvador de tu vida, sino un estilo de vida, donde al notar que le has fallado a Dios, confiesas tu desobediencia y enderezas tu vida a través de la confesión. El arrepentimiento no solo es para los inconversos, también es para los cristianos. Qué curioso que el apóstol Pedro, al hablar del arrepentimiento, use unas palabras muy similares a las del salmista cuando dijo: “por tanto, arrepentíos y convertíos, para que vuestros pecados sean borrados, a fin de que tiempos de refrigerio vengan de la presencia del Señor” (Hechos 3:19).

¿Cuándo se experimentan los tiempos de refrigerio? ¡Después de arrepentirnos! Tiempos de refrigerio… tiempos de gran alivio… ¡cánticos de liberación!

Bueno, te decía que esa noche que oraba sentí un fuerte impulso por arrepentirme, el asunto es que luego de hacerlo experimenté un momento muy especial, de mucha paz y consuelo. Mientras seguía orando, a los pocos minutos yo ya estaba de pie entonando una canción espontánea. Me sentía libre, como si me hubieran quitado una gran carga de encima. La melodía vino sola: “Me has perdonado de mis pecados, me has rodeado con cánticos de liberación”. Tomé mi grabadora y seguí cantando. Repetí las frases una y otra vez hasta que personalicé el versículo once: “Me alegraré en ti, me gozaré en ti y cantaré en medio de los rectos de corazón”. Después de orar me acosté sobre mi cama y seguí perfeccionando la melodía y de repente vino otra melodía más, distinta a las anteriores, era el verso ocho: “Me has hecho entender el camino en que debo andar”.

¿Tienes un canto de liberación? ¿Has sido perdonado de tus pecados? Si es así, no dejes de cantar. Y si por algún motivo le has fallado al Señor, vamos, es hora de arrepentirte, que los cánticos de liberación te esperan al final de tu confesión y de tu fe en su promesa de perdón.

Noel Navas.

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