Combinando fuerzas para llevar la composición a un nuevo nivel (Primera parte)

Combinando fuerzas para llevar la composición a un nuevo nivel (Primera parte)

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Por: Paul Baloche.

No es un gran secreto que los estadounidenses tienden a ser agresivamente individualistas. La mayoría de nosotros nos vemos a nosotros mismos como expresiones de nuestro ser más profundo. Nuestra fe, miedos, preocupaciones, principios, arte… estas cosas están definitivamente bajo nuestra propia supervisión y no abiertamente conectadas con el mundo, sin mencionar a la iglesia. En el mundo de la composición de alabanzas, esto es algo de lo que debemos estar conscientes debido a que nosotros, los compositores, estamos en riesgo de convertirnos en el “pecador en jefe” en esta área.

Sin embargo, el cantautor Paul Simon termina su icónica canción de individualismo: “Soy una Roca” con algunas simples pero profundas palabras: “una roca no siente dolor y una isla nunca llora”. Piense en ello por un segundo. Ningún verdadero individualista, en el puro sentido de la palabra, podría escribir una canción. ¿Por qué? Porque ellos no tienen sentimientos. No son conmovidos y nunca conmueven a otros. Son una isla. Como Paul Simon dice, ellos no sienten dolor y nunca lloran. Como compositores de alabanza, incluso como cristianos, este es un concepto muy importante. Así como nos gusta vernos a nosotros mismos como poetas observando de lejos la vida de la gente común, somos una comunidad, y el buen arte nace del gozo, dolor, risas, lagrimas e intimidad que proviene de esa comunidad.

Así que, ¿por qué colaborar con otros para componer canciones? Una de las principales razones es que la composición de alabanzas nace de su caminar como creyente. Nosotros los cristianos colaboramos unos con otros porque somos simplemente el resultado de vivir nuestras vidas. “Este mandamiento nuevo les doy: que se amen los unos a los otros. Así como yo los he amado, también ustedes deben amarse los unos a los otros” (Juan 13:34. NVI). Es la manera adecuada de vivir. Es además la manera adecuada de componer. No estoy diciendo que nunca debiéramos escribir canciones a solas, pero estoy procurando asegurarme que nuestras canciones sean siempre esfuerzos colaborativos, aun cuando compongamos a solas. La mayor parte de mi reciente álbum “A greater song” nació en colaboración, así que me gustaría compartir un poco del por qué considero que colaborar es una parte importante de la composición de alabanzas.

Llenando el pozo

¿Alguna vez se ha cansado de escuchar su propia voz? ¿De pensar sus propios pensamientos?

Es como cuando usted ha escuchado toda la música en su colección personal tantas veces que simplemente se cansa de ella. Pierde su toque. En un punto u otro, todos los compositores tienen que enfrentar la página en blanco de nuevo. Y francamente, aún si usted siente que ha sido capaz de decir algunas cosas musicalmente en el pasado, la próxima vez que usted vaya a escribir una canción, todo eso ya no importa. Algunas veces el pozo simplemente se siente un poco seco.

Esa es una de las razones por las que he sido más intencional en colaborar en los últimos dos años. “Dos son mejor que uno porque tienen mejor paga por su trabajo” (Eclesiastés 4:9). Cuando estoy trabajando con otro compositor hay una buena oportunidad que incluso si todo lo que tengo es una pequeña idea inspirada, o si todo lo que ellos tienen es una idea inspirada, sea un inicio. Y hay una posibilidad que algo pueda ser desarrollado. Es el inicio de un dialogo.

Café y conversación

Tiendo a ver a las colaboraciones como extensiones de amistades y comunión en Cristo. El proceso que prefiero usualmente inicia con una taza de café y talvez leyendo la Biblia. Conectarse uno con el otro y luego dar lugar a que fluya un tiempo de adoración con algunas canciones que nos sean familiares. Cuando se adora juntos la mente se enfoca en hacer lo que pretendemos hacer juntos. Podemos sentirnos tentados a poner metas y lineamientos para nuestras canciones de adoración, pero más que platicar sobre adoración, adore. Así es como Matt Redman y yo escribimos la canción que da nombre a mi álbum: “A Greater Song”. Estábamos en una pequeña capilla metodista y simplemente adoramos por cerca de una hora. Cantamos y luego oramos y volvimos a cantar. Y fuera de ello, alguno de nosotros dijo algo como: “¡Hombre! ¡Esto me recuerda de este pasaje en las Escrituras!”

Este tipo de colaboración prepara el terreno, tu corazón, la atmósfera y el ambiente en el cual usted va a componer. Crea una postura de recibir. Desafía la mentalidad de venir a componer pensando que usted va a ser muy intrépido o que está a punto de escribir algo que impresionará a todos. Más bien es una postura de oración que dice: “Dios, te miramos a ti y clamamos para que derrames tu corazón, tus ideas. ¡Por favor! ¡Dinos qué es lo que la Iglesia necesita decirte a ti!” El hecho es que podríamos escribir 50 canciones cristianas al día si lo quisiéramos, pero eso no significa que serán buenas. Enfrentémoslo, ya sea que usted esté escribiendo una canción, un artículo, un libro o pintando una pintura, los artistas siempre están intentando aferrarse a la cuerda de inspiración que ha sido ofrecida por el Espíritu Santo; ese es el único lugar de donde provienen las buenas canciones de alabanza.

Pasa por aquí.

Esto nos lleva a un punto importante: la composición colaborativa es una extensión de la forma en la que vivimos como cristianos. Pocos discutirían que nuestro caminar de fe es en colaboración con el Espíritu Santo. El guía e influencia nuestras decisiones, pensamientos y acciones. Pero es divertido pensar cuan fácil es dejar al Espíritu de Dios fuera de nuestros procesos de composición de canciones.

Algunas veces la gente gusta de colocar a los compositores, músicos y líderes eclesiásticos en un nivel espiritual mayor que el del cristiano promedio. Pero sabemos que solo somos como cualquier otro y que es fácil perderse en la monotonía de nuestro trabajo. Es fácil sentare y crear música porque es donde estamos cómodos y simplemente fluye. Sin embargo, necesitamos recordarnos constantemente, aún si no es nuestro trabajo a tiempo completo, que somos escritores de oraciones para nuestras comunidades. Yo no sé cómo construir casas. Yo no sé cómo hacer funcionar un auto. No soy bueno para muchas cosas, aparentemente, pero sé cómo poner palabras y música juntas de una forma que les dé a las personas el idioma de una pequeña oración para cantarle a Dios. Es por ello que es importante que busquemos la presencia de Dios al componer.

Continúa…

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