Cómo desalentar a un director de adoración en un solo paso

Cómo desalentar a un director de adoración en un solo paso

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Prendí la televisión. Eran como las 5:30 de la tarde. Puse un canal cristiano de mí país. Ese canal se caracteriza por programar solo prédicas cristianas, principalmente las de su congregación. A la hora que sintonicé el canal estaba casi por finalizar la alabanza. Quien dirigía era un joven que estaba cantando con pistas e interpretaba una canción de Danilo Montero. Muy dinámico, se paseaba por la plataforma mientras cantaba. Lo hacía muy, pero muy bien y hasta se oía que la iglesia cantaba junto con él. Cuando finalizó la canción pidió un fuerte aplauso para el Señor e inmediatamente —mientras sonaban los aplausos— el pastor principal tomó el micrófono del púlpito y mirando despectivamente al cantante, dijo frente a todos: “¡Bayuncooo!!!”

Seguramente tú no sabes qué significa esa palabra. Es muy salvadoreña. Y según el contexto y el tono con que se diga puede referirse a algo bueno o a algo malo. Por ejemplo, si yo le digo a un amigo que cuenta muchos chistes que es un bayunco, él comprenderá que me estoy refiriendo a que es una persona bromista. Pero si yo fuera el pastor que acabo de mencionar, miro con desprecio al cantante y digo que es un bayunco, lo que estoy diciendo es que es un payaso, un bufón y que no merece que se le tome en serio. Es decir, en el contexto en el que el pastor lo hizo, fue una falta de respeto.

Pastores: ¿quieren desalentar a un director de adoración en un solo paso? Menosprécienlo frente a la congregación como hizo ese pastor.

Un amigo era director de adoración de una iglesia de unas 200 personas cerca de mi casa. Él siempre fue un director serio, un adorador de verdad y alguien que ama profundamente al Señor. Cuando él estaba aprendiendo a dirigir la adoración, su pastor solía a hacer lo mismo que el pastor del relato anterior, solo que lo hacía de forma diferente. ¿Qué hacía? Cuando mi amigo terminaba de dirigir la adoración y el pastor pasaba al frente, decía: “¡gracias fulano! ¡Ahora sí! ¡Hermanos! ¡Vamos a adorar de verdad!” Y entonces él dirigía un tiempo adicional de adoración. ¡Qué tal eso!

Pastores, ¿quieren desalentar a un director de adoración? Menosprecien su trabajo frente a todos como este otro pastor solía hacer.

Esta otra anécdota me pasó a mí. La cuestión es que no me pasó una sola vez, me pasó varias veces. En esta iglesia éramos cuatro bandas de alabanza. Yo era director de adoración de una de ellas. Resulta que por esa época le fui perdiendo el gusto a cierto tipo de canciones. Por ejemplo, las tipo judías. “Judío jasídicas”, diría alguien. Las tipo “El Poderoso de Israel” y “Remolineando”. ¿Me explico? Francamente yo me incliné más por canciones pop-rock congregacionales. Además, otro tipo de canciones que no me gustaba cantar eran algunas de Jesús Adrián Romero. Esas que mayormente tenían acordes menores, súper lentas y que para mí eran bastante depresivas. “Depreworship”, les llamaba un amigo. El asunto es que a mi pastor le gustaban las tipo judías y todas esas de Jesús Adrián con acordes menores. Por lo que cuando yo dirigía adoración y él pasaba a predicar, al final del sermón, en lugar de llamarme a mí para cantar, llamaba a otro director. ¿Por qué? Porque él cantaba sus favoritas. Vamos, no es que yo no las pudiera cantar, simplemente que cuando yo dirigía no las incluía en mis listas. Además, si él me lo hubiera pedido, ¡con gusto las canto! Pero como no lo hacía, semana a semana llamaba a otro director y me substituía. Y francamente, eso me entristecía un poco.

Pastor: ¿quieres desanimar a un director de adoración en un solo paso? Sustitúyelo vez tras vez y hazle sentir que no hace bien su trabajo. Ojo, yo no digo que no se pueda sustituir a un director ocasionalmente, pero ¿siempre? Vamos, los pastores deben respetar los turnos de ministración de sus directores, desde el inicio hasta el final. Es decir, sustituir a un director de puro gusto, ¡no es correcto!

Los pastores de un amigo que es director de adoración lo citaron en su oficina. ¿El motivo? Querían hablar acerca de su forma de dirigir la alabanza. Tajantemente le dijeron: “¡Tú no ministras!” Así, con tono hiriente y enfadados. Cuando me encontré con mi amigo me dijo confundido: “Noel, yo no ministro. Eso me dijeron. ¿Qué hago para dirigir la adoración y llenar sus expectativas si lo que hago es lo mejor que sé hacer? ¡Estoy confundido!” Francamente, mi amigo era un buen director de adoración, fervoroso y un cristiano ejemplar. Así que su pregunta era legítima: ¿qué más tenía que hacer?

Pastores, ¿quieren desalentar a su director de adoración? ¡Díganle que no ministra! Lo fulminarán de inmediato y le costará levantarse.

En otra ocasión me pasó igual que a mi amigo, pero en lugar de que mi pastor me lo dijera, me lo dijeron el resto de directores de las otras bandas de la iglesia que hablé antes. Me dijeron: “¡Vos no ministrás!” Fíjate, en esa época yo oraba mucho, me preparaba espiritualmente como correspondía y ensayaba disciplinadamente con la banda. Pero para estos directores yo no ministraba porque… ¡supones bien!… porque no cantaba canciones estilo judías ni tampoco las “depreworship” de Jesús Adrián. Esa vez que se confabularon para decirme que yo no ministraba, no respondí nada. Me quedé callado. Ese día no quise ganar esa batalla. Decidí perderla y no defenderme. En el fondo de mi corazón yo sabía que estaba haciendo las cosas bien y que sus comentarios hirientes provenían de la envidia. Para que te des una idea, uno de esos directores… ¡ah!… con el que el pastor siempre me sustituía, me dijo: “¿Sabes? ¡A mi Dios me usa! ¡Por eso el pastor me manda a llamar después del sermón y a vos no! Cuando yo ministro, ¡la gloria de Dios cae! Porque a mí Dios me usa, ¡a vos no!” 

Esa noche me fue tan mal en esa reunión que, a pesar de yo saber la verdad, me sentí confundido y bastante desalentado. Cuando me fui a mi casa iba con un sentimiento de tristeza bastante fuerte, al punto que cuando llegué, saludé a mis papás y me fui a dormir.

En la mañana que desperté, al nomás abrir los ojos un versículo bíblico estaba en mi mente. Fue como que si me hubieran pegado una calcamonía en la frente… ¡plash!… el versículo decía: “Mientras ministraban al Señor…” (Hechos 13:2). Así nomás. Allí estaba en mi mente esa expresión: “Mientras ministraban al Señor…” Y en ese momento escuché la voz del Señor que me decía al corazón: “¡Tú me ministras! Quien debería emitir un veredicto sobre la forma de ministrar de un director de adoración es la persona a quien va dirigida la ministración, ¿no crees? Así que, como me ministras principalmente a mí y no a las personas, quiero que sepas que tú me ministras”.

De repente desapareció la tristeza de la noche anterior y un sentido de contentamiento embargó mi alma. Al grado que pasé muy feliz toda esa semana debido a lo que sentí que el Señor me dijo en su Palabra y ya no me importó lo que los otros directores me habían dicho.

Vamos, con todo lo anterior yo no estoy diciendo que no se deba hablar con un director de adoración para corregirlo o exhortarlo. No, pero una cosa es esa y otra es desalentarlo con palabras ásperas y descalificatorias. Pablo escribió: “No empleen un lenguaje grosero ni ofensivo. Que todo lo que digan sea bueno y útil, a fin de que sus palabras resulten de estímulo para quienes las oigan” (Efesios 4:29). Así que pastores, ¡ya tienen tarea! Alienten a sus directores de adoración, denles una palmadita en la espalda del alma y díganles cuánto los valoran. Seguramente hay cosas que corregir en la dirección de adoración de la iglesia y hasta en la administración del equipo de alabanza, pero cuando hablen sobre esas cosas, usen el tono correcto, sazónenlas con gracia y verán que en lugar de desalentarlos, ellos saldrán motivados para desempeñar mejor su ministerio.

¡Se los garantizo!

Noel Navas.

1 Comentario

  1. Así es mi querido noel, tanto pastores como directores de adoracion debemos siempre estar unánimes en nuestras tareas y apreciar y tener en mucha estima nuestras relaciones personales

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