Adora24La reflexión que compartí en “Adora 24”.

El sábado pasado participé del evento: “Adora 24”, un evento de adoración continua donde diferentes iglesias evangélicas de la ciudad de Santa Ana (a una hora de la capital) se unieron para exaltar el nombre de Dios. Gracias a la invitación de Hna. Reina de Ayala tuve el honor de compartir una reflexión sobre el tema de la adoración. De paso, y como era de esperar, tuve que tocar el tema de la composición de canciones. Es por eso que en esta oportunidad aprovecho para compartir algunos de los conceptos que compartí allí.

El texto que utilicé está en Hechos capítulo uno, en donde se habla de la reunión que los apóstoles sostuvieron para decidir quién sustituiría a Judas, quien después de traicionar a Jesús se suicidó. Debido a que Judas ya no se encontraba con ellos tenían que encontrar a un candidato al puesto vacante. Hechos dice:

“En aquellos días Pedro se levantó en medio de los hermanos
(y los reunidos eran como ciento veinte en número), y dijo:
Varones hermanos, era necesario que se cumpliese la Escritura
en que el Espíritu Santo habló antes por boca de David acerca
de Judas, que fue guía de los que prendieron a Jesús”.
Hechos 1:15-16 (VRV60).

Inmediatamente Pedro cita dos textos del Salmo 69 y del Salmo 109 relacionados con la muerte de Judas y la sustitución de su puesto. Ojo: Pedro no solo citó esos Salmos, sino que aclaró que dichas palabras provenían del rey de David. Por eso dijo: “Hermanos, era necesario que se cumpliese la Escritura en que el Espíritu Santo habló antes por boca de David…”

Pero si nota, las palabras que Pedro citó de David no solo fueron palabras, fueron canciones. Es decir, lo que Pedro realmente estaba diciendo era: “Hermanos, tenía que cumplirse lo que el Espíritu Santo cantó a través del salmista David”.

Si usted apartara un tiempo y estudiara detenidamente los Salmos 69 y 109 notaría que son dos canciones sumamente intensas. Canciones que, según afirma el apóstol Pedro, David cantó bajo la inspiración del Espíritu Santo y que él citó ahora que debían encontrar al doceavo apóstol.

Lo que Pedro está hablando es que el Espíritu Santo es un Espíritu que puede cantar y componer a través nuestro, así como hacía por medio de David. A eso me refiero cuando hablo de “Composición en el Espíritu”.

El rey David adoraba en tal dependencia del Espíritu Santo que componía junto a él. Tal era la llenura del Espíritu en su vida que las canciones del Espíritu emanaban de forma natural a través de sus labios y de sus manos al ejecutar el instrumento musical. David componía en el Espíritu.

El Espíritu Santo desea hacer lo mismo hoy en día.

Él “podría” cantar y componer a través nuestro si descubrimos, mejor dicho: redescubrimos al Espíritu Santo.

Hace algunas semanas estaba realizando mi devocional personal y adorando profundamente al Señor. Como suele suceder cuando uno busca con intensidad a Dios sentí que me habló: “Necesito que redescubras al Espíritu Santo”.

Solo eso oí en mi interior.

La frase me impactó tanto que comencé a orar: “Señor, quiero redescubrir al Espíritu Santo… Quiero redescubrir al Espíritu Santo… Quiero redescubrir al Espíritu Santo”.

Lo oré varias veces, con ardor, con deseo.

Al terminar de orar y durante el resto del día estuve meditando: “Caramba, el Señor me dijo que redescubriera al Espíritu Santo; pero, ¿cómo hago eso?”

Primero pensé en la oración. Vamos, orando es que se conoce al Espíritu Santo, ¿no? Luego pensé en sacar todos los libros que tengo y que hablan de él.

“¡Ya sé!” Dije para mí, “¡Voy a ir a un congreso donde hablen del Espíritu Santo!”

Al llegar la noche me vino a la mente que si realmente deseaba redescubrir al Espíritu Santo estaba bien que hiciera lo que había meditado durante el día, pero para comenzar yo debía leer el libro de la Biblia que más habla sobre él: Los Hechos de los apóstoles.

Ingresé al primero de sus capítulos y letra tras letra, sílaba tras sílaba, palabras tras palabra, ¡texto tras texto!, me hablaron sobre el Espíritu Santo. Pasé tres días enteros estudiando sólo el primer capítulo. No lograba avanzar de tanta riqueza que encontré.

Fue allí donde me impactaron las palabras de Pedro en los versos 15 y 16 donde dijo: “Hermanos, tenía que cumplirse lo que el Espíritu Santo cantó a través del salmista David”.

Si queremos aprender a cantar y a componer en el Espíritu debemos redescubrir al Espíritu Santo. Un buen lugar para comenzar es conocer su nombre.

Permítame preguntarle: ¿Cómo se llama el Espíritu Santo?

Tómese unos segundos y piense.

El Padre tiene nombre, el Hijo tiene nombre. Por lo tanto, ¿cuál es el nombre del Espíritu Santo? ¿Lo sabe?

El Espíritu Santo se llama: “Espíritu Santo”.

Simple, je.

El nombre del Espíritu Santo está compuesto por dos palabras: “Espíritu” y “Santo”.

Primero, es “Espíritu”. No es un humano de carne y hueso, es el Espíritu de Dios.

Segundo, es “Santo”. No solo es Espíritu, es un Espíritu santo. En otras palabras es: Puro.

¿Por qué es importante recordar esto? Porque la Biblia dice a lo largo del libro de los Hechos que el Espíritu Santo fue derramado sobre la iglesia. Es decir, Dios derramó su Espíritu sobre su pueblo.

¿Por qué tanto énfasis en decir que es un Espíritu santo? Porque Dios nos dio su Espíritu para compartir con nosotros esa característica que es tan importante para él, su santidad.

Pensar en eso me impresiona. Dios desea compartir conmigo uno de sus atributos más grandes, quiere dármelo. Y no solo quiere, sino que hizo todo lo posible para que yo lo consiguiera dándome su Espíritu. ¿No le impresiona la generosidad de Dios?

Él desea transformarnos en personas santas, puras.
 

EL ESPÍRITU SANTO ES EL ESPÍRITU DE AQUEL QUE ES SANTO.

¿Recuerda el pasaje de Isaías capítulo 6 en donde el profeta se encontró frente a la santidad de Dios? ¿Recuerda la explosión de poder que emanó desde el trono y que sacudió los quiciales del templo? ¿Recuerda a los serafines gritar a viva voz: “¡Santo, santo, santo!”, al profeta tapar sus oídos y estremecerse ante la pureza de Dios?

Lo que pasó esa vez es que Isaías estuvo ante la presencia del Espíritu de Aquel que es santo. Él estaba ante la presencia del Espíritu Santo.

Cuando Isaías estuvo frente al trono y presenció tal despliegue de poder inmediatamente tapó sus oídos y cerró con fuerza sus ojos por terror a morir. Sorpresivamente en ese instante Isaías sintió que algo presionó sus labios. Al alzar la mirada vio a un ser de fuego que con compasión le dijo: “Esto tocó tus labios. Por lo tanto, es quitado tu pecado y limpiada tu culpa” (Isaías 6:7).

Eso fue como decirle: “Isaías, la santidad de Dios no pretende matarte y descalificarte. Al contrario, su deseo es perdonarte y transformarte, que seas santo como él es santo. Vamos, no temas, ¡Dios te da otra oportunidad!”

El Espíritu de Aquel que es santo, el Espíritu Santo, nos fue dado para compartir con nosotros esa característica tan importante de Dios, su santidad. Él quiere perdonar nuestros pecados y limpiar nuestro pasado. Reescribir nuestra vida sobre un lienzo blanco luz que se llama santidad.

En este sentido, las canciones del Espíritu serán dadas a aquellos que se sienten a comer en la mesa del Espíritu. Allí está servido el manjar más delicioso del Universo: el fruto del Espíritu. Amor, gozo, paz, paciencia… ¡Santidad!

¿Tiene hambre? ¿Ya ojeó el menú? El Espíritu Santo ha preparado un banquete eterno que saciará su alma con melodías de amor, de gozo, de paz. Venga, siéntese conmigo y degustemos su carácter mientras comemos y cantamos en su presencia.

Noel Navas.