¿De verdad la denuncia pública no es bíblica? ¡Pues la Biblia dice que sí! (Primera parte)

¿De verdad la denuncia pública no es bíblica? ¡Pues la Biblia dice que sí! (Primera parte)

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Una pregunta que algunos me han hecho relacionado a la serie Julio Melgar, la enfermedad y las voces de sanidad es por qué he hecho públicos mis señalamientos y que por qué no busqué a cada uno de los cantantes para exhortarlos privadamente. Y vamos, no es la primera vez que me han cuestionado por esto. Hace poco más de un año hice una refutación a la práctica de varios predicadores creyentes en la confesión positiva que le ordenaban a los huracanes que no tocaran las costas de EE. UU. y expliqué por qué dicho acto era absurdo y anti bíblico. Cuando lo hice en mis redes sociales algunos me preguntaron que por qué refutaba a estos predicadores famosos en público y no en privado como enseña la Biblia.

¿”Como enseña la Biblia”? ¡A ver! ¿En dónde?

Quienes se sienten disgustados por este tipo de denuncia pública o que les desagrada que se señalen abiertamente los desatinos de sus predicadores o cantantes predilectos, se amparan en Mateo 18:15: “Por tanto, si tu hermano peca contra ti, ve y repréndele estando tú y él solos; si te oyere, has ganado a tu hermano”, para afirmar que el método bíblico es hacerlo en privado, no en público. El famoso eslogan de quienes creen que este texto aplica para todas las circunstancias es: “reprende en privado, pero elogia en público”.

El asunto es que aunque ese argumento suene muy noble, la Escritura enseña que hay ocasiones que la denuncia debe ser en público, no en privado. Es cierto, Mateo 18:15 habla de reprender en privado, pero el texto mismo lo dice: “si tu hermano peca contra ti”. Es decir, cuando la falta ocurre dentro del ámbito personal. Es más, el contexto de Mateo 18 también muestra que dicha falta debe haberse cometido dentro de una comunidad cristiana local y, por lo tanto, tratarse dentro de dicho círculo. Por eso el texto dice que si luego de la reprensión, la persona no hace caso, hay que convocar a dos o tres testigos. Y si aún así no hace caso, entonces debe comunicarse a la iglesia, y si aun así no ocurre un cambio, entonces se excomulga (Mateo 18:16-17). En este sentido, la reprensión a la que se refiere Mateo 18 es cuando se comete dentro de una iglesia local, no cuando la falta ya es de conocimiento público y de la cristiandad general. ¿Me explico?

¿Por qué entonces quienes se disgustan por denunciar emplean este texto para todo tipo de situaciones y hasta creen que quienes denunciamos cometemos difamación? Ah, porque desconocen lo que enseña la Escritura al respecto. Como solo conocen Mateo 18 —descontextualizado, por cierto — entonces creen que dicho pasaje aplica para todo tipo de situaciones.

Ahora, si bien estoy convencido de lo que Mateo 18 enseña y que cuando se comete una falta dentro de una comunidad cristiana debe manejarse en privado y seguir los pasos que Jesús nos dio, también estoy convencido de que hay ocasiones que, debido a que hay faltas que son de público conocimiento, es legítimo denunciar abiertamente. ¿En qué me amparo para creer esto? En la Biblia.

Dos casos que aparecen en el Nuevo Testamento —podría citar más eh — nos confirman que si una falta es cometida en público, es apropiado exhortar públicamente. Aquí están:

Jesús denuncia a los fariseos

Algunos creen que Jesús de Nazaret era alguien que solo transmitía buenas vibras por donde pasaba. Creen que en las veredas donde caminaba el pasto reverdecía y las flores tornaban a colores más vivos al son de sus pasos mientras los bordes de su manto flotaban sobre el aire y música celestial sonaba de fondo. Su concepto de Jesús es que él se la pasaba dando besos a los niños, abrazos a los ancianos y apapachos a las madres de familia. Pero quien crea eso ha creído en un Jesús que no describe la Biblia. Le hace falta estudiar el Nuevo Testamento para conocer el verdadero carácter de Cristo. Sí, Jesús era amor y compasión, pero también poseía un rasgo duro. Por eso, cuando lees Mateo 23, te sorprendes de la severidad que empleó al confrontar a los líderes religiosos de su época. Yo te invito a que leas el capítulo completo y veas cuán severo fue cuando les propinó el calificativo de “hipócritas” una y otra y otra y otra vez. Ese día Jesús fue una metralleta de señalamientos con los cuales vapuleó a dicha secta.

¿Jesús los reprendió en privado como dice Mateo 18? ¿Los llamó a solas y les dijo: “oigan, yo creo que debe reprenderse en privado y no en público, por eso…” ¡No! Mira lo que dice Mateo 23 al nomás iniciar:

“Entonces habló Jesús a la gente y a sus discípulos, diciendo…” (v.1).

Y entonces comenzó la paliza verbal que se describe desde el v. 2 hasta el v. 36. Vamos, ¡ve a leerlo! Lo que Jesús dijo no fue una exhortación a solas, fue delante de mucha gente. ¿No que siempre hay que seguir el patrón de Mateo 18 pues? ¿No que reprender en público es cometer difamación? Ah, entonces, si aplicamos la lógica de quienes afirman que Mateo 18 se aplica a todas las circunstancias, podríamos afirmar que Jesús cometió un error, difamó e inclusive, pecó.

Pero no, Jesús no cometió ninguna falta moral cuando denunció en público los desatinos de los fariseos. ¿Sabes por qué? Porque los desatinos eran de conocimiento masivo, no ocurrieron dentro del círculo íntimo de Jesús. Seguramente, si sus faltas hubieran sido en privado, el Señor los hubiera reprendido en privado como enseñó cinco capítulos antes. Pero, ¿por qué no lo hizo así? Porque los desaciertos ya eran públicos y, por lo tanto, él los reprendió en público.

Pablo reprende a Pedro

En la segunda mitad de Gálatas capítulo dos, se describe un incidente que ocurrió entre los discípulos del Señor y que muchos creyentes desconocen simplemente porque no se han dado a la tarea de estudiar el Nuevo Testamento. Como un gran porcentaje de cristianos se conforman solo con lo que les predican los domingos y no van a la Escritura día a día, no están familiarizados con las enseñanzas y episodios que aparecen en la Biblia. En este caso, cuando Pablo reprendió a Pedro y a otros más cuando actuaron desatinadamente.

¿Qué ocurrió esa vez? Te lo resumo: la iglesia estaba llenándose cada vez más de cristianos de origen gentil. Esto es, que no eran judíos. Entonces, había círculos de cristianos judíos que les desagradaba la idea de darles la bienvenida  a los creyentes gentiles. Alguien que experimentó dicho conflicto fue el propio apóstol Pedro que, si bien Hechos 10 describe la vez que Dios le habló en visión para que venciera sus prejuicios, a pesar del tiempo, siguió luchando con ellos. Por eso, en Gálatas 2:12-13, Pedro se vestía de judío cuando estaba con los judíos y de gentil cuando estaba con los gentiles, pero si había judíos presentes, entonces no trataba igual a los gentiles. ¿Me explico?

Ahora, cuando Pablo notó su enorme desatino y que otros más habían incurrido en dicha conducta, ¿qué hizo? ¿Lo llamó aparte para decirle: “Pedro, mira, yo creo que hay que reprender en privado y elogiar en público…”? ¡Qué va! Mira lo que dice Gálatas 2:

“Pero cuando vi que no andaban rectamente conforme a la verdad del evangelio, dije a Pedro delante de todos: Si tú, siendo judío, vives como los gentiles y no como judío, ¿por qué obligas a los gentiles a judaizar?” (v. 14).

El texto dice: “dije a Pedro delante de todos…” No lo reprendió en privado, no lo exhortó a solas, no lo llamó aparte para reconvenirlo. ¡No! Lo reprendió en público porque la falta había sido hecha en público.

¿De verdad la denuncia pública no es bíblica? ¡Pues la Biblia dice que sí! Y estos dos ejemplos —de otros más que podría citar — se constituyen en la justificación para que cierto tipo de faltas que son del conocimiento de toda la cristiandad puedan ser señaladas públicamente como ha sido el caso de los desatinos que ocurrieron alrededor del doloroso proceso de Julio Melgar.

Continúa leyendo la Segunda parte dando clic aquí.

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