Dilucidando las canciones de Pablo y Silas (Primera parte)

Dilucidando las canciones de Pablo y Silas (Primera parte)

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En mi vida he escuchado muchas predicaciones basadas en Hechos capítulo 16 y el episodio donde Pablo y Silas cantaron alabanzas mientras estaban en la cárcel. Seguramente tú también, ¿no es cierto? Así que lo que quiero hacer a través de estas dos entradas es concentrarme en algo que sucedió en ese episodio y que creo que puede hablarnos a todos sobre ser más efectivos en el ministerio de adoración. Pero antes de hacerlo, pongamos en contexto la historia:

Pasaron por la región de Frigia y Galacia, habiendo sido impedidos por el Espíritu Santo de hablar la palabra en Asia, y cuando llegaron a Misia, intentaron ir a Bitinia, pero el Espíritu de Jesús no se lo permitió. Y pasando por Misia, descendieron a Troas. Por la noche se le mostró a Pablo una visión: un hombre de Macedonia estaba de pie, suplicándole y diciendo: Pasa a Macedonia y ayúdanos. Cuando tuvo la visión, enseguida procuramos ir a Macedonia, persuadidos de que Dios nos había llamado para anunciarles el evangelio.
Hechos 16:6-10.

Pablo y Silas estaban envueltos en un viaje misionero y el Espíritu Santo les dijo: “¡No!” para predicar en Asia y en Bitinia. Es decir, estos dos hombres eran personas llenas del Espíritu Santo y tan dependientes de él que podían discernir su voluntad sobre a qué lugares ir y a cuáles no. Fue así como después de algunas negativas, por medio de una visión, el Espíritu Santo les reveló que se dirigieran a Macedonia. Al llegar a Macedonia ocurrieron dos cosas. La primera fue que, efectivamente, ese era el lugar donde debían ministrar, al punto que el relato dice:

“Y en el día de reposo salimos fuera de la puerta, a la orilla de un río, donde pensábamos que habría un lugar de oración; nos sentamos y comenzamos a hablar a las mujeres que se habían reunido. Y estaba escuchando cierta mujer llamada Lidia, de la ciudad de Tiatira, vendedora de telas de púrpura, que adoraba a Dios; y el Señor abrió su corazón para que recibiera lo que Pablo decía. Cuando ella y su familia se bautizaron” .
(Hechos 16:13-15).

Como ves, conforme Pablo había visto en la visión, ¡allí era el lugar en donde debían ministrar! Ese mismo día fundaron su primera iglesia en casa de Lidia y comenzó un movimiento espiritual muy especial en dicha región. Con el entusiasmo de saber que estaban en el centro de la voluntad de Dios y de estarlo obedeciendo paso a paso, sucedió una segunda cosa, pero que provocó que el relato diera un giro. Mira:

“Y sucedió que mientras íbamos al lugar de oración, nos salió al encuentro una muchacha esclava que tenía espíritu de adivinación, la cual daba grandes ganancias a sus amos, adivinando. Esta, siguiendo a Pablo y a nosotros, gritaba diciendo: Estos hombres son siervos del Dios Altísimo, quienes os proclaman el camino de salvación. Y esto lo hacía por muchos días; mas desagradando esto a Pablo, se volvió y dijo al espíritu: ¡Te ordeno, en el nombre de Jesucristo, que salgas de ella! Y salió en aquel mismo momento” .
(Hechos 16:16-18).

Fíjate, este episodio nos muestra al Espíritu Santo que moraba en Pablo y Silas enfrentarse a un espíritu de adivinación, y obviamente que el Espíritu Santo de Dios es superior a cualquier otro espíritu. Por eso, ella fue liberada y se convirtió al evangelio; sin embargo, si leíste bien, las prácticas adivinatorias de esta mujer les daban muchas ganancias a sus explotadores, y esa fue la razón de por qué Pablo y Silas fueron encarcelados. El relato lo describe así:

“Pero cuando sus amos vieron que se les había ido la esperanza de su ganancia, prendieron a Pablo y a Silas, y los arrastraron hasta la plaza, ante las autoridades; y después de haberlos presentado a los magistrados superiores, dijeron: Estos hombres, siendo judíos, alborotan nuestra ciudad, y proclaman costumbres que no nos es lícito aceptar ni observar, puesto que somos romanos. La multitud se levantó a una contra ellos, y los magistrados superiores, rasgándoles sus ropas, ordenaron que los azotaran con varas. Y después de darles muchos azotes, los echaron en la cárcel, ordenando al carcelero que los guardara con seguridad; el cual, habiendo recibido esa orden, los echó en el calabozo interior y les aseguró los pies en el cepo”.
(Hechos 16:19-24).

Así que aquí están Pablo y Silas heridos, sangrantes y muy adoloridos por la paliza que les propinaron los romanos. ¿Qué pasó aquí? ¿No que era la voluntad del Espíritu Santo que fueran a predicar? ¿No les estaba yendo tan bien que hasta fundaron su primera iglesia en casa de Lidia? Es más, ¿no le causaron un bien a esta señorita al liberarla de un demonio? Pero allí estaban aporreados y engrilletados, pero conscientes de que todo lo que les estaba aconteciendo era la voluntad de Dios pues él los había guiado a esa ciudad.

¿Sabías que una de las más grandes característica de una persona llena del Espíritu Santo es la gratitud y el espíritu de alabanza? Efesios 5 lo dice así: “Y no os embriaguéis con vino, en lo cual hay disolución, sino sed llenos del Espíritu, hablando entre vosotros con salmos, himnos y cantos espirituales, cantando y alabando con vuestro corazón al Señor; dando siempre gracias por todo, en el nombre de nuestro Señor Jesucristo, a Dios, el Padre” (Efesios 5:18-20). Quien está lleno del Espíritu Santo es agradecido, quien está lleno del Espíritu Santo da gracias, quien está lleno del Espíritu Santo alaba, quien está lleno del Espíritu Santo canta, quien está lleno del Espíritu Santo glorifica al Señor.

Entonces, ahora que sabemos esto podemos comprender por qué Pablo y Silas estaban orando y cantando a pesar de estar en prisión. Cualquiera de nosotros se hubiera quejado y murmurado de por qué le suceden estas cosas a los hijos de Dios. ¿Por qué le pasan cosas malas a la gente buena? ¿No debería irles siempre bien máxime de que estaban dentro de la voluntad de Dios? Pero Pablo y Silas vivían vidas llenas del Espíritu Santo y he ahí por qué en lugar de cuestionarse esto, emergió de adentro de ellos un río de alabanza y gratitud que los impulsó a cantar. El texto dice: “Como a medianoche, Pablo y Silas oraban y cantaban himnos a Dios, y los presos los escuchaban” (Hechos 16:25).

¿Qué cantaban Pablo y Silas? ¿Qué canciones entonaban? ¿Por qué cantaban en voz alta? ¿Por qué, si era la media noche cuando todos dormían, ellos seguían despiertos alabando al Señor? ¡Porque el Espíritu Santo los inspiró a hacerlo! Vuelvo a preguntar: ¿qué cantaban? ¿Qué decían esas canciones? ¿De qué hablaban las letras?

¿Me creerías si te digo que podemos dilucidar esto a través del relato de Hechos 16? Por lo tanto, te invito a que des clic aquí abajo y procedas a leer la segunda parte de esta entrada para que descubras qué cantaban este dueto de misioneros.

Continúa leyendo la Segunda parte dando clic aquí.

1 Comentario

  1. Primera parte muy bien hermano, me agrada ver como no te olvidas del contexto.

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