¿Enseña Isaías 53 que los cristianos nunca deben estar enfermos? (Segunda parte)

¿Enseña Isaías 53 que los cristianos nunca deben estar enfermos? (Segunda parte)

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La entrada anterior la finalicé hablando acerca del libro “Más allá del sufrimiento” de Joni Eareckson Tada y de cómo me ayudó a moldear mi cosmovisión acerca de la salud y la enfermedad. Y bueno, resulta que unos meses después de terminar la edición del libro, el cantante Juan Luis Guerra lanzó el single: “En el cielo no hay hospital”, ¿la recuerdas? El coro de la canción dice: “en el cielo no hay hospital, te aseguro que te quiere sanar. En su nombre te vas a levantar, en el cielo no hay hospital”. Un par de días después de que la canción apareció en Youtube escribí en mis redes sociales: “La nueva canción de Juan Luis Guerra no es acertada y debería llevarnos a replantearnos el tema de la sanidad divina y de la soberanía de Dios”. 

¡Para qué lo hice! Comenzaron a lloverme comentarios de que yo estaba interpretando demasiado literal la canción, me acusaron de ser muy mal crítico de letras y hasta de tener algo contra Juan Luis por escribir eso en mis redes.

Para comenzar, la canción sí es literal. Revisa las estrofas y Juan Luis está hablando de falencias físicas de las que fue sanado, por lo tanto, el coro sí se refiere a la sanidad física. Sin embargo, lo que más me sorprendió de la canción es la promesa de sanidad que le ofrece a quienes estén enfermos: “Te aseguro que te quiere sanar, en su nombre te vas a levantar”, dice el coro. Cuando yo la escuché, de inmediato dije para mí: “¿Es en serio? ¿Tú le puedes asegurar a las personas que Dios los quiere sanar físicamente en este momento? ¡A ver! ¿Cántale esta canción a un papá con un hijo autista? ¡A ver si tienes valor! ¿Cántale esta canción a una mamá con un niño cuadripléjico? ¡A ver! ¿Cántales esta canción a unos padres con un hijo con Síndrome Down? ¡Cántaselas y luego me dices qué te dicen!”

¡No señores! Estamos llamados para ministrar a todo tipo de personas y a ser sensibles con sus dolores y aflicciones, pero no debemos prometerles que Dios les va a sanar todas sus enfermedades en esta vida porque eso no lo sabemos. Ahora, no es que Dios no pueda sanarles, ¡claro que puede! Pero seamos realistas, por algún motivo que está más allá de nuestra comprensión, Dios no sana a todos. Y he allí por qué algunos cristianos, a pesar de tener una grandísima fe, siguen padeciendo aflicciones y enfermedades. En este sentido, no es correcto afirmar, amparados en Isaías 53, que los cristianos no deberían estar enfermos o que si lo están es por su falta de fe. No, los cristianos también enferman y algunos, a pesar de su gran confianza, siguen y seguirán estando enfermos.

Hace unos años vi una campaña del evangelista Benny Hinn en el canal Enlace. Allí Hinn le dijo a su audiencia: “Si tú no fuiste sano el día que fuiste salvo, deberías de repensar si realmente eres salvo”.

Cuando yo lo escuché decir eso dije: “¡Quééé!!!”

Lo que sucede es que por malinterpretar Isaías 53 se ha llegado hasta el extremo de decir este tipo de barbaridades. “¿Eres salvo?…” dicen algunos, “¡entonces deberías estar sano!”  Obvio que si no lo estás, entonces deberíamos de dudar de la salvación de tu alma. ¿Qué tal eso, ah?

Es increíble lo que se puede llegar a creer producto de malinterpretar un texto bíblico.

Ahora bien, para interpretar adecuadamente Isaías 53 y cualquier otro pasaje de la Escritura debemos recordar que debemos interpretarlo, no de forma aislada, sino en el contexto total de las Escrituras. En este sentido, veamos qué dice Isaías 53 y qué dijeron los escritores del Nuevo Testamento sobre el tema de la salud y la enfermedad, ¿ok?

El profeta Isaías escribió:

Ciertamente él llevó nuestras enfermedades, y cargó
con nuestros dolores
; con todo, nosotros le tuvimos por azotado,
por herido de Dios y afligido.
Mas él fue herido por nuestras
transgresiones, molido por nuestras iniquidades. El castigo,
por nuestra paz, cayó sobre El, y por sus heridas hemos
sido sanados.
Isaías 53:4-5.

La pregunta es: ¿es esta escritura una garantía de que los cristianos no deberían enfermarse o si se enfermaran, es una promesa para revertir de inmediato la enfermedad?

Mira lo que escribió el apóstol Pablo:

Y además de otras cosas, lo que sobre mí se añade cada día:
la preocupación por todas las iglesias.
¿Quién enferma y
yo no enfermo?
¿A quién se le hace tropezar y yo no me indigno?
2 Corintios 11:28-29.

¿No que los cristianos no deberían enfermarse? Pablo dice aquí que otros hermanos en la fe enferman y que él también. ¿Por qué no aprovechó la ocasión para exhortar a los corintios a que se aferraran a la promesa de sanidad divina de Isaías 53? Pero ¿qué hizo? Les describió su preocupación de lo que veía “por todas las iglesias”.  Y es allí donde añade: “¿Quién enferma y yo no enfermo?” refiriéndose a los hermanos que por alguno u otro motivo encontraba enfermos en las distintas comunidades cristianas que visitaba y de cómo en ocasiones él también se enfermaba. 

Pues vosotros sabéis que a causa de una enfermedad
del cuerpo os anuncié el evangelio al principio; y no me
despreciasteis ni rechazasteis por la prueba que
tenía
en mi cuerpo.
Al contrario, me recibisteis como a un ángel
de Dios, como a Cristo Jesús.
Gálatas 4:13-14.

De nuevo: ¿no que los cristianos no deberían enfermarse? ¿Por qué Pablo no dijo: “a causa enfermedad les prediqué el evangelio, pero como por las llagas de Jesús fui sanado, experimenté la sanidad y entonces ustedes creyeron al ver semejante milagro”? No, Pablo enfermó físicamente y durante su período de convalecencia tuvo la oportunidad de presentarle el evangelio a los de Galacia.

Pero me pareció necesario enviaros a Epafrodito, mi hermano,
colaborador y compañero de milicia,
a quien vosotros enviasteis
a ministrar para mis
necesidades. Él tenía gran deseo de veros
a todos
vosotros, y se angustió mucho porque os habíais enterado
de su enfermedad.
En verdad estuvo enfermo, a punto de
morir
; pero Dios tuvo misericordia de él, y no solamente de él,
sino también de mí, para que
yo no tuviera tristeza sobre tristeza.
Filipenses 2:25-27.

Otra vez, en este pasaje no ves por ninguna parte a Pablo apropiándose de la promesa de Isaías 53 para testificar de que al final de esta historia su amigo fue sanado. Al contrario, dice que Epafrodito hasta estuvo a punto de morir. Además, por ningún lado ves una acusación hacia su amigo por tener poca fe y no ser sanado ni tampoco ves a Pablo diciendo que ese fue el motivo por el que permaneció enfermo. No, lo que ves es a un Pablo expresando su tristeza ante el riesgo de que Epafrodito muriera.

Ya no bebas agua, sino usa de un poco de vino por causa
de tu estómago y de tus frecuentes enfermedades.
1 Timoteo 5:23. 

Cuando veo este texto siempre me pregunto: ¿por qué Pablo no le dijo a Timoteo: “¡Timoteo! ¡Aprópiate de la promesa de sanidad de Isaías 53! ¡Cancela tu enfermedad y declárate sano!”? ¿Pero sabes por qué no lo hizo? Porque ellos veían la enfermedad como parte de la vida, no como algo de lo que deberían deshacerse apelando a la promesa de Isaías 53. Es más, el texto hasta alude al hecho de que cuando uno se enferma se deba buscar la forma de aliviar el dolor a través de algún medio físico, como una medicina. En el caso particular de Timoteo, Pablo le recomendó beber vino.

 Erasto se quedó en Corinto, y a Trófimo dejé en Mileto,
enfermo.
2 Timoteo 4:20.

¿Pablo dejó a Trófimo enfermo? ¿Por qué no reclamó su sanidad divina conforme a su derecho como hijo de Dios? ¿Por qué no reprendió la enfermedad y lo sanó?

Lo dejó enfermo simplemente porque la enfermedad es parte de la vida y porque hay que enfrentarla con fe, paciencia y oración, sea que la sanidad ocurra o no de forma inmediata.

En la próxima entrada seguiré hablando del tema.

Continúa leyendo la Tercera parte…

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