¿Enseña Isaías 53 que los cristianos nunca deben estar enfermos? (Tercera parte)

¿Enseña Isaías 53 que los cristianos nunca deben estar enfermos? (Tercera parte)

- en Misceláneos
261
2

Desde las canciones “Por tu llaga” de Jaime Murrell y “Soy sano” de Erickson Alexander Molano, pasando por “Mi sanador” de Miel San Marcos hasta “Me sanaste” de Marcos Barrientos, todas apelan a Isaías 53 para apropiarse de la sanidad física y de este modo motivar a otros creyentes a que hagan lo mismo. Vamos, yo no digo que esté mal componer canciones de este tipo, cantarlas o hasta orar de esa manera. Pero mis preguntas son: ¿Isaías 53 es garantía de que los cristianos no deberían enfermarse? ¿Los cristianos que padecen alguna enfermedad deberían apelar a esta promesa de sanidad para reclamar su salud y entonces experimentarla de forma inmediata? Ahora bien, ¿qué si al hacerlo no se sanan? ¿Es correcto acusarles de falta de fe o de incredulidad por no experimentar la sanidad y seguir enfermos?

Veamos los dos pasajes del Nuevo Testamento que citan Isaías 53 y luego hablemos del tema de la salud y la enfermedad en el contexto total de la Escritura para entonces sacar algunas conclusiones sobre el tema, ¿ok? El primero en citar a Isaías fue el evangelista Mateo:

Al caer la noche le llevaron muchos endemoniados,
y con la palabra echó fuera a los demonios y sanó
a todos los enfermos, para que se cumpliera lo dicho
por el profeta Isaías: «Él mismo tomó nuestras
enfermedades y llevó nuestras dolencias
Mateo 8:14-17.
 

De entrada, el primer libro del Nuevo Testamento nos dice que Isaías 53 se refiere al ministerio sanador de Jesús que desarrolló mientras caminó sobre la tierra. Mateo está diciendo que cuando el Mesías vino realizó un ministerio de sanidad que impactó a su generación. Pero fíjate, esta profecía no entró en vigor el día que Cristo murió en la cruz. No, ya estaba cumpliéndose desde antes, mientras predicaba y ministraba por las aldeas y las ciudades.

¿Qué significa esto? Que la sanidad divina no estuvo disponible para los cristianos después de que Cristo murió, sino desde antes. Es decir, este texto nos muestra que Jesús no tuvo que esperar a morir para entonces cumplir la profecía. Él la estuvo cumpliendo desde que caminó entre nosotros. Por lo tanto, la promesa de sanidad de esta Escritura se cumple en Jesús y a través de Jesús.

Ahora pasemos a ver qué dijo el apóstol Pedro sobre Isaías 53…

Para esto fuisteis llamados, porque también
Cristo padeció por nosotros, dejándonos ejemplo
para que sigáis sus pisadas. Él no cometió pecado
ni se halló engaño en su boca. Cuando lo maldecían,
no respondía con maldición; cuando padecía,
no amenazaba, sino que encomendaba la causa
al que juzga justamente. Él mismo llevó nuestros
pecados en su cuerpo sobre el madero, para que
nosotros, estando muertos a los pecados, vivamos
a la justicia. ¡Por su herida habéis sido sanados!
Vosotros erais como ovejas descarriadas, pero
ahora habéis vuelto al Pastor y Obispo de vuestras almas.
1 Pedro 2:21-24.

Algo que debemos de tener en cuenta cuando de interpretar Isaías 53 se trata, es saber que la palabra hebrea “raphah” que aparece en la expresión “por sus heridas fuisteis sanados [raphah]” se aplica tanto a la sanidad física como para la sanidad espiritual. Por ejemplo, Jeremías dijo: “¡Vuélvanse, apóstatas, y los curaré [raphah] de su infidelidad!” (Jeremías 3:22). ¿Es la infidelidad una enfermedad física? ¿Jeremías estaba hablando del curar físico o del curar espiritual? Obvio que estaba hablando de una curación espiritual.

Pues aparentemente así lo interpretó el apóstol Pedro en 1 Pedro 2:24. Porque cuando lees desde el v. 21 hasta el v. 24, notas que está hablando principalmente de la sanidad espiritual del pecado. Por eso habla acerca de “estar muertos… pero ahora vivos” y de “ovejas descarriadas que han vuelto al Pastor de las almas”. ¡Léelo de nuevo y verás! Está hablando de tener vidas espiritualmente saludables. No de una vida cristiana libre de enfermedades físicas.

Ahora, con esto no estoy diciendo que Isaías 53 no se refiere a la sanidad física. Ya vimos que Mateo dice que sí se refiere a ella ya que Jesús sanaba enfermos mientras desarrolló su ministerio. Sin embargo, lo que quiero decir es que la enfermedad más importante que él vino a sanar es la enfermedad del pecado. ¡Esa es la verdadera sanidad divina! ¡El perdón de nuestros pecados y el restablecimiento de nuestra relación con él!

Es por eso que cuando lees los evangelios, notas que cuando Jesús sanaba personas enfermas solía acompañar las sanidades con palabras de perdón. ¿Recuerdas al paralítico de Marcos capítulo 2? Jesús primero le perdonó los pecados y luego lo sanó físicamente. ¿Por qué no solo lo sanó físicamente y ya? ¿Por qué tuvo hablarle acerca del perdón de sus pecados? Porque la sanidad más importante es la del alma, no la sanidad física.

Como ya he tratado de explicar, es por la malinterpretación de Isaías 53 que tanto pastores y evangelistas como cantantes y artistas cristianos adoctrinan equivocadamente a otros creyentes asegurándoles que si son verdaderamente cristianos deberían experimentar salud continua y nunca enfermarse. Por lo tanto, cuando estos creyentes enfrentan alguna enfermedad y ven que no sanan, piensan para sí: “soy cristiano, yo no debería estar enfermo. Por lo tanto, estos síntomas no debería sentirlos” y he allí por qué comienzan a confesar, declarar y hasta decretar su sanidad sino es que a reprender al diablo por seguir enfermos. ¿Pero qué pasa cuando nada de eso funciona? ¿Qué sucede cuando siguen postrados en cama y no experimentan mejoría? Inician un proceso de frustración donde dicen: “Quizá no tengo suficiente fe”, “quizá soy un cristiano muy débil”, “¡quizá Dios se ha olvidado de mí!”, “¡¡quizá no soy un verdadero creyente!!” Y en el peor de los casos: “¡¡¡quizá el cristianismo es falso y todo cuanto he creído no sirve para nada!!!”

He allí por qué algunos que atraviesas situaciones difíciles como una enfermedad prolongada o un diagnóstico terminal, apostatan de la fe y no quieren volver a saber nada de Dios.

¿Ves el punto al que quiero llegar?

Vamos, Dios sana, ¡amén! Pero si interpretáramos correctamente Isaías 53 en el contexto total de las Escrituras, comprenderíamos que, si bien Dios tiene poder sanador, en su soberana voluntad no sana a todos.

“¡Pero Jesús sanó a todos los enfermos mientras caminó sobre la tierra!”… exclamará alguien, “por lo tanto, ¡todos los cristianos deberían estar sanos!”

Sí, Jesús sanó enfermos, ¡amén! Pero no sanó a todos. Si revisas Juan capítulo 5, la famosa historia del paralítico de Bethesda, encuentras que el estanque estaba rodeado de enfermos que esperaban a que se agitara el agua para entonces zambullirse y ser sanados. Pero Jesús solo se acercó a un hombre. A los demás los dejó allí… enfermos. ¿Jesús sanaba? Sí. ¿Jesús sanó a todos? No. Que, si bien los evangelios nos hablan de cientos de personas que Jesús sanó, no todos experimentaron sanidad. ¿Por qué? No lo sabemos. Esa respuesta la obtendremos hasta que lleguemos a la eternidad y se la preguntemos al Gran Médico Divino.

“Pero si la gente tuviera fe, ¡debería ser sanada!”, exclamará alguien más.

No, tampoco. Los casos que cité en la entrada anterior nos muestran que personajes como Pablo, Epafrodito, Timoteo y Trófimo eran cristianos con una profunda confianza en el Señor y a pesar de su gran fe experimentaron aflicciones corporales. Vamos, la gente de fe también se enferma. Y cuando eso pasa, en lugar de juzgarlos injustamente y acusarlos de ser incrédulos, como hermanos que somos, deberíamos acuerparlos en oración y acompañamiento para que su dolor sea más tolerable.

¡Amigos! ¡Amigas! ¡Nos enfermamos porque somos parte de una raza caída (ver Génesis 3)! ¡Nos enfermamos porque tenemos cuerpos mortales! ¡Nos enfermamos porque vivimos en el planeta Tierra! ¡Nos enfermamos porque somos seres de carne y hueso que experimentan el deterioro normal de quienes viven en este mundo!

En este sentido, mientras vivamos en este planeta experimentaremos dolor, angustia y enfermedad, y si llega a pasar eso, ¡oremos por sanidad! ¡Amén! Eso es lo que nos enseña la Biblia que hagamos (ver Santiago 5:13-16). Ahora bien, simultáneamente a la oración, según los principios de la sana cordura, no está mal que busquemos médicos para procurar nuestro bienestar y aliviar los síntomas. Jesús dijo: “los que están sanos no tienen necesidad de médico, sino los que están enfermos” (Mateo 9:12).  ¿Sabes lo que significan sus palabras? Que Jesús avalaba la búsqueda de doctores cuando se estaba enfermo. Esto no es cuestión de que buscar a un médico es sinónimo de falta de fe o de incredulidad como enseñan muchos. ¡No! Es cuestión de sana cordura y Jesús lo sabía.

¡Eso sí! Recuerda que el día viene donde toda enfermedad va a ser eliminada del planeta Tierra y como cristianos —principalmente si estás a travesando un período largo de enfermedad— deberíamos aferrarnos a la esperanza de los cielos nuevos y la tierra nueva conforme lo profetizó el escritor de Apocalipsis. Lee el siguiente pasaje y mira cómo se nos promete que todas las falencias físicas serán cosas del pasado…

Y vi un cielo nuevo y una tierra nueva, porque
el primer cielo y la primera tierra pasaron, y el mar
ya no existe. Y vi la ciudad santa, la nueva Jerusalén,
que descendía del cielo, de Dios, preparada como
una novia ataviada para su esposo. Entonces oí una
gran voz que decía desde el trono: He aquí, el tabernáculo
de Dios está entre los hombres, y El habitará entre ellos
y ellos serán su pueblo, y Dios mismo estará entre ellos.
El enjugará toda lágrima de sus ojos, y ya no habrá muerte,
ni habrá más duelo, ni clamor, ni dolor, porque las primeras
cosas han pasado.
Apocalipsis 21:1-5.

Marcos Vidal, en su canción “El día viene”, que trata sobre la vida futura que describe Apocalipsis, dice: “sé que no es muy fácil verlo ahora con toda esa gente alrededor que sufre y llora, pero harías bien si me creyeras porque ha comenzado a despertar la primavera”. Y después: “esta no es la historia que por consolarte miente…” para luego describir las maravillas que nos esperan en la Nueva Tierra.

Lo que dice Vidal es cierto, Apocalipsis 21 no es falso, no es ficción y mucho menos un paliativo superficial a nuestra triste realidad presente. No, es historia real que ocurrirá. Por lo tanto, si por algún motivo Isaías 53 aún no se hecho realidad en tu vida, ten la certeza de que se hará realidad en el futuro. Esa es la esperanza quienes hemos puesto nuestra confianza en Jesús el Salvador y Sanador de nuestras vidas.

Noel Navas.

2 Comentarios

  1. Edgardo Martínez

    Todo correcto. Esperaba una cosa más escandalosa (?) pero en general gran explicación en la serie. Ya mi esposa y yo habíamos llegado a esa conclusión. Capaz también ayudó a llegar a ela pasar por una pérdida dolorosa, donde la única explicación es la soberanía de Dios y más nada. Saludos.

  2. EDGARDO: Gracias por pasar a comentar, sí, mucha de la explicación de por qué los cristianos no experimentan la sanidad estriba en la soberanía de Dios. Saludos!

    Noel Navas.

Escribir un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Te podría interesar

¿Enseña Isaías 53 que los cristianos nunca deben estar enfermos? (Segunda parte)

La entrada anterior la finalicé hablando acerca del