¿Enseña Isaías 53 que los cristianos nunca deben estar enfermos? (Primera parte)

¿Enseña Isaías 53 que los cristianos nunca deben estar enfermos? (Primera parte)

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El año pasado asistí a un congreso cristiano en mi ciudad. El evento pintaba para bien y debido a la temática que se abordaría surgió en mí una sana expectativa por asistir. El asunto es que fui y al nomás llegar me dieron una hoja con la lista de talleres que se impartirían entre los cuales yo tenía que elegir algunos. Como no me llamó la atención ningún tema de ese día, decidí ir al que impartiría el conferencista invitado. “Si es el conferencista principal…” pensé yo, “¡este ha de ser el mejor!”

El taller trató sobre el tema de la sanidad divina y francamente, cuando finalizó, salí preocupado. No porque de entre todo lo que se dijo no hubiera cosas relevantes, sino porque algunas cosas que el predicador dijo estaban fueran de lugar. Principalmente la promesa de sanidad divina a la que apeló, la cual no fue sacada de una interpretación total de la Escritura, sino de una interpretación parcial.

Por esos días yo estaba saliendo de un proceso de tos fulminante. Lo llevaba arrastrando ya por un mes y medio e incluso, como grabé el taller en audio, cuando lo he vuelto a escuchar, se me oye tosiendo un par de veces. El asunto es que en un momento de la enseñanza el conferencista dijo: “Esta mañana tuve un poquito de dolor de garganta porque dormí cerca de una ventana abierta”. En eso alzó la voz: “¡En el nombre de Jesús yo rehúso al catarro! ¡Rehúso al dolor de garganta! ¡En el nombre de Jesús!” Testificando así que en ese instante fue sanado.

Al nomás escucharlo dije para mí: “¡Wow! Yo con un mes y medio aguantando esta tos y este predicador fue sano en un dos por tres. ¡De verdad que soy un incrédulo de primera!”

La tesis del conferencista era que, si la enfermedad es producto del pecado y si Jesús murió para revertir las consecuencias del pecado, entonces, como una de las consecuencias del pecado es la enfermedad, eso significa que el estado permanente de salud es un derecho de todos aquellos que han sido salvados. En este sentido, con solo decir con fe “¡Reclamo mi sanidad!” o “¡Me declaro sano!”, deberíamos experimentad la sanidad.

Ahora bien, aunque la argumentación parezca lógica y hasta suene bíblica, no lo es del todo.

Curiosamente, durante su taller, el predicador apeló a Isaías 53:4-5, Mateo 8:16-17 y 1 Pedro 2:24 para afirmar que, debido a que los escritores bíblicos hablaron de la enfermedad en tiempo pasado, entonces la expresión “llevó nuestras enfermedades” implica que ya no deberíamos tenerlas en el presente. “Dios no te va a sanar, ¡Dios ya te sanó hace dos mil años en la cruz del Calvario!” enfatizó mientras todos en el taller respondían: “¡amén!”

En este sentido, el taller trató acerca de cómo tener fe en dicha promesa y por lo tanto, si en la actualidad hay cristianos enfermos se debe a su falta de fe. ¡Así nomás! Además, esta fe, para que se convierta en una fe sanadora, debe ir acompañada de múltiples confesiones y declaraciones hasta que la sanidad ocurra. ¿No ocurre? Sigue confesando. ¿No eres sanado? Entonces se debe a que eres una persona incrédula y que no tiene fe.

¿Qué tal eso, ah?

Ahora bien, como ya dije, aunque la argumentación suene bíblica, no lo es del todo. Principalmente porque la tesis del conferencista proviene de una interpretación parcial de la Escritura acerca de la sanidad divina y no de una interpretación total de la Escritura acerca de la salud y la enfermedad. Fíjate. ¿realmente los cristianos que están enfermos lo están simple y llanamente porque no tienen fe? Pero ¿qué de esos cristianos que sí tienen fe, verdadera fe, pero que no están experimentando la sanidad? ¿Les vamos a acusar de incredulidad debido a que siguen enfermos en lugar de acuerparlos en medio de su dolor? ¿No es un tanto injusto señalarles de que están enfermos por culpa de ellos mismos?

¿Qué del tema de las confesiones? ¿Realmente son las confesiones de fe prueba de que verdaderamente tenemos fe? ¿Qué de aquellos que confiesan y confiesan y se la pasan confesando durante meses y nunca sanan? Otra vez: ¿los vamos a acusar de no tener fe o de no saber confesar bien por permanecer enfermos?

Y, por último, ¿realmente Isaías 53 enseña que todos los cristianos deberían estar siempre sanos debido a lo que Cristo hizo en la cruz? Es más, ¿es realmente la sanidad divina un derecho que poseen todos los hijos de Dios y por lo tanto, nunca deberían estar enfermos? ¿Y qué de esos cristianos que verdaderamente son salvos, pero no son sanos de sus enfermedades? ¿Deberíamos dudar de su salvación debido a que siguen enfermos?

Las implicaciones de lo que enseñó este conferencista son muchas y pueden ser graves. Y no creas que él es el único que enseña así. No, hay miles de pastores e iglesias en mundo que predican cosas similares. Por lo tanto, mi intención a través de esta breve serie es mostrarte qué dice la Palabra de Dios sobre el tema de la salud y la enfermedad, y también para que compruebes que mucho de lo que se enseña, ora y hasta se canta en las iglesias evangélicas sobre la sanidad divina es desequilibrado y peligroso.

Ahora, antes de que me juzgues de ser un criticón, un incrédulo y quizá hasta un cesacionista, permíteme decirte que yo sí creo en la sanidad divina. Yo personalmente la experimenté en un momento de mi adolescencia y a lo largo de mi vida me he enterado de testimonios muy especiales de gente sanada. Por lo tanto, creo que Dios ha sanado, sana y seguirá sanando a sus hijos que claman a él por salud conforme a su soberana voluntad. Lo que no creo es que deba enseñársele a las personas que por ser cristianos no tendrían por qué enfermarse o que sus enfermedades se deben a su falta de fe. No, eso no es lo que enseña la totalidad de la Escritura y de esto versará esta serie.

¿LOS CRISTIANOS NUNCA DEBERÍAN ENFERMARSE?

Quién no recuerda al famoso evangelista Yiye Ávila que durante sus campañas evangelísticas gritaba con autoridad: “¡Por su llagaaasss fuiesteiiiisss sanadooosss!!!”, mientras apretada su puño derecho en el aire y hasta hablaba en lenguas. O quién no conoce de Benny Hinn, Cash Luna u otros predicadores que también apelan a Isaías 53 para reclamar la sanidad de las personas. Sin embargo, ¿es Isaías 53 una garantía de que todos los cristianos siempre deberían estar sanos y nunca enfermarse?

De alguna u otra manera yo creí esto por mucho tiempo hasta que hace unos años participé en la traducción y edición del libro “Más allá del sufrimiento” de Joni Eareckson Tada. Si no lo sabes, Joni —como es mejor conocida— es fundadora de “Joni y Amigos”, un ministerio mundial que ayuda a las personas, cristianas o no, que padecen alguna discapacidad. Ella, desde su silla de ruedas, literalmente está cambiando el mundo. Resulta que el libro “Más allá del sufrimiento” es un curso acerca de cómo la iglesia local debe ministrar a las personas con discapacidad. Cuenta con cuatro módulos: el primero trata sobre antecedentes e historia de la discapacidad, el segundo es un módulo teológico sobre la discapacidad y la sanidad, el tercero sobre cómo la iglesia debe ayudar de forma práctica a las personas con discapacidad y el último es un módulo sobre bioética. ¡Un verdadero librazo!

El asunto es que en este, Joni Eareckson Tada, no solo comparte su propio testimonio y las luchas con su cuadriplejia, sino las de otros con algún tipo de discapacidad como autismo, ceguera irreversible, cuadriplejia, Síndrome Down, etc. Mi punto es que todas estas personas que habla el libro son papás con hijos con discapacidad o ellos mismos están padeciendo alguna discapacidad. ¡Y todos son verdaderos creyentes en Cristo y con una profunda fe en su Señor!

La pregunta es: si es cierto que los cristianos nunca deberían estar enfermos, ¿por qué Isaías 53 no se hace realidad en estas personas? ¿Por qué no son libres de sus sufrimientos si son personas que verdaderamente aman a Dios? O… ¿vamos a acusar a estos preciosos hermanos de no tener fe y que por eso permanecen en su condición de discapacidad? ¿Ah? ¿No sería mejor que repensáramos nuestra teología de la sanidad y reevaluar si lo que hemos creído es correcto?

Yo pienso que sí.

Y bueno, en las siguientes entradas ahondaré un poco más al respecto.

Continúa leyendo la Segunda parte.

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