Incienso y arpa

Incienso y arpa

- en Misceláneos
1946
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El ministerio musical y la oración.

En los últimos meses el libro de Apocalipsis se ha convertido en uno de mis libros favoritos de la Biblia. La perspectiva esperanzadora y de ánimo que quiso impregnarle el apóstol Juan a través de símbolos y lenguaje figurado a la iglesia perseguida del primer siglo, francamente es impresionante. Mientras leía la carta entera encontré el siguiente texto que puede aplicarse al ministerio musical:

Cuando tomó el libro, los cuatro seres vivientes
y los veinticuatro ancianos se postraron delante
del Cordero; cada uno tenía un arpa y copas
de oro llenas de incienso, que son las oraciones
de los santos.

Apocalipsis 5:8.

Existen muchas interpretaciones acerca de la identidad de los veinticuatro ancianos del Apocalipsis. La más aceptada es que representan simbólicamente a todos los redimidos tanto del Antiguo como del Nuevo Testamento basado en la suma de las doce tribus de Israel y los doce apóstoles de Jesús. Ahora bien, independientemente de quiénes sean estos veinticuatro ancianos, en este texto encuentro una poderosa verdad que le compete a todos aquellos que intentamos servir al Señor en la música de forma fiel.

El texto dice que estos veinticuatro ancianos tenían “un arpa” y “copas de oro llenas de incienso”. El arpa lógicamente simboliza que los redimidos harán uso de instrumentos musicales cuando rindan adoración ante el trono de Dios durante la eternidad. Sin embargo, estos adoradores que describe Juan no solo tienen arpa, instrumentos y música; también tienen “copas de oro llenas de incienso, que son las oraciones de los santos”.

Mientras yo leía este texto pensaba: ¿qué será lo que tengo yo en mis manos en este momento? ¿Tendré solo música y canciones o también tendré copas de oro con oraciones? ¿Tendré solo lo técnico-musical o también tendré una vida sólida de comunión con Dios?

Los adoradores delante del trono descritos en Apocalipsis, vamos, claro que tienen instrumentos musicales para elevar las armonías más sublimes que la eternidad pueda permitirles ofrecer, pero también copas de oro con incienso que representan la oración e intercesión

¿Y qué de ti? ¿Tienes una vida de oración que testifique que no solo tienes arpa sino también incienso? ¿Te preocupas más por perfeccionarte en lo musical que en lo espiritual mediante la comunión con Dios?

Hace muchos años estuve a cargo el área espiritual de un equipo de alabanza en una iglesia a la que pertenecí. Recuerdo que por esos días devoré el libro “Exploración de la adoración” de Bob Sorge donde explica que dentro de los requisitos que se deben establecer para un aspirante a entrar al equipo de alabanza es que el cantante o músico no solo debe saber cantar y tocar hábilmente, sino también ser un adorador.

¿Qué significa eso? Que hay muchos integrantes de ministerios musicales que pueden tener grandes destrezas musicales, pero a la hora de adorar son deficientes. Saben ejecutar música de forma magistral, pero al momento de conectarse con Dios mientras ejecutan la música, fallan. O hacen una cosa o hacen otra, no pueden realizar ambos. En el lenguaje de Apocalipsis 5:8: tienen arpa, pero no incienso y algunos tienen incienso, pero no arpa. Según el mensaje que a través de los símbolos nos habla el apóstol a quienes servimos en el ministerio musical debemos tener ambos, no solo uno.

El punto es que mientras meditaba en este tema de ser adoradores y no solo buenos ejecutantes, yo sabía que el equipo de alabanza en el que servía éramos buenos para tocar, pero no tan buenos para orar. Éramos fuertes en arpa, débiles en incienso. Así que en el siguiente ensayo que realizábamos en el templo de la iglesia decidí compartirles algunos pensamientos sobre la oración y les pedí que buscáramos un lugar sobre la plataforma para arrodillarnos y orar a solas.

No habían pasado diez minutos cuando el baterista dejó de orar, se levantó y se fue a sentar detrás de la batería. No fue a tocar, pero tampoco se sentó a orar. Estaba jugando con las baquetas cuando me acerqué y le dije: “brother, quiero pedirte que no estés detrás de tu instrumento en este momento, quiero pedirte que sueltes las baquetas y vayas y continúes orando al Señor, ¿puedes?”

Lo hizo.

A los cinco minutos uno de los pianistas dejó de orar, se puso en pie y se fue directo a encender el sintetizador para ponerse a tocar el piano. A los pocos segundos me dirigí hacia él y le dije “brother, estoy queriéndoles enseñar a orar y me gustaría que por una vez dejaran de depender de los instrumentos para lograr conectarse con el Señor, ¿puedes volver a tu lugar para ir a orar?”

También obedeció.

Al final terminamos el tiempo de oración y por supuesto que nos pusimos a ensayar; sin embargo, esta anécdota me permite ilustrar una falencia que padecen la mayoría de equipos de alabanza: tienen arpa, pero no incienso. Y la Biblia nos motiva a través de las imágenes proféticas de Apocalipsis a que no solo poseamos una, sino ambas.

¿Y tú qué tienes en tus manos en este momento? ¿Tienes incienso y arpa o solo arpa?

Es hora de preocuparnos no solo por fortalecer las destrezas técnico musicales del ministerio, sino también aquellas destrezas que favorezcan una vida sólida de oración.

Noel Navas.

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