La esposa sin vestiduras

La esposa sin vestiduras

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¿
Me gozaré, me alegraré ♪?

Recientemente conversaba con un amigo que es pastor acerca de la famosísima canción “Me gozaré” grabada en “Proyecto AA” por Marcos Witt allá por 1990. Realmente Miguel Casina, compositor de la canción, la grabó antes en el proyecto: “Dame más de ti” un año antes. A partir de allí la siguieron grabando un sinfín de ministerios musicales y a pesar de que han pasado ya más de veinticinco años de haber sido compuesta, la pequeña y estimada “Me gozaré” sigue deleitando al pueblo de Dios con su tonadita y ritmo pegadizo. ¡Una canción bellísima!

“Me gozaré” prácticamente es una canción escritural. Está basada del texto de Apocalipsis 19:7-8 y lo que conversaba con mi amigo pastor es que solo quien está familiarizado con el texto en mención puede entender de qué trata. La mayoría de nosotros la cantábamos en el pasado y otros más la siguen cantando en el presente sin el real entendimiento de lo que estamos diciendo. Lee conmigo el texto en el que está basada y verás.

Gocémonos, alegrémonos y démosle gloria,
porque han llegado las bodas del Cordero
y su esposa se ha preparado. Y a ella se le
ha concedido que se vista de lino fino, limpio
y resplandeciente. (El lino fino representa
las acciones justas de los santos.)

Apocalipsis 19:7-8.

En el texto anterior subrayé los elementos del pasaje que quiero resaltar. En este sentido, Apocalipsis 19:7-8 nos dice lo siguiente:

En primer lugar, la iglesia de Cristo debe alegrarse y gozarse en gran manera por la celebración de las bodas del Cordero. Como todos sabemos, el Apocalipsis en un libro con una riqueza simbólica inigualable. El hecho de que se compare la unión eterna de Cristo con los creyentes con la celebración de una boda nos habla de la felicidad y el regocijo multiplicados por mil que experimentaremos al encontrarnos con Cristo y nunca más separarnos de él.

¿Alguna vez has asistido a una boda donde los novios estén tristes y cabizbajos? ¿Alguna vez has ido a la recepción después de la boda donde los ya casados no estén disfrutando de la celebración? Yo sí, una vez, je. Sin embargo, en teoría una boda es una celebración esperada por la novia, el novio, la familia y todos los amigos de ellos que marca un antes y un después en la relación. Claro, lo anterior se aplica a una boda occidental; sin embargo, en una boda judía del primer siglo era aún más impresionante en cuanto a festejar se refería. Duraban siete días enteros y el tipo de celebración era masivo y exuberante.

En este sentido, así debería ser nuestra alegría cuando como iglesia de Cristo pensemos en encontrarnos con el Señor cuando regrese por segunda vez. Y mucho más cuando la música y la danza acompañen la tonadita de la canción de Miguel Casina mientras cantamos: “Me gozaré, me alegraré y cantaré al Señor…”

En segundo lugar, el texto nos dice que la alegría y el regocijo de la esposa no solo se debe a que ella y su esposo serán los protagonistas de la tan esperada ceremonia eternal. La alegría es porque “se ha preparado”, porque “se le ha concedido que se vista de lino fino, limpio y resplandeciente”. Es decir, no solo la boda será la más grandiosa que se haya celebrado alguna vez en el universo, sino que el ropaje con el que ella irá vestida será el más hermoso que diseñador alguno haya confeccionado jamás. Será de “lino fino” (elegante, valioso, etc.), “limpio” (puro, diáfano, etc.) “y resplandeciente” (brillante, color blanco luz, etc.).

Pero el texto dice algo más: “el lino fino representa las acciones justas de los santos”. ¿Qué representa entonces simbólicamente el vestido de la esposa en Apocalipsis? Las buenas obras que realizan los cristianos.

La pregunta de rigor es: ¿estás realizando buenas obras cada día de tu vida? ¿Estás confeccionado el vestido que vestirás el día que te cases con el Señor? ¿Te estás preparando para el encuentro con tu Dios mediante hechos y acciones que beneficien a tu prójimo?

Si tú y yo no estamos realizando buenas obras en la Tierra, el Señor regresará por segunda vez y no nos encontrará preparados. Seremos una novia sin vestido, una enamorada sin ropa apropiada, una prometida de blusa ligera, jean gastado y descalza. Es decir, una novia sin obras que lucir para su Señor.

En último lugar, el vestido que lucirá la esposa del Cordero no lo confeccionará Oscar de la Renta, Mónica Herrera ni nadie de la familia Versace. ¡Nosotros mismos diseñamos nuestro propio vestido de bodas! Por eso dice el texto: “y su esposa se ha preparado…” y luego: “y se le ha concedido que se vista…»

Esto significa que como cristianos debemos dedicarnos intencionalmente a hacer buenas obras para la gloria de Dios y que contribuyan al bienestar de los demás si es que esperamos estar adecuadamente vestidos para la ceremonia.

Ahora bien, con todo esto yo no estoy diciendo que la salvación en Cristo es por obras, solo que como creyentes olvidamos que, aunque no fuimos salvos por obras, sí fuimos salvos para hacer buenas obras. Mira lo que escribió el apóstol Pablo:

Porque por gracia sois salvos por medio de la fe;
y esto no de vosotros, pues es don de Dios.
No por obras, para que nadie se gloríe, pues somos
hechura suya, creados en Cristo Jesús para buenas obras,
las cuales Dios preparó de antemano para que
anduviéramos en ellas.

Efesios 2:8-10.

Pablo dice claramente que Dios preparó de antemano las buenas obras en las que debemos de caminar. Él ya nos dio los materiales, la espectacular tela, el hilo de oro, los broches de diamantes, etc. con los que debemos confeccionar nuestra ropa. A medida que realizamos buenas obras por los demás, le hacemos bien al prójimo y procuramos el beneficio de otros, estamos elaborando nuestro vestido de boda. Sin embargo, si como cristianos vivimos egoístamente y para nuestro propio placer simplemente no estamos interesados en la gran ceremonia.

¿Estás participando en el diseño de tu ropaje? ¿Estás tejiendo e hilando tu vestido? ¿Estás contribuyendo de forma relevante a la vida de otros más allá de la tuya?

Te lo pregunto porque si no es así, entonces cantar: “Me gozaré, me alegraré y cantaré al Señor, porque han llegado las bodas del Cordero de Dios…” no debería causarnos tanto gozo y alegría. ¿Por qué? Porque cantar esta canción sin el entendimiento de que las buenas obras y las acciones justas importan delante del esposo, es como pensar casarse sin el compromiso necesario, deleitarse en pensar en ir a una boda con la ropa inapropiada o regocijarse en un majestuoso evento en el que no estamos interesados lucir bien.

Noel Navas.

 

 

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