La ofrenda de Abel

La ofrenda de Abel

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¿Qué hizo que la ofrenda de Abel fuera excelente?

Hace unos años me invitaron al ensayo de un equipo de alabanza. Yo solamente llegué como asistente y bueno, prácticamente estuve las dos horas del ensayo sentado en la banca del frente de la iglesia viendo y absorviendo todo cuanto acontencía. Cuando decidieron iniciar el ensayo, por cierto, tarde, hicieron una oración inicial y luego todos se dedicaron a ensayar… supuestamente.

Recuerdo que iban a practicar alrededor de ocho canciones, pero luego de la segunda al bajista le cayó una llamada al celular por lo que dejó su instrumento y salió del templo para ir a hablar. El resto de la banda se detuvo a esperarlo y mientras lo hacían la mitad de ellos sacó sus celulares para textear o consultar sus redes sociales. La llamada del bajista duró como treinta minutos y todo ese tiempo la mitad de ellos estaba concentado en sus redes sociales. Cuando el bajista regresó y reiniciaron el ensayo, la voz principal y los coristas sacaron una hoja de papel para leer la letra de la canción nueva que iban a aprender y los músicos sus respectivos cifrados mientras planchaban inseguramente los acordes ya que ninguno se la había aprendido desde casa.

Mientras ensayaban la cuarta canción… recuerdo que era “Con mi Dios”, esa que dice: “Con mi Dios yo saltaré lo muros, con mi Dios ejércitos derribaré, etc.” … a llegar a la parte del solo, el guitarrista eléctrico dejó oír su instrumento, pero con unos dedazos y desafinando el arreglo que mientras yo lo oía y a la vez veía debajo suyo la tremenda pedalera que tenía, decía para mí: “¿para qué rayos tienes esa pedalera de más de dos mil dólares invertidos si no vas a ejecutar bien un solo tan simple?”

Como a la quinta canción ya había pasado el tiempo de ensayo y era hora de terminar. Solo ensayaron la mitad de todo lo que tenían que preparar para el domingo y bueno, eso significaba que subirían a ministrar con la mitad del repertorio practicado. ¿Y el resto? ¡Que Dios les ayude!

Al terminar nos dirigimos a un salón donde tendríamos un devocional de la Palabra. Quien compartió lo hizo muy, pero muy bien, era una reflexión basada en Génesis capítulo 4 titulada: “La ofrenda de Abel”. Hablaron de la excelencia de este hombre de Dios, de su dedicación y de su corazón de adorador. La meditación duró como veinte minutos y al final el líder pidió a cada quien compartir sus impresiones. Como yo estaba en la reunión fui el último en hablar. “¿Y vos qué opinas Noel?”, me preguntó.

Como yo aún no me recuperaba del desastroso ensayo que acababa de presenciar, les dije un poco nervioso: “Después de presenciar vuestro ensayo y de escuchar la reflexión, solo se me ocurre preguntarles a ustedes: ¿creen que este ensayo fue como la ofrenda de Abel? ¿Creen que no venir con las letras y los acordes memorizados les permitirá ofrecer este domingo una adoración que agrade al Señor? ¿Creen que detener el ensayo tanto tiempo por una llamada telefónica, ponerse a revisar sus teléfonos en lugar de seguir practicando y de remate no haber terminado de ensayar todas las canciones del domingo, refleja la calidad del adorador del que acaban de hablar?”

Todos se quedaron callados, pero cuando el líder retomó la palabra dijo ante todos: “Noel tiene razón. No hicimos un buen ensayo. Lamentablemente él vino hoy y presenció un ensayo que no solemos tener. Así que nos disculpamos contigo porque de verdad hoy no hicimos las cosas bien”.

Ojalá que solo haya sido ese ensayo… ojalá.

Sin embargo, la ofrenda de Abel descrita en Génesis capítulo 4 y que este equipo de alabanza meditó esa noche, es la ofrenda de alguien que no solo ofreció una ofrenda agradable delante del Señor, sino una cuyo proceso de preparación previa fue agradable delante de Dios. Génesis dice:

Y Abel trajo también de los primogénitos de sus ovejas,
y de la grasa de ellas.
Y miró Jehová con agrado a Abel
y a su ofrenda;
pero no miró con agrado a Caín ni a su
ofrenda…
Génesis 4:4-5.

El texto dice que Abel ofrendó de “los primogénitos de sus ovejas”. Eso significa que cuando una de sus mejores ovejas dio a luz a su primera cría, pensó dentro de sí: “¡Esta oveja será para el Señor!” El primer pensamiento que tuvo Abel al verla nacer, fue el Señor. Abel pensó en ofrecerla desde el momento mismo que nació y en su corazón se entusiasmó con la idea de criar al recién parido cordero para obsequiárselo a Dios en sacrificio.

Abel crió esa oveja durante meses hasta que estuvo lista para ser inmolada. Cada mañana que la veía la atendía con cariño, la pastoreaba cuidadosamente y hasta la alimentaba con el mejor pasto mientras pensaba: “¡Tú serás para mí Señor!” Y así la cuidó afectuosamente hasta convertirla en la más robusta del rebaño. Él quería una ofrenda grande y abundante, no una raquítica y esquelética. Abel sabía que su adoración debía ser la mejor que él mismo pudiera preparar.

Todo el proceso de crianza del cordero, desde su nacimiento, desarrollo y crecimiento, hasta que estuvo apta para el sacrificio implicó que Abel invirtiera tiempo, esfuerzo y dedicación. Abel fue el pastor más excelente que oveja alguna pudo haber tenido. Mira lo que dice el libro de Hebreos:

Por la fe Abel ofreció a Dios más excelente sacrificio
que Caín, por lo cual alcanzó testimonio de que
era justo, dando Dios testimonio de sus ofrendas;
y muerto, aún habla por ella.
Hebreos 11:4.

Por lo tanto, el día que Caín y Abel se presentaron a ofrecer sus sacrificios de adoración, Génesis dice:

Pasado un tiempo, Caín trajo del fruto de la tierra
una ofrenda a Jehová.
Y Abel trajo también de los
primogénitos de sus ovejas, y de la grasa de ellas.
Y miró Jehová con agrado a Abel y a su ofrenda;
pero no miró con agrado a Caín ni a su ofrenda.
Génesis 4:4-5.

El texto dice que Dios miró a “Abel y a su ofrenda” y también a “Caín y a su ofrenda”. ¿Qué significa eso? ¿Por qué el pasaje no dice que miró solo las ofrendas, dio su veredicto y ya? Porque más que adoración, Dios busca al adorador; porque más que una ofrenda, el Señor quiere al ofrendante; porque más que le den, Dios se fija en el dador.

Es probable que cuando el texto dice que Caín “trajo del fruto de la tierra una ofrenda” se refiera a que no le puso el mismo empeño que Abel. Quizá hasta olvidó que se acercaba el día del ofrendar y a última hora dijo: “¡Híjole! ¡Hoy nos toca sacrificar al Señor!” y apresuradamente tomó del huerto lo que pudo. Es decir, no le dio importancia a su ofrenda. “¡Ni modo!” pudo pensar Caín, “¡Voy a adorar con esto que improvisé y para la otra lo mejoro!” Y el Señor vio eso.

¡Cuándo distinto fue Abel! Él preparó con meses de anticipación su ofrenda de adoración. Por eso, cuando el Señor vio a “Abel y a su ofrenda” fue como haber visto emocionado un documental del canal Discovery. Vio el pasado de Abel y su corderito. Vio cómo Abel abrazó al animalito cuando recién nació, su afecto por la ovejita recién parida y hasta las exclamaciones de entusiasmo cuando dijo: “¡Tú serás la ofrenda para mi Dios!” Cuando el Señor vio a “Abel y a su ofrenda” contempló el proceso de crianza, de desarrollo y de pastoreo que Abel personalmente le brindó al cordero durante los meses previos al sacrificio. Y cuando el Señor terminó de ver el breve documental estilo Animal Planet, exclamó: “¡Wow! ¡Abel de veras que hizo un trabajo extraordinario! ¡Qué ofrenda más especial me ha traído!”

Cuando Dios ve nuestra ofrenda de adoración él no solo ve el presente, ve también el pasado. Ve nuestra dedicación en prepararla, en cuidarla y traerla. Él ve si hubo dedicación, si hubo excelencia y si verdaderamente le imprimimos calidad.

¿Ahora entiendes por qué le pregunté al equipo de alabanza que acompañé a su ensayo: “¿creen que este ensayo fue como la ofrenda de Abel? ¿Creen que no venir con las letras y los acordes memorizados les permitirá ofrecer este domingo una adoración que agrade al Señor? ¿Creen que detener el ensayo tanto tiempo por una llamada telefónica, ponerse a revisar sus teléfonos en lugar de seguir practicando y de remate no haber terminado de ensayar todas las canciones del domingo refleja la calidad del adorador del que acaban de hablar?”?

Cuando Dios ve la ofrenda de adoración que los músicos y cantantes ofrecen cada domingo, Dios no solo ve la adoración, él ve la excelencia que le imprimieron. No solo ve su presente, ve su pasado. Ve si realmente se prepararon técnicamente por medio de un buen ensayo y ve si se prepararon espiritualmente por medio de la oración individual y la santidad personal antes de presentarse delante de su presencia. Y cuando el Señor se encuentra con adoradores que verdaderamente le imprimieron excelencia técnica y espiritual, ante tal dedicación solo puede decir: “¡Por fin! ¡Una ofrenda de olor grato y fragante que me recuerda a aquella que me ofreció Abel!

Noel Navas.

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