No es cuestión de suerte

No es cuestión de suerte

- en Misceláneos
1898
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La composición no es un juego de azar.

Como todos sabemos, las tres partes más importantes de una canción son la melodía, la letra y la armonía. Sin embargo, quienes disfrutamos el proceso creativo de composición a veces solemos experimentar un fenómeno que no estoy seguro si usted ya ha experimentado. No sé si le ha pasado que mientras escribe o incluso, después de haber terminado una canción, se da cuenta que una de las partes es mejor que la otra. Digamos: la Melodía es bellísima pero la Letra no tanto. O que el Coro es impresionante pero la Estrofa no. ¿Le ha pasado? A través de esta brevísima entrada quiero animarle a que no deje sus composiciones al azar, sino a que deliberadamente busque que todos los componentes de su canción sean igualmente extraordinarios.

Algunos piensan que escribir canciones tiene mucho de suerte. Podría ser, pero quienes piensan de ese modo por lo general creen que componer es como sentarse frente a una máquina traga monedas, tirar de la palanca y cruzar los dedos para que las tres cerezas se alineen. Comienzan a componer y esperan que la melodía, letra y armonía resulten igual de buenas al terminar el proceso. O, se sientan a escribir y confían que la máquina de la composición conseguirá una Estrofa, un Coro y un Puente pegajosísimos. El asunto es que componer pensando así puede ocasionar que escribamos canciones mal hechas. No digo que siempre va a ser así, pero si usted (así como yo) es un compositor que está aprendiendo a componer, es muy probable que las cosas no le salgan tan bien.

Yo soy de los que creen que la composición no es cuestión de suerte. El hecho de que escribamos una canción no significa que al final todo sonará estupendo, ojalá que sí, pero no siempre sucede. La mayoría de veces las cerezas no se alinean. Por eso debemos quitarnos la mentalidad de la máquina tragamonedas y dejar de pensar que las excelentes composiciones surgen al azar.

Le doy un ejemplo. Cuando yo comencé a componer escribí buenas canciones, desde el principio. No sé si dignas de grabarse en un disco, pero sí lo suficientemente buenas al punto que me sentía satisfecho y le gustaban a mis amigos. Cuando comencé a escribir las Melodías y las Letras fluían en mí de forma tan espontánea que cuando terminaba una canción no había que cambiarles casi nada. Es decir, siempre que componía las tres cerezas se alineaban y entonces yo concluía para mí que componer era una máquina tragamonedas que siempre me favorecía.

Con el tiempo y una anécdota larga de contar experimenté lo que muchos compositores cristianos se refieren cuando dicen: “¡Es que Dios me dio esta canción!” Yo lo viví y lo sigo viviendo en carne propia, por lo que al conocer esta dimensión de la composición y además, venir de experimentar una forma de componer muy sólida, eso me hizo pensar que las canciones que uno escribe son lo que son y uno no debe perfeccionarlas. Es decir, si al terminar de componer la Estrofa y el Coro eran buenos pero el Puente no, entonces como la tragamonedas me dio dos cerezas y una manzana entonces la canción debía quedar así. No había que trabajarla ni perfeccionarla más. ¿Por qué? ¡Porque Dios me la dio así! “La próxima vez que tire la palanca seguramente tendré más suerte”, pensaba.

Qué equivocado estaba y cuán religioso fui. Es más, ¡cuántas canciones dejé sin perfeccionar por esa creencia! Creía que como así las había recibido, así las debía dejar. Claro, muchas veces me pasó que la canción me vino increíblemente perfecta, por lo tanto, la dejaba intacta. Pero eso no siempre sucedía. Como yo creía que las canciones uno las recibe tal cual deben ir, entonces no pensaba en retocarlas o mejorarlas.

Con los años fui aprendiendo que las canciones son perfeccionables. Que el proceso de composición es un proceso de perfección continua. Que las canciones no se terminan, se dejan. Si uno quisiera podría seguir mejorando y mejorando sin final. Si se siguiera y siguiera uno nunca daría por terminada una canción, por eso dije que las canciones no se terminan, se dejan. Se pausa el proceso porque uno se siente satisfecho con el producto.

Entonces, si al terminar de componer una canción la Letra es excelente y la Melodía un poco débil, ¿hay que dejarla tal cual está? Si la Estrofa es sumamente especial y el Coro no tanto, ¿hay que darla por terminada porque así salió? Es más, si a una canción le hicimos una Estrofa y un Coro, ¿significa que no le podemos añadir un pPecoro o un Puente?

A todas las preguntas anteriores la respuesta es: No.

Mientras escriba sus canciones o cuando las termine, no dé por sentado que todos los componentes de su canción son buenos porque así lo considera usted. Claro, a veces la máquina tragamonedas alinea las tres cerezas, y si eso sucede… ¡genial! Pero eso no siempre pasa, yo diría que casi nunca. A veces la máquina tira dos cerezas y una manzana, o una cereza y dos limones.

El problema de algunos radica en que para ellos todas son cerezas. Por favor, tenga cuidado. No vea cerezas por todas partes. Mejor sea objetivo y como regla general piense que sus canciones siempre son perfeccionables. Busque ayuda y el criterio de otros para que le den opinión sobre sus canciones. Si ellos le dicen que tiene tres cerezas, ¡excelente! Sino, entonces convierta sus limones, naranjas, uvas o fresas… En cerezas. ¿Por qué? Porque la composición no es cuestión de azar, es un proceso deliberado donde el compositor busca alinear las tres cerezas. ¿Me doy a entender?

Suerte con sus canciones…

¡Ops! ¡Se me salió! Je.

Noel Navas.

4 Comentarios

  1. Excelente!

    «Yo soy de los que creen que la composición no es cuestión de suerte. El hecho de que escribamos una canción no significa que al final todo sonará estupendo, ojalá que sí, pero no siempre sucede. La mayoría de veces las cerezas no se alinean. Por eso debemos quitarnos la mentalidad de la máquina tragamonedas»

  2. 😀 muy buena entrada, pero si a mi me salen los tres limones… Me queda una excelente limonada! Bendiciones.

  3. Dieter Carranza

    Completamente de acuerdo!!! Yo suelo grabar todos mis tiempos de composición y todas las ideas que por ahí van surgiendo. Pasado un tiempo ha sucedido que en una fecha tenía una buena estrofa y un mal coro para una idea. En otra fecha lo opuesto. Al final pude usar la buena estrofa de una fecha y el buen coro de la otra fecha y se construyó una composición decente.

  4. Sere muy franco! la composicion desde mi punto de vista personal lleva el boligrafo de Dios y la mano del servidor. Una vez pensé que un coro estaba perfecto, y de renpente se me vino algo a la cabeza que hacia ver mi coro anterior obsoleto, por eso creo que la composicion no es tanto un ensayo personal, si no el favor de Dios en las tardes solitarias.

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