¡No pongas condiciones para tu ministerio!

¡No pongas condiciones para tu ministerio!

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Hace muchos años, cuando dirigía la adoración de una iglesia de más de 2 mil miembros, aprendí una lección. Resulta que esa semana había roto con mi novia de ese entonces. Creo que llevábamos un año de ser novios y yo la quería mucho. Supongo que ella a mí también. Pero rompimos y la ruptura me tomó por sorpresa. Me dolió mucho y me entristeció sobremanera. Y esa semana que rompimos, yo tenía que subir el domingo a dirigir la adoración de la iglesia. Pero yo estaba pasando una depresión aguda y no sentía fuerzas emocionales para subir y dirigir a todo mundo en alabanza. «¿Cómo voy a dirigir a las personas en cantos de alegría y celebración si me estoy desmoronando por dentro?», pensaba.

Como era viernes, le dije a mi hermano menor —con quien hacíamos equipo para echar a andar el ministerio— que me substituyera. Le expliqué lo que había pasado y que estaba muy deprimido como para pasar al frente y cantar. Mi hermano —que suele tener flashazos de sabiduría muy luminosos— me escuchó y luego me dijo. «¿Sabes qué Noel? ¡Nunca condiciones tu ministerio! Nunca digas: si me siento bien, voy a servir al Señor. Si me siento mal, no lo haré. Así que nunca condiciones tu ministerio. ¡Así que preparáte que el domingo vas a subir y a dirigir a pesar de cómo te sentís!».

Aunque puede que para algunos mi motivo para no liderar la alabanza esa vez sea una ridiculez, lo importante es que mi hermano tenía razón. Nunca hay que poner condiciones para servir al Señor. Pero lamentablemente hoy en día no se le enseña eso a los equipos de alabanza. Como los cantantes y músicos, o si quieres, quienes tienen una vena artística solemos ser bastante emocionales, cuando ellos se siente mal, depres u «opris», se niegan a asistir a los ensayos y hasta subir y pasar al frente. ¿El motivo? «¡Es que no me siento bien!» o «¡Es que me siento mal!» , afirman. Dándole así demasiada importancia a sus estados emocionales al punto de que son los que dictaminan si sirven al Señor o no. Pero las emociones no deberían dictaminar nada de eso. Al contrario, deberíamos servir al Señor a pesar de cómo nos sintamos y a pesar de lo que ellas nos digan. Mira, se sirve a Dios por convicción, no por emoción. Que, aunque sentirse motivado y que se flota sobre el aire es algo muy especial, se sirve a Dios porque hicimos un compromiso de serle fiel toda la vida, en las buenas y en las malas, en la salud y en la enfermedad, en la riqueza y en la pobreza, etc. ¿Me explico?

Me enteré de un equipo de alabanza que amenazó al pastor y al liderazgo de la iglesia de que si no les servían desayuno entre los servicios de cada domingo, dejarían de servir ya que era obligación de la iglesia darles de comer para poder servir con fuerzas. ¡Qué tal eso! ¿Ah? Bueno, yo creo que una iglesia tiene la responsabilidad de darles de comer a los integrantes del ministerio de alabanza; principalmente si ellos tocarán en dos o más servicios dominicales. Muchas veces ellos madrugan y llegan a la iglesia sin comer y la iglesia debería facilitarles la comida. Sin embargo, no creo que un ministerio de alabanza deba condicionar su ministerio y llegar al grado de amenazar con dejar de servir. Ha de haber otras vías para solicitar y conseguir que la iglesia les sirva ese tiempo de comida y así puedan servir con fuerzas durante la mañana. Pero no hay que condicionar el ministerio. «Si me dan esto, ¡yo sirvo! Si no, ¡no!» Vamos, esa no es la actitud de un verdadero siervo de Dios y los músicos «supuestamente» son siervos de Dios, ¿o no?

Hablemos de los instrumentos y el equipo de sonido. La mayoría de iglesias no cuentan con instrumentos y sonido apropiados para que la música suene bien los domingos. Y hay ministerios de alabanza que llevan meses amargados y resentidos por no contar con los equipos que sí cuentan otras iglesias. Entonces, muchos de ellos luchan con: «Si no me dan para tal fecha tal piano o tal instrumento, ¡voy a dejar de servir!» O… «Si no mejoran el sonido para tal mes del año, ¡voy a tirar la toalla y hay que vean cómo hacen!» ¡No, amigos! ¡No condicionen su ministerio! Es cierto, hay iglesias que podrían tener mejores instrumentos y equipos, pero sirvan al Señor a pesar de eso. Sirvan al Señor con lo que tienen. Sirvan con alegría a pesar de tener instrumentos tan imperfectos y desgastados. Vamos, sean comprensivos con sus pastores. Muchas veces las iglesias a penas tienen para pagarle un salario a los pastores y he ahí por qué a veces no alcanza para renovar los instrumentos y los equipos. Así que no condicionen su ministerio, sean comprensivos y sirvan al Señor con alegría y con lo que cuentan.

Por último, hay líderes de ministerio de alabanza que se sienten desilusionados de que la iglesia no les pague a pesar de llevar muchos años sirviendo, a pesar de ser músicos estupendos y a pesar de haber estudiado profesionalmente. Sí, puede que eso sea verdad. Y yo soy de los que piensan que una iglesia debería darles algo, por lo menos al líder del ministerio; pero francamente, para que nuestras congregaciones logren pagarles deben conjugarse muchos factores para que eso suceda. Aún así, a pesar de que no les den ni un cinco, no condiciones tu ministerio. Si te dan una ofrenda, ¡bien! Y si no, ¡también! Sirve al Señor con todo tu corazón, con toda tu alma, con toda tu mente y todas tus fuerzas. Te sientas emocionalmente bien o mal, ¡sirve al Señor! Te dé la iglesia o no de desayunar, ¡sirve al Señor! Tengas o no el mejor equipo para ministrar, ¡sirve al Señor! Te paguen o no por tu extraordinaria labor, ¡sirve al Señor! Así que no condiciones tu ministerio. Por favor, no lo hagas, que cuando Jesús estaba a punto de morir, no dijo: «Si la humanidad me llega a amar, ¡entonces voy a dar mi vida por ellos en la cruz! Pero si me doy cuenta de que a pesar de lo que yo haga ellos no me amarán, ¡ni loco me sacrifico por ellos!» ¿Verdad de que Jesús no razonó así? ¿Sabes por qué Él no pensó de ese modo? Porque no condicionó su ministerio. Al contrario, se entregó a sí mismo como ofrenda agradable delante del Padre (Efesios 5:2), así como nosotros debemos hacerlo domingo a domingo… ¡sin condición!

Noel Navas

1 Comentario

  1. Gracias a Dios por este excelente aporte que te inspira a hacer, Noel. Tiene totalmente todo de cierto esta publicación, por ejemplo, yo tengo una conocida muy cercana que ministra en la alabanza, tiene el privilegio de dirigir, cosa que creo, muchos desearíamos en nuestro corazón poder hacerlo; pero hay ocaciones en que sus emociones deciden por ella cuando dirigir y cuando no. A pesar de eso, Dios continua usándola.

    Respecto al tema de exigencias, creo que debe ser mutuo, por ejemplo, hace algunos años me tocó convivir con un pastor que ponían de ejemplo a los músicos de Guillermo Maldonado y la «Autoridad» (prepotencia) con la que a veces les hablaba, o los callaba durante sus tiempos de ministración. No generalizo, pero hay pastores que quisieran tener a músicos prodigiosos a los cuales les puedan exigir un «nivel» musical y espíritual en sus congregaciones, sin invertir tiempo en su formación espiritual y técnica.

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