Nunca te arrepientas de amar

Nunca te arrepientas de amar

- en Misceláneos
1791
0


Imitando el ejemplo de Cristo.

Hace unos meses mientras conversaba con una amiga y le relataba una historia de mi Colección de Intentos Fallidos de Conquista, le conté todo cuanto había hecho por ganarme el corazón de una muchacha que me gustaba. Que a pesar de todo lo que hice… atenciones, obsequios y un sinfín de demostraciones de afecto… pues las cosas no resultaron como esperaba. Al terminar de contarle mi anécdota, mi amiga me dijo: “¡Qué decepción! Cualquiera desistiría de intentarlo otra vez después de lo que te pasó”.

Yo le dije: “nunca hay que arrepentirse de amar. Nunca. Si has amado a alguien y esa persona no te corresponde, vamos, las personas son libres de despertar o no a tu amor; sin embargo, uno nunca debe arrepentirse de haber amado a pesar de que el resultado no haya sido el deseado”.

Hace unas semanas encontré eco a estas palabras mientras leía el capítulo trece de Juan, donde dice:

Antes de la fiesta de la Pascua, sabiendo Jesús
que su hora había llegado para pasar de este
mundo al Padre, habiendo amado a los suyos
que estaban en el mundo, los amó hasta el fin.

Juan 13:1-2.

Desde el capítulo trece de Juan en adelante se describe las últimas conversaciones que el Señor Jesucristo sostuvo con sus discípulos durante la última cena. Es por eso que cuando el texto inicia diciendo: “sabiendo que su hora había llegado” se refiere a que había llegado el momento de dar por concluido su ministerio en la Tierra y ascender al Padre. Es decir, que desde que escogió a sus discípulos para que lo acompañaran durante todos esos años hasta el último día que caminó con ellos, Jesús los amó como debía amarlos… hasta el fin.

El comentario de La Biblia de las Américas dice que la expresión: “los amó hasta el fin” también puede traducirse: “habiéndolos amado hasta lo sumo” o “habiéndolos amado eternamente”. Jesús amó a sus discípulos al máximo, los amó con amor eterno.

Es después de esas palabras que Juan relata el famoso episodio donde Jesús le lavó los pies a todos sus discípulos. Dije: a t-o-d-o-s sus discípulos, ¿lo notaste? Eso incluía a Judas Iscariote, quien unos minutos después se retiraría de la cena para consumar la traición.

Al leer ese relato a veces pensamos que el Señor solo le lavó los pies a Pedro, quien primero se opuso para que no lo hiciera (ver Juan 13:6-10). Pero no, Jesús también le lavó los pies a Judas. Es decir, cuando el texto dice: “habiendo amado a los suyos… los amó hasta el fin”, dicha expresión incluyó al tesorero ladrón que estaba a punto de traicionarlo. Sí, Jesús se inclinó ante él, vertió agua sobre sus pies, los frotó con sus manos, limpió toda la mugre, volvió a verter más agua y cuando terminó de lavarlos se los secó con la toalla. ¡Jesús lavaba muy bien los pies eh! Por lo que así como se los lavó muy bien a Pedro, también se los lavó muy bien a Judas y a los demás.

Mi pregunta es: ¿qué hubiéramos hecho nosotros si hubiésemos sido el Señor? ¿Qué hubiera pasado si nosotros hubiésemos estado en el lugar de Cristo sabiendo que Judas estaba por traicionarnos? ¿Le hubiéramos lavado los pies devotamente o  le habríamos torcido un tobillo o por lo menos machacado un dedo?

Jesús era diferente, él amó a t-o-d-o-s sus discípulos sin importar lo que pasaría después. Por eso, al terminar de lavárselos les dijo:

¿Sabéis lo que os he hecho? Vosotros me llamáis
Maestro y Señor; y tenéis razón, porque lo soy.
Pues si yo, el Señor y el Maestro, os lavé los pies,
vosotros también debéis lavaros los pies unos a otros.
Porque os he dado ejemplo, para que como yo
os he hecho, vosotros también hagáis…
Habiendo
dicho Jesús esto, se angustió en espíritu,
y testificó
y dijo:
En verdad, en verdad os digo que uno de
vosotros me entregará.
Los discípulos se miraban
unos a otros, y estaban perplejos sin saber de quién hablaba.
Juan 13:12-15, 21-22.

Amar y no ser amado, amar y no ser correspondido o lo que es peor, amar y ser traicionado puede generar mucha angustia. Y esos fueron los sentimientos que Jesús experimentó al “amar hasta el fin” a Judas y este haberlo rechazado. ¿No es precisamente angustia y desilusión lo uno siente cuando se ha amado y nuestro esfuerzo no ha sido valorado? ¿No se sufre un golpe emocional después “amar hasta el fin” a alguien y no ser correspondido?

Yo sé que el pasaje de Juan capítulo trece se aplica principalmente a las relaciones interpersonales de hermanos y hermanas, amigos y amigas, esas que tienen que ver con “amar a nuestro prójimo”; sin embargo, pienso que los principios de este texto pueden extrapolarse y hasta encontrar eco en las relaciones románticas y en los intentos de conquista. Esos donde te enamoras, amas verdaderamente y lamentablemente al final te dicen: “te quiero, pero no te amo”. O lo que es igual: “no, no voy a corresponder a tu amor”.

Cuando eso pasa, de alguno u otro modo, nos sentimos traicionados. Vamos, no al nivel de emocional de Cristo ante la traición de Judas, pero sí un pequeño atisbo, un sorbo, una probadita de lo que pudo sentir Jesús en su interior cuando Judas lo rechazó.

Como le escuché una vez a un pastor de jóvenes: “cuando una chica no corresponda a tus pretensiones amorosas podrías entender minúsculamente lo que siente Jesús cuando una persona no acepta su amor. Si te llegara a pasar que una chica te rechaza no dejes de amar a las personas y de intentar conquistar a alguien más después de que haya pasado un tiempo prudencial. No cierres tu corazón al amor y no dejes de amar a otros solo porque te rechazaron. Jesús es rechazado miles de veces al día y no deja de amar al mundo a pesar de que le dan la espalda una y otra vez”.

Jesús hizo precisamente eso ya que a punto de finalizar el capítulo trece, luego de confirmarle a Juan quién sería el traidor y que Judas se levantara de la mesa para irse a reunir con los captores, el Señor les dijo a todos:

Un mandamiento nuevo os doy: que os améis
los unos a los otros; que como yo os he amado,
así también os améis los unos a los otros.

En esto conocerán todos que sois mis discípulos,
si os tenéis amor los unos a los otros.
Juan 13:34-35.

¿¿¿Qué, quééé??? ¡¡¡Pero Jesúúússs!!! ¿¿¿No acabas de ver que frente a tus narices se acaba de levantar quien te traicionará??? ¿¿¿No te fijaste que el generador de tu inmensa angustia se fue a afinar los últimos detalles de su traición??? ¿¿¿Por qué entonces insistes en animar a tus discípulos a que amen??? ¿¿¿Por qué mejor no les dijiste: “¡Presten atención todos! Allá afuera hay un mundo lleno de gente que los va rechazar. ¡Así que mucho cuidado! Si les llega a pasar lo que está a punto de pasarme a mí, vamos, ¡aborten el plan de amar! ¡No confíen en nadie! Mejor repliéguense, vuélvanse más herméticos y aprendan a seleccionar mejor a sus amistades, ¿Ok? ¡No vaya a ser que los traicionen, se sientan heridos y angustiados como yo eh!”???

Pero no, Jesús no hizo eso.

Prácticamente les dijo lo que yo le dije a mi amiga esa vez que le relaté una de las historias de mi Colección de Intentos Fallidos de Conquista: “nunca hay que arrepentirse de amar. Nunca. Si has amado a alguien y esa persona no te corresponde, vamos, las personas son libres de despertar o no a tu amor; sin embargo, uno nunca debe arrepentirse de haber amado a pesar de que el resultado no haya sido el deseado”.

Noel Navas.

Escribir un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.

Te podría interesar

«Dos fases, una fase», el nuevo libro de Noel Navas. ¡Descárgalo aquí!

“El dispensacionalismo, tal cual lo conocemos hoy, en