Para quienes no tienen el carácater de decir las cosas de frente

Para quienes no tienen el carácater de decir las cosas de frente

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Josepp Grenny, co-autor del libro “Conversaciones cruciales”, en una Cumbre Global de Liderazgo, relató cómo su hijo pequeño realizó un experimento social con sus amiguitos. Resulta que su hijo planeó cocinar unos brownies de chocolate y comprar otros en la panadería, y preguntarles a sus amiguitos cuál de los dos brownies eran mejores. El detalle era que a los brownies que él cocinó les puso sal en lugar de azúcar. ¡Imagínate qué sabor tenían! Así que el experimento consistía en saber si sus amiguitos serían capaces de decirle la verdad a pesar de la posibilidad de herir sus sentimientos. Por eso, como recompensa a su colaboración, les pagó un dólar por brindar su opinión y cuando se sentaron a la mesa les puso a su izquierda los brownies de la panadería y a la derecha los que él hizo y que sabían a sal. Al momento que los iban a degustar les dijo: “A su izquierda están los brownies que compré en la panadería y a la derecha están los que yo cociné…” y con tono lastimero añadió: “los cociné con la receta de mi abuela que acaba de fallecer. ¿Me puedes decir cuáles te gustan más?”

Los niños probaron primero los brownies de la panadería y claro, ¡deliciosos!, pero al probar “los ladrillos de sal” —los apodó él— se notó en sus caras la expresión de asco; sin embargo, al momento de levantarse de la mesa todos dijeron que los brownies de su amigo eran los mejores. Increíble, ¿no? Todos dijeron que les habían gustado los que sabían a sal a pesar de que sus rostros y expresiones faciales decían lo contrario. ¿Por qué dijeron que los brownies de sal eran mejores que los de la panadería?

Grenny decía que el experimento simplemente confirmó lo difícil que es para muchos decir la verdad de frente con tal de no herir la sensibilidad de otros.

Cuando ya había escrito mi primer libro —el que en la entrada anterior te conté que me hizo soñar con ser escritor amateur y que las editoriales cristianas me dijeron que lo enviara en 5 años— asistí a un congreso de educadores en Guatemala. En las mesas de exhibición de atrás se estaba vendiendo un libro sobre cómo escribir mejor, lo estaba promoviendo la propia autora, por lo que al acercarme le hablé de que tenía interés en convertirme en escritor y que ya tenía escrito algo. Le pregunté: “si yo le enviara a usted los primeros tres capítulos de mi libro, ¿los leería y me daría su opinión?” “¿De qué trata tu libro?”, me preguntó. En un minuto le expliqué la esencia de qué consistía. Me dijo: “No, no me interesa el tema. Así que no me lo envíes. ¡Eso sí! Escríbeme y te prometo enviarte algunos artículos sobre cómo escribir mejor que te podrían servir”.

Su tono fue amable, pero su respuesta me golpeó, pues como te habrás dado cuenta… fue bien directa.

Le agradecí su tiempo, me despedí y con golpe incluido pensé: “¡Qué tipa más genial! ¡Me dijo que no le interesaba leer mi libro!” Es en serio, eso iba pensando mientras me retiraba de la mesa. Otra persona me hubiera dicho: “¡Claro! ¡Envíamelo!” Y al final nunca me hubiera dado su feed back. Pero esta señora fue honesta conmigo y yo creo que así deberíamos de ser todos. Francos, sí, amables también, pero francos.

Una última anécdota… en septiembre pasado asistí a un congreso de liderazgo. Sinceramente asistí porque me regalaron la entrada; sin embargo, también tenía el objetivo de charlar unos minutos con el conferencista princpal ya que él fundó hace pocos años su propia editorial y por lo que me he enterado, está teniendo gran crecimiento. Luego de hablar con un amigo, me presentaron con el conferencista y pude charlar. Le hablé de un libro que tenía la intención de publicar y sobre qué posibilidad habría de que pudiera enviarles el manuscrito. Me dijo: “¿De qué trata tu libro?” Otra vez, en un minuto le expliqué la esencia. Y me volvió a preguntar: “¿Por qué crees que a la gente le interesaría conocer sobre un tema así?” Le di mis razones y me dijo: “¡Tú libro es un libro para niños! Ese no es un tema que le interese a la gente. Pero, aquí está la información que me pediste y claro, envíanos tu manuscrito. ¡Quien quita que lo queramos publicar!”

Como te habrás de imaginar, me ponchó una llanta. Él es un experto en la industria del libro y, aunque es probable que yo no le justificara adecuadamente por qué un título así podría ser útil, lo que me gustó de conversar con él fue su franqueza. Otra persona distinta a mí se hubiera sentido muy afectada e incluso, se hubiera retirado de esa charla para irse a quejar y murmurar con sus amigos: “¡Vas a creer! ¡Fulano de tal me dijo esto, esto y esto!” Pero vamos, el conferencista no fue irrespetuoso, simplemente fue franco. Y, a pesar de poncharme una llanta, yo le agradecí sus impresiones. Claro, tardé un par de días para inflarla de nuevo y espero que algún día ese libro pueda serle útiles a algunos.

Mi punto es que así deberíamos ser todos. Francos, sí, sazonando con gracia nuestras palabras, ¡claro!, pero decir la verdad sin temor de lastimar a alguien. Porque como dije en la entrada anterior… “Si la editorial no viene a ti… ¡Ve tú a la…” ¡Nooo!!! ¡Publícate tú solo!!!

Noel Navas.

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