PalitosBreve resumen de mi taller del fin de semana.

“Plan de Innovación de Canciones para la iglesia local” fue el nombre de uno de los talleres que impartí en el Congreso “Devoción Integral” el fin de semana pasado. El objetivo de esta enseñanza fue estimular a los asistentes a buscar introducir canciones nuevas al repertorio del equipo de alabanza, a dejar de cantar lo mismo y animarse a ser más creativos al momento de idear listas de canciones. Lo que sucede actualmente es que los equipos de alabanza cantan lo mismo y no se percatan de la monotonía que ellos mismos han provocado al momento de ministrar la adoración. En la mayoría de casos este problema se deriva de no saber administrar las canciones nuevas cuando se introducen al repertorio. En lugar de cantarlas tres o cuatro semanas seguidas como máximo, se cantan por meses y meses sin sustituirlas provocando que dichas canciones pierdan energía y que algunos de nosotros no queramos saber más de ellas por el resto de nuestras vidas.

La verdad es que esa es mi experiencia personal. Lamentablemente hay canciones que canté durante tantos años en mi anterior iglesia que hoy en día yo no puedo cantarlas más porque ya no siento nada al entonarlas. Tan curado quedé que me pasó lo que me pasa cuando quiero comer “Palitos” de Diana.

Si no sabe qué son los “Palitos” son una especie de chips, boquitas, entraditas… ¡“Chucherías” en buen salvadoreño!… de esas que a uno se le apetecen cuando se está viendo televisión o una película en el cine.

El asunto es que hace unos 20 años yo tenía tantas pero tantas ganas de comer “Palitos”, sentir su sabor y lo tronadito al morderse, que me compré la bolsa más grande que pude encontrar en la tienda. Tantas eran mis ansias de comer “Palitos” que literalmente me harté la bolsa entera en menos de una hora. Como decimos aquí en El Salvador… ¡Quedé “empachado”!

Sin exagerar le aseguro que llevo 20 años sin comprar una bolsita de los benditos “Palitos”.

Con las canciones sucede lo mismo.

Hay algunos de nosotros que hemos cantado tantas pero tantas veces ciertas canciones dentro del equipo de alabanza que hemos quedado “empachados” de ellas. No queremos saber nada de cantarlas ni de verlas cantar por otros.

A lo mejor a algunos les sorprenda mi confesión, pero es la verdad. No puedo mentir en cuanto a este aspecto. Durante los años que dirigí la alabanza en mi anterior iglesia canté tantas veces algunas canciones que se volvieron “Palitos” para mí.

¿Quiere que mencione algunos nombres a manera de ejemplo? Hay voy…

“El poderoso de Israel”.
“Ante ti con gozo”.
“Los enemigos de Jehová”.
“Cantaré al Señor por siempre”.
“Grande es el Señor”.
“Cristo no está muerto”.
“La tengo”.
Etc. etc.

El asunto es que mientras impartí el taller “Plan de Innovación de Canciones” el fin de semana pasado le pedí a los asistentes que confesaran sus pecados, digo: que citaran canciones que han cantado tanto que hoy en día, como yo, ya no sienten nada al hacerlo. He aquí algunas respuestas:

“Renuévame”.
“Tu fidelidad”.
“Poderoso”
“Qué sería de mí”.
Etc. etc.

Canciones de Marcos Witt, canciones de Jesús Adrián, canciones de Juan Carlos Alvarado, canciones de Danilo Montero… ¡Varias salieron a bailar!

¿Y qué de usted? ¿Tiene algunas canciones que ya no puede cantar? ¿Tiene algunas que por más que quiera entonarlas ya no le emocionan?

Seguramente. Todos las tenemos.

¿A qué se debe este fenómeno? ¿Por qué nos pasa que como integrantes de ministerios de alabanza (o de una congregación en sí) no podemos cantar más ciertas canciones? ¿Por qué ya no sentimos nada cuando las cantamos?

Debe haber muchos factores, uno de ellos: la repetición desmedida.

Por ejemplo, ¿vio los nombres de canciones que ya no puedo cantar porque ya no siento nada? Yo canté por años esas canciones, reunión tras reunión, domingo tras domingo, semana tras semanas, mes tras mes… ¡Año tras año!

Estas canciones se convirtieron en “Canciones de hierro” de tanto que las cantábamos. Lo que una vez nos pasó con: “Alabaré, alabaré, alabaré a mi Señor/Juan vio el número de los redimidos y todos alababan al Señor/Unos oraban, otros cantaban, pero todos alababan al Señor”. ¿La recuerda?

Lo que nos pasó con esa canción, que cantamos y cantamos hasta el cansancio, me pasó con ciertas canciones de la llamada “alabanza restaurada”. Les perdí la pasión de tanta repetición.

¿El culpable? Desde los pastores y líderes que nos las pedían sin cesar cada domingo hasta nosotros los integrantes del ministerio de alabanza que nunca tuvimos la iniciativa de proponer canciones de ritmos similares.

En fin…

Todo es cuestión de administración. Pienso que para que no suceda esto con ninguna canción hay que saber administrarla. Si introducimos una canción nueva al repertorio hay que cantarla de tres a cuatro domingo seguidos, luego ya no. Hay que dejarla descansar y volverla a utilizar dos o tres domingos después. Si hiciéramos esto con todas las canciones pienso que sería más difícil que perdieran su poder.

Administración, un tip práctico para que las canciones de un equipo de alabanza siempre se mantenga frescas. Ojala le sirva.

Noel Navas.