Poema de salvación, la oración del pecador y las falsas conversiones

Poema de salvación, la oración del pecador y las falsas conversiones

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Cuando era adolescente, salíamos a evangelizar cada domingo por la tarde. Después de asistir al culto de la mañana, algunos jóvenes de la iglesia almorzábamos y en la tarde o íbamos a alguna residencial puerta por puerta o a las terminales de autobuses a compartir el Evangelio. Una tarde que fuimos a una terminal, un amigo y yo abordamos a un joven que, francamente, nos acaparó más de una hora de conversación. Aunque le compartimos la fe en cuestión de 20 mns., él tenía muchas preguntas y nos quedamos contestándolas. Como tardamos mucho, la hora de irnos llegó y uno de los líderes del grupo se acercó a nosotros para decirnos:

—¿Qué pasa? ¡Es hora de irnos!

—Es que estamos respondiendo algunas preguntas de este joven— respondimos.

—¡A ver!— le dijo el líder al joven —¡Cierra los ojos!

—¿Perdón?— respondió él.

—¡Que cierres los ojos!— insistió el líder. —Ahora, repite esta oración conmigo: Señor Jesús, te pido, que entres a mi corazón—, etc. etc”.

La oración no duró ni 30 segundos y el líder nos dijo:

—¡Ya está! ¡Ya recibió a Cristo! ¡¡¡Vámonos!!!

Y lo sumó a las “almas” que habíamos ganado para Cristo esa tarde.

Esa era la forma de evangelizar y contabilizar conversiones que nos enseñaron hace varias décadas. La fórmula era sencilla: compárteles el Evangelio y haz que repitan la oración, ¡y voilá! ¡Bienvenido a la familia de Dios! Pero la pregunta que me tiene escribiendo esta entrada es: ¿realmente repetir “La oración del pecador” nos convierte en cristianos?

Hace unos años tuve una conversación con un amigo que sostiene que la salvación no se pierde. La famosa doctrina de “Salvo siempre salvo”. Yo comprendo la doctrina de la salvación y los debates entre calvinistas y arminianos sobre el tema; sin embargo, con este amigo descubrí una mutación de la doctrina. Sí, una mutación. Mi amigo defendía que la salvación no se perdía al extremo de que si repetías “La oración del pecador”, no importaba cómo vivieras de allí en adelante. Él decía: “Te puedes caer dentro del barco, ¡pero jamás fuera del barco!”. Refiriéndose a que la salvación era el barco.

—¿Quieres decir que…  —argumentaba yo— … si repito “La oración” y nunca voy a la iglesia, no oro ni leo la Biblia y además de eso, me pongo a mujerear igual me iré al cielo?

—¡Exacto! —respondió él.

—O sea que si yo me hago ocultista, blasfemo contra el Espíritu Santo y hasta me convierto en adorador de Satanás, ¿también me voy al cielo?

—¡Sííí!!!—, dijo entusiasmado.

Increíble, ¿no?

Aunque no lo creas, hay cristianos que creen lo mismo que mi amigo. Para ellos lo que importa es repetir “La oración del pecador” y ¡uhhh!, ¡ya eres cristiano!, cuando creer de ese modo es un gravísimo error. Claro, yo no niego que alguien no pueda experimentar la conversión producto de orar esa oración de todo corazón y en verdadero arrepentimiento y fe; sin embargo, lo que yo no creo es que por repetir dicha oración “mágicamente” todos quienes lo hagan nacerán de nuevo.

Hace muchos años, Canzion Producciones comenzó a incorporar como bonus track de algunos de sus álbumes, la canción Poema de salvación. ¿La recuerdas? Entre ellos estuvieron: Enamorado de ti (Gerry Márquez), Eres mi pasión (Coalo Zamorano), Si te conocieran (Pablo Olivares), Alegría (Marcos Witt), etc. La canción es una traducción de The Salvation Poem, compuesta por Matt McPherson. Francamente, es bellísima y desde que Canzion comenzó a incorporarla percibí su intención detrás, es decir, de convertir cada disco en un tratado evangelístico musical. Donde, de repente, cualquiera que escuchara la música, pudiera cantar la canción y orar con su corazón “La oración del pecador” musicalizada. ¿Habrán ocurrido conversiones producto de dicho esfuerzo? ¿Algunos se habrán entregado a Cristo genuinamente después de exponerse a los álbumes? Es probable que sí; sin embargo, al motivar a otros a orar “La oración” o a cantar la canción, debemos recordar que la conversión es algo más complejo que solo orar y nada más. Digo “complejo” porque afirmar que quien oró “La oración” ya es un verdadero cristiano, puede que no necesariamente sea así. ¿Cuánta gente no ha orado “La oración del pecador” y no ha nacido de nuevo? ¿Cuántos a quienes motivamos a orar de esa manera realmente se convirtieron?

En El Salvador hay una iglesia cristiana muy famosa que estila ese tipo de evangelismo. Me refiero al estilo de predicar, pedirle a la persona que incline el rostro y que repita “La oración”. Por años han sido conocidos por enviar buses repletos de hermanos que salen a evangelizar los domingos en diferentes zonas del país y al final del día brindan un reporte de cuántas almas “ganaron” para Cristo. Antes compartían el reporte públicamente en el último servicio de la tarde; pero como yo llevo mucho tiempo sin ver sus cultos televisados, no sé si lo siguen haciendo. Hace muchos años me enteré de que su pastor fundador estaba dando uno de esos reportes y dijo: “Bueno, hermanos, este día los clubes de evangelismo ganaron miles de almas. Pero ¿saben qué? Con más de 20 años de fundada esta iglesia y con los reportes de conversiones que recibimos cada semana, realmente esta iglesia ha ganado ya dos veces para Cristo este país. ¿Y dónde están todos esos convertidos? ¿Qué se han hecho todos los que recibieron a Cristo?”.

Es probable que él estuviera exagerando, pero su punto era que de tantas almas “ganadas” para Cristo que ellos han reportado en sus estadísticas —por repetir “La oración”—, todo el país debería ser cristiano. Pero ¿ha sido así? ¿Realmente lo es? Todos sabemos que no. “La oración del pecador” no es garantía de conversión. Como bien la conversión puede iniciar con una oración, realmente es un proceso que culmina cuando quien se entrega a Cristo toma conciencia de la decisión que ha tomado y de lo que realmente significa seguir a Jesús. Es más, te voy a decir algo, si tú eres bueno para hablar y eres bueno para persuadir, tú podrías convencer en una salida evangelística a algunas personas a repetir “La oración del pecador”. ¿Por qué? Porque hablas bien, te expresas bien y tienes poder de convencimiento. La pregunta es: esas personas que convenciste de que repitieran «La oración», ¿nacieron de nuevo? ¿Realmente se convirtieron? ¿O simplemente los convenciste de orar y tú crees que ya son cristianos?    

El gran, pero gran problema de creer que alguien se hace cristiano solo por recitar “La oración del pecador” es que dentro de la iglesia cristiana hay miles de personas que creen ser cristianas porque hicieron “La oración”, pero que realmente nunca nacieron de nuevo. Son cristianos, o más bien, creen ser cristianos, pero en realidad no lo son. Por eso ves un montón de “cristianos” que dicen serlo, pero a pesar de los años no abandonan sus estilos de vida pecaminosos, sus vicios ni sus conductas contrarias al Evangelio. Yo no digo que la santificación no sea un proceso, en algunos más rápido y en otros más lento; pero el problema de muchos “cristianos” es que no van ni rápidos ni lentos, simplemente no hay ningún grado de santificación a pesar del tiempo. ¡Ninguno!

¿Quieres saber la razón por la cual en El Salvador la última encuesta de la UCA arrojó un 40% de evangélicos en todo el país, pero la nación no cambia? Por las falsas conversiones. Simple. No todos los que dicen ser cristianos lo son y no todos quienes repitieron “La oración del pecador” nacieron de nuevo.

Un ejemplo de lo grave que es esto lo presencié hace unos años cuando en mi entonces iglesia participé de un retiro de liderazgo. Esa vez se convocó a todos los líderes juveniles y asistimos unas 30 personas. Nos retiramos por 3 días para orar, estudiar la Palabra y compartir. El asunto es que al finalizar una de las plenarias se ministró liberación. Sí, liberación demoníaca. ¿En un retiro de líderes? Sí, así lo decidieron los pastores. Pero ¡oh! ¡Sorpresa! Mientras se ministraba a algunos les comenzó a cambiar la voz y otros hasta se pararon como queriendo golpear a otros. ¡Fue todo un escándalo! Algunos gritando, otros moviéndose violentamente y el resto confundidos por el desorden. ¿Líderes “cristianos” endemoniados? ¡Tal cual lo lees! Pero tú sabes, un verdadero cristiano no puede ser poseído por demonios. Cuando el Espíritu Santo te convierte en su templo, nadie más puede habitar su casa, solo Él. ¿Qué pasó entonces con estos líderes que evidenciaron estar endemoniados? Que en alguna ocasión repitieron “La oración del pecador” y entonces los dieron por cristianos. Luego, como comenzaron a ir a la iglesia y mostraron fidelidad, se les delegó liderazgo. Pero no, no habían nacido de nuevo, el Espíritu Santo no moraba en ellos y he ahí el motivo de por qué tuvieron que liberarlos durante el retiro.

Sí, “La oración del pecador” hablada o cantada, podría ser útil para guiar a alguien a Cristo, pero que alguien la recite así por así no garantiza que realmente haya nacido de nuevo. El nuevo nacimiento es producto de la obra profunda y regeneradora del Espíritu Santo, no del poder de convencimiento de “evangelistas” que manipulan o presionan a la gente para que repitan “La oración”. Además, una verdadera conversión se demuestra en el tiempo, no necesariamente el propio día que dicen que aceptaron a Cristo. Jesús dijo: “por sus frutos los conoceréis” (Mateo 7:16). Y, como sabes, los frutos no brotan de la noche a la mañana. Se espera un tiempo, algunos meses y a veces hasta años. Es el tiempo y “los frutos dignos de arrepentimiento” (Mateo 3:8) los que demuestran que alguien ha experimentado una genuina conversión. No que haya repetido la famosa “Oración del pecador”.

Noel Navas.

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